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lunes, 27 de julio de 2026

Tu Última Trompeta (Parte 2 de 2)

¿Cuál Escucharás?

 Tim Moore

¿Por Qué la Tribulación?

Muchos cristianos no saben cómo explicar la Tribulación a alguien que pregunta cómo un Dios amoroso podría someter al mundo a los horrores descritos en el Apocalipsis. Hemos hecho tan buen trabajo enfatizando el amor de Dios, y Su deseo de buscar a los perdidos y perdonar sus pecados, que hemos minimizado Su justicia y santidad.

Esa es, sin duda, una yuxtaposición difícil de comprender. Dios es capaz de combinar el amor perfecto con el odio hacia lo que es malvado. Puede desatar la ira divina mientras ofrece misericordia sin costo alguno. Se enoja con razón con los pecadores, pero les ofrece gracia—Su propio favor, que no pueden ganar por mérito ni obra.

Yuxtaposición  – Una combinación de dos o más cosas o verdades divergentes muy próximas entre sí.

La Tribulación es el período culminante de la historia humana, cuando estas grandes paradojas se muestran en toda su magnitud. Entonces, ¿por qué la Tribulación? En resumen, la Tribulación ocurre:

para derramar el castigo que merece un mundo malvado y rebelde.

  • Así como Dios vio “la maldad del hombre en la tierra, y que todo designio de los pensamientos de su corazón sólo era de continuo el mal” en los días de Noé (lo entristeció hasta el punto de la destrucción mundial), Dios finalmente dirá “¡Basta!” cuando la copa de la maldad del hombre se desborde.

Conforme al corazón de Dios, para llevar a los rebeldes impenitentes al límite de sus propias fuerzas, para que algunos lleguen al límite de sí mismos, se arrepientan y acepten a Jesucristo como Salvador y Señor.

  • Piensa en Jonás y el hijo pródigo; ambos tuvieron que llegar al límite de sí mismos para arrepentirse y responder al amor del Padre.

llevar a la obstinada y dura de cerviz Israel al límite de sí misma, para que el remanente restante del pueblo judío mire a Aquel a quien traspasaron, llore como por un Hijo único y grite: “¡Baruj haba b’Shem Adonai!” (Zac. 12:10; Jn. 19:37 y Mt. 23:39).

Desafortunadamente, hay mucha confusión respecto a la Tribulación. Aquí hay algunas de las interpretaciones erróneas de este período horrible:

La purificación final de la Iglesia

  • Tal actitud, que no es bíblica, representa una forma de purgatorio (una idea completamente antibíblica) y niega la obra de Cristo en la Cruz.
  • O bien no hay “condenación” para los que están en Cristo, o bien Su muerte no fue suficiente para cubrir nuestros pecados.

La Iglesia será puesta a prueba durante la Tribulación, demostrando su capacidad para perseverar.

  • Jesús dijo que nos rescataría de la ira venidera.
  • Los seguidores de Cristo enfrentan pruebas continuas y tribulaciones con t pequeña (o “problemas”), pero ninguno estará sujeto a la ira de Dios; Jesús soportó la medida completa de la ira que Sus seguidores merecían en el Calvario.

La ira de Dios no se derramará hasta el punto medio de la Tribulación, o algún otro momento más adelante en los siete años.

  • Jesús rompe los sellos y libera las trompetas y las copas, y autoriza las diversos males que afectan al mundo rebelde, sin incluir a la Iglesia.

Dicho todo esto, habrá una gran cosecha de almas durante la Tribulación. Muchas personas recobrarán la razón y se volverán a Cristo con fe. Muchos (si no la mayoría) serán martirizados por su fe en ese tiempo difícil, pero algunos realmente perseverarán hasta el final. Su aceptación tardía del Evangelio confirmará el dicho de Billy Graham: “El mismo sol que derrite la mantequilla endurece la arcilla”. Esa verdad contiene la triste contrapartida de su creencia: la mayoría de las personas sufrirá bajo la ira de Dios y endurecerá su corazón en lugar de arrepentirse—tal como vemos hoy en el mundo.

La pregunta sigue siendo: ¿qué respuesta—y qué destino eterno—te espera?

Escúchame Ahora o Créeme Después 

Algunas personas, al leer la decisión binaria que se les presenta, elegirán “esperar y ver”. Según su lógica, observarán y verán qué les pasa a los cristianos que están deseando que Jesús los llame a Su presencia. Si sus amigos y familiares cristianos desaparecen de repente, razonan que creerán y confiarán en Cristo entonces.

He aquí está la razón por la que esa es una apuesta tan insensata: ninguna persona tiene garantizado un día más de vida en esta tierra. Incluso como un ferviente seguidor de Cristo que anhela escuchar “al Señor mismo descender del cielo con un grito, con la voz del arcángel y con la trompeta de Dios”, puede que yo no viva para experimentar ese momento glorioso en mi cuerpo mortal. Y, un incrédulo que piensa, “una vez que los Juicios de los Sellos y de la Trompetas comiencen, me tomaré en serio eso de creer en Jesús”, puede que tampoco viva para ver que comience la Tribulación. Por eso Pablo enfatizó, “Ahora es el tiempo aceptable, ahora es el día de salvación” (2 Co. 6:2).

Entonces, ¿por qué termino este artículo con la proposición retórica de blanco o negro, “Créeme ahora o créeme después”?

Porque toda persona creerá en el Señor Jesucristo en algún momento, toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre (Fil. 2:10-11). Los demonios ya conocen a Jesucristo, pero se niegan a aceptar Su autoridad eterna y Su victoria final. Cada uno de nosotros debe confiar en la Palabra de Dios, aceptando por fe Su provisión para la salvación. Es esa creencia por fe la que nos distingue de las hordas demoníacas y de aquellos destinados al infierno. Toda persona que rechace al Hijo en esta vida tendrá un momento de terrible comprensión cuando comparezca ante el Tribunal de Cristo, pero entonces será demasiado tarde.

“…para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil. 2:0-11).

Entonces, de nuevo, para todos los que leen estas palabras antes de la Tribulación, ¿qué trompeta les espera—la trompeta que los llama al cielo o las trompetas que sonarán mientras la ira de Dios se derrama sobre ustedes?

Si tienen oídos para oír, ruego que estén esperando con ansias la primera.


Lea la parte 1 haciendo clic aquí 

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)


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viernes, 24 de julio de 2026

Tu Última Trompeta (Parte 1 de 2)

¿Cuál Escucharás?

 Tim Moore


A medida que los Juicios de los Sellos dan paso a los Juicios de las Trompetas, las condiciones en la tierra son horribles—y empeoran cada día.

Cuando Cristo comenzó a abrir los siete sellos del libro o rollo que Dios el Padre sostenía (a menudo entendido como el “título de propiedad” de la tierra), primero dio autoridad a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis—el Anticristo, la Guerra, el Hambre y la Muerte. Esos juicios caen sobre la tierra con un efecto devastador, hasta el punto de que un cuarto de la humanidad muere en los primeros ataques de la Tribulación.

Atrapados en la furia del Anticristo se encuentran los seguidores de Jesucristo: los santos de la Tribulación que recuperan la cordura después del Rapto, al comprender Quién está derramando Su justa indignación sobre el mundo rebelde. Las Escrituras dejan claro que la mayoría de los cristianos morirán durante la Tribulación. Estos mártires se hallan bajo el altar de Dios en el Cielo cuando se rompe el quinto sello. El sexto desata otra ola de terror cuando un gran terremoto sacude la tierra, el sol se oscurece y finalmente aparece la tan esperada luna de sangre.

Tras un breve interludio registrado en el Apocalipsis, cuando los testigos judíos proclaman el Evangelio en la Tierra y el Cielo resuena con alabanzas a “nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (7:10), se rompe el séptimo sello. El Cielo guarda silencio mientras el fuego cae sobre la tierra, acompañado de truenos, relámpagos y otro terremotomás. Luego, siete ángeles se preparan para iniciar otra ronda de juicios divinos.WW

Trompetas de Ira

En las Escrituras, el sonido de una trompeta representaba muchas cosas diferentes. Los estudiantes del Antiguo Testamento recordarán que una trompeta sonó mientras Moisés estaba en el Monte Sinaí recibiendo la Ley de Dios (Éxodo 19:16). Esa trompeta simbolizaba la santa presencia de Dios y Su pacto eterno con Israel. Cuando Josué dirigió a los hijos de Israel a rodear Jericó, tocaron shofares (trompetas) cada día. Luego, cuando la trompeta sonó en el séptimo día, Josué les dijo a las personas: “¡Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad!” (Josué 6:16).

También se tocaba una trompeta al comienzo de cada sábado para alertar al pueblo de que había llegado el día de descanso ordenado por Dios. El propio Señor había indicado: “En vuestros días de alegría, como en vuestras solemnidades y principios de mes, tocaréis las trompetas sobre vuestros holocaustos y sobre los sacrificios de paz, y os servirán de memorial delante de vuestro Dios. Yo, Jehová, vuestro Dios” (Nm. 10:10).

Es evidente que que el estruendo ronco de una trompeta—un shofar—era una parte integral y audible de la vida judía. Pero las trompetas que suenan en Apocalipsis 8, 9 y 11 tienen un significado muy diferente. Son trompetas que anuncian el derramamiento de la ira de Dios.

En orden bíblico—y creo que cronológico—son:

Primero – Granizo y fuego, mezclados con sangre, devastan un tercio de la tierra.

Segundo – Algo parecido a una gran montaña es arrojado al mar, convirtiendo un tercio de él en sangre.

Tercero – Un gran meteorito ardiente llamado Ajenjo cae del cielo para contaminar un tercio del agua dulce.

Cuarto – Un tercio del sol, la luna y las estrellas se oscurecen. Las últimas tres trompetas son tan horribles que un águila del cielo grita: “¡Ay, ay, ay de los que habitan en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para tocar los tres ángeles!” (Ap. 8:13). 

Quinto – Se abre un abismo sin fondo y una horda demoníaca liderada por el rey demonio, Abadón (o Apolión en griego), es liberada para atormentar a todas las personas que no están selladas por Dios.

Sexto – Se liberan cuatro ángeles para liderar un ejército de 200 millones de jinetes y matar a un tercio de la humanidad con fuego, humo y azufre. 

Séptimo – Esta trompeta anuncia la llegada del “reino de nuestro Señor y de Su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos” (Ap. 11:15); esta declaración provoca adoración y alegría en el Cielo, pero presagia otra ronda final de ira que pronto caerá sobre la tierra.

Cualquier persona racional desearía ser liberada de semejante avalancha de sufrimiento. Sin embargo, las Escrituras son claras: incluso los reyes, los grandes hombres, los comandantes, los ricos, los fuertes y todos los esclavos—en otras palabras, todas las personas que continúan rechazando a Jesucristo—reconocerán que están siendo sometidos a “la ira del Cordero”, pero aun así se negarán a arrepentirse y a doblegarse ante Su señorío (Ap. 6:15-17). Al final del capítulo 9, Juan documenta la misma respuesta: los que no mueren de inmediato para el fin de la sexta trompeta “se arrepintieron de las obras de sus manos ni dejaron de adorar a los demonios… y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus robos” (9:20-21).

¿No es curioso que el robo figure junto con otros pecados que parecen más ofensivos? Pero, ¿cuántas personas en este momento le están robando a Dios la alabanza y la gloria que justamente merece? ¿Cuántos de nosotros enterramos nuestros talentos en lugar de invertirlos sabiamente—robándole a nuestro Maestro un retorno justo de los recursos y dones que nos ha prestado?

La oración de intercesión de Habacuc, “Jehová… en la ira acuérdate de la misericordia” (3:2), se ha demostrado una y otra vez. Casi puedo imaginar a Dios Todopoderoso poniendo los ojos en blanco mientras Habacuc pronuncia esa oración, como si Él pudiera haber respondido: “¿Quién crees que SOY?”. Dios había revelado Su Nombre y Su carácter a Moisés: “¡Jehová! ¡Jehová! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, 7 que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado…” (Éxodo 34:6-7).

La Tribulación representa la indignación justa, santa y justificada de Dios contra un mundo malvado y rebelde. Su derramamiento de ira —Su propia ira, y no la de otro— será una demostración de que no dejará sin castigo a los culpables. Pero incluso en medio de la ira, recuerda la misericordia.


Lea la parte 2 haciendo clic aquí

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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miércoles, 15 de julio de 2026

El Juicio de la Sexta Trompeta

Jinetes, dragones, corceles, y un río de sangre

Nathan Jones


El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios, la cual decía al sexto ángel que tenía la trompeta: ‘¡Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Éufrates!’. Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar la tercera parte de los hombres” (Ap. 9:13-15; RVR1995).

Los Cuatro Jinetes del Éufrates

Un ángel, que está de pie ante el altar de Dios, transmite la orden del Todopoderoso al ángel que empuña la sexta trompeta del juicio: “Libera a los cuatro ángeles que están atados al gran río Éufrates”. El trompetista angelical obedece inmediatamente a su Soberano y toca su sagrado cuerno. Una prisión demoníaca, que llevaba mucho tiempo oculta bajo el Río Éufrates en el actual Irak, se abre. Cuatro generales demoníacos atados, ardiendo de rabia asesina en sus corazones negros, son desencadenados y liberados de su mazmorra acuática.

Aunque el ángel que estaba ante el altar de Dios llamó a estos cuatro “ángeles”, los reconocemos por lo que realmente son: demonios, atados en las turbias profundidades de ese antiguo río. Bajo esas orillas empapadas, permanecen encadenados, agitándose mientras esperan ansiosos la hora, día, mes y año que Dios ha planeado para liberarlos. Estos cuatro pertenecen a un grupo de demonios confinados, posiblemente encarcelados debido a algún gran pecado previo al Diluvio.

Esta prisión es un lugar adecuado para demonios. Desde una perspectiva bíblica, el Río Éufrates simboliza el pecado, habiendo sido testigo de algunos de los peores males de la humanidad. Junto con el Tigris, estas dos vías fluviales marcaron en su día dos de los cuatro límites del Jardín del Edén y, por lo tanto, presenciaron la caída de la humanidad en toda su desgracia. Fue el lugar donde Caín asesinó a su hermano Abel y donde se construyó la rebelde Torre de Babel. También es la tierra donde las tribus judías fueron exiliadas. Como la nación de la frontera más oriental de Israel, el Éufrates se convirtió en un símbolo de sus enemigos. Espiritualmente, el Éufrates ha estado durante mucho tiempo asociado con la idolatría, la adoración demoníaca, la brujería y la astrología.

La razón más probable por la que estos cuatro demonios habían sido confinados—y, más alarmante aún, una mucho peor—es que podrían poseer poderes tan abrumadoramente destructivos que Dios nunca podría permitirles deambular libremente entre los humanos y aun así asegurar la supervivencia de la humanidad. Parece que es así, porque los Cuatro Jinetes del Éufrates, una vez desatados, atacan a la humanidad con tal malicia que ¡matarán (atención) —un tercio de la población mundial—¡una cifra estremecedora!

Según la narrativa del Apocalipsis, una cuarta parte de la humanidad ya será aniquilada por el juicio del cuarto sello. Entonces millones más morirán entre ese momento y Apocalipsis 9. El juicio de la sexta trompeta profetiza además que un tercio de la población restante también perecerá. Sumando estas cifras de muertos, aprendemos que una asombrosa mitad de la población mundial —cuatro mil millones de personas según las cifras actuales— habrá perecido, todo ello en sólo los primeros tres años y medio de la Tribulación. No es de extrañar que Jesús afirmara que, a menos que esos días se acortaran, nadie se salvaría (Mt. 24:22).

El Ejército de 200 Millones de Soldados

Y el número de los ejércitos de los jinetes era de doscientos millones. Yo oí su número” (Ap. 9:16; RVR1995).

Los Cuatro Jinetes del Éufrates no lanzarán solos su ola genocida. Al contrario, los cuatro generales demoníacos liderarán el ejército más grande que el mundo jamás haya visto.

Desde su posición privilegiada en el Cielo, John podría haber intentado contar a las tropas mientras batallón tras batallón marchaba en oleadas interminables detrás de su general designado. La tarea, al ser imposible, llevó al guía angelical de Juan a declarar su número—¡200 millones! Una cifra así debió de dejar atónito al anciano apóstol, pues esa era toda la población del planeta en su siglo. El poder del Imperio Romano había mantenido al mundo conocido sometido bajo sus aplastantes botas, comandando 25 legiones que comprendían, un total de 125,000 soldados. ¡Los Cuatro Jinetes del Éufrates reunirán 1,600 veces más tropas que todo el ejército romano!

La identidad de estas tropas ha sido ampliamente debatida entre los estudiosos de la profecía bíblica. ¿Son humanas o demoníacas? Quienes sostienen que son humanos señalan que China ha afirmado desde 1965 que podría reunir a 200 millones de soldados. Con una población de 1.400 millones, China podría movilizar sin duda un ejército tan masivo. En el versículo 17, Juan describió la combinación de colores del ejército como corazas de rojo fuego, azul jacinto y amarillo azufre, que reflejan los colores de la bandera y los uniformes militares de China. Es posible que China, junto con la India, gobernada por el Rey del Oriente, sea persuadida por los cuatro generales demoníacos para entregar a su pueblo y formar el ejército más destructivo jamás reunido en la historia de la humanidad.

Sin embargo, no creo que los 200 millones estén compuestos por humanos. El contexto sugiere que son ejércitos de demonios liberados. El siguiente grupo de seres angelicales debería dejarlo claro.

Las Quimeras

Así vi en visión los caballos y sus jinetes, que tenían corazas de fuego, zafiro y azufre. Las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones, y de sus bocas salía fuego, humo y azufre. Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres: por el fuego, el humo y el azufre que salía de sus bocas, pues el poder de los caballos estaba en sus bocas y en sus colas, porque sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas y con ellas dañan” (Ap. 9:17-19; RVR-1995).

Los Cuatro Jinetes del Éufrates se llaman “jinetes” porque montan, bueno, caballos o criaturas similares a ellos. Juan describe las temibles bestias que montan los generales, y son diferentes a cualquier animal vivo. En cambio, estos “caballos” son quimeras demoníacas—criaturas híbridas que exhiben rasgos de múltiples especies.

El término “quimera” se encuentra a menudo en la mitología clásica. Eran criaturas míticas que escupían fuego con la cabeza y las patas delanteras de un león y una serpiente por cola. ¿Y qué describe Juan? En lugar de cabeza de caballo, tienen cabeza de león. De sus bocas salen fuego, humo y azufre. En lugar de pelo, sus colas son como cabezas de serpiente. Esto no significa que los corceles de los ángeles del Éufrates realmente corrieran libres en la antigua Grecia, pero, como la mayoría de las leyendas, el mito se basa en un atisbo de una realidad antigua.

Y lo cierto es que estas quimeras demoníacas son muy reales. Creo que la frase debería decir: Sus amos harán que estas máquinas de guerra vivientes arrasen todo a su alcance, como Sherman marchando por Atlanta durante la Guerra Civil. La visión asfixiante de las tres armas de la plaga de las quimeras — fuego, humo y azufre — aterrorizará a un mundo que, en los últimos tres años, creyó haber presenciado todos los horrores que la leyenda y la guerra moderna podrían conjurar. Mediante llamas incendiarias y mordeduras de serpiente, las quimeras participarán con entusiasmo en la masacre de un tercio de la población mundial.

¿Podrían estas quimeras ser tanques artificiales con el león-dragón alado chino, disparando proyectiles y fuego antiaéreo mientras ocultan sus posiciones con bombas de humo? De nuevo, no creo que haya personas involucradas aquí, y por cinco razones. Primero, Juan llama a los cuatro generales “jinetes”, así que probablemente sólo hay cuatro quimeras, no 200 millones soldados montando 200 millones de quimeras. En segundo lugar, las quimeras emplean el armamento sobrenatural bíblico de la ira—fuego, humo y azufre—que Dios ha mostrado a lo largo de la historia bíblica. Tercero, ¿qué tanques tienen cabezas de serpiente en lugar de colas? Cuarto, el juicio de la sexta trompeta, como el quinto, libera demonios para atormentar a la humanidad. Esto significa que los cuatro generales, su ejército y sus corceles también deben ser demonios. Quinto, si Satanás es el comandante supremo de este ejército, ¿por qué iba a eliminar el reino del Anticristo, que él gobierna? Podría estar intentando aniquilar a los santos de la Tribulación, pero siguen sellados y protegidos por Dios. Y sexto, no es el momento adecuado para que el ejército del Oriente marche hacia Armagedón para reunirse al final de la Tribulación (Ap. 16:12-16).

La Verdadera Tragedia

La verdadera tragedia de esta plaga demoníaca, autorizada por Dios y llevada a cabo por los ángeles de los juicios de las trompetas, no reside en el recuento de víctimas. Más trágico que incluso mil millones de personas incineradas por monstruos de las profundidades, como algún tipo de kaiju de la película Guardianes del Pacífico, es el triste estado de los corazones de los tres mil millones de supervivientes restantes.

Lo que Juan reveló a continuación en Apocalipsis 9:20, para mí, destaca como el versículo más desalentador de toda la Biblia: “Los demás hombres, los que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos ni dejaron de adorar a los demonios y a las imágenes...”. Años antes, cuando la gente se escondía en cuevas para escapar del juicio del sexto sello, el mundo admitía que detrás de la ira estaba el Cordero, y Su juicio servía como un llamado claro para que el pueblo se arrepintiera (Ap. 6:12-17).

Algunos respondieron con arrepentimiento, pero muchos más no. ¿Se arrepentirán finalmente ante el ataque de los señores demoníacos? ¡Ni siquiera esta vez! En cambio, los supervivientes seguirán adorando a los mismos demonios que los están masacrando. Una locura, ¿verdad?

¿Por qué la gente sigue adorando a sus torturadores demoníacos en vez de correr hacia Jesucristo para ponerse a salvo? El profeta Jeremías reveló la trágica razón cuando él dijo que el corazón es engañoso más que todas las cosas y perverso (Jeremías 17:9).

“El corazón humano es lo más engañoso que hay, y extremadamente perverso” (Jer. 17:9; NTV).

Junto con la idolatría, la expresión externa de la adoración demoníaca, Juan enumera cuatro pecados adicionales en Ap. 9:21 que los malvados se negarán a abandonar. Estos cinco pecados caracterizan el comportamiento durante la Tribulación: idolatría, asesinato, brujería, inmoralidad sexual y robo.

La gente se negará a arrepentirse porque son adictos. Los seguidores del Anticristo están enganchados a su próximo subidón, ya sea a través de drogas, magia o perversión sexual. Estos maníacos adictos al mal roban y matan para satisfacer sus pasiones más viles. En lugar de reconocer las maravillas plenas del amor y la gracia inigualables de Jesucristo, estos habitantes del diablo rechazarán Sus riquezas espirituales invaluables y se aferrarán a los placeres fugaces e insatisfactorios del pecado. Trágicamente, durante la Tribulación, los no redimidos degenerarán en seres tan malvados como demonios.

Así que atiende el llamado de Cristo a arrepentirte y vuélvete a Él para tu salvación. No te enfrentes a un futuro en el que puedas degenerar en una criatura tan miserable y sufrir una eternidad de castigo en el Lago de Fuego.

*Todas las referencias bíblicas fueron tomadas de la RVR1195 (a menos que se indique lo contrario).


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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martes, 16 de junio de 2026

Revista Farolero: Mayo–Junio 2026 (pdf)

Sellado o Sellos

Haga clic sobre la imagen para ir a la página de descarga


Estimados lectores:

Compartimos la edición correspondiente a mayo-junio 2026 de la revista Lamplighter (Farolero), la cual es producida bimestralmente por el Ministerio Cordero y León.

Temas incluidos en esta edición:

»» El Juicio del Sexto Sello
»» Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis
»» El Cordero y el León
»» ¿Reaccionar o Responder?
»» Señales de los Tiempos

Entre otros.

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)


 
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sábado, 23 de mayo de 2026

Sellado o Sellos (Parte 2 de 2)

¿Qué hay en tu futuro?

 Tim Moore


Sellados para Ira

Es difícil comprender cómo alguien podría entender la bendición que Jesús ofrece y elegir la maldición en su lugar. Pero, a lo largo de las Escrituras, hay una clara distinción entre los que escuchan Su voz y los que rechazan la gracia, la misericordia y el amor de Dios. A través de Moisés, Él dijo,

A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, de que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia, amando a Jehová, tu Dios, atendiendo a su voz y siguiéndolo a él…” (Dt. 30:19-20).

Sin embargo, como el faraón, muchos, si no la mayoría, endurecerán sus corazones y sellarán su propio destino mediante su rebelión impenitente. Quienes estén vivos cuando comience la Tribulación serán sometidos a la derramada ira de Dios mientras Él administra justicia, derrama Su ira (sin olvidar la misericordia) y orquesta su propósito para llevar al pueblo judío al límite de sí mismos.

Cuando Jesucristo—el Cordero digno que fue sacrificado—rompa los siete sellos del libro en manos del Padre, se desencadenarán sucesivas oleadas de devastación. En rápida progresión, ellas son:

Primero — Un jinete con un arco y una corona en un caballo blanco, enviado para conquistar.


Segundo — Un jinete con una gran espada en un caballo rojo, enviado para provocar la guerra.


Tercero — Un jinete con una balanza en un caballo negro, enviado para desatar el hambre.

Cuarto — Un jinete llamado Muerte en un caballo ceniciento, con autoridad para matar a una cuarta parte de la humanidad.


Quinto — Un clamor de los mártires en el Cielo para que su sangre sea vengada.



Sexto — Calamidades naturales, incluyendo un gran terremoto y oscurecimiento del sol y la luna.



Séptimo — Silencio en el Cielo, antes de que un incensario sea arrojado a la Tierra causando truenos, relámpagos y un terremoto.


Algunos han afirmado que estos juicios no representan la ira de Dios porque esa expresión no se usa hasta Apocalipsis 16, cuando se derraman “siete copas de la ira de Dios”. Pero esa es una distinción sin importancia. El instigador que autoriza y establece los parámetros de los Juicios de los Sellos es Jesucristo. Al primer jinete se le da una corona, al segundo se le da una espada, y al cuarto se le da autoridad para matar con la espada, hambre, pestilencia y bestias salvajes. (Me recuerda a la sorpresa de los discípulos al darse cuenta de que “hasta los vientos y el mar le obedecen” [Mateo 8:27]—por no hablar del reino demoníaco).

Al romperse el sexto sello, miles de millones estarán muertos (según la población mundial actual). Sin embargo, la rebelión continúa sin disminuir, ya que “los reyes de la tierra, y los grandes, los comandantes, los ricos, los poderosos, y todo siervo y todo libre” se esconderán en las cuevas y entre las rocas de las montañas (Ap. 6:15). Su testimonio, capturado en los versículos 16 y 17, confirma nuestra comprensión de que la ira que están experimentando proviene de Dios. Clamarán: “Caigan sobre nosotros y escóndannos de la presencia de Aquel que está sentado en el trono y de la ira del Cordero. Porque ha llegado el gran día de la ira de ellos, ¿y quién podrá sostenerse?”.

Esa pregunta retórica sugeriría que nadie puede permanecer, pero el capítulo 7 del Apocalipsis nos dice lo contrario. Como ya he explicado, Juan describe a un ángel “que tenía el sello del Dios vivo” que emite órdenes de restricción a otros cuatro seres angelicales que están en los cuatro ángulos de la Tierra. Aunque se les había autorizado a dañar la Tierra y el mar, se les dice que esperen hasta que los siervos de Dios sean sellados.

Luego, comenzando en el versículo 9, Juan registra que, después de estas cosas, vio “una gran multitud, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos, y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero…”. Esto nos remonta a otra pregunta retórica planteada por el Rey David: “¿Quién merece subir al monte del Señor? ¿Quién merece llegar a su santuario?” (Salmos 24:3; RVC). David responde a su propia pregunta:

Sólo quien tiene limpias las manos y puro el corazón; sólo quien no invoca a los ídolos ni hace juramentos a dioses falsos. Quien es así recibe bendiciones del Señor; Dios, su salvador, le hace justicia! (Salmos 24:4-5).

David comprendió correctamente que la salvación proviene sólo de Dios, quien lava a los suyos tan blancos como la nieve, limpiándolos de toda injusticia y acreditándoles la bendición de la justicia.

Por el contrario, aquellos que soportan la ira de Dios durante la Tribulación—comenzando con los Juicios de los Sellos—están siendo castigados porque no obedecieron al Hijo creyendo en Él, sino que eligieron permanecer bajo esa justa, terrible y justificada ira. Y aunque aquellos que parten de esta vida antes de la Tribulación puedan escapar de los diversos juicios durante esos siete años, ellos también serán juzgados ante el Gran Trono Blanco y serán condenados a un sufrimiento eterno apartados de Dios.

En ese sentido, los horrores de los Juicios de los Sellos, las Trompetas y las Copas palidecerán en comparación con el terror interminable que espera a aquellos que han rechazado el sello de Dios.

¡Elige Ahora, antes de que sea Demasiado Tarde!

Ni siquiera las alarmantes palabras que he elegido pueden describir adecuadamente los Juicios de los Sellos y el sufrimiento eterno que espera a quienes rechazan a Cristo. Como hemos dicho muchas veces, es un destino que no le desearíamos ni a nuestro peor enemigo—porque Dios amó tanto a esas almas perdidas que envió a Su propio Hijo por ellas. (Contrasta ese amor compasivo con la actitud del Papa Gregorio I, quien dijo que los cristianos deberían anticipar con entusiasmo mirar desde el Cielo a través del abismo para “disfrutar de las agonías de sus hermanos en el fuego eterno”).

Qué contraste tan despreciable con el amor de Dios, quien dijo: “Vivo yo, dice Jehová, el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino y que viva. ¡Volveos, volveos de vuestros malos caminos!” (Ez. 33:11). Incluso ahora, mientras Cristo tarda, el Señor está demostrando Su paciencia misericordiosa porque no desea “que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P. 3:9).

Mi oración es que la advertencia dentro de este artículo penetre el corazón de cualquier lector que aún no esté sellado por Dios. Mientras tengas aliento, todavía no es demasiado tarde para volverte a Cristo y ser salvo. Si Lo rechazas, en lugar de ser sellado por Él, soportarás Su ira mientras desata los Juicios de los Sellos.

Elige este día—y por favor, elige sabiamente.


Lea la parte 1 aquí


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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viernes, 22 de mayo de 2026

Sellado o Sellos (Parte 1 de 2)

¿Qué hay en tu futuro?

 Tim Moore


El Libro del Apocalipsis comienza con un gran aliento y una afirmación inquebrantable de Jesucristo como Señor de todo. Él es “el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra” que nos ama tanto que “nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre” (1:5). El libro se presenta como Su propia revelación, “que Dios le dio para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto” (1:1).

Se ofrece gracia y paz “de parte del que es y que era y que ha de venir” (1:4).

Juan registró fielmente la visión que tuvo en la Isla de Patmos, así como las siete cartas que Jesús dictó para su distribución a siete iglesias en Asia (actual Turquía) a finales del primer siglo. El capítulo 4 comienza con un “rapto simbólico”, cuando se le dice a Juan, “¡Sube acá!”.

La descripción que Juan hace de Jesús transmite la perspectiva de la profecía cumplida. Jesús es llamado “el León de la tribu de Judá”, “la raíz de David”, “un Cordero [que] estaba en pie, como inmolado, que tiene siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios” (5:5-6). La multitud reunida del Cielo prorrumpe con justicia en cánticos y adoración, celebrando al amado Hijo de Dios, verdaderamente Dios. Su coro debería llenar el corazón de todo seguidor de Cristo que anhela Su venida:

El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Al que está sentado en el trono y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos (5:12-13).

Si el libro de Apocalipsis terminara en el capítulo 5, tendríamos razones de sobra para alabar al Señor. Su aliento y exhortación a la Iglesia se transmitieron claramente en los capítulos 2 y 3, y Su dignidad para recibir alabanza eterna fue confirmada una vez más. Podríamos estar seguros de que Su plan para las edades se está desarrollando conforme a Su voluntad y servir sabiendo que, eventualmente, nos uniremos a la multitud reunida alrededor de Su trono en el Cielo.

Pero el encargo que Jesús le hizo a Juan en 1:19 fue escribir sobre las cosas que había visto (capítulo 1), las cosas que son (capítulos 2 y 3) y “las cosas que sucederán después de éstas”. Con este esquema revelado, lo que sigue a la escena del trono en los capítulos 4 y 5 está claramente destinado a ofrecer un vistazo al futuro no muy distante. Con eso en mente, si fue lo suficientemente importante para Cristo elegir revelar lo que está por venir en la historia humana, podemos comprender con razón que Él espera que prestemos atención a Sus palabras como lo haríamos con cualquier otra.

Para que no haya duda sobre su expectativa al respecto, se nos dice exactamente eso en los capítulos 1 y 22: “Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro” (22:7). La urgencia de prestar atención se deja clara desde el comienzo del libro: “porque el tiempo está cerca” (1:3).

Una Divergencia de Opciones

El libro de Apocalipsis está claramente dirigido a una audiencia específica: los siervos de Jesucristo (1:1). Los destinatarios iniciales eran los cristianos en las Siete Iglesias mencionadas en el texto: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea (1:11). La especificidad de las cartas obviamente se refiere a atributos (tanto positivos como negativos) de esas iglesias en particular. Pero la afirmación y/o reprensión dada a cada una encuentra aplicación en los cuerpos locales de Cristo a lo largo de la Era de la Iglesia e incluso en periodos de tiempo dentro de la Era de la Iglesia.

Es difícil imaginar que los no creyentes encuentren una aplicación a su situación en los primeros cinco capítulos del Apocalipsis, más allá de un deseo general de estar entre aquellos de cada tribu, lengua, pueblo y nación que han sido comprados para Dios por la sangre de Cristo y se les ha dado la promesa de reinar junto a Él en la Tierra (5:9-10).

Pero, en el capítulo 6, la narrativa da un giro dramático. A medida que se rompe un sello tras otro, la acción en el Cielo desata una gran calamidad en la Tierra. Cristo ya no es el Siervo sufriente, manso y humilde de Isaías 53, sino el Digno que rompe los sellos que envían jinetes y catástrofes para infligir gran sufrimiento en la Tierra. Esta realidad por sí sola no coincide con los falsos profetas de la prosperidad que proclaman que Jesús nunca haría daño a una mosca. La imagen aquí es de Jesús ejerciendo la voluntad del Padre para derramar juicio sobre un mundo impenitente y que carece de santos de la Era de la Iglesia que han sido arrebatados en el Rapto. 

En una serie de terrores que atraviesan los Juicios de los Sellos, las Copas y las Trompetas, el marcado contraste presentado en Juan 3:36 es claramente evidente: aquellos que creen en el Hijo ya están gozando de la alegría de la vida eterna con el Salvador, mientras que aquellos que rechazan Su oferta de salvación experimentan la ira que permanece sobre ellos desde el día en que fueron concebidos.

Es ese contraste el que presenta las opciones de todo o nada, de blanco o negro, diametralmente opuestas, a las que toda persona se enfrenta durante esta vida. Realmente es lo suficientemente simple como para resumirse con la simpleza directa de un eslogan:

Esas dos afirmaciones pueden parecer trilladas, pero como diría mi amigo Paul Wilkinson, transmiten una hermosa simplicidad de opciones. Con eso en mente, echemos un vistazo más largo detrás de la Puerta #1 y la Puerta #2.

¿Qué es un Sello?

Juan 6:27 proporciona la primera referencia al sello de Dios. Jesús testifica que Sus discípulos no deben trabajar únicamente por el alimento que perece, “sino por el alimento que permanece para vida eterna, el cual el Hijo del Hombre les dará, porque a Él es a quien el Padre, Dios, ha marcado con Su sello”.

