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sábado, 19 de septiembre de 2026

Video: Los Poderosos Ángeles del Apocalipsis | Sermón del Dr. Nathan Jones

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¿Qué lecciones tienen que enseñarnos los poderosos ángeles del Apocalipsis? Descúbralo con el Dr. Nathan Jones en la Conferencia de Profecía Bíblica 2026: ¿Dónde Está la Promesa de Su Venida?


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viernes, 11 de septiembre de 2026

¡Dios Mío! Grandes Copas de Ira

Tim Moore


“Donde no hay visión, no hay esperanza”. — George Washington Carver

A la mitad de la Tribulación, la Tierra es un paisaje infernal y desolado. Se han derramado los siete juicios de los sellos y los siete Juicios de las Trompetas, mientras la ira de Dios se desborda contra un mundo rebelde e impenitente. Un cuarto y luego un tercio de la humanidad han sido aniquilados, y luego los horrores empeoran aún más.

Juan describe la escena en el Cielo donde a siete ángeles se les dan siete copas llenas de la ira de Dios. Se dice que los ángeles portan plagas, porque la devastación que desatan llevará a la Tierra—y a toda la humanidad—al borde de la aniquilación.

Antes de que examinemos los Juicios de las Copas en sí, repasemos lo que sucederá a la mitad de la Tribulación.

Satanás Derribado

En Apocalipsis 12, Juan ofreció una visión completa de la guerra de Satanás contra el pueblo escogido por Dios, Israel. La guerra que se ha librado desde que Dios creó al hombre a Su propia imagen y escogió a un pueblo para que sirviera como conducto de Sus bendiciones culmina en un último asalto contra el trono de Dios en el Cielo. 

Por fin, Satanás es expulsado del Cielo para siempre. Sabiendo que le queda poco tiempo, el diablo está decidido a desatar su propia ira y a destruir a tantos portadores de la imagen como sea posible. Así que él morará en el Anticristo y hará guerra tanto contra Israel como contra aquellos que guardan el testimonio de Jesús (Ap. 12:17).

Según la cronología de la Tribulación que se presenta en Apocalipsis, es ahora cuando el Anticristo exige que todos los que quieran comprar o vender lleven su nombre o número en la mano derecha o en la frente. Por eso, el miedo exagerado de que la gente esté recibiendo sin darse cuenta la Marca de la Bestia hoy en día demuestra ignorancia de las Escrituras.

 

Las consecuencias eternas de esta elección cósmica de bandos no podrían ser más dramáticas. Quienes reciban la marca de la Bestia “beberán del vino de la ira de Dios… y serán atormentados con fuego y azufre… por los siglos de los siglos” (Ap. 14:9-11). Pero aquellos que guardan los mandamientos de Dios y su fe en Jesús vivirán para siempre, aunque sean martirizados mientras el Anticristo, poseído por Satanás, se enfurece.

Es en medio de este horrible período que Juan ve a un trío de ángeles cosechando a los hombres como si fueran espigas de trigo o racimos de uvas, y arrojándolos al “gran lagar de la ira de Dios” (Ap. 14:19). En una descripción espeluznante, Juan dice que la sangre que fluye llegará hasta el freno de un caballo a lo largo de trescientos veinte kilómetros.

El ángel metió su hoz sobre la tierra, y vendimió los racimos de la vid de la tierra y los echó en el gran lagar del furor de Dios (Ap. 14:19). 

Claramente, el Fin está cerca, pero todavía queda más destrucción por venir.

La Última Arremetida del Cielo

Cuando Juan describe por primera vez a los siete ángeles que derramarán los Juicios de las Copas, señala que, cuando estas plagas finales concluyan, “en ellas se consumaba la ira de Dios” (Ap. 15:1). Antes de considerar los juicios en sí, es importante reconocer lo que revela esa declaración.

En su primera descripción autorreveladora de Sí mismo, Dios proclamó a Moisés: “¡Jehová! ¡Jehová! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, 7 que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado…” (Éx. 34:6-7). En las Escrituras, la paciencia de Dios lo llevó a retrasar Su ira, ofreciendo así la oportunidad para que se produjera el arrepentimiento:

  • El mundo sumido en el pecado durante los muchos años que le tomó a Noé construir el Arca.
  • Sodoma y Gomorra, ciudades malvadas visitadas por ángeles antes de que el fuego las consumiera.
  • La tierra de Canaán,  a la que Dios concedió cuatro generaciones antes de considerar que el pecado de los amorreos estaba “completo”.
  • Nínive, que escuchó la advertencia de Jonás, la cual no era sensible, y se sintió inspirada a arrepentirse.
  • Israel, advertido por profeta tras profeta antes de que la ira del Señor surgiera y la nación fuera juzgada y devastada.

Ira: “Enojo extremo que se manifiesta en venganza o castigo; la máxima expresión de indignación justa y justicia divina”.

Mía es la venganza y la retribución; a su tiempo el pie de ellos resbalará, porque el día de su calamidad está cerca, ya se apresura lo que les está preparado (Dt. 32:35).

Sólo un tonto, al ver éstos y otros ejemplos bíblicos, elegiría ignorar los límites de la paciencia de Dios. Como Él dijo en Génesis 6:3: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre”. Llega un punto en que la paciencia, la gracia y la misericordia de Dios se agotan, y Su justa indignación da paso a una ira devastadora. Cuando eso sucede, el autor de Hebreos tenía toda la razón: “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo” (He. 10:31).

Faraón comprendió que no se debía jugar con el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. En algún momento, Dios cerró el corazón obstinado de Faraón. Más allá de ese punto sin retorno, Dios endureció su corazón (Éxodo 9:12; 10:20, 27; 11:10) y Egipto fue devastado. Eso debería ser ejemplo suficiente, sin embargo, la historia se repite una y otra vez, mientras la humanidad presume de su maldad y se burla de la provisión del Señor para la salvación.

Durante dos milenios después del Primer Adviento de Jesús y Su ministerio en terrenal, Dios ha sido paciente, no queriendo que nadie perezca. Pero la rebelión y el rechazo a Su Hijo, que son cada vez más profundos, están llenando la copa de Su ira—Su justa ira. Ésta pronto se desbordará y se derramará sobre un mundo impenitente. 

Los cristianos que vivimos en esta época podemos compartir la indignación de Dios cuando somos testigos del pecado. Pero es muy difícil evitar que nuestra propia ira nos lleve a pecar. Por eso Pablo citó el Salmo 4:4 cuando advirtió a los efesios a “airaos, pero no pequéis”, reconociendo que la ira propia le da al diablo la oportunidad de hacernos tropezar (Ef. 4:26-27).

Es en ese contexto que Dios derramará Su ira sobre la Tierra durante la Tribulación. Cuando Su paciencia se agote y Su furia se desate por completo, castigará lo que es debido y merecido. Para cada cristiano cuyo corazón se ha entristecido al ver cómo el pecado se multiplica ante nuestros ojos, la promesa de Romanos 12:19 se cumplirá en cada corazón humano cuya dureza se haya  arraigado: “Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”.

Inflingir – “Distribuir, dispensar o administrar algo, especialmente un castigo, recompensa o justicia, de manera cuidadosa y mesurada”.

Los Juicios de las Copas son, por tanto, el derramamiento final de esa ira, pero aún no son el juicio final.

Siete Copas de Ira

Suena trillado decir: “pero esperen, aún hay más”. En lo que respecta a la serie de juicios que caerán sobre la Tierra durante la Tribulación, esta afirmación es alarmantemente cierta. El horror se sucede sin cesar y el sufrimiento se multiplica exponencialmente. La serie final de los Juicios de las Copas parece llegar en rápida sucesión y, de hecho, podría ocurrir en un período de tiempo muy comprimido. En orden, son:

Primero — Llagas repugnantes y malignas en todos los que toman la Marca de la Bestia

Segundo — El agua del mar se convierte en sangre, causando la muerte de toda criatura marina

Tercero — Los manantiales de agua dulce también se convierten en sangre en todo el mundo

Cuarto — El calor o la radiación del Sol aumenta hasta quemar a la humanidad

Quinto — El reino de la Bestia es sumido en una oscuridad penetrante, de modo que los hombres se muerden la lengua de dolor

Sexto — El río Éufrates se seca para permitir que los reyes del oriente marchen hacia el frente de Jezreel contra el Anticristo

Séptimo — La Tierra sufre rayos y truenos catastróficos y otro gran terremoto que destruye ciudades en todo el mundo, divide la gran ciudad “Babilonia” en tres partes y altera todas las islas y montañas; al mismo tiempo, caen del cielo enormes granizos de 100 libras

Juan intercala su descripción de estos derramamientos finales de la ira de Dios con algunas observaciones reveladoras. Cuando el tercer ángel derrama la copa que hace que el agua fresca se convierta en sangre, comenta: “Justo eres tú, Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas. Por cuanto derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre, pues se lo merecen” (Ap. 16:5-6). De hecho, la impartición del castigo es innegablemente justa y merecida.

Además de la justicia que se imparte, Habacuc nos enseña que, incluso en la ira, Dios se acuerda de la misericordia (Hab. 3:2). Un aspecto clave es llevar a los rebeldes (y eventualmente a toda la Casa de Israel) al límite de sí mismos. Incluso en la ira, se ofrece misericordia a todos los que confiesen su pecado, se arrepientan (se alejen de sus malos caminos) y acepten a Jesucristo como Salvador y Señor. Esta oferta sólo se retira cuando el destino de una persona queda sellado, como cuando el corazón del faraón se endureció. También se nos dice que, durante la Tribulación, quienes acepten la Marca de la Bestia habrán tomado una mala decisión, sellando así su destino por toda la eternidad.

Afortunadamente, muchos se darán cuenta del error de sus caminos y se volverán a Cristo. Ellos representan a los santos de la Tribulación, a quienes el Anticristo perseguirá con furia y matará. Esos mártires serán reunidos bajo el altar de Dios en el Cielo. Afirmando su fe en la justicia y rectitud de Dios, clamarán: “¿Hasta cuándo Señor, santo y verdadero, vas a tardar en juzgar y vengar nuestra sangre de los que habitan sobre la tierra?” (Ap. 6:10). 

¿Por qué alguien sometido a la ira de Dios—y reconociendo que está sufriendo bajo Su terrible ira—se negaría a arrodillarse? Por la misma razón que la gente se niega a honrarlo como Señor hoy. Jesús fue clarísimo sobre esta irracional tendencia humana. Tan sólo tres versículos después de describir el amor maravilloso de Dios en Juan 3:16, explicó: “los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19).

Juan también registra tres veces en esta secuencia que las personas que sufren esta última serie de plagas se niegan a arrepentirse. En cambio, blasfeman contra Dios (Ap. 16:9, 11, 21). No es de extrañar que Dios esté indignado. Las mismas personas a las que Él envió a Su Hijo para salvar—y a quienes se les ofrece misericordia y gracia hasta este momento—siguen maldiciéndolo. El Hijo ya no interviene para decir: “Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). El destino de esta generación final blasfema está sellado, para siempre.

El Propósito de la Tribulación

La Tribulación será más horrible de lo que cualquiera de nosotros puede imaginar. La gente piensa que está sufriendo hoy en día, pero las pequeñas tribulaciones que soportamos son el resultado de A) este mundo caído y la maldición que Dios puso sobre la Creación; B) las consecuencias del pecado cometido por los portadores de la imagen desde la Caída; y C) nuestros propios pecados y las decisiones caídas que tienen las consecuencias que les corresponden.

Nadie que esté vivo hoy puede decir que ha sido sometido a toda la ira de Dios. Juicio y castigo, sí. Pero no a la santa, reprimida e indignada ira de Dios. Jesús dijo que cuando esa ira se derrame sobre toda la Tierra, “si aquellos días no fueran acortados, nadie sería salvo; pero por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:22). Sí, incluso en medio de la ira, Dios se acordará de la misericordia. Él “acortará” esos días en Su gran misericordia para que los escogidos—ese pequeño grupo de cristianos que sobrevivan hasta el fin de la Tribulación—puedan entrar en el Reino Milenial en sus cuerpos mortales.

Así pues, para reiterar, existe un gran malentendido sobre el propósito de la Tribulación. Aunque Dios derramará sobre el mundo un castigo justo, legítimo, santo y aparentemente largamente esperado, también orquestará la redención final del remanente de la Casa de Israel a través de la Tribulación (cuando lleguen al límite de sí mismos y clamen a Él). Además, muchos otros llegarán a darse cuenta de su desesperada necesidad de perdón durante la Tribulación, lo que dará lugar a una gran cosecha de almas.

Podemos regocijarnos sabiendo que la oferta de salvación de Dios (basada en la maravillosa gracia de Su Evangelio) estará vigente durante la Tribulación. También podemos darle gracias por demorar Su venida para permitir que la Iglesia alcance su plenitud y que cada uno de nosotros sea salvo.

Me alegra que sólo Dios el Padre sepa cuándo enviará a Su Hijo a reunir a Su Novia; cuándo comenzará la Tribulación, qué corazones aún son lo suficientemente blandos como para permitir que las semillas del Evangelio crezcan, y qué corazones están irremediablemente endurecidos.

Armado con el conocimiento del Evangelio, sólo puedo confiar en la Palabra de Dios y confiar en que el tiempo es esencial. El martillo podría caer en cualquier momento, por lo que mi tarea es a la vez eternamente importante y críticamente urgente. Si eres seguidor de Cristo, has sido comisionado con el mismo llamado.

