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viernes, 24 de julio de 2026

Tu Última Trompeta (Parte 1 de 2)

¿Cuál Escucharás?

 Tim Moore


A medida que los Juicios de los Sellos dan paso a los Juicios de las Trompetas, las condiciones en la tierra son horribles—y empeoran cada día.

Cuando Cristo comenzó a abrir los siete sellos del libro o rollo que Dios el Padre sostenía (a menudo entendido como el “título de propiedad” de la tierra), primero dio autoridad a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis—el Anticristo, la Guerra, el Hambre y la Muerte. Esos juicios caen sobre la tierra con un efecto devastador, hasta el punto de que un cuarto de la humanidad muere en los primeros ataques de la Tribulación.

Atrapados en la furia del Anticristo se encuentran los seguidores de Jesucristo: los santos de la Tribulación que recuperan la cordura después del Rapto, al comprender Quién está derramando Su justa indignación sobre el mundo rebelde. Las Escrituras dejan claro que la mayoría de los cristianos morirán durante la Tribulación. Estos mártires se hallan bajo el altar de Dios en el Cielo cuando se rompe el quinto sello. El sexto desata otra ola de terror cuando un gran terremoto sacude la tierra, el sol se oscurece y finalmente aparece la tan esperada luna de sangre.

Tras un breve interludio registrado en el Apocalipsis, cuando los testigos judíos proclaman el Evangelio en la Tierra y el Cielo resuena con alabanzas a “nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (7:10), se rompe el séptimo sello. El Cielo guarda silencio mientras el fuego cae sobre la tierra, acompañado de truenos, relámpagos y otro terremotomás. Luego, siete ángeles se preparan para iniciar otra ronda de juicios divinos.WW

Trompetas de Ira

En las Escrituras, el sonido de una trompeta representaba muchas cosas diferentes. Los estudiantes del Antiguo Testamento recordarán que una trompeta sonó mientras Moisés estaba en el Monte Sinaí recibiendo la Ley de Dios (Éxodo 19:16). Esa trompeta simbolizaba la santa presencia de Dios y Su pacto eterno con Israel. Cuando Josué dirigió a los hijos de Israel a rodear Jericó, tocaron shofares (trompetas) cada día. Luego, cuando la trompeta sonó en el séptimo día, Josué les dijo a las personas: “¡Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad!” (Josué 6:16).

También se tocaba una trompeta al comienzo de cada sábado para alertar al pueblo de que había llegado el día de descanso ordenado por Dios. El propio Señor había indicado: “En vuestros días de alegría, como en vuestras solemnidades y principios de mes, tocaréis las trompetas sobre vuestros holocaustos y sobre los sacrificios de paz, y os servirán de memorial delante de vuestro Dios. Yo, Jehová, vuestro Dios” (Nm. 10:10).

Es evidente que que el estruendo ronco de una trompeta—un shofar—era una parte integral y audible de la vida judía. Pero las trompetas que suenan en Apocalipsis 8, 9 y 11 tienen un significado muy diferente. Son trompetas que anuncian el derramamiento de la ira de Dios.

En orden bíblico—y creo que cronológico—son:

Primero – Granizo y fuego, mezclados con sangre, devastan un tercio de la tierra.

Segundo – Algo parecido a una gran montaña es arrojado al mar, convirtiendo un tercio de él en sangre.

Tercero – Un gran meteorito ardiente llamado Ajenjo cae del cielo para contaminar un tercio del agua dulce.

Cuarto – Un tercio del sol, la luna y las estrellas se oscurecen. Las últimas tres trompetas son tan horribles que un águila del cielo grita: “¡Ay, ay, ay de los que habitan en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para tocar los tres ángeles!” (Ap. 8:13). 

Quinto – Se abre un abismo sin fondo y una horda demoníaca liderada por el rey demonio, Abadón (o Apolión en griego), es liberada para atormentar a todas las personas que no están selladas por Dios.

Sexto – Se liberan cuatro ángeles para liderar un ejército de 200 millones de jinetes y matar a un tercio de la humanidad con fuego, humo y azufre. 

Séptimo – Esta trompeta anuncia la llegada del “reino de nuestro Señor y de Su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos” (Ap. 11:15); esta declaración provoca adoración y alegría en el Cielo, pero presagia otra ronda final de ira que pronto caerá sobre la tierra.

Cualquier persona racional desearía ser liberada de semejante avalancha de sufrimiento. Sin embargo, las Escrituras son claras: incluso los reyes, los grandes hombres, los comandantes, los ricos, los fuertes y todos los esclavos—en otras palabras, todas las personas que continúan rechazando a Jesucristo—reconocerán que están siendo sometidos a “la ira del Cordero”, pero aun así se negarán a arrepentirse y a doblegarse ante Su señorío (Ap. 6:15-17). Al final del capítulo 9, Juan documenta la misma respuesta: los que no mueren de inmediato para el fin de la sexta trompeta “se arrepintieron de las obras de sus manos ni dejaron de adorar a los demonios… y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus robos” (9:20-21).

¿No es curioso que el robo figure junto con otros pecados que parecen más ofensivos? Pero, ¿cuántas personas en este momento le están robando a Dios la alabanza y la gloria que justamente merece? ¿Cuántos de nosotros enterramos nuestros talentos en lugar de invertirlos sabiamente—robándole a nuestro Maestro un retorno justo de los recursos y dones que nos ha prestado?

La oración de intercesión de Habacuc, “Jehová… en la ira acuérdate de la misericordia” (3:2), se ha demostrado una y otra vez. Casi puedo imaginar a Dios Todopoderoso poniendo los ojos en blanco mientras Habacuc pronuncia esa oración, como si Él pudiera haber respondido: “¿Quién crees que SOY?”. Dios había revelado Su Nombre y Su carácter a Moisés: “¡Jehová! ¡Jehová! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, 7 que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado…” (Éxodo 34:6-7).

La Tribulación representa la indignación justa, santa y justificada de Dios contra un mundo malvado y rebelde. Su derramamiento de ira —Su propia ira, y no la de otro— será una demostración de que no dejará sin castigo a los culpables. Pero incluso en medio de la ira, recuerda la misericordia.


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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miércoles, 15 de julio de 2026

El Juicio de la Sexta Trompeta

Jinetes, dragones, corceles, y un río de sangre

Nathan Jones


El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios, la cual decía al sexto ángel que tenía la trompeta: ‘¡Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Éufrates!’. Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar la tercera parte de los hombres” (Ap. 9:13-15; RVR1995).

Los Cuatro Jinetes del Éufrates

Un ángel, que está de pie ante el altar de Dios, transmite la orden del Todopoderoso al ángel que empuña la sexta trompeta del juicio: “Libera a los cuatro ángeles que están atados al gran río Éufrates”. El trompetista angelical obedece inmediatamente a su Soberano y toca su sagrado cuerno. Una prisión demoníaca, que llevaba mucho tiempo oculta bajo el Río Éufrates en el actual Irak, se abre. Cuatro generales demoníacos atados, ardiendo de rabia asesina en sus corazones negros, son desencadenados y liberados de su mazmorra acuática.

Aunque el ángel que estaba ante el altar de Dios llamó a estos cuatro “ángeles”, los reconocemos por lo que realmente son: demonios, atados en las turbias profundidades de ese antiguo río. Bajo esas orillas empapadas, permanecen encadenados, agitándose mientras esperan ansiosos la hora, día, mes y año que Dios ha planeado para liberarlos. Estos cuatro pertenecen a un grupo de demonios confinados, posiblemente encarcelados debido a algún gran pecado previo al Diluvio.

Esta prisión es un lugar adecuado para demonios. Desde una perspectiva bíblica, el Río Éufrates simboliza el pecado, habiendo sido testigo de algunos de los peores males de la humanidad. Junto con el Tigris, estas dos vías fluviales marcaron en su día dos de los cuatro límites del Jardín del Edén y, por lo tanto, presenciaron la caída de la humanidad en toda su desgracia. Fue el lugar donde Caín asesinó a su hermano Abel y donde se construyó la rebelde Torre de Babel. También es la tierra donde las tribus judías fueron exiliadas. Como la nación de la frontera más oriental de Israel, el Éufrates se convirtió en un símbolo de sus enemigos. Espiritualmente, el Éufrates ha estado durante mucho tiempo asociado con la idolatría, la adoración demoníaca, la brujería y la astrología.

La razón más probable por la que estos cuatro demonios habían sido confinados—y, más alarmante aún, una mucho peor—es que podrían poseer poderes tan abrumadoramente destructivos que Dios nunca podría permitirles deambular libremente entre los humanos y aun así asegurar la supervivencia de la humanidad. Parece que es así, porque los Cuatro Jinetes del Éufrates, una vez desatados, atacan a la humanidad con tal malicia que ¡matarán (atención) —un tercio de la población mundial—¡una cifra estremecedora!

Según la narrativa del Apocalipsis, una cuarta parte de la humanidad ya será aniquilada por el juicio del cuarto sello. Entonces millones más morirán entre ese momento y Apocalipsis 9. El juicio de la sexta trompeta profetiza además que un tercio de la población restante también perecerá. Sumando estas cifras de muertos, aprendemos que una asombrosa mitad de la población mundial —cuatro mil millones de personas según las cifras actuales— habrá perecido, todo ello en sólo los primeros tres años y medio de la Tribulación. No es de extrañar que Jesús afirmara que, a menos que esos días se acortaran, nadie se salvaría (Mt. 24:22).

El Ejército de 200 Millones de Soldados

Y el número de los ejércitos de los jinetes era de doscientos millones. Yo oí su número” (Ap. 9:16; RVR1995).

Los Cuatro Jinetes del Éufrates no lanzarán solos su ola genocida. Al contrario, los cuatro generales demoníacos liderarán el ejército más grande que el mundo jamás haya visto.

Desde su posición privilegiada en el Cielo, John podría haber intentado contar a las tropas mientras batallón tras batallón marchaba en oleadas interminables detrás de su general designado. La tarea, al ser imposible, llevó al guía angelical de Juan a declarar su número—¡200 millones! Una cifra así debió de dejar atónito al anciano apóstol, pues esa era toda la población del planeta en su siglo. El poder del Imperio Romano había mantenido al mundo conocido sometido bajo sus aplastantes botas, comandando 25 legiones que comprendían, un total de 125,000 soldados. ¡Los Cuatro Jinetes del Éufrates reunirán 1,600 veces más tropas que todo el ejército romano!

La identidad de estas tropas ha sido ampliamente debatida entre los estudiosos de la profecía bíblica. ¿Son humanas o demoníacas? Quienes sostienen que son humanos señalan que China ha afirmado desde 1965 que podría reunir a 200 millones de soldados. Con una población de 1.400 millones, China podría movilizar sin duda un ejército tan masivo. En el versículo 17, Juan describió la combinación de colores del ejército como corazas de rojo fuego, azul jacinto y amarillo azufre, que reflejan los colores de la bandera y los uniformes militares de China. Es posible que China, junto con la India, gobernada por el Rey del Oriente, sea persuadida por los cuatro generales demoníacos para entregar a su pueblo y formar el ejército más destructivo jamás reunido en la historia de la humanidad.

Sin embargo, no creo que los 200 millones estén compuestos por humanos. El contexto sugiere que son ejércitos de demonios liberados. El siguiente grupo de seres angelicales debería dejarlo claro.

Las Quimeras

Así vi en visión los caballos y sus jinetes, que tenían corazas de fuego, zafiro y azufre. Las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones, y de sus bocas salía fuego, humo y azufre. Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres: por el fuego, el humo y el azufre que salía de sus bocas, pues el poder de los caballos estaba en sus bocas y en sus colas, porque sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas y con ellas dañan” (Ap. 9:17-19; RVR-1995).

Los Cuatro Jinetes del Éufrates se llaman “jinetes” porque montan, bueno, caballos o criaturas similares a ellos. Juan describe las temibles bestias que montan los generales, y son diferentes a cualquier animal vivo. En cambio, estos “caballos” son quimeras demoníacas—criaturas híbridas que exhiben rasgos de múltiples especies.

El término “quimera” se encuentra a menudo en la mitología clásica. Eran criaturas míticas que escupían fuego con la cabeza y las patas delanteras de un león y una serpiente por cola. ¿Y qué describe Juan? En lugar de cabeza de caballo, tienen cabeza de león. De sus bocas salen fuego, humo y azufre. En lugar de pelo, sus colas son como cabezas de serpiente. Esto no significa que los corceles de los ángeles del Éufrates realmente corrieran libres en la antigua Grecia, pero, como la mayoría de las leyendas, el mito se basa en un atisbo de una realidad antigua.

Y lo cierto es que estas quimeras demoníacas son muy reales. Creo que la frase debería decir: Sus amos harán que estas máquinas de guerra vivientes arrasen todo a su alcance, como Sherman marchando por Atlanta durante la Guerra Civil. La visión asfixiante de las tres armas de la plaga de las quimeras — fuego, humo y azufre — aterrorizará a un mundo que, en los últimos tres años, creyó haber presenciado todos los horrores que la leyenda y la guerra moderna podrían conjurar. Mediante llamas incendiarias y mordeduras de serpiente, las quimeras participarán con entusiasmo en la masacre de un tercio de la población mundial.

¿Podrían estas quimeras ser tanques artificiales con el león-dragón alado chino, disparando proyectiles y fuego antiaéreo mientras ocultan sus posiciones con bombas de humo? De nuevo, no creo que haya personas involucradas aquí, y por cinco razones. Primero, Juan llama a los cuatro generales “jinetes”, así que probablemente sólo hay cuatro quimeras, no 200 millones soldados montando 200 millones de quimeras. En segundo lugar, las quimeras emplean el armamento sobrenatural bíblico de la ira—fuego, humo y azufre—que Dios ha mostrado a lo largo de la historia bíblica. Tercero, ¿qué tanques tienen cabezas de serpiente en lugar de colas? Cuarto, el juicio de la sexta trompeta, como el quinto, libera demonios para atormentar a la humanidad. Esto significa que los cuatro generales, su ejército y sus corceles también deben ser demonios. Quinto, si Satanás es el comandante supremo de este ejército, ¿por qué iba a eliminar el reino del Anticristo, que él gobierna? Podría estar intentando aniquilar a los santos de la Tribulación, pero siguen sellados y protegidos por Dios. Y sexto, no es el momento adecuado para que el ejército del Oriente marche hacia Armagedón para reunirse al final de la Tribulación (Ap. 16:12-16).

La Verdadera Tragedia

La verdadera tragedia de esta plaga demoníaca, autorizada por Dios y llevada a cabo por los ángeles de los juicios de las trompetas, no reside en el recuento de víctimas. Más trágico que incluso mil millones de personas incineradas por monstruos de las profundidades, como algún tipo de kaiju de la película Guardianes del Pacífico, es el triste estado de los corazones de los tres mil millones de supervivientes restantes.

Lo que Juan reveló a continuación en Apocalipsis 9:20, para mí, destaca como el versículo más desalentador de toda la Biblia: “Los demás hombres, los que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos ni dejaron de adorar a los demonios y a las imágenes...”. Años antes, cuando la gente se escondía en cuevas para escapar del juicio del sexto sello, el mundo admitía que detrás de la ira estaba el Cordero, y Su juicio servía como un llamado claro para que el pueblo se arrepintiera (Ap. 6:12-17).

Algunos respondieron con arrepentimiento, pero muchos más no. ¿Se arrepentirán finalmente ante el ataque de los señores demoníacos? ¡Ni siquiera esta vez! En cambio, los supervivientes seguirán adorando a los mismos demonios que los están masacrando. Una locura, ¿verdad?

¿Por qué la gente sigue adorando a sus torturadores demoníacos en vez de correr hacia Jesucristo para ponerse a salvo? El profeta Jeremías reveló la trágica razón cuando él dijo que el corazón es engañoso más que todas las cosas y perverso (Jeremías 17:9).

“El corazón humano es lo más engañoso que hay, y extremadamente perverso” (Jer. 17:9; NTV).

Junto con la idolatría, la expresión externa de la adoración demoníaca, Juan enumera cuatro pecados adicionales en Ap. 9:21 que los malvados se negarán a abandonar. Estos cinco pecados caracterizan el comportamiento durante la Tribulación: idolatría, asesinato, brujería, inmoralidad sexual y robo.

La gente se negará a arrepentirse porque son adictos. Los seguidores del Anticristo están enganchados a su próximo subidón, ya sea a través de drogas, magia o perversión sexual. Estos maníacos adictos al mal roban y matan para satisfacer sus pasiones más viles. En lugar de reconocer las maravillas plenas del amor y la gracia inigualables de Jesucristo, estos habitantes del diablo rechazarán Sus riquezas espirituales invaluables y se aferrarán a los placeres fugaces e insatisfactorios del pecado. Trágicamente, durante la Tribulación, los no redimidos degenerarán en seres tan malvados como demonios.

Así que atiende el llamado de Cristo a arrepentirte y vuélvete a Él para tu salvación. No te enfrentes a un futuro en el que puedas degenerar en una criatura tan miserable y sufrir una eternidad de castigo en el Lago de Fuego.

*Todas las referencias bíblicas fueron tomadas de la RVR1195 (a menos que se indique lo contrario).


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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Video: Un Vistazo al Libro del Apocalipsis


En este programa, Graciela expone una reseña del libro de Apocalipsis en aproximadamente media hora. 

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martes, 16 de junio de 2026

Revista Farolero: Mayo–Junio 2026 (pdf)

Sellado o Sellos

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Estimados lectores:

Compartimos la edición correspondiente a mayo-junio 2026 de la revista Lamplighter (Farolero), la cual es producida bimestralmente por el Ministerio Cordero y León.

Temas incluidos en esta edición:

»» El Juicio del Sexto Sello
»» Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis
»» El Cordero y el León
»» ¿Reaccionar o Responder?
»» Señales de los Tiempos

Entre otros.

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)


 
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sábado, 23 de mayo de 2026

Sellado o Sellos (Parte 2 de 2)

¿Qué hay en tu futuro?

 Tim Moore


Sellados para Ira

Es difícil comprender cómo alguien podría entender la bendición que Jesús ofrece y elegir la maldición en su lugar. Pero, a lo largo de las Escrituras, hay una clara distinción entre los que escuchan Su voz y los que rechazan la gracia, la misericordia y el amor de Dios. A través de Moisés, Él dijo,

A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, de que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia, amando a Jehová, tu Dios, atendiendo a su voz y siguiéndolo a él…” (Dt. 30:19-20).

Sin embargo, como el faraón, muchