viernes, 11 de septiembre de 2026

¡Dios Mío! Grandes Copas de Ira

Tim Moore


Donde no hay visión, no hay esperanza”. — George Washington Carver

A la mitad de la Tribulación, la Tierra es un paisaje infernal y desolado. Se han derramado los siete juicios de los sellos y los siete Juicios de las Trompetas, mientras la ira de Dios se desborda contra un mundo rebelde e impenitente. Un cuarto y luego un tercio de la humanidad han sido aniquilados, y luego los horrores empeoran aún más.

Juan describe la escena en el Cielo donde a siete ángeles se les dan siete copas llenas de la ira de Dios. Se dice que los ángeles portan plagas, porque la devastación que desatan llevará a la Tierra—y a toda la humanidad—al borde de la aniquilación.

Antes de que examinemos los Juicios de las Copas en sí, repasemos lo que sucederá a la mitad de la Tribulación.

Satanás Derribado

En Apocalipsis 12, Juan ofreció una visión completa de la guerra de Satanás contra el pueblo escogido por Dios, Israel. La guerra que se ha librado desde que Dios creó al hombre a Su propia imagen y escogió a un pueblo para que sirviera como conducto de Sus bendiciones culmina en un último asalto contra el trono de Dios en el Cielo. 

Por fin, Satanás es expulsado del Cielo para siempre. Sabiendo que le queda poco tiempo, el diablo está decidido a desatar su propia ira y a destruir a tantos portadores de la imagen como sea posible. Así que él morará en el Anticristo y hará guerra tanto contra Israel como contra aquellos que guardan el testimonio de Jesús (Ap. 12:17).

Según la cronología de la Tribulación que se presenta en Apocalipsis, es ahora cuando el Anticristo exige que todos los que quieran comprar o vender lleven su nombre o número en la mano derecha o en la frente. Por eso, el miedo exagerado de que la gente esté recibiendo sin darse cuenta la Marca de la Bestia hoy en día demuestra ignorancia de las Escrituras.

 

Las consecuencias eternas de esta elección cósmica de bandos no podrían ser más dramáticas. Quienes reciban la marca de la Bestia “beberán del vino de la ira de Dios… y serán atormentados con fuego y azufre… por los siglos de los siglos” (Ap. 14:9-11). Pero aquellos que guardan los mandamientos de Dios y su fe en Jesús vivirán para siempre, aunque sean martirizados mientras el Anticristo, poseído por Satanás, se enfurece.

Es en medio de este horrible período que Juan ve a un trío de ángeles cosechando a los hombres como si fueran espigas de trigo o racimos de uvas, y arrojándolos al “gran lagar de la ira de Dios” (Ap. 14:19). En una descripción espeluznante, Juan dice que la sangre que fluye llegará hasta el freno de un caballo a lo largo de trescientos veinte kilómetros.

El ángel metió su hoz sobre la tierra, y vendimió los racimos de la vid de la tierra y los echó en el gran lagar del furor de Dios (Ap. 14:19). 

Claramente, el Fin está cerca, pero todavía queda más destrucción por venir.

La Última Arremetida del Cielo

Cuando Juan describe por primera vez a los siete ángeles que derramarán los Juicios de las Copas, señala que, cuando estas plagas finales concluyan, “en ellas se consumaba la ira de Dios” (Ap. 15:1). Antes de considerar los juicios en sí, es importante reconocer lo que revela esa declaración.

En su primera descripción autorreveladora de Sí mismo, Dios proclamó a Moisés: “¡Jehová! ¡Jehová! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, 7 que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado…” (Éx. 34:6-7). En las Escrituras, la paciencia de Dios lo llevó a retrasar Su ira, ofreciendo así la oportunidad para que se produjera el arrepentimiento:

  • El mundo sumido en el pecado durante los muchos años que le tomó a Noé construir el Arca.
  • Sodoma y Gomorra, ciudades malvadas visitadas por ángeles antes de que el fuego las consumiera.
  • La tierra de Canaán,  a la que Dios concedió cuatro generaciones antes de considerar que el pecado de los amorreos estaba “completo”.
  • Nínive, que escuchó la advertencia de Jonás, la cual no era sensible, y se sintió inspirada a arrepentirse.
  • Israel, advertido por profeta tras profeta antes de que la ira del Señor surgiera y la nación fuera juzgada y devastada.

Ira: “Enojo extremo que se manifiesta en venganza o castigo; la máxima expresión de indignación justa y justicia divina”.

Mía es la venganza y la retribución; a su tiempo el pie de ellos resbalará, porque el día de su calamidad está cerca, ya se apresura lo que les está preparado (Dt. 32:35).

Sólo un tonto, al ver éstos y otros ejemplos bíblicos, elegiría ignorar los límites de la paciencia de Dios. Como Él dijo en Génesis 6:3: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre”. Llega un punto en que la paciencia, la gracia y la misericordia de Dios se agotan, y Su justa indignación da paso a una ira devastadora. Cuando eso sucede, el autor de Hebreos tenía toda la razón: “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo” (He. 10:31).

Faraón comprendió que no se debía jugar con el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. En algún momento, Dios cerró el corazón obstinado de Faraón. Más allá de ese punto sin retorno, Dios endureció su corazón (Éxodo 9:12; 10:20, 27; 11:10) y Egipto fue devastado. Eso debería ser ejemplo suficiente, sin embargo, la historia se repite una y otra vez, mientras la humanidad presume de su maldad y se burla de la provisión del Señor para la salvación.

Durante dos milenios después del Primer Adviento de Jesús y Su ministerio en terrenal, Dios ha sido paciente, no queriendo que nadie perezca. Pero la rebelión y el rechazo a Su Hijo, que son cada vez más profundos, están llenando la copa de Su ira—Su justa ira. Ésta pronto se desbordará y se derramará sobre un mundo impenitente. 

Los cristianos que vivimos en esta época podemos compartir la indignación de Dios cuando somos testigos del pecado. Pero es muy difícil evitar que nuestra propia ira nos lleve a pecar. Por eso Pablo citó el Salmo 4:4 cuando advirtió a los efesios a “airaos, pero no pequéis”, reconociendo que la ira propia le da al diablo la oportunidad de hacernos tropezar (Ef. 4:26-27).

Es en ese contexto que Dios derramará Su ira sobre la Tierra durante la Tribulación. Cuando Su paciencia se agote y Su furia se desate por completo, castigará lo que es debido y merecido. Para cada cristiano cuyo corazón se ha entristecido al ver cómo el pecado se multiplica ante nuestros ojos, la promesa de Romanos 12:19 se cumplirá en cada corazón humano cuya dureza se haya  arraigado: “Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”.

Inflingir – “Distribuir, dispensar o administrar algo, especialmente un castigo, recompensa o justicia, de manera cuidadosa y mesurada”.

Los Juicios de las Copas son, por tanto, el derramamiento final de esa ira, pero aún no son el juicio final.

Siete Copas de Ira

Suena trillado decir: “pero esperen, aún hay más”. En lo que respecta a la serie de juicios que caerán sobre la Tierra durante la Tribulación, esta afirmación es alarmantemente cierta. El horror se sucede sin cesar y el sufrimiento se multiplica exponencialmente. La serie final de los Juicios de las Copas parece llegar en rápida sucesión y, de hecho, podría ocurrir en un período de tiempo muy comprimido. En orden, son:

Primero  Llagas repugnantes y malignas en todos los que toman la Marca de la Bestia

Segundo  El agua del mar se convierte en sangre, causando la muerte de toda criatura marina

Tercero  Los manantiales de agua dulce también se convierten en sangre en todo el mundo

Cuarto  El calor o la radiación del Sol aumenta hasta quemar a la humanidad

Quinto  El reino de la Bestia es sumido en una oscuridad penetrante, de modo que los hombres se muerden la lengua de dolor

Sexto  El río Éufrates se seca para permitir que los reyes del oriente marchen hacia el frente de Jezreel contra el Anticristo

Séptimo  La Tierra sufre rayos y truenos catastróficos y otro gran terremoto que destruye ciudades en todo el mundo, divide la gran ciudad “Babilonia” en tres partes y altera todas las islas y montañas; al mismo tiempo, caen del cielo enormes granizos de 100 libras

Juan intercala su descripción de estos derramamientos finales de la ira de Dios con algunas observaciones reveladoras. Cuando el tercer ángel derrama la copa que hace que el agua fresca se convierta en sangre, comenta: “Justo eres tú, Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas. Por cuanto derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre, pues se lo merecen” (Ap. 16:5-6). De hecho, la impartición del castigo es innegablemente justa y merecida.

Además de la justicia que se imparte, Habacuc nos enseña que, incluso en la ira, Dios se acuerda de la misericordia (Hab. 3:2). Un aspecto clave es llevar a los rebeldes (y eventualmente a toda la Casa de Israel) al límite de sí mismos. Incluso en la ira, se ofrece misericordia a todos los que confiesen su pecado, se arrepientan (se alejen de sus malos caminos) y acepten a Jesucristo como Salvador y Señor. Esta oferta sólo se retira cuando el destino de una persona queda sellado, como cuando el corazón del faraón se endureció. También se nos dice que, durante la Tribulación, quienes acepten la Marca de la Bestia habrán tomado una mala decisión, sellando así su destino por toda la eternidad.

Afortunadamente, muchos se darán cuenta del error de sus caminos y se volverán a Cristo. Ellos representan a los santos de la Tribulación, a quienes el Anticristo perseguirá con furia y matará. Esos mártires serán reunidos bajo el altar de Dios en el Cielo. Afirmando su fe en la justicia y rectitud de Dios, clamarán: “¿Hasta cuándo Señor, santo y verdadero, vas a tardar en juzgar y vengar nuestra sangre de los que habitan sobre la tierra?” (Ap. 6:10). 

¿Por qué alguien sometido a la ira de Dios—y reconociendo que está sufriendo bajo Su terrible ira—se negaría a arrodillarse? Por la misma razón que la gente se niega a honrarlo como Señor hoy. Jesús fue clarísimo sobre esta irracional tendencia humana. Tan sólo tres versículos después de describir el amor maravilloso de Dios en Juan 3:16, explicó: “los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19).

Juan también registra tres veces en esta secuencia que las personas que sufren esta última serie de plagas se niegan a arrepentirse. En cambio, blasfeman contra Dios (Ap. 16:9, 11, 21). No es de extrañar que Dios esté indignado. Las mismas personas a las que Él envió a Su Hijo para salvar—y a quienes se les ofrece misericordia y gracia hasta este momento—siguen maldiciéndolo. El Hijo ya no interviene para decir: “Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). El destino de esta generación final blasfema está sellado, para siempre.

El Propósito de la Tribulación

La Tribulación será más horrible de lo que cualquiera de nosotros puede imaginar. La gente piensa que está sufriendo hoy en día, pero las pequeñas tribulaciones que soportamos son el resultado de A) este mundo caído y la maldición que Dios puso sobre la Creación; B) las consecuencias del pecado cometido por los portadores de la imagen desde la Caída; y C) nuestros propios pecados y las decisiones caídas que tienen las consecuencias que les corresponden.

Nadie que esté vivo hoy puede decir que ha sido sometido a toda la ira de Dios. Juicio y castigo, sí. Pero no a la santa, reprimida e indignada ira de Dios. Jesús dijo que cuando esa ira se derrame sobre toda la Tierra, “si aquellos días no fueran acortados, nadie sería salvo; pero por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:22). Sí, incluso en medio de la ira, Dios se acordará de la misericordia. Él “acortará” esos días en Su gran misericordia para que los escogidos—ese pequeño grupo de cristianos que sobrevivan hasta el fin de la Tribulación—puedan entrar en el Reino Milenial en sus cuerpos mortales.

Así pues, para reiterar, existe un gran malentendido sobre el propósito de la Tribulación. Aunque Dios derramará sobre el mundo un castigo justo, legítimo, santo y aparentemente largamente esperado, también orquestará la redención final del remanente de la Casa de Israel a través de la Tribulación (cuando lleguen al límite de sí mismos y clamen a Él). Además, muchos otros llegarán a darse cuenta de su desesperada necesidad de perdón durante la Tribulación, lo que dará lugar a una gran cosecha de almas.

Podemos regocijarnos sabiendo que la oferta de salvación de Dios (basada en la maravillosa gracia de Su Evangelio) estará vigente durante la Tribulación. También podemos darle gracias por demorar Su venida para permitir que la Iglesia alcance su plenitud y que cada uno de nosotros sea salvo.

Me alegra que sólo Dios el Padre sepa cuándo enviará a Su Hijo a reunir a Su Novia; cuándo comenzará la Tribulación, qué corazones aún son lo suficientemente blandos como para permitir que las semillas del Evangelio crezcan, y qué corazones están irremediablemente endurecidos.

Armado con el conocimiento del Evangelio, sólo puedo confiar en la Palabra de Dios y confiar en que el tiempo es esencial. El martillo podría caer en cualquier momento, por lo que mi tarea es a la vez eternamente importante y críticamente urgente. Si eres seguidor de Cristo, has sido comisionado con el mismo llamado.

¿Dónde Está la Esperanza?

Comencé este artículo citando a uno de mis héroes personales, George Washington Carver. Un hombre de talento y humildad excepcionales, Carver entendía su lugar ante Dios. Testificó que aspiraba a hacer grandes cosas, pero Dios le dijo que era más apto para estudiar el maní. Así que se dedicó a estudiar el humilde maní—e hizo contribuciones perdurables a la ciencia y al bienestar de la humanidad a través de su obediencia diligente y servicial al Señor.

La esperanza en nuestra reflexión de los Juicios de las Copas radica en el hecho de que estamos leyendo sobre este horrible período de la historia humana antes de que ocurra. Dios no nos debía a ninguno de nosotros un adelanto de lo que nos espera. El Alfarero tendría todo el derecho (y totalmente justificado) de simplemente destruir los “vasos de ira preparados para destrucción” (Ro. 9:21-23). Pero nos ha advertido que Su paciencia se acabará—igual que lo hizo a través de Noé (el pregonero de justicia), los visitantes angelicales en Sodoma y Gomorra, Abraham, Jonás, y una gran cantidad de profetas para Israel y Judá.

Como Jesús compartió en la parábola del dueño de la tierra y los agricultores necios, Dios envió a Su propio Hijo, pero la mayoría se ha negado a respetarlo. En cambio, celebran Su muerte y quieren apoderarse de la Tierra y de la gloria que pertenecen sólo a Dios. A su debido tiempo—pronto—la respuesta justa que incluso los principales sacerdotes y ancianos del Templo predijeron se cumplirá: “Llevará a esos miserables a un fin lamentable” (Mateo 21:41; NBLA).

Mientras aún tengas aliento—y mientras cada miserable y blasfemo rebelde habite en este mundo—hay esperanza. Esperanza de que tú, y ellos, se humillen, pidan perdón y se aparten de sus malos caminos. Si lo haces, el Dios de toda misericordia te escuchará desde el Cielo, perdonará tu pecado y te concederá la vida eterna. 

¿Qué decisión tomarás?


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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Video: ¿Se Acabó Estados Unidos? | Pastor Andy Woods

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Estados Unidos se está desvaneciendo del escenario de la profecía. La transformación fundamental, el revisionismo histórico, los moralistas y el partido único están remodelando nuestra nación. Daniel 7:23 advirtió sobre un imperio mundial venidero. Estados Unidos debe declinar para que éste surja. ¿Estás atento?


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jueves, 10 de septiembre de 2026

"¿Quién Está Llorando Ahora?"

¿Qué Es y Dónde Está Babilonia?