¿Dónde Está la Esperanza?

Comencé este artículo citando a uno de mis héroes personales, George Washington Carver. Un hombre de talento y humildad excepcionales, Carver entendía su lugar ante Dios. Testificó que aspiraba a hacer grandes cosas, pero Dios le dijo que era más apto para estudiar el maní. Así que se dedicó a estudiar el humilde maní—e hizo contribuciones perdurables a la ciencia y al bienestar de la humanidad a través de su obediencia diligente y servicial al Señor.

La esperanza en nuestra reflexión de los Juicios de las Copas radica en el hecho de que estamos leyendo sobre este horrible período de la historia humana antes de que ocurra. Dios no nos debía a ninguno de nosotros un adelanto de lo que nos espera. El Alfarero tendría todo el derecho (y totalmente justificado) de simplemente destruir los “vasos de ira preparados para destrucción” (Ro. 9:21-23). Pero nos ha advertido que Su paciencia se acabará—igual que lo hizo a través de Noé (el pregonero de justicia), los visitantes angelicales en Sodoma y Gomorra, Abraham, Jonás, y una gran cantidad de profetas para Israel y Judá.

Como Jesús compartió en la parábola del dueño de la tierra y los agricultores necios, Dios envió a Su propio Hijo, pero la mayoría se ha negado a respetarlo. En cambio, celebran Su muerte y quieren apoderarse de la Tierra y de la gloria que pertenecen sólo a Dios. A su debido tiempo—pronto—la respuesta justa que incluso los principales sacerdotes y ancianos del Templo predijeron se cumplirá: “Llevará a esos miserables a un fin lamentable” (Mateo 21:41; NBLA).

Mientras aún tengas aliento—y mientras cada miserable y blasfemo rebelde habite en este mundo—hay esperanza. Esperanza de que tú, y ellos, se humillen, pidan perdón y se aparten de sus malos caminos. Si lo haces, el Dios de toda misericordia te escuchará desde el Cielo, perdonará tu pecado y te concederá la vida eterna. 

¿Qué decisión tomarás?


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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jueves, 10 de septiembre de 2026

"¿Quién Está Llorando Ahora?"

¿Qué Es y Dónde Está Babilonia?

Tim Moore y Nathan Jones


Los reyes de la tierra llorarán y se lamentarán por ella… Todos los capitanes, pasajeros, y marineros, llorando y lamentándose, gritaban: “¡Ay, ay, la gran ciudad en la cual todos los que tenían naves en el mar se enriquecieron a costa de sus riquezas!, porque en una hora ha sido asolada”.
—Apocalipsis 18:9-19

En 1981, la banda de rock Journey lanzó una canción escrita por Steve Perry y Jonathan Cain titulada “Who’s Crying Now?” (“¿Quién Está Llorando Ahora?”). Esa pregunta bien podría ser el coro temático para los reyes y mercaderes de la tierra que llorarán y lamentarán cuando Babilonia la Grande sea consumida en un solo día hacia el final de la Tribulación (Ap. 17 y 18).

Quizás una letra aún más apropiada sería “Who’s Sorry Now?” (“¿Quién se Arrepiente Ahora?”), interpretada por Connie Francis en 1957. Hablando de advertencias ignoradas y del momento de pagar, esta canción captura la justa indignación que Dios derramará sobre Babilonia y la tristeza que consumirá a quienes han desatendido Sus advertencias mientras se jactan de sus riquezas e inmoralidades.

Para muchos cristianos que estudian el Apocalipsis, la dedicación de dos capítulos completos a la desaparición de esta ciudad o sistema críptico es un misterio fascinante. Como tal, ha habido mucha especulación sobre la naturaleza y ubicación de lo que Juan describe como una mujer montando una bestia escarlata llena de nombres blasfemos y que ella misma lleva un nombre misterioso:

“BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA” (Ap. 17:5).

Entonces, ¿quién o qué es Babilonia, y dónde se encuentra esta ciudad o sistema tan horrible? 

¿Quién o Qué?

La mayoría de los estudiosos coinciden de buena gana en que la descripción que hace Juan de Babilonia como una mujer es simbólica. Así como la justicia a veces se representa con una mujer con los ojos vendados sosteniendo una balanza; o como en Estados Unidos la libertad se simboliza con una gran estatua en el puerto de Nueva York, Juan describe a una mujer que sostiene un cáliz lleno de abominaciones y de las impurezas de su inmoralidad.

Sólo tenemos que mirar en Proverbios para ver cómo Salomón personifica a la sabiduría como una hermana confiable, mientras que la tentación al pecado se personifica como una ramera (Prov. 7–9). En su carta a Tiatira, Jesús también se refiere a una falsa profetisa que estaba desviando a Sus siervos como “Jezabel”. Se infiere que este es un nombre simbólico para una persona real (probablemente no llamada Jezabel), pero que intencionalmente hace referencia a la reina de Israel que adoraba a Baal y que estaba casada con el malvado Acab.

Con respecto a “Misterio Babilonia” en Apocalipsis, hay un amplio consenso de que, en lugar de referirse a un individuo, el nombre representa una ciudad o un sistema mundial. Varias veces en Apocalipsis 18, Babilonia es llamada una ciudad grande y fuerte (vv. 10, 16 y 18). Nada menos que un ángel fuerte del Cielo declara que Babilonia es una “gran ciudad” que será “derribada con violencia”, como una piedra de molino es lanzada al mar (Ap. 18:21).

Aun así, una ciudad puede representar todo un imperio o sistema—tal como Washington, D. C. representa a Estados Unidos (en términos de gobierno, liderazgo o nación), Nueva York, tradicionalmente, ha representado el sistema capitalista de EE.UU., si no a Occidente en general, y Bruselas representa a la Unión Europea. Destruir cualquiera de estas ciudades individuales representaría un golpe grave para la nación o el sistema que representan, lo cual es una de las razones por las que Al Qaeda estaba decidido a atacar tanto Nueva York como Washington (los centros económicos y políticos de Estados Unidos) el 11 de septiembre de 2001.

En cualquier caso, la maldad fomentada y propagada por ese lugar o sistema de los tiempos del fin infecta a todas las naciones de la tierra. Como lo registra Juan: “Porque todas las naciones han bebido del vino de la pasión de su inmoralidad, y los reyes de la tierra han cometido actos inmorales con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con la riqueza[e] de su sensualidad” (Ap. 18:3; NBLA). Consideremos algunos de los sectores de mayor crecimiento de nuestra economía hoy en día: “entretenimiento para adultos”, que incluye el juego, la pornografía, las drogas y el hedonismo desenfrenado. Y esto a pesar de la influencia restrictiva de la Iglesia, presente para contener algunos de los peores excesos. ¿Pueden imaginar la inmoralidad que se desatará—y las ganancias que se generarán por medios malvados—después del Rapto?

