sábado, 23 de mayo de 2026

Sellado o Sellos (Parte 2 de 2)

¿Qué hay en tu futuro?

 Tim Moore


Sellados para Ira

Es difícil comprender cómo alguien podría entender la bendición que Jesús ofrece y elegir la maldición en su lugar. Pero, a lo largo de las Escrituras, hay una clara distinción entre los que escuchan Su voz y los que rechazan la gracia, la misericordia y el amor de Dios. A través de Moisés, Él dijo,

A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, de que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia, amando a Jehová, tu Dios, atendiendo a su voz y siguiéndolo a él…” (Dt. 30:19-20).

Sin embargo, como el faraón, muchos, si no la mayoría, endurecerán sus corazones y sellarán su propio destino mediante su rebelión impenitente. Quienes estén vivos cuando comience la Tribulación serán sometidos a la derramada ira de Dios mientras Él administra justicia, derrama Su ira (sin olvidar la misericordia) y orquesta su propósito para llevar al pueblo judío al límite de sí mismos.

Cuando Jesucristo—el Cordero digno que fue sacrificado—rompa los siete sellos del libro en manos del Padre, se desencadenarán sucesivas oleadas de devastación. En rápida progresión, ellas son:

Primero — Un jinete con un arco y una corona en un caballo blanco, enviado para conquistar.


Segundo — Un jinete con una gran espada en un caballo rojo, enviado para provocar la guerra.


Tercero — Un jinete con una balanza en un caballo negro, enviado para desatar el hambre.

Cuarto — Un jinete llamado Muerte en un caballo ceniciento, con autoridad para matar a una cuarta parte de la humanidad.


Quinto — Un clamor de los mártires en el Cielo para que su sangre sea vengada.



Sexto — Calamidades naturales, incluyendo un gran terremoto y oscurecimiento del sol y la luna.



Séptimo — Silencio en el Cielo, antes de que un incensario sea arrojado a la Tierra causando truenos, relámpagos y un terremoto.


Algunos han afirmado que estos juicios no representan la ira de Dios porque esa expresión no se usa hasta Apocalipsis 16, cuando se derraman “siete copas de la ira de Dios”. Pero esa es una distinción sin importancia. El instigador que autoriza y establece los parámetros de los Juicios de los Sellos es Jesucristo. Al primer jinete se le da una corona, al segundo se le da una espada, y al cuarto se le da autoridad para matar con la espada, hambre, pestilencia y bestias salvajes. (Me recuerda a la sorpresa de los discípulos al darse cuenta de que “hasta los vientos y el mar le obedecen” [Mateo 8:27]—por no hablar del reino demoníaco).

Al romperse el sexto sello, miles de millones estarán muertos (según la población mundial actual). Sin embargo, la rebelión continúa sin disminuir, ya que “los reyes de la tierra, y los grandes, los comandantes, los ricos, los poderosos, y todo siervo y todo libre” se esconderán en las cuevas y entre las rocas de las montañas (Ap. 6:15). Su testimonio, capturado en los versículos 16 y 17, confirma nuestra comprensión de que la ira que están experimentando proviene de Dios. Clamarán: “Caigan sobre nosotros y escóndannos de la presencia de Aquel que está sentado en el trono y de la ira del Cordero. Porque ha llegado el gran día de la ira de ellos, ¿y quién podrá sostenerse?”.

Esa pregunta retórica sugeriría que nadie puede permanecer, pero el capítulo 7 del Apocalipsis nos dice lo contrario. Como ya he explicado, Juan describe a un ángel “que tenía el sello del Dios vivo” que emite órdenes de restricción a otros cuatro seres angelicales que están en los cuatro ángulos de la Tierra. Aunque se les había autorizado a dañar la Tierra y el mar, se les dice que esperen hasta que los siervos de Dios sean sellados.

Luego, comenzando en el versículo 9, Juan registra que, después de estas cosas, vio “una gran multitud, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos, y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero…”. Esto nos remonta a otra pregunta retórica planteada por el Rey David: “¿Quién merece subir al monte del Señor? ¿Quién merece llegar a su santuario?” (Salmos 24:3; RVC). David responde a su propia pregunta:

Sólo quien tiene limpias las manos y puro el corazón; sólo quien no invoca a los ídolos ni hace juramentos a dioses falsos. Quien es así recibe bendiciones del Señor; Dios, su salvador, le hace justicia! (Salmos 24:4-5).

David comprendió correctamente que la salvación proviene sólo de Dios, quien lava a los suyos tan blancos como la nieve, limpiándolos de toda injusticia y acreditándoles la bendición de la justicia.

Por el contrario, aquellos que soportan la ira de Dios durante la Tribulación—comenzando con los Juicios de los Sellos—están siendo castigados porque no obedecieron al Hijo creyendo en Él, sino que eligieron permanecer bajo esa justa, terrible y justificada ira. Y aunque aquellos que parten de esta vida antes de la Tribulación puedan escapar de los diversos juicios durante esos siete años, ellos también serán juzgados ante el Gran Trono Blanco y serán condenados a un sufrimiento eterno apartados de Dios.

En ese sentido, los horrores de los Juicios de los Sellos, las Trompetas y las Copas palidecerán en comparación con el terror interminable que espera a aquellos que han rechazado el sello de Dios.

¡Elige Ahora, antes de que sea Demasiado Tarde!

Ni siquiera las alarmantes palabras que he elegido pueden describir adecuadamente los Juicios de los Sellos y el sufrimiento eterno que espera a quienes rechazan a Cristo. Como hemos dicho muchas veces, es un destino que no le desearíamos ni a nuestro peor enemigo—porque Dios amó tanto a esas almas perdidas que envió a Su propio Hijo por ellas. (Contrasta ese amor compasivo con la actitud del Papa Gregorio I, quien dijo que los cristianos deberían anticipar con entusiasmo mirar desde el Cielo a través del abismo para “disfrutar de las agonías de sus hermanos en el fuego eterno”).

Qué contraste tan despreciable con el amor de Dios, quien dijo: “Vivo yo, dice Jehová, el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino y que viva. ¡Volveos, volveos de vuestros malos caminos!” (Ez. 33:11). Incluso ahora, mientras Cristo tarda, el Señor está demostrando Su paciencia misericordiosa porque no desea “que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P. 3:9).

Mi oración es que la advertencia dentro de este artículo penetre el corazón de cualquier lector que aún no esté sellado por Dios. Mientras tengas aliento, todavía no es demasiado tarde para volverte a Cristo y ser salvo. Si Lo rechazas, en lugar de ser sellado por Él, soportarás Su ira mientras desata los Juicios de los Sellos.

Elige este día—y por favor, elige sabiamente.


Lea la parte 1 aquí


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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Video: ¿Quién Sobrevivirá, Irán o Estados Unidos? Pastor Andy Woods

 
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En este Punto de Vista del Pastor #409, el Dr. Andy Woods analiza el fortalecimiento de la alianza entre Rusia e Irán, la crisis climática que impulsa la gobernanza global y Estados Unidos que ataca sus principios fundacionales. El escenario de Gog y Magog descrito en Ezequiel 38-39 se está gestando ante nuestros ojos. ¿Estamos presenciando la preparación del escenario para el fin de los tiempos?


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El Reino Venidero

viernes, 22 de mayo de 2026

Sellado o Sellos (Parte 1 de 2)

¿Qué hay en tu futuro?

 Tim Moore


El Libro del Apocalipsis comienza con un gran aliento y una afirmación inquebrantable de Jesucristo como Señor de todo. Él es “el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra” que nos ama tanto que “nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre” (1:5). El libro se presenta como Su propia revelación, “que Dios le dio para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto” (1:1).

Se ofrece gracia y paz “de parte del que es y que era y que ha de venir” (1:4).

Juan registró fielmente la visión que tuvo en la Isla de Patmos, así como las siete cartas que Jesús dictó para su distribución a siete iglesias en Asia (actual Turquía) a finales del primer siglo. El capítulo 4 comienza con un “rapto simbólico”, cuando se le dice a Juan, “¡Sube acá!”.

La descripción que Juan hace de Jesús transmite la perspectiva de la profecía cumplida. Jesús es llamado “el León de la tribu de Judá”, “la raíz de David”, “un Cordero [que] estaba en pie, como inmolado, que tiene siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios” (5:5-6). La multitud reunida del Cielo prorrumpe con justicia en cánticos y adoración, celebrando al amado Hijo de Dios, verdaderamente Dios. Su coro debería llenar el corazón de todo seguidor de Cristo que anhela Su venida:

El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Al que está sentado en el trono y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos (5:12-13).

Si el libro de Apocalipsis terminara en el capítulo 5, tendríamos razones de sobra para alabar al Señor. Su aliento y exhortación a la Iglesia se transmitieron claramente en los capítulos 2 y 3, y Su dignidad para recibir alabanza eterna fue confirmada una vez más. Podríamos estar seguros de que Su plan para las edades se está desarrollando conforme a Su voluntad y servir sabiendo que, eventualmente, nos uniremos a la multitud reunida alrededor de Su trono en el Cielo.

Pero el encargo que Jesús le hizo a Juan en 1:19 fue escribir sobre las cosas que había visto (capítulo 1), las cosas que son (capítulos 2 y 3) y “las cosas que sucederán después de éstas”. Con este esquema revelado, lo que sigue a la escena del trono en los capítulos 4 y 5 está claramente destinado a ofrecer un vistazo al futuro no muy distante. Con eso en mente, si fue lo suficientemente importante para Cristo elegir revelar lo que está por venir en la historia humana, podemos comprender con razón que Él espera que prestemos atención a Sus palabras como lo haríamos con cualquier otra.

Para que no haya duda sobre su expectativa al respecto, se nos dice exactamente eso en los capítulos 1 y 22: “Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro” (22:7). La urgencia de prestar atención se deja clara desde el comienzo del libro: “porque el tiempo está cerca” (1:3).

Una Divergencia de Opciones

El libro de Apocalipsis está claramente dirigido a una audiencia específica: los siervos de Jesucristo (1:1). Los destinatarios iniciales eran los cristianos en las Siete Iglesias mencionadas en el texto: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea (1:11). La especificidad de las cartas obviamente se refiere a atributos (tanto positivos como negativos) de esas iglesias en particular. Pero la afirmación y/o reprensión dada a cada una encuentra aplicación en los cuerpos locales de Cristo a lo largo de la Era de la Iglesia e incluso en periodos de tiempo dentro de la Era de la Iglesia.

Es difícil imaginar que los no creyentes encuentren una aplicación a su situación en los primeros cinco capítulos del Apocalipsis, más allá de un deseo general de estar entre aquellos de cada tribu, lengua, pueblo y nación que han sido comprados para Dios por la sangre de Cristo y se les ha dado la promesa de reinar junto a Él en la Tierra (5:9-10).

Pero, en el capítulo 6, la narrativa da un giro dramático. A medida que se rompe un sello tras otro, la acción en el Cielo desata una gran calamidad en la Tierra. Cristo ya no es el Siervo sufriente, manso y humilde de Isaías 53, sino el Digno que rompe los sellos que envían jinetes y catástrofes para infligir gran sufrimiento en la Tierra. Esta realidad por sí sola no coincide con los falsos profetas de la prosperidad que proclaman que Jesús nunca haría daño a una mosca. La imagen aquí es de Jesús ejerciendo la voluntad del Padre para derramar juicio sobre un mundo impenitente y que carece de santos de la Era de la Iglesia que han sido arrebatados en el Rapto. 

En una serie de terrores que atraviesan los Juicios de los Sellos, las Copas y las Trompetas, el marcado contraste presentado en Juan 3:36 es claramente evidente: aquellos que creen en el Hijo ya están gozando de la alegría de la vida eterna con el Salvador, mientras que aquellos que rechazan Su oferta de salvación experimentan la ira que permanece sobre ellos desde el día en que fueron concebidos.

Es ese contraste el que presenta las opciones de todo o nada, de blanco o negro, diametralmente opuestas, a las que toda persona se enfrenta durante esta vida. Realmente es lo suficientemente simple como para resumirse con la simpleza directa de un eslogan:

Esas dos afirmaciones pueden parecer trilladas, pero como diría mi amigo Paul Wilkinson, transmiten una hermosa simplicidad de opciones. Con eso en mente, echemos un vistazo más largo detrás de la Puerta #1 y la Puerta #2.

¿Qué es un Sello?

Juan 6:27 proporciona la primera referencia al sello de Dios. Jesús testifica que Sus discípulos no deben trabajar únicamente por el alimento que perece, “sino por el alimento que permanece para vida eterna, el cual el Hijo del Hombre les dará, porque a Él es a quien el Padre, Dios, ha marcado con Su sello”.

La palabra que se traduce como “sello” es la palabra griega sphragizō, que significa “estampar para seguridad, preservación o certificación”. Podemos visualizarlo como la impresión de un anillo de sello en cera caliente. En este contexto, Jesús estaba afirmando claramente la certificación del Padre acerca de Su autoridad para perdonar pecados y otorgar la vida eterna.

Este es el tipo de sello que Mateo 27:66 indica que se utilizó para sellar la tumba de Cristo: un sello de definitividad que nadie excepto la autoridad legítima se atrevería a romper. Pablo usa esta palabra de manera metafórica en Romanos 15:28, 2 Corintios 1:22 y Efesios 1:13 y 4:30. Luego, en 2 Timoteo 2:19, escribe: “el sólido fundamento de Dios permanece firme, teniendo este sello: El Señor conoce a los que son Suyos, y Que se aparte de la iniquidad todo aquel que menciona el nombre del Señor”. La palabra griega en este caso (sphragis) es un derivado que se refiere específicamente a la impresión estampada, ya sea literal o figurativamente.

La imagen del “libro” en Apocalipsis 5:1, es decir, “escrito por dentro y por detrás, sellado con siete sellos”, transmite exactamente esta imagen. Dado nuestro entendimiento de un “libro” como una publicación encuadernada, una traducción más adecuada sería un rollo, ya que Juan habría visto un instrumento escrito no muy distinto a un rollo de la Torá, pero sellado (como con cera) siete veces. Durante muchos años, la única forma de garantizar la seguridad inquebrantable de una comunicación privada era usar un sello de cera. Sin el sello o la estampilla original, cualquier ruptura del sello no podía ser falsificada. Y, si el firmante original era una persona de gran poder, habría sido impensable que una persona no autorizada rompiera el sello.

Claramente, este es el contexto de Apocalipsis 5 y 6. Nadie sino Jesucristo fue encontrado digno de romper los sellos del libro/rollo sostenido por Dios el Padre. Sólo Cristo había vencido para poder romper los sellos. ¿Vencer qué?, podría preguntar un escéptico. La muerte, por el poder de Su propia autoridad.

El hecho de que Jesús sea digno evoca la alabanza que ya he mencionado. Pero antes de que se rompan los sellos y se desaten las consecuencias, el coro celestial lo alaba por haber redimido a los hombres, quienes han sido hechos para ser un reino y sacerdotes para Dios (Ap. 5:10). Y esa comprensión nos lleva de nuevo a la opción de la Puerta #1 disponible para toda la humanidad: el sello de Dios.

Sellados para Toda la Eternidad

La idea de que Dios sella a Sus siervos surge directamente de Apocalipsis 7:2-3. El ángel que asciende desde el oriente—“que tenía el sello del Dios vivo”—clamó con gran voz, diciendo: No dañéis la tierra, ni el mar, ni los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de Dios. El siguiente versículo describe el número de los que serán sellados: “144,000 sellados de todas las tribus de los israelitas” (7:4). 

Esto plantea una pregunta: ¿Sólo esos 144,000 son sellados por Dios, o se trata de un subconjunto especial de los siervos de Dios a lo largo de la historia humana que son sellados por Él y para Él? Una posible explicación se ofrece durante el toque de la quinta trompeta en Ap. 9. A las langostas demoníacas que emergen del abismo se les dan parámetros estrictos para su tormento y destrucción. Se les dice que no dañen la hierba ni cosa verde alguna ni árbol, “sino solo a los hombres que NO tienen el sello de Dios en la frente” (9:4).

Ésta es la primera indicación de que existen sellos o marcas contrapuestas: una que identifica a una persona como siervo del Dios Altísimo, y otra que marca a otros como leales a la Bestia. Dado que esa nefasta marca (infamemente conocida por su código numérico 666) se describe después del pasaje que revela el sello de Dios, es bastante posible que la marca bestial de Satanás sea una burda imitación del sello sagrado.

La descripción de Pablo a Timoteo captura la esencia del contraste—y la bendición de nuestra seguridad. Porque “el Señor conoce a los que son Suyos”, Él nos sella. El concepto bíblico de siervo también es instructivo. Contrario a cualquier connotación negativa que la palabra “sirviente” pueda tener en nuestra cultura, la Escritura enfatiza la humilde nobleza de tal rol. Abraham, Josué, David, Isaías y el Mesías eran todos referidos como siervos del Señor. Como se describe en Éxodo 21:5-6, un siervo dispuesto llevaría como evidencia permanente su relación con el amo: una oreja perforada.

Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar.  Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. Porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera.

Esta comprensión me lleva a entender que los 144,000 siervos consagrados de Ap. 7 son un grupo especial sellado de las tribus de Israel. Pero todos los que vienen a Jesús, toman Su yugo y encuentran descanso para su alma son sellados como siervos del Altísimo (Mt. 11:28-30). De manera similar, las ovejas de Jesús que escuchan Su voz y le siguen nunca perecerán, porque “nadie las arrebatará de [Su] mano” (Juan 10:27-30). Ya sea que Su sello sea visible a los ojos mortales durante la Tribulación, es reconocible incluso por seres demoníacos (Ap. 9:3-4) y eternamente indeleble. Quizás, como Woody y Buzz Lightyear de Toy Story—y los vencedores de la iglesia de Filadelfia—quienes pertenecen a Cristo tienen el nombre de nuestro Maestro grabado en nosotros para siempre.


Lea la parte 2 aquí

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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Video: "El Decreto de Israel" | Amir Tsarfati

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¿Cuál es la verdad bíblica sobre Israel y el sionismo? Descúbralo con el invitado Amir Tsarfati y los evangelistas Tim Moore y Nathan Jones en el programa de televisión ¡Cristo en la Profecía!

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jueves, 21 de mayo de 2026

Video: Capacitación Avanzada en los Tiempos del Fin

 
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¿Cómo se puede obtener capacitación avanzada en los tiempos del fin? !Descúbralo con los invitados Jeff Kinley y Todd Hampson, y los evangelistas Tim Moore y Nathan Jones en el programa de televisión Cristo en la Profecía!


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