lunes, 7 de septiembre de 2026

MIS CAMINOS NO SON SUS CAMINOS

 Y Mi Tiempo no es su Tiempo

(¿Por Qué hay Tantas Analepsis y Prolepsis en Apocalipsis?)

Tim Moore con David Reagan


“Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes,
Ni sus caminos son Mis caminos”, declara el Señor.
Porque como los cielos son más altos que la tierra,
Así Mis caminos son más altos que sus caminos,
Y Mis pensamientos más que sus pensamientos”.

—Isaías 55:8-9; NBLA

El libro de Apocalipsis ha desconcertado durante mucho tiempo tanto a eruditos bíblicos como a laicos. Muchos pastores y maestros señalan su lenguaje apocalíptico e incluso advierten a los cristianos fieles que se alejen de esta profecía general que afirma la victoria final de Dios. 

Otros se pierden en la multitud de símbolos, sin darse cuenta de que éstos suelen interpretarse o explicarse —ya sea en el propio Apocalipsis o en otros pasajes que Juan menciona o alude a lo largo del libro. Finalmente, los escépticos adoran tratar a Apocalipsis como blanco de su desprecio. Afirman que nadie puede entender los detalles de sus extensas profecías—y por lo tanto, aseguran que es una pérdida de tiempo siquiera intentarlo.

Rechazamos esas actitudes negativas. Hay misterios de Dios que no pueden ser comprendidos ni escudriñados por el hombre. Como reconoció Moisés: “las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios” (Dt. 29:29). Pero Moisés también afirmó: “pero las cosas reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre…”.

Con esa certeza de iluminación, hagamos una pausa y reflexionemos sobre lo que podemos (y, por lo tanto, debemos) saber de Apocalipsis.

Acepte el Sentido Llano

El Ministerio Cordero y León siempre se ha adherido al significado  “sentido llano” de la profecía bíblica. Como dice el Dr. David Reagan:

Una clave muy importante para entender el Libro de Apocalipsis es aceptar el significado de sentido llano de cada pasaje. Incluso si no lo comprendes, la mejor regla general es simplemente aceptar el significado de sentido llano. Mi Regla de Oro de Interpretación que uso en toda la Biblia de principio a fin, sea profecía o no, es ésta: “Si el sentido llano tiene sentido, no busques otro significado, para que no termines con un sinsentido”.

Continúa:

Porque comprendo que la interpretación profética contiene símbolos, no me gusta usar el término “interpretación literal”. Prefiero el término “interpretación de sentido llano”. Sí, hay símbolos, pero los símbolos tienen significado. Y cuando se usan símbolos, busco su significado. Repito, si el sentido llano tiene sentido, no busques otro sentido, ¡no vaya a ser que termines con un sinsentido! Recuerda que Dios no escribe en acertijos para confundirnos a propósito. Él sabe comunicarse. Normalmente, dice lo que quiere decir, y quiere decir lo que dice. Trata siempre de aceptar el significado de sentido llano. Si no lo entiendes, no te preocupes. Deja de lado lo que es confuso y quédate con lo que sí comprendes. No caigas en la tentación de espiritualizar un pasaje hasta el límite o de alegorizarlo. Es muy grave tratar con ligereza la Palabra de Dios. En realidad, la espiritualización de las Escrituras es un acto blasfemo. La razón es que cuando comienzas a espiritualizar la Palabra de Dios, comienzas a jugar a ser Dios, porque puedes hacer que las Escrituras signifiquen lo que tú quieras, en lugar de lo que Dios quiso decir.

(Ira y Gloria, págs. 30-31) 

La advertencia del Dr. Reagan es totalmente acertada. Una vez desafié a un pastor talentoso por su “reinterpretación” de la Palabra de Dios. Aunque él era fiel al proclamar el Evangelio y señalar a la gente hacia Jesucristo en cada sermón, su perspectiva amilenial lo llevaba a tomar a la ligera las profecías bíblicas. Específicamente, cada vez que leía en voz alta un pasaje del Antiguo Testamento sobre las promesas proféticas de Dios a Israel, sustituía la palabra “Israel” por “Iglesia”. Al hacerlo, cambiaba por completo el tema de las promesas de Dios y socavaba las promesas inquebrantables que Dios hizo a los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob.

Ya sea que estemos estudiando el Apocalipsis desde una perspectiva general o explorando cada detalle, debemos adherirnos al significado de sentido  llano de lo que Dios eligió revelar a través de Jesús a Sus siervos—tú y yo.

Si Crees, Entenderás

Entonces, ¿cómo cerramos la brecha entre creer y entender? Una clave es dedicarnos a lo que llamamos una palabra sucia de siete letras: E-S-T-U-D-I-O. 

Sencillamente, no hay sustituto, ni atajo, para estudiar la Palabra de Dios. Ya sea siguiendo el “hilo escarlata” que conecta el Antiguo Testamento con el Nuevo y apunta a Jesucristo, guardando la Palabra en nuestro corazón, o dejando que el Espíritu Santo ilumine nuestra mente mientras buscamos entender pasajes específicos, se requiere un estudio fiel, cuidadoso, intencional y persistente.

Demasiadas personas tienen una mentalidad de tablero de dardos con respecto a su propio estudio de la Biblia. Piensan que al abrir el Libro al azar, Dios señalará un versículo específico para ellos. Aunque Dios de hecho trae a la memoria versículos específicos de vez en cuando, hojear versículos al azar no sustituye un estudio cuidadoso. Pero incluso el estudio será de poca utilidad a menos que esté basado en una fe inquebrantable. En otras palabras, tienes que creer antes de que puedas entender.

Una vez más, el Dr. Reagan escribe:

El mejor comentario que he leído sobre el Libro de Apocalipsis es uno llamado The Revelation Record, por el Dr. Henry Morris (fundador del Institute for Creation Research). Justo al principio, hace una afirmación que me hizo querer gritar “¡Aleluya!”. Dice: “El Libro de Apocalipsis no es difícil de entender. Sólo es difícil de creer. Si lo crees, lo entenderás”. ¡Qué percepción tan profunda! Y tan cierta. No la olvides.

Con eso en mente, y confiando en que el Señor quiere que entendamos, podemos desglosar una característica del Apocalipsis que a menudo confunde a algunos lectores.

Una Perspectiva Divina sobre el Tiempo

El concepto del tiempo es difícil de comprender completamente. ¿Cuántos cristianos pueden realmente entender el significado de “eternidad”? ¿Podemos realmente comprender la idea de que Dios existe fuera del tiempo?

El tiempo, tal como lo conocemos, transcurre de forma lineal, tal como una línea de tiempo lo representa visualmente. He llegado a comprender que, si bien estamos obligados a avanzare lentamente por esa línea de tiempo, con una capacidad limitada para recordar el pasado y ninguna de mirar el futuro, Dios no está en la línea de tiempo. Al igual que un piloto que vuela a 11,000 metros puede mirar hacia abajo una autopista y ver muchos kilómetros en ambas direcciones, Dios puede ver mucho más allá de nuestros horizontes temporales.

Imagina que estás viajando por un camino desde el punto A hasta el punto B. Más allá de los límites de tu espejo retrovisor, no tienes idea de lo que está ocurriendo varios kilómetros detrás de ti. Y dependiendo del terreno y la visibilidad, no es posible que sepas lo que hay alrededor de la próxima curva del camino. Pero un piloto volando muy por encima de tu cabeza puede ver el atasco de tráfico que te espera unos kilómetros más adelante.

La perspectiva de Dios es infinitamente mayor que la nuestra o la de cualquier piloto en el aire. Él puede ver el comienzo mismo de nuestra línea de tiempo desde el momento en que dijo: “Sea la luz”. También ve el final cuando el Primer Cielo y la Primera Tierra hayan pasado. Y puede ver todo lo que hay en medio con igual claridad.

Así pues, al llegar al Apocalipsis, debemos darnos cuenta de que Dios nos ofrece un adelanto de “las cosas que deben suceder pronto” (Ap. 1:1). Incluso la palabra “pronto” es problemática para algunos, porque racionalizan desde una perspectiva temporal que un retraso de 2,000 años distorsiona el significado de “pronto”. Pero, como me gusta decir, cuando hayamos estado reunidos con el Señor durante mil millones, trillones de años, ¿unos simples 2,000 años parecerán tanto? Todo es cuestión de perspectiva.

Observa el Marco de Tiempo

Teniendo esto en cuenta, intentemos leer el Apocalipsis desde una perspectiva bíblica, o incluso me atrevería a decir “piadosa”. Una vez más, el Dr. Reagan ofrece una perspectiva maravillosa:

Otra clave para entender el Apocalipsis es observar el marco de tiempo de lo que estás leyendo. Es probable que ésta sea la clave más ignorada para comprender el libro. Sin embargo, es de vital importancia. Observar el marco de tiempo es importante al leer cualquier tipo de literatura. El Libro del Apocalipsis, en este aspecto, no es diferente de una novela. Cuando lees una novela, siempre tienes que estar consciente del marco de tiempo del pasaje que estás leyendo. ¿Está en el pasado, en el presente o en el futuro? Por ejemplo, podrías encontrarte con un flashback mientras lees una novela. De repente, eres transportado atrás en el tiempo a algo que ocurrió hace años. Luego, podrías ser llevado de nuevo al presente y leer algunos eventos que están ocurriendo en la línea de la historia del libro. El libro incluso podría contener un salto al futuro. Los saltos hacia el futuro no son tan comunes en la literatura secular regular como lo son en la literatura espiritual. La Biblia está llena de saltos hacia el futuro porque Dios sabe lo que va a suceder en el futuro y, a través de la revelación del Espíritu Santo, da conocimiento sobrenatural a Sus profetas sobre eventos futuros. El salto hacia el futuro es un recurso literario muy común en el Libro de Apocalipsis. Aunque el Libro de Apocalipsis está organizado en orden cronológico, en el sentido de que los eventos principales que presenta ocurren uno tras otro, sin embargo, hay muchos lugares en la historia donde se adelanta a eventos que van a ocurrir en el futuro. Debes estar muy atento a esto si quieres comprender lo que está pasando en el libro.

Ejemplos de Cambios en el Marco de Tiempo

Permítanme darles algunos ejemplos de pasajes de Apocalipsis que contienen saltos al pasado [retrospectivas] o al futuro [anticipaciones]. Al llegar al final de Apocalipsis 11, nos encontramos en medio de la Tribulación. El Anticristo acaba de asesinar a los dos grandes profetas de Dios que habían estado predicando el arrepentimiento durante tres años y medio. Cuando comienza Apocalipsis 12, la acción de la historia se detiene con una retrospectiva diseñada para explicar al lector por qué el Anticristo está enfurecido contra Dios y Sus santos.

Los primeros cinco versículos de Apocalipsis 12 cuentan la historia en lenguaje simbólico de cómo Israel dio a luz al Mesías y cómo Satanás trató de matarlo al nacer. El objetivo de esta retrospectiva es mostrar que Satanás odia a Israel con una pasión especial porque el pueblo judío fue a través de quien Dios proporcionó al Mesías.

El versículo 6 termina la retrospectiva reanudando la historia principal. Nos dice que un remanente del pueblo judío huirá al desierto en medio de la Tribulación para escapar de la ira del Anticristo. El resto del capítulo 12 está en tiempo presente, describiendo eventos que ocurren en medio de la Tribulación, como el intento de Satanás de tomar el trono de Dios por última vez, lo que da como resultado una guerra en el Cielo.

El capítulo 13 continúa en tiempo presente. Describe en detalle algunas de las actividades iniciales del Anticristo y su Falso Profeta después de que llegan al poder. Mientras el Anticristo hace guerra contra los santos y ejerce su autoridad sobre todo el mundo, su Falso Profeta establece un sistema religioso blasfemo y una sociedad totalitaria.

 

La acción en tiempo presente se detiene una vez más con el comienzo del capítulo 14. Esta vez, la acción se interrumpe con un salto hacia el futuro diseñado para tranquilizar al lector, asegurándole que, a pesar de todas las terribles acciones del Anticristo y su falso profeta, Jesucristo triunfará. El versículo 1 dice: “Después miré, y vi que el Cordero estaba de pie sobre el monte de Sion, y con Él ciento cuarenta y cuatro mil que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente”. Esto es un salto al futuro hacia el final de la Tribulación. El Cordero, Jesucristo, ha llegado. Está de pie sobre el monte Sion en Jerusalén. Lo acompaña un grupo de evangelistas judíos que fueron sellados por Dios al principio de la Tribulación.

El resto del capítulo 14 es un salto al futuro. Tiene la forma de un tráiler de cine, contándonos de manera resumida lo que viene. Los versículos 6 al 20 nos dan una vista panorámica del resto de los eventos que aún van a ocurrir en los últimos días de la Tribulación. Por ejemplo, el versículo 8 nos habla de la caída de “Babilonia la grande”. Esa caída no ocurre en tiempo presente sino hasta el capítulo 18.

(Ira y Gloria, págs. 35-38) 

Buscando una Comprensión Piadosa

Cualquier padre que haya intentado comunicar ideas complejas a un niño sabe que algunas verdades no se pueden comprender completamente hasta que el niño crece y madura. De igual manera, algunos misterios proféticos no se pueden entender hasta que crecemos en la madurez cristiana. Y algunos requieren un gran estudio acompañado de la iluminación del Espíritu Santo.

Pero si creemos que Dios eligió comunicarnos la profecía bíblica porque quiere que tengamos comprensión, que nos sintamos seguros y que nos sintamos fortalecidos para servirle poderosamente en este mundo oscuro, entonces la comprensión llegará.

Para los exiliados judíos en Babilonia, Dios inspiró a Jeremías a compartir un mensaje de esperanza y ánimo. Mientras languidecían en una tierra pagana y anhelaban estar en la Tierra Prometida, Dios les aseguró que tenía planes para su bienestar y les prometió un futuro y una esperanza (Jeremías 29:11). Pero también los instó a buscarle, diciendo: “Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13).

En el Libro del Apocalipsis, las anticipaciones al futuro se presentan principalmente por una razón: para brindar consuelo al lector”.

Dios descorre el velo sobre el tiempo del fin en el libro de Apocalipsis. A través de una narrativa apasionante, mezclada con retrospectivas y avances en el tiempo, Él revela el acto culminante de Su plan para las edades.

La mejor manera de obtener comprensión es confiando en Dios y creyendo en Su Palabra, incluso cuando no comprendemos. Pero la comprensión aumentará a medida que estudiamos Su Palabra, lo busquemos a Él y la sabiduría que ofrece, y mantengamos nuestros ojos en Jesucristo. Con ese fin, Jesús ofrece una promesa breve de bendición a todos los que lleguen a Apocalipsis listos para que sus corazones sean iluminados:

Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas, porque el tiempo está cerca (Ap. 1:3)


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

Recursos Recomendados:





Read in Lamplighter (pdf): 

Video: El GRAN RESCATE: El RAPTO de la IGLESIA | J. B. Hixson

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¿Por qué el Rapto de la Iglesia es considerado un gran rescate? Descúbralo con el Dr. J. B. Hixson y los evangelistas Tim Moore y Nathan Jones, del equipo de evangelismo del Ministerio Cordero y León, quienes compartirán sus perspectivas proféticas.


Recursos Recomendados:

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viernes, 4 de septiembre de 2026

¿Cuánto más Tendremos que Aguantar a Estos Tontos?

Dr. Nathan Jones



¿Está la humanidad destinada a sufrir para siempre bajo el peso de gobiernos corruptos?

¡Alabado sea Dios! Nuestro Padre celestial no ha dejado esta preguntan en la que tanto se ha meditado, respuesta. La respuesta del Todopoderoso al problema del mal, en relación con los gobiernos humanos fallidos, fue finalmente dada, de todas las personas, al jefe del gobierno más poderoso de su época: Nabucodonosor, rey de Babilonia (605–562 a. C.). Dios proporcionó al mundo Su respuesta a través de un sueño revelado a Nabucodonosor, uno que el joven profeta Daniel interpretó y registró para nosotros en el capítulo 2 de Daniel.

El profeta reveló que el atribulado rey se había maravillado ante una enorme estatua forjada con la forma de un hombre. La cabeza de la estatua estaba hecha de oro fino; el pecho y los brazos de plata; el vientre y los muslos de bronce; se mantenía erguida sobre dos piernas de hierro; y sus pies estaban compuestos de una mezcla de hierro y barro. Y, para su absoluta sorpresa, el rey también presenció una piedra—descrita como “cortada sin manos [humanas]” (versículo 34)—que caía como un meteorito del cielo para golpear la estatua en sus pies. La gran estatua quedó reducida a cenizas, y su polvo se dispersó con el viento. De repente, la piedra caída del cielo se convirtió en una enorme montaña, hasta que llenó toda la tierra.

Daniel le dio todo el crédito a Dios por revelar lo que el rey Nabucodonosor había soñado, así como el significado del sueño: el fin profetizado de todos los imperios humanos. El propio profeta más tarde experimentaría dos de sus propias visiones dadas por Dios que volverían a reafirmar esta profecía. La primera fue la visión de las cuatro bestias, registrada en Daniel 7; y la segunda fue la visión de un carnero y un macho cabrío, en Daniel 8.

Cuando colocamos estos tres mensajes de Dios uno junto al otro y los comparamos, aprendemos que la estatua representaba cuatro reinos humanos temporales seguidos de un quinto reino divino. La cabeza de oro, correspondiente al león (7:4), identificaba explícitamente a Nabucodonosor como esa cabeza, como rey del Imperio Babilónico. El pecho y los brazos de plata, correspondientes al oso (7:5) y a la visión del carnero de dos cuernos (capítulo 8), representaban el Imperio Medo-Persa, que décadas más tarde conquistaría Babilonia. El vientre y los muslos de bronce, correspondientes al leopardo (7:6) y al macho cabrío peludo (capítulo 8), representaban el reemplazo del Imperio Medo-Persa por Grecia y su división tras la muerte de Alejandro Magno en el 323 a. C.

Las piernas de hierro, que corresponden a la bestia compuesta (7:7, 19), llegarían a identificarse como el Imperio Romano. La condición final de Roma, dividida y debilitada, estaba representada por los dos pies compuestos de una mezcla de hierro y arcilla. Los diez dedos de los pies correspondían a los diez cuernos (7:24), lo que indicaba que la forma final del gobierno humano terrenal dividiría el mundo en diez regiones, cada una gobernada por un rey poderoso.

Daniel también notó que los metales que formaban esta estatua gigantesca aumentaban en fuerza de la cabeza a los pies mientras que, curiosamente, al mismo tiempo, disminuían en valor. El historiador y teólogo judío Arnold Fruchtenbaum explicó que la monarquía babilónica era conocida por su valioso oro y un rey que estaba por encima de la ley; la monarquía medo-persa por su amor por la plata y un rey que estaba sujeto a la ley; los reyes griegos forjados en bronce no tenían derecho dinástico o real centralizado para gobernar; y Roma caminaba con fuerza como si fuera hierro, pero existía como una república liderada por una forma de gobierno imperial. Las visiones mostraban que el poder de cada gobierno humano sucesivo se volvía menos centralizado, hasta que el último consistiría en un arreglo de reparto de poder entre diez reyes y un “cuerno pequeño” que surgiría para gobernar todo el mundo, pero sólo por un breve tiempo (Daniel 7:8; 8:9-12).

La visión de Nabucodonosor predijo que llegaría un día en que los gobiernos humanos, en todas sus formas, serían eliminados por la llegada de esa piedra no tallada por manos humanas. El Dr. Fruchtenbaum enfatizó el hecho de que la piedra que vino del cielo denota un origen divino, siendo que las montañas en la Biblia a menudo simbolizan a un rey, un reino o un trono. 

Así que, en resumen, Daniel había profetizado que un gobernante divino irrumpiría del Cielo a la velocidad de un meteorito para aniquilar a todos los gobiernos humanos y establecer Su ilustre reino—uno que abarcará toda la Tierra. ¿Y cuándo podemos esperar que ocurra este fin de los gobiernos humanos?

En cuanto al momento de este venidero reino divino, Jesucristo dijo que este evento ocurriría después de que haya terminado la opresión de Jerusalén por parte de los gentiles y “se cumplan los tiempos de los gentiles” (Lucas 21:24-28). Los “tiempos de los gentiles” son ese largo período de la historia desde el exilio judío por el Imperio Babilónico en el 586 a. C. hasta la segunda venida del Mesías, cuando Cristo liberará personalmente la ciudad de Jerusalén, poniendo fin así a la influencia de las naciones gentiles sobre esa ciudad.

Debido a que el regreso del Mesías pondrá fin al “tiempo de los gentiles”, este próximo rey divino debe ser esa piedra metafórica que golpeó la estatua de Nabucodonosor que representaba a los gobiernos humanos y dispersó los restos como polvo. Eso significa que el fin del dominio gentil sólo puede ser logrado por la segunda persona de la Trinidad. Jesucristo mismo proclamó que, cuando regrese a la tierra, será Él quien golpeará a las naciones” (Ap. 19:15). Y una vez que esa gran obra se cumpla, el Mesías establecerá Su reino eterno y universal (Ap. 20-22).45 En ese glorioso día, los gobiernos bajo control humano finalmente se convertirán en una reliquia del pasado, reemplazados para siempre por el reino de Cristo. ¡Ven pronto, Señor Jesús!


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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Video: Big Data Está Observando – Dr. Andy Woods

Para escuchar el audio en español, seleccione Pista de audio "Español (US)"

El statu quo del Templo se está desmoronando, el antisemitismo está creciendo y la infraestructura de vigilancia está siendo construida. No son sucesos fortuitos, sino señales proféticas. El mundo se oscurece gloriosamente, pero nuestra bendita esperanza se acerca. Alza la vista.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Por Qué Dios Nos Dice el Futuro

Dr. Nathan Jones


¿Cuáles son las razones de Dios para decirnos por qué reemplazará el gobierno humano con el Reino Milenial de Cristo?

Las razones de Dios involucran tanto el propósito final como el inmediato. Primero, veamos el propósito final. Dios proporcionó una revelación especial a través de los profetas y del único y supremo profeta—Jesucristo, la fuente de toda revelación profética (Ap. 19:10). Nuestro Señor usó palabras, visiones, sueños, milagros y teofanías para que Él pudiera, como dijo el teólogo Lit-Sen Chang, “revelar Su divinidad a Su creación, mostrar Sus múltiples excelencias y declarar Su gloria, especialmente en Su obra de redención”. A medida que somos testigos de cómo se desarrolla el plan de Dios para las edades, estamos destinados a asombrarnos cada vez más por nuestro maravilloso Creador, Redentor y Rey.

En segundo lugar, el propósito inmediato se logra cuando Dios muestra Su imponente majestad. Esto hace que los pecadores caigan de rodillas en arrepentimiento, se regeneren y continúen viviendo para cumplir su propósito máximo de amar a Dios y a los demás por toda la eternidad. Cuando los caídos son salvos, su milagrosa recreación y restauración a una relación correcta con el Padre celestial refleja Sus gloriosas excelencias, lo cual a su vez lleva a muchos más perdidos a la salvación.