Entonces un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó al mar, diciendo: “Así será derribada con violencia Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada” (Ap. 18:21).

¿Cuándo y Dónde?

Durante casi 2,000 años, ha habido debates intensos sobre la ubicación exacta de Misterio Babilonia. Muchos de los primeros cristianos asumieron que Juan se refería a Roma, pero lo hacía de manera críptica para evitar más persecuciones por profetizar su caída. A medida que Roma llegó a representar al Papado de la Iglesia Católica Romana (nuevamente, con una ciudad representando un sistema o imperio corrupto), los protestantes adoptaron rápidamente esa interpretación como una acusación al Papado y a los errores expuestos en el catolicismo. Bill Salus apoya esta postura, destacando el uso del presente por parte de Juan al explicar que la ramera “es la gran ciudad, que domina sobre los reyes de la tierra” y es juzgada para vengar a los apóstoles y profetas (Ap. 17:18; 18:20).

Más tarde, se consideraron otras ciudades, como Londres, París y Nueva York—siempre elegidas por su prominencia como las capitales (políticas o económicas) de naciones poderosas o vastos imperios. La mayoría de los maestros de profecía afiliados al Ministerio Cordero y León rechazan esta perspectiva. En cambio, tal vez porque se han propuesto tantos lugares en el pasado, muchos eruditos bíblicos actuales creen que Misterio Babilonia a la que se refiere Juan podría ser un lugar aún por determinar donde el Anticristo establecerá su cuartel general mundial.

La mujer que viste es la gran ciudad, que tiene un reino  sobre los reyes de la tierra (Ap. 17:18).

Algunos sugieren que podría ser una Babilonia reconstruida—la antigua ciudad en Irak que Saddam Hussein comenzó a restaurar hace 40 años en un esfuerzo audaz por fomentar el turismo en Irak. Otros han propuesto una nueva ciudad en algún lugar de Europa o Medio Oriente y han señalado enormes proyectos de construcción de ciudades que rivalizan con la Babel original en su arrogancia y osadía. (Por ejemplo, en 2021 Arabia Saudita anunció que construiría una ciudad de 160 kilómetros de largo llamada “La Línea” en el desierto arábigo, con la aspiración de albergar a nueve millones de personas, pero sin permitir la circulación de autos).

Hoy en día, relativamente pocos expertos en la profecía bíblica defienden a Roma como el posible sitio del cumplimiento de la Misterio Babilonia. Según David Reagan:

Antes de este siglo, el consenso de opinión entre los expertos en profecía bíblica era que la “Misterio Babilonia” de Apocalipsis 17 y la “Babilonia la Grande” de Apocalipsis 18 eran referencias a Roma. Hoy en día, esa opinión ha cambiado radicalmente, y el consenso ahora es que estos términos se refieren a la antigua Babilonia. Por lo tanto, estos expertos argumentan que Babilonia será reconstruida pronto. Esta es la razón por la que Tim LaHaye, en su serie de libros “Dejados Atrás”, presenta a Babilonia como la ciudad capital del reino mundial del Anticristo.

Y los reyes de la tierra que cometieron actos de inmoralidad y vivieron sensualmente con ella, llorarán y se lamentarán por ella cuando vean el humo de su incendio. Y de pie, desde lejos por causa del temor de su tormento, dirán: “¡Ay, ay, la gran ciudad, Babilonia, la ciudad fuerte! Porque en una hora ha llegado tu juicio”.

Terry James y Al Gist comparten ese sentimiento, junto con Mark Hitchcock, quien dice: “Yo creo que se trata de una Babilonia literal reconstruida en el futuro”.

El Poder Detrás de Todo Esto

No cabe duda de que la Babilonia que Juan estaba describiendo será la sede del poder del Anticristo. Refiriéndose a ese último autócrata mundial, Isaías profetizó que el “rey de Babilonia” será un opresor de una crueldad sin precedentes (Is. 14:1-17). Y, como señaló Ed Hindson, “Es evidente en el libro de Apocalipsis que Juan describe a Babilonia, sea lo que sea que quiera decir con eso, como el Reino del Anticristo—el sistema mundial impío de los últimos días que controla la economía mundial”.

También es evidente que esta única ciudad tiene una influencia que parece superar incluso el poder económico de la ciudad de Nueva York, el poder político de Washington D. C. y la influencia religiosa de Roma. Por eso Dios ordena la destrucción de la ciudad mediante un derramamiento sobrenatural de Su ira, y por eso los reyes y comerciantes lloran y se lamentan tan amargamente por su pérdida.

Por esa razón, creemos que, como muchas otras profecías, las características de Misterio Babilonia son evidentes en varias ciudades y sistemas hoy en día—tal como ocurría en los tiempos de Juan. Sin embargo, eso nos lleva a la pregunta: ¿Qué es una ciudad? Es más que una ubicación en un mapa, un conglomerado de edificios o incluso una comunidad de habitantes. Las ciudades llegan a tener una cultura e influencia que trascienden todas esas apariencias externas. Y así como la antigua Babilonia (y Babel antes de ella) llegó a representar una rebelión deliberada y la aceptación de la maldad ante los ojos del Señor, Misterio Babilonia muy bien podría representar el sistema impío, reprobado y rebelde del Anticristo.

¿Creemos que el Anticristo gobernará su imperio mundial desde una gran ciudad (a los ojos humanos) en algún lugar del Medio Oriente? Sí. ¿Creemos que la ciudad será destruida en un solo día como se describe en Apocalipsis 18? Otra vez, sí.

Creemos que el llanto y el dolor de reyes, comerciantes y de todos aquellos que se complacían en el sistema pecaminoso que ella representa indica que algo mucho más arraigado y maligno finalmente será arrasado. La arrogancia y la rebelión inspiraron a Nimrod a construir ciudades en Sinar y Asiria. Él y sus hombres buscaban construir para [sí mismos] una ciudad y una torre cuya cúspide llegara al cielo. De igual manera, Sodoma y Gomorra mostraban su inmensa maldad ante el Señor. Así también, el Anticristo construirá, para su propio orgullo y gloria, una ciudad desde la cual gobernará su imperio global.

Al final, la conclusión de sentido llano de Nathan sobre la Misterio Babilonia es: “No sabemos si se trata de Roma o de una Babilonia reconstruida, pero la ciudad colapsará cuando Dios ataque la capital del Anticristo aquí en la Tierra”. La capital del Anticristo—el hombre poseído y exaltado personalmente por Satanás—será aniquilada. Como añadió David Reagan:

En realidad, no importa si el Anticristo gobernará desde Babilonia, Roma, Nueva York o cualquier otra ciudad. Sea cual sea, el Dios Todopoderoso va a destruirla, junto con su rey y todas sus actividades pecaminosas en una hora de un solo día (Ap. 18:8-10). Lo importante es que, sin importar la verdadera identidad de Babilonia, Jesús va a triunfar, y nosotros, los redimidos, vamos a ganar al final.

¡No podríamos haberlo dicho mejor! Así que, sabiendo que el Rey Jesús vencerá a todos Sus enemigos, calma tu corazón, seca tus lágrimas, deja ir tus pensamientos ansiosos y mantén la mirada alto, ¡porque nuestra Redención está cerca!


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)


Recursos Recomendados:

Los Dos Juicios de la Babilonia de los Tiempos del Fin

La Gran Ramera de Apocalipsis 17

Video: El Resurgimiento de Babilonia

Babilonia en la Profecía


Read in Lamplighter (pdf):

martes, 1 de septiembre de 2026

Revista FAROLERO: Julio–Agosto 2026 (pdf)

La Próxima Última Trompeta

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Estimados lectores:

Les compartimos la edición correspondiente a julio-agosto 2026 de la revista Lamplighter (Farolero), la cual es producida bimestralmente por el Ministerio Cordero y León.

Temas incluidos en esta edición:

»» Tu Última Trompeta
»» El Juicio de la Sexta Trompeta
»» Guerras y Rumores de Guerra
»» Jesús, el Verdadero Mesías
»» Señales de los Tiempos

Entre otros.

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

lunes, 27 de julio de 2026

Tu Última Trompeta (Parte 2 de 2)

¿Cuál Escucharás?

 Tim Moore

¿Por Qué la Tribulación?

Muchos cristianos no saben cómo explicar la Tribulación a alguien que pregunta cómo un Dios amoroso podría someter al mundo a los horrores descritos en el Apocalipsis. Hemos hecho tan buen trabajo enfatizando el amor de Dios, y Su deseo de buscar a los perdidos y perdonar sus pecados, que hemos minimizado Su justicia y santidad.

Esa es, sin duda, una yuxtaposición difícil de comprender. Dios es capaz de combinar el amor perfecto con el odio hacia lo que es malvado. Puede desatar la ira divina mientras ofrece misericordia sin costo alguno. Se enoja con razón con los pecadores, pero les ofrece gracia—Su propio favor, que no pueden ganar por mérito ni obra.

Yuxtaposición  – Una combinación de dos o más cosas o verdades divergentes muy próximas entre sí.

La Tribulación es el período culminante de la historia humana, cuando estas grandes paradojas se muestran en toda su magnitud. Entonces, ¿por qué la Tribulación? En resumen, la Tribulación ocurre:

▸ para derramar el castigo que merece un mundo malvado y rebelde.

  • Así como Dios vio “la maldad del hombre en la tierra, y que todo designio de los pensamientos de su corazón sólo era de continuo el mal” en los días de Noé (lo entristeció hasta el punto de la destrucción mundial), Dios finalmente dirá “¡Basta!” cuando la copa de la maldad del hombre se desborde.

▸ Conforme al corazón de Dios, para llevar a los rebeldes impenitentes al límite de sus propias fuerzas, para que algunos lleguen al límite de sí mismos, se arrepientan y acepten a Jesucristo como Salvador y Señor.

  • Piensa en Jonás y el hijo pródigo; ambos tuvieron que llegar al límite de sí mismos para arrepentirse y responder al amor del Padre.

▸ llevar a la obstinada y dura de cerviz Israel al límite de sí misma, para que el remanente restante del pueblo judío mire a Aquel a quien traspasaron, llore como por un Hijo único y grite: “¡Baruj haba b’Shem Adonai!” (Zac. 12:10; Jn. 19:37 y Mt. 23:39).

Desafortunadamente, hay mucha confusión respecto a la Tribulación. Aquí hay algunas de las interpretaciones erróneas de este período horrible:

▸ La purificación final de la Iglesia

  • Tal actitud, que no es bíblica, representa una forma de purgatorio (una idea completamente antibíblica) y niega la obra de Cristo en la Cruz.
  • O bien no hay “condenación” para los que están en Cristo, o bien Su muerte no fue suficiente para cubrir nuestros pecados.

▸ La Iglesia será puesta a prueba durante la Tribulación, demostrando su capacidad para perseverar.

  • Jesús dijo que nos rescataría de la ira venidera.
  • Los seguidores de Cristo enfrentan pruebas continuas y tribulaciones con t pequeña (o “problemas”), pero ninguno estará sujeto a la ira de Dios; Jesús soportó la medida completa de la ira que Sus seguidores merecían en el Calvario.

▸ La ira de Dios no se derramará hasta el punto medio de la Tribulación, o algún otro momento más adelante en los siete años.

  • Jesús rompe los sellos y libera las trompetas y las copas, y autoriza las diversos males que afectan al mundo rebelde, sin incluir a la Iglesia.

Dicho todo esto, habrá una gran cosecha de almas durante la Tribulación. Muchas personas recobrarán la razón y se volverán a Cristo con fe. Muchos (si no la mayoría) serán martirizados por su fe en ese tiempo difícil, pero algunos realmente perseverarán hasta el final. Su aceptación tardía del Evangelio confirmará el dicho de Billy Graham: “El mismo sol que derrite la mantequilla endurece la arcilla”. Esa verdad contiene la triste contrapartida de su creencia: la mayoría de las personas sufrirá bajo la ira de Dios y endurecerá su corazón en lugar de arrepentirse—tal como vemos hoy en el mundo.

La pregunta sigue siendo: ¿qué respuesta—y qué destino eterno—te espera?

Escúchame Ahora o Créeme Después 

Algunas personas, al leer la decisión binaria que se les presenta, elegirán “esperar y ver”. Según su lógica, observarán y verán qué les pasa a los cristianos que están deseando que Jesús los llame a Su presencia. Si sus amigos y familiares cristianos desaparecen de repente, razonan que creerán y confiarán en Cristo entonces.

He aquí está la razón por la que esa es una apuesta tan insensata: ninguna persona tiene garantizado un día más de vida en esta tierra. Incluso como un ferviente seguidor de Cristo que anhela escuchar “al Señor mismo descender del cielo con un grito, con la voz del arcángel y con la trompeta de Dios”, puede que yo no viva para experimentar ese momento glorioso en mi cuerpo mortal. Y, un incrédulo que piensa, “una vez que los Juicios de los Sellos y de la Trompetas comiencen, me tomaré en serio eso de creer en Jesús”, puede que tampoco viva para ver que comience la Tribulación. Por eso Pablo enfatizó, “Ahora es el tiempo aceptable, ahora es el día de salvación” (2 Co. 6:2).

Entonces, ¿por qué termino este artículo con la proposición retórica de blanco o negro, “Créeme ahora o créeme después”?

Porque toda persona creerá en el Señor Jesucristo en algún momento, toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre (Fil. 2:10-11). Los demonios ya conocen a Jesucristo, pero se niegan a aceptar Su autoridad eterna y Su victoria final. Cada uno de nosotros debe confiar en la Palabra de Dios, aceptando por fe Su provisión para la salvación. Es esa creencia por fe la que nos distingue de las hordas demoníacas y de aquellos destinados al infierno. Toda persona que rechace al Hijo en esta vida tendrá un momento de terrible comprensión cuando comparezca ante el Tribunal de Cristo, pero entonces será demasiado tarde.

“…para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil. 2:0-11).

Entonces, de nuevo, para todos los que leen estas palabras antes de la Tribulación, ¿qué trompeta les espera—la trompeta que los llama al cielo o las trompetas que sonarán mientras la ira de Dios se derrama sobre ustedes?

Si tienen oídos para oír, ruego que estén esperando con ansias la primera.


Lea la parte 1 haciendo clic aquí 

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)


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viernes, 24 de julio de 2026

Tu Última Trompeta (Parte 1 de 2)

¿Cuál Escucharás?

 Tim Moore


A medida que los Juicios de los Sellos dan paso a los Juicios de las Trompetas, las condiciones en la tierra son horribles—y empeoran cada día.

Cuando Cristo comenzó a abrir los siete sellos del libro o rollo que Dios el Padre sostenía (a menudo entendido como el “título de propiedad” de la tierra), primero dio autoridad a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis—el Anticristo, la Guerra, el Hambre y la Muerte. Esos juicios caen sobre la tierra con un efecto devastador, hasta el punto de que un cuarto de la humanidad muere en los primeros ataques de la Tribulación.

Atrapados en la furia del Anticristo se encuentran los seguidores de Jesucristo: los santos de la Tribulación que recuperan la cordura después del Rapto, al comprender Quién está derramando Su justa indignación sobre el mundo rebelde. Las Escrituras dejan claro que la mayoría de los cristianos morirán durante la Tribulación. Estos mártires se hallan bajo el altar de Dios en el Cielo cuando se rompe el quinto sello. El sexto desata otra ola de terror cuando un gran terremoto sacude la tierra, el sol se oscurece y finalmente aparece la tan esperada luna de sangre.

Tras un breve interludio registrado en el Apocalipsis, cuando los testigos judíos proclaman el Evangelio en la Tierra y el Cielo resuena con alabanzas a “nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (7:10), se rompe el séptimo sello. El Cielo guarda silencio mientras el fuego cae sobre la tierra, acompañado de truenos, relámpagos y otro terremotomás. Luego, siete ángeles se preparan para iniciar otra ronda de juicios divinos.WW

Trompetas de Ira

En las Escrituras, el sonido de una trompeta representaba muchas cosas diferentes. Los estudiantes del Antiguo Testamento recordarán que una trompeta sonó mientras Moisés estaba en el Monte Sinaí recibiendo la Ley de Dios (Éxodo 19:16). Esa trompeta simbolizaba la santa presencia de Dios y Su pacto eterno con Israel. Cuando Josué dirigió a los hijos de Israel a rodear Jericó, tocaron shofares (trompetas) cada día. Luego, cuando la trompeta sonó en el séptimo día, Josué les dijo a las personas: “¡Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad!” (Josué 6:16).

También se tocaba una trompeta al comienzo de cada sábado para alertar al pueblo de que había llegado el día de descanso ordenado por Dios. El propio Señor había indicado: “En vuestros días de alegría, como en vuestras solemnidades y principios de mes, tocaréis las trompetas sobre vuestros holocaustos y sobre los sacrificios de paz, y os servirán de memorial delante de vuestro Dios. Yo, Jehová, vuestro Dios” (Nm. 10:10).

Es evidente que que el estruendo ronco de una trompeta—un shofar—era una parte integral y audible de la vida judía. Pero las trompetas que suenan en Apocalipsis 8, 9 y 11 tienen un significado muy diferente. Son trompetas que anuncian el derramamiento de la ira de Dios.

En orden bíblico—y creo que cronológico—son:

Primero – Granizo y fuego, mezclados con sangre, devastan un tercio de la tierra.

Segundo – Algo parecido a una gran montaña es arrojado al mar, convirtiendo un tercio de él en sangre.

Tercero – Un gran meteorito ardiente llamado Ajenjo cae del cielo para contaminar un tercio del agua dulce.

Cuarto – Un tercio del sol, la luna y las estrellas se oscurecen. Las últimas tres trompetas son tan horribles que un águila del cielo grita: “¡Ay, ay, ay de los que habitan en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para tocar los tres ángeles!” (Ap. 8:13). 

Quinto – Se abre un abismo sin fondo y una horda demoníaca liderada por el rey demonio, Abadón (o Apolión en griego), es liberada para atormentar a todas las personas que no están selladas por Dios.

Sexto – Se liberan cuatro ángeles para liderar un ejército de 200 millones de jinetes y matar a un tercio de la humanidad con fuego, humo y azufre. 

Séptimo – Esta trompeta anuncia la llegada del “reino de nuestro Señor y de Su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos” (Ap. 11:15); esta declaración provoca adoración y alegría en el Cielo, pero presagia otra ronda final de ira que pronto caerá sobre la tierra.

Cualquier persona racional desearía ser liberada de semejante avalancha de sufrimiento. Sin embargo, las Escrituras son claras: incluso los reyes, los grandes hombres, los comandantes, los ricos, los fuertes y todos los esclavos—en otras palabras, todas las personas que continúan rechazando a Jesucristo—reconocerán que están siendo sometidos a “la ira del Cordero”, pero aun así se negarán a arrepentirse y a doblegarse ante Su señorío (Ap. 6:15-17). Al final del capítulo 9, Juan documenta la misma respuesta: los que no mueren de inmediato para el fin de la sexta trompeta “se arrepintieron de las obras de sus manos ni dejaron de adorar a los demonios… y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus robos” (9:20-21).

¿No es curioso que el robo figure junto con otros pecados que parecen más ofensivos? Pero, ¿cuántas personas en este momento le están robando a Dios la alabanza y la gloria que justamente merece? ¿Cuántos de nosotros enterramos nuestros talentos en lugar de invertirlos sabiamente—robándole a nuestro Maestro un retorno justo de los recursos y dones que nos ha prestado?

La oración de intercesión de Habacuc, “Jehová… en la ira acuérdate de la misericordia” (3:2), se ha demostrado una y otra vez. Casi puedo imaginar a Dios Todopoderoso poniendo los ojos en blanco mientras Habacuc pronuncia esa oración, como si Él pudiera haber respondido: “¿Quién crees que SOY?”. Dios había revelado Su Nombre y Su carácter a Moisés: “¡Jehová! ¡Jehová! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, 7 que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado…” (Éxodo 34:6-7).

La Tribulación representa la indignación justa, santa y justificada de Dios contra un mundo malvado y rebelde. Su derramamiento de ira —Su propia ira, y no la de otro— será una demostración de que no dejará sin castigo a los culpables. Pero incluso en medio de la ira, recuerda la misericordia.


Lea la parte 2 haciendo clic aquí

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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martes, 21 de julio de 2026

Guerras y Rumores de Guerra

Tim Moore


Reflexionando sobre mi vida, puedo recordar una serie de guerras que han tenido lugar. Nací durante el conflicto de Vietnam y crecí durante la Guerra Fría. De hecho, mi propio entrenamiento inicial en la Fuerza Aérea se centró en la gran amenaza soviética, y mi entrenamiento como prisionero de guerra se basó en la experiencia estadounidense en Vietnam.

Mientras estaba en la secundaria, Estados Unidos se vio envuelto por primera vez en los conflictos en Medio Oriente fomentados por la República Islámica de Irán. Luego, observé cómo estallaban pequeños conflictos más cerca de casa, en Panamá e incluso en Granada. Otros enfrentamientos siguieron en lugares como Libia, Kosovo y Somalia. Para principios de los años 90, incluso cuando la Guerra Fría se enfriaba, la atención volvió una vez más al Medio Oriente, con múltiples guerras centradas en Irak y luego en Afganistán. Mi propia experiencia de combate ocurrió en los desiertos y montañas de esas dos olvidadas naciones.

La cuestión es que las guerras y los rumores de guerras han sido la norma, no la excepción—incluso cuando las ramificaciones de esas guerras se han vuelto cada vez más importantes con la llegada de las armas nucleares, los ciberataques y el bioterrorismo. Lejos del tranquilo “Nuevo Orden Mundial”, defendido por los globalistas hace 30 años, las amenazas y los peligros parecen multiplicarse a nuestro alrededor. 

Paz, Paz

Como hombre entrenado para la guerra, puedo decirles que anhelo la paz. Toda persona sensata la anhela. Pero no una paz impuesta a punta de bayoneta ni tras una rendición incondicional a verdades y libertades preciadas. Y tampoco una falsa “paz en nuestro tiempo” que en realidad conduce a una guerra inevitable y a una devastación aún mayor. Sin duda, la humanidad debería haber aprendido esa lección en los años 30.

El conflicto actual con Irán es indicativo del dilema al que nos enfrentamos. Aunque el conflicto con Irán ha generado nuevos riesgos y enormes trastornos (no sólo en los precios y las cadenas de suministro de petróleo, sino también en los medios de subsistencia e incluso en vidas inocentes afectadas por ataques iraníes indiscriminados), busca eliminar una amenaza mucho mayor: un Irán armado con armas nucleares. No hay mucha duda de que si los ayatolás, mulás y militantes radicalizados de Irán poseyeran un arma nuclear, la usarían contra Israel y las fuerzas estadounidenses en toda la región.

Los burladores y agitadores antiestadounidenses (incluidos algunos en el Congreso) se preguntan por qué una nación—incluso un régimen despótico en Irán—utilizaría un arma que, sin duda, conduciría a la destrucción total de su propio país. Hay dos razones para su fanatismo, y ambas son urgentes para nuestra situación contemporánea, reflejo de una lucha atemporal y presagios de otra guerra que pronto se desatará en los cielos.

Esas razones son:

1. Los líderes musulmanes chiítas de Irán están dedicados a una escatología que anticipa a un mesías musulmán.

2. Desde los días de Daniel, Irán (entonces conocido como Persia) ha estado bajo la supervisión de un poderoso demonio que sirve a la voluntad de su amo infernal, Satanás.

Desglosemos estas dos dinámicas.

El Supuesto Duodécimo Imán

Muchos estadounidenses, e incluso la mayoría de los cristianos, tienen dificultades para distinguir entre musulmanes suníes y chiíes. Además, tienden a pensar que todos los musulmanes del Medio Oriente son árabes. Ambos están gravemente equivocados.

En pocas palabras, los musulmanes sunitas (que predominan en la mayoría de los países árabes, como Arabia Saudita, Egipto y Jordania) insisten en que la línea de sucesión de Mahoma recae legítimamente en líderes exaltados (llamados califas) que demuestran su mérito. Los chiítas creen que los líderes islámicos (imanes) deben trazar su linaje hasta Mahoma mismo. Esta divergencia se remonta a poco después de la muerte de Mahoma en el siglo VII.

Más importante aún, los musulmanes chiítas creen que el 12mo Imán (Mahdi) en la línea de sucesión tenía dones únicos. Aseguran que no murió, sino que se escondió, esperando un momento en la historia humana cuando una crisis existencial obligue a su reaparición para establecer un último Khilafah (califato) musulmán sobre una comunidad musulmana global (o Ummah). La intensidad de esta creencia ha motivado a los musulmanes chiítas a cometer actos extremos de terror y caos, creyendo que así están acelerando el desorden necesario para que el Mahdi regrese.

Es significativo que los clérigos radicales que han controlado Irán durante 47 años estén dispuestos a atacar a sus vecinos musulmanes e incluso a empobrecer o destruir a su propio pueblo en nombre de esta ideología perversa. El presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad a menudo hablaba en términos apocalípticos sobre la motivación iraní respecto al Mahdi cuando se dirigía a las Naciones Unidas (entre 2005 y 2013). En su primer discurso en 2005, dijo que sentía una presencia espiritual que lo envolvía y dejaba a los delegados reunidos fascinados durante sus 28 minutos de charla. Aunque fue ridiculizado por los políticos contemporáneos, Ahmadinejad reveló algo bastante real—y diabólico.

La Mano Invisible Detrás de Todo

Detrás de la ideología asesina de los musulmanes radicalizados, hay una mano invisible actuando en el ámbito espiritual. El mensajero angelical enviado para revelar los misterios celestiales a Daniel (en respuesta a sus oraciones) se retrasó durante 21 días, ya que el “príncipe de Persia” se le opuso en el plano espiritual. Sólo cuando Miguel, el arcángel encargado de la Casa de Israel (según Daniel 10:13), vino a ayudar a vencer al demonio que supervisaba Persia, el ángel mensajero pudo continuar.

¿Por qué el príncipe demoníaco de Persia intentaría frustrar un mensaje de aliento dirigido a un profeta judío? Porque Satanás ha estado tratando de socavar el plan de Dios, destruir a Su pueblo y engañar incluso a los elegidos. Su modus operandi (su gran estrategia y su táctica habitual) es oponerse a todo esfuerzo y emisario del Todopoderoso. A veces parece que tiene la ventaja, pero sabemos que realmente no puede impedir que los planes proféticos de Dios se cumplan.

Así pues, aunque Persia ahora se autodenomine Irán, el mismo espíritu maligno sigue dominando esa tierra ancestral. Y ese ser nefasto aún responde ante el príncipe supremo de las potestades del aire, el gobernante de esta era y pretendiente de los reinos humanos: Satanás.

Los secularistas y los comentaristas posmodernos pueden burlarse y mofarse, pero Pablo nos dice que “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). Como Jesús advirtió a Sus apóstoles cuando le pidieron señales de Su regreso y del fin de la era: “Mirad que nadie os engañe” (Mt. 24:5).

 “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).. 

Una vez más, hay mucho más de lo que parece. Y la batalla espiritual milenaria evidente en Irán es un claro presagio de una batalla mucho más grande que está por venir.

En el Cielo, así Como en la Tierra

Esperamos con ansias el día en que Jesucristo ejerza Su autoridad y extienda Su reino en la Tierra, “como en el cielo”. Esto ocurrirá después de Su gloriosa Segunda Venida, cuando establezca Su Reino Milenario en la Tierra. Durante 1,000 años, Satanás será atado, y la paz, la justicia y la santidad cubrirán la tierra como las aguas cubren el mar.

Pero antes de esa gloriosa era—cuando los santos de la Era de la Iglesia glorificados reinen junto a Jesús en la tierra—vendrá otra guerra catastrófica. Además de las guerras mencionadas en el Salmo 83, Ezequiel 38-39 y Ap. 16 y 19 (la infame Guerra de Armagedón) que ocurrirán en la Tierra, Satanás hará un último intento desesperado por apoderarse del trono de Dios en el cielo. Las guerras interminables que ha fomentado en la Tierra serán igualadas por una guerra en el cielo, como se describe en Ap. 12:7-13. Cuando eso suceda, él y sus hordas demoníacas (que en el Antiguo Testamento son llamadas los “hijos de Dios”) serán expulsados del cielo de una vez por todas.

Sé lo que están pensando. ¿Acaso Satanás no ha sido ya expulsado del cielo? La respuesta es sí, pero no del todo. Para que no piensen que esta respuesta es contradictoria, eso es precisamente lo que describe la Palabra de Dios. Verán, Lucifer fue expulsado del cielo primero cuando se llenó de orgullo y celos y codició la adoración y gloria reservadas sólo para Dios. Cuando eso sucedió, Isaías dice que un tercio del ejército celestial que se unió a la rebelión de Lucifer fue arrojado a la Tierra. Pero Job también revela que Satanás continuó teniendo acceso al salón del trono de Dios (Job 1:6).

No afirmo entender completamente esa dinámica misteriosa, pero creo que es cierta porque eso es lo que describe la Biblia. De hecho, fue Dios quien señaló a Job a Satanás cuando vino ante el Señor con los otros “hijos de Dios”.

Pero las Escrituras también dicen que cuando Satanás lance un último ataque contra el trono de Dios, será desterrado por completo. Basándome en la descripción de Ap. 12, preveo que esta guerra celestial final tendrá lugar aproximadamente a la mitad de la Tribulación. Satanás estará tan enfurecido por su humillante expulsión que volverá a la tierra lleno de ira. Luego habitará personalmente en el Anticristo y derramará su furia sobre el pueblo judío. El Anticristo ya habrá estado intentando matar y destruir a cada seguidor de Cristo después del Rapto durante la primera mitad de la Tribulación. Aun así, la ferocidad satánica de su renovado odio hacia los judíos resultará en que dos tercios de ellos sean asesinados.

Este período será tan desastroso que, en el Antiguo Testamento, se hace referencia a él como el “tiempo de la angustia de Jacob”. Lo conocemos mejor como la Gran Tribulación. Y Jesús mismo dijo que si este período de horror (cuando la ira derramada de Dios se mezcla con furia sobrenatural con la ira desenfrenada de Satanás) no fuera acortado, no quedaría vida en la Tierra.

Definitivamente, absolutamente NO querrás estar aquí en ese momento.

Un Destino Peor que la Muerte

Si piensas, “¡Vaya. Eso suena horrible!”, es porque lo es. La revelación de Dios sobre este tiempo de horror que se avecina está destinada a impactar tu sensibilidad—no porque simplemente quiera aterrorizarte, sino porque quiere advertirte antes de que sea demasiado tarde.

La persona promedio que sigue con su vida sin darse cuenta de todo lo que ocurre en el ámbito espiritual sufre un duro y trágico despertar cuando deja esta vida. Durante la Tribulación, las personas se familiarizarán íntimamente con las fuerzas espirituales mientras Dios derrama Su ira y el Anticristo busca aniquilar a los seguidores de Cristo que recobran el sentido, se arrepienten de sus pecados y creen en Jesús para la salvación. Pero la mayoría caerá en el engaño generalizado que los condena a un destino de condenación.

El dolor y sufrimiento que soportan en sus cuerpos mortales—por horrible que sea—palidecerá en comparación con el sufrimiento eterno que experimentarán en el infierno, “donde su gusano no muere, y el fuego no se apaga” (Mr. 9:48). Ese es el destino eterno peor que la muerte. Si realmente entendiéramos los horrores que esperan a quienes entran en la eternidad sin Cristo, instaríamos a nuestro peor enemigo (y ni hablar de nuestros vecinos o completos desconocidos) a huir de la ira venidera.

En la Ira, Misericordia

¡En la ira, acuérdate de la misericordia!
– Habacuc 3:2

Por eso Dios envió a Jesucristo al mundo. Por eso el Padre ha retrasado el envío del Hijo. Y es por eso que el Señor Dios ha revelado de antemano lo que “debe suceder pronto” (Ap. 1:1). Dicho claramente, Él no quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen al arrepentimiento (2 P. 3:9). Jesús vino a la Tierra y murió para que “todo el que cree en Él no se pierda, sino tenga vida eterna” (Juan 3:16).

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

Si ese es el corazón de Dios y todos aspiramos a ser hombres y mujeres conforme a Su corazón (como a menudo escucho cuando la gente cita al Rey David como su ejemplar bíblico favorito), entonces sin duda deberíamos unirnos a la lucha por las almas ahora mismo. Deberíamos estar llenos de compasión y deseosos de mostrar misericordia a nuestros semejantes que están en el camino de la perdición.

Perdición — Condenación eterna o la condición de estar espiritualmente arruinado y condenado al infierno

Satán, “con dientes y garras teñidos de rojo”, luchará contra nosotros durante toda esta vida. Pero su derrota ya está garantizada. La pregunta es si lucharemos como si las almas dependieran de ello.

Esa batalla se está librando a nuestro alrededor ahora mismo. Nuestro Comandante nos está llamando a las armas. ¿Tomarás la armadura de Dios y te unirás a la lucha?

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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Las 9 Guerras de los Tiempos del Fin

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