La palabra que se traduce como “sello” es la palabra griega sphragizō, que significa “estampar para seguridad, preservación o certificación”. Podemos visualizarlo como la impresión de un anillo de sello en cera caliente. En este contexto, Jesús estaba afirmando claramente la certificación del Padre acerca de Su autoridad para perdonar pecados y otorgar la vida eterna.

Este es el tipo de sello que Mateo 27:66 indica que se utilizó para sellar la tumba de Cristo: un sello de definitividad que nadie excepto la autoridad legítima se atrevería a romper. Pablo usa esta palabra de manera metafórica en Romanos 15:28, 2 Corintios 1:22 y Efesios 1:13 y 4:30. Luego, en 2 Timoteo 2:19, escribe: “el sólido fundamento de Dios permanece firme, teniendo este sello: El Señor conoce a los que son Suyos, y Que se aparte de la iniquidad todo aquel que menciona el nombre del Señor”. La palabra griega en este caso (sphragis) es un derivado que se refiere específicamente a la impresión estampada, ya sea literal o figurativamente.

La imagen del “libro” en Apocalipsis 5:1, es decir, “escrito por dentro y por detrás, sellado con siete sellos”, transmite exactamente esta imagen. Dado nuestro entendimiento de un “libro” como una publicación encuadernada, una traducción más adecuada sería un rollo, ya que Juan habría visto un instrumento escrito no muy distinto a un rollo de la Torá, pero sellado (como con cera) siete veces. Durante muchos años, la única forma de garantizar la seguridad inquebrantable de una comunicación privada era usar un sello de cera. Sin el sello o la estampilla original, cualquier ruptura del sello no podía ser falsificada. Y, si el firmante original era una persona de gran poder, habría sido impensable que una persona no autorizada rompiera el sello.

Claramente, este es el contexto de Apocalipsis 5 y 6. Nadie sino Jesucristo fue encontrado digno de romper los sellos del libro/rollo sostenido por Dios el Padre. Sólo Cristo había vencido para poder romper los sellos. ¿Vencer qué?, podría preguntar un escéptico. La muerte, por el poder de Su propia autoridad.

El hecho de que Jesús sea digno evoca la alabanza que ya he mencionado. Pero antes de que se rompan los sellos y se desaten las consecuencias, el coro celestial lo alaba por haber redimido a los hombres, quienes han sido hechos para ser un reino y sacerdotes para Dios (Ap. 5:10). Y esa comprensión nos lleva de nuevo a la opción de la Puerta #1 disponible para toda la humanidad: el sello de Dios.

Sellados para Toda la Eternidad

La idea de que Dios sella a Sus siervos surge directamente de Apocalipsis 7:2-3. El ángel que asciende desde el oriente—“que tenía el sello del Dios vivo”—clamó con gran voz, diciendo: No dañéis la tierra, ni el mar, ni los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de Dios. El siguiente versículo describe el número de los que serán sellados: “144,000 sellados de todas las tribus de los israelitas” (7:4). 

Esto plantea una pregunta: ¿Sólo esos 144,000 son sellados por Dios, o se trata de un subconjunto especial de los siervos de Dios a lo largo de la historia humana que son sellados por Él y para Él? Una posible explicación se ofrece durante el toque de la quinta trompeta en Ap. 9. A las langostas demoníacas que emergen del abismo se les dan parámetros estrictos para su tormento y destrucción. Se les dice que no dañen la hierba ni cosa verde alguna ni árbol, “sino solo a los hombres que NO tienen el sello de Dios en la frente” (9:4).

Ésta es la primera indicación de que existen sellos o marcas contrapuestas: una que identifica a una persona como siervo del Dios Altísimo, y otra que marca a otros como leales a la Bestia. Dado que esa nefasta marca (infamemente conocida por su código numérico 666) se describe después del pasaje que revela el sello de Dios, es bastante posible que la marca bestial de Satanás sea una burda imitación del sello sagrado.

La descripción de Pablo a Timoteo captura la esencia del contraste—y la bendición de nuestra seguridad. Porque “el Señor conoce a los que son Suyos”, Él nos sella. El concepto bíblico de siervo también es instructivo. Contrario a cualquier connotación negativa que la palabra “sirviente” pueda tener en nuestra cultura, la Escritura enfatiza la humilde nobleza de tal rol. Abraham, Josué, David, Isaías y el Mesías eran todos referidos como siervos del Señor. Como se describe en Éxodo 21:5-6, un siervo dispuesto llevaría como evidencia permanente su relación con el amo: una oreja perforada.

Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar.  Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. Porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera.

Esta comprensión me lleva a entender que los 144,000 siervos consagrados de Ap. 7 son un grupo especial sellado de las tribus de Israel. Pero todos los que vienen a Jesús, toman Su yugo y encuentran descanso para su alma son sellados como siervos del Altísimo (Mt. 11:28-30). De manera similar, las ovejas de Jesús que escuchan Su voz y le siguen nunca perecerán, porque “nadie las arrebatará de [Su] mano” (Juan 10:27-30). Ya sea que Su sello sea visible a los ojos mortales durante la Tribulación, es reconocible incluso por seres demoníacos (Ap. 9:3-4) y eternamente indeleble. Quizás, como Woody y Buzz Lightyear de Toy Story—y los vencedores de la iglesia de Filadelfia—quienes pertenecen a Cristo tienen el nombre de nuestro Maestro grabado en nosotros para siempre.


Lea la parte 2 aquí

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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