Propósitos Generales

¿Sabías que un asombroso 31 por ciento de la Biblia es profético? ¡Dios realmente quiere que conozcamos el futuro! Por lo tanto, conocer la Palabra profética de Dios se vuelve extremadamente vital para nuestras vidas. La forma en que Dios se revela a Sí mismo y Su voluntad a través del desarrollo de las profecías bíblicas actúa como un faro evangelizador que llama a los pecadores a la salvación y a una relación correcta con el Padre eterno. Y, para aquellos que ya son salvos, la profecía bíblica también puede usarse como una poderosa herramienta apologética, que, como Judas lo definió, permite a los cristianos “contender ardientemente por la fe que fue una vez dada a los santos” (Judas 3). Por el poder del Espíritu Santo y mediante el estudio de la Palabra de Dios, los cristianos pueden usar la profecía como un arma espiritual para exponer las enseñanzas erróneas y herejías que se oponen a la adoración del único Dios verdadero y que desvían a la humanidad. Como Chang describió tan elocuentemente esta épica lucha por la verdad: “¡Es la teología en guerra!”.

La revelación de Dios de Sí mismo y de Su voluntad a través de las profecías bíblicas cumplidas le da alabanza y gloria, conduce a los perdidos a la salvación y proporciona una defensa inquebrantable de la fe cristiana. Esos son los propósitos generales.

Propósitos Específicos

El propósito específico de Dios al revelar Sus futuras victorias está dirigido a dos grupos diferentes de personas. El primero consistía en la audiencia inmediata de los profetas: los israelitas. Después de 70 años de exilio en una nación pagana y extranjera, los judíos en la época de Daniel tenían muy poca esperanza de volver alguna vez a su tierra natal. Los mensajes proféticos de Dios a Israel, tanto entonces como ahora, tenían como objetivo asegurar al pueblo judío de que su tiempo de exilio, de su tierra y de Su presencia, de hecho llegaría a su fin. Dado que Dios sigue permanece siempre fiel a Sus pactos, entonces debe restaurar a Su pueblo, no sólo a Jerusalén, sino también a Su reino eterno. La profecía proporcionó a los antiguos israelitas esperanza y, como se puede ver, también está destinada a dar gran esperanza al Israel actual.

Hay un segundo grupo que se beneficiará de este propósito específico de por qué Dios ha prometido un reino divino y eterno. El erudito bíblico Sidney Greidanus explicó que Dios quería brindar la tan necesitada esperanza a Sus otros elegidos: la Iglesia. Desde que la Iglesia fue fundada en Pentecostés y hasta ese día maravilloso cuando Cristo llame a todos Sus fieles al cielo en el Rapto—esta era llamada la era de la Iglesia—los cristianos han sufrido y seguirán sufriendo mucho bajo la opresión de los gobiernos humanos fallidos. De hecho, ¡nada menos que 45 millones de cristianos fueron martirizados sólo en el siglo XX!

Mientras nosotros, la Iglesia, esperamos que Jesús instaure Su reino perfecto, gemimos sin cesar bajo los dolores de la persecución. A menudo nos sentimos desanimados porque parece que no hay fin a la vista para nuestros sufrimientos. Cuanto más se retrasa este reino prometido, más fácil es para los cristianos perder la esperanza y, por ende, arriesgarse a perder la fe en Jesús y en Su promesa de regresar.

Para contrarrestar este malestar, Dios ha revelado profecías llenas de esperanza sobre el reino de Cristo, las cuales están destinadas a confirmar Su fidelidad como cumplidor de pactos, que siempre cumple Sus promesas. Con esa revelación, nosotros, los cristianos, podemos animarnos, fortalecer nuestra fe y perseverar en la esperanza de que nos esperan días infinitamente mejores.


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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