Tim Moore y Nathan Jones


Los reyes de la tierra llorarán y se lamentarán por ella… Todos los capitanes, pasajeros, y marineros, llorando y lamentándose, gritaban: “¡Ay, ay, la gran ciudad en la cual todos los que tenían naves en el mar se enriquecieron a costa de sus riquezas!, porque en una hora ha sido asolada”.
—Apocalipsis 18:9-19

En 1981, la banda de rock Journey lanzó una canción escrita por Steve Perry y Jonathan Cain titulada “Who’s Crying Now?” (“¿Quién Está Llorando Ahora?”). Esa pregunta bien podría ser el coro temático para los reyes y mercaderes de la tierra que llorarán y lamentarán cuando Babilonia la Grande sea consumida en un solo día hacia el final de la Tribulación (Ap. 17 y 18).

Quizás una letra aún más apropiada sería “Who’s Sorry Now?” (“¿Quién se Arrepiente Ahora?”), interpretada por Connie Francis en 1957. Hablando de advertencias ignoradas y del momento de pagar, esta canción captura la justa indignación que Dios derramará sobre Babilonia y la tristeza que consumirá a quienes han desatendido Sus advertencias mientras se jactan de sus riquezas e inmoralidades.

Para muchos cristianos que estudian el Apocalipsis, la dedicación de dos capítulos completos a la desaparición de esta ciudad o sistema críptico es un misterio fascinante. Como tal, ha habido mucha especulación sobre la naturaleza y ubicación de lo que Juan describe como una mujer montando una bestia escarlata llena de nombres blasfemos y que ella misma lleva un nombre misterioso:

“BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA” (Ap. 17:5).

Entonces, ¿quién o qué es Babilonia, y dónde se encuentra esta ciudad o sistema tan horrible? 

¿Quién o Qué?

La mayoría de los estudiosos coinciden de buena gana en que la descripción que hace Juan de Babilonia como una mujer es simbólica. Así como la justicia a veces se representa con una mujer con los ojos vendados sosteniendo una balanza; o como en Estados Unidos la libertad se simboliza con una gran estatua en el puerto de Nueva York, Juan describe a una mujer que sostiene un cáliz lleno de abominaciones y de las impurezas de su inmoralidad.

Sólo tenemos que mirar en Proverbios para ver cómo Salomón personifica a la sabiduría como una hermana confiable, mientras que la tentación al pecado se personifica como una ramera (Prov. 7–9). En su carta a Tiatira, Jesús también se refiere a una falsa profetisa que estaba desviando a Sus siervos como “Jezabel”. Se infiere que este es un nombre simbólico para una persona real (probablemente no llamada Jezabel), pero que intencionalmente hace referencia a la reina de Israel que adoraba a Baal y que estaba casada con el malvado Acab.

Con respecto a “Misterio Babilonia” en Apocalipsis, hay un amplio consenso de que, en lugar de referirse a un individuo, el nombre representa una ciudad o un sistema mundial. Varias veces en Apocalipsis 18, Babilonia es llamada una ciudad grande y fuerte (vv. 10, 16 y 18). Nada menos que un ángel fuerte del Cielo declara que Babilonia es una “gran ciudad” que será “derribada con violencia”, como una piedra de molino es lanzada al mar (Ap. 18:21).

Aun así, una ciudad puede representar todo un imperio o sistema—tal como Washington, D. C. representa a Estados Unidos (en términos de gobierno, liderazgo o nación), Nueva York, tradicionalmente, ha representado el sistema capitalista de EE.UU., si no a Occidente en general, y Bruselas representa a la Unión Europea. Destruir cualquiera de estas ciudades individuales representaría un golpe grave para la nación o el sistema que representan, lo cual es una de las razones por las que Al Qaeda estaba decidido a atacar tanto Nueva York como Washington (los centros económicos y políticos de Estados Unidos) el 11 de septiembre de 2001.

En cualquier caso, la maldad fomentada y propagada por ese lugar o sistema de los tiempos del fin infecta a todas las naciones de la tierra. Como lo registra Juan: “Porque todas las naciones han bebido del vino de la pasión de su inmoralidad, y los reyes de la tierra han cometido actos inmorales con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con la riqueza[e] de su sensualidad” (Ap. 18:3; NBLA). Consideremos algunos de los sectores de mayor crecimiento de nuestra economía hoy en día: “entretenimiento para adultos”, que incluye el juego, la pornografía, las drogas y el hedonismo desenfrenado. Y esto a pesar de la influencia restrictiva de la Iglesia, presente para contener algunos de los peores excesos. ¿Pueden imaginar la inmoralidad que se desatará—y las ganancias que se generarán por medios malvados—después del Rapto?

Entonces un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó al mar, diciendo: “Así será derribada con violencia Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada” (Ap. 18:21).

¿Cuándo y Dónde?

Durante casi 2,000 años, ha habido debates intensos sobre la ubicación exacta de Misterio Babilonia. Muchos de los primeros cristianos asumieron que Juan se refería a Roma, pero lo hacía de manera críptica para evitar más persecuciones por profetizar su caída. A medida que Roma llegó a representar al Papado de la Iglesia Católica Romana (nuevamente, con una ciudad representando un sistema o imperio corrupto), los protestantes adoptaron rápidamente esa interpretación como una acusación al Papado y a los errores expuestos en el catolicismo. Bill Salus apoya esta postura, destacando el uso del presente por parte de Juan al explicar que la ramera “es la gran ciudad, que domina sobre los reyes de la tierra” y es juzgada para vengar a los apóstoles y profetas (Ap. 17:18; 18:20).

Más tarde, se consideraron otras ciudades, como Londres, París y Nueva York—siempre elegidas por su prominencia como las capitales (políticas o económicas) de naciones poderosas o vastos imperios. La mayoría de los maestros de profecía afiliados al Ministerio Cordero y León rechazan esta perspectiva. En cambio, tal vez porque se han propuesto tantos lugares en el pasado, muchos eruditos bíblicos actuales creen que Misterio Babilonia a la que se refiere Juan podría ser un lugar aún por determinar donde el Anticristo establecerá su cuartel general mundial.

La mujer que viste es la gran ciudad, que tiene un reino  sobre los reyes de la tierra (Ap. 17:18).

Algunos sugieren que podría ser una Babilonia reconstruida—la antigua ciudad en Irak que Saddam Hussein comenzó a restaurar hace 40 años en un esfuerzo audaz por fomentar el turismo en Irak. Otros han propuesto una nueva ciudad en algún lugar de Europa o Medio Oriente y han señalado enormes proyectos de construcción de ciudades que rivalizan con la Babel original en su arrogancia y osadía. (Por ejemplo, en 2021 Arabia Saudita anunció que construiría una ciudad de 160 kilómetros de largo llamada “La Línea” en el desierto arábigo, con la aspiración de albergar a nueve millones de personas, pero sin permitir la circulación de autos).

Hoy en día, relativamente pocos expertos en la profecía bíblica defienden a Roma como el posible sitio del cumplimiento de la Misterio Babilonia. Según David Reagan:

Antes de este siglo, el consenso de opinión entre los expertos en profecía bíblica era que la “Misterio Babilonia” de Apocalipsis 17 y la “Babilonia la Grande” de Apocalipsis 18 eran referencias a Roma. Hoy en día, esa opinión ha cambiado radicalmente, y el consenso ahora es que estos términos se refieren a la antigua Babilonia. Por lo tanto, estos expertos argumentan que Babilonia será reconstruida pronto. Esta es la razón por la que Tim LaHaye, en su serie de libros “Dejados Atrás”, presenta a Babilonia como la ciudad capital del reino mundial del Anticristo.

Y los reyes de la tierra que cometieron actos de inmoralidad y vivieron sensualmente con ella, llorarán y se lamentarán por ella cuando vean el humo de su incendio. Y de pie, desde lejos por causa del temor de su tormento, dirán: “¡Ay, ay, la gran ciudad, Babilonia, la ciudad fuerte! Porque en una hora ha llegado tu juicio”.

Terry James y Al Gist comparten ese sentimiento, junto con Mark Hitchcock, quien dice: “Yo creo que se trata de una Babilonia literal reconstruida en el futuro”.

El Poder Detrás de Todo Esto

No cabe duda de que la Babilonia que Juan estaba describiendo será la sede del poder del Anticristo. Refiriéndose a ese último autócrata mundial, Isaías profetizó que el “rey de Babilonia” será un opresor de una crueldad sin precedentes (Is. 14:1-17). Y, como señaló Ed Hindson, “Es evidente en el libro de Apocalipsis que Juan describe a Babilonia, sea lo que sea que quiera decir con eso, como el Reino del Anticristo—el sistema mundial impío de los últimos días que controla la economía mundial”.

También es evidente que esta única ciudad tiene una influencia que parece superar incluso el poder económico de la ciudad de Nueva York, el poder político de Washington D. C. y la influencia religiosa de Roma. Por eso Dios ordena la destrucción de la ciudad mediante un derramamiento sobrenatural de Su ira, y por eso los reyes y comerciantes lloran y se lamentan tan amargamente por su pérdida.

Por esa razón, creemos que, como muchas otras profecías, las características de Misterio Babilonia son evidentes en varias ciudades y sistemas hoy en día—tal como ocurría en los tiempos de Juan. Sin embargo, eso nos lleva a la pregunta: ¿Qué es una ciudad? Es más que una ubicación en un mapa, un conglomerado de edificios o incluso una comunidad de habitantes. Las ciudades llegan a tener una cultura e influencia que trascienden todas esas apariencias externas. Y así como la antigua Babilonia (y Babel antes de ella) llegó a representar una rebelión deliberada y la aceptación de la maldad ante los ojos del Señor, Misterio Babilonia muy bien podría representar el sistema impío, reprobado y rebelde del Anticristo.

¿Creemos que el Anticristo gobernará su imperio mundial desde una gran ciudad (a los ojos humanos) en algún lugar del Medio Oriente? Sí. ¿Creemos que la ciudad será destruida en un solo día como se describe en Apocalipsis 18? Otra vez, sí.

Creemos que el llanto y el dolor de reyes, comerciantes y de todos aquellos que se complacían en el sistema pecaminoso que ella representa indica que algo mucho más arraigado y maligno finalmente será arrasado. La arrogancia y la rebelión inspiraron a Nimrod a construir ciudades en Sinar y Asiria. Él y sus hombres buscaban construir para [sí mismos] una ciudad y una torre cuya cúspide llegara al cielo. De igual manera, Sodoma y Gomorra mostraban su inmensa maldad ante el Señor. Así también, el Anticristo construirá, para su propio orgullo y gloria, una ciudad desde la cual gobernará su imperio global.

Al final, la conclusión de sentido llano de Nathan sobre la Misterio Babilonia es: “No sabemos si se trata de Roma o de una Babilonia reconstruida, pero la ciudad colapsará cuando Dios ataque la capital del Anticristo aquí en la Tierra”. La capital del Anticristo—el hombre poseído y exaltado personalmente por Satanás—será aniquilada. Como añadió David Reagan:

En realidad, no importa si el Anticristo gobernará desde Babilonia, Roma, Nueva York o cualquier otra ciudad. Sea cual sea, el Dios Todopoderoso va a destruirla, junto con su rey y todas sus actividades pecaminosas en una hora de un solo día (Ap. 18:8-10). Lo importante es que, sin importar la verdadera identidad de Babilonia, Jesús va a triunfar, y nosotros, los redimidos, vamos a ganar al final.

¡No podríamos haberlo dicho mejor! Así que, sabiendo que el Rey Jesús vencerá a todos Sus enemigos, calma tu corazón, seca tus lágrimas, deja ir tus pensamientos ansiosos y mantén la mirada alto, ¡porque nuestra Redención está cerca!


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)


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En este mensaje de una conferencia anterior sobre profecía, Alex Newman examina uno de los patrones geopolíticos más fascinantes de la profecía bíblica: el surgimiento de potencias regionales que podrían asemejarse al sistema de diez reyes descrito en Daniel y Apocalipsis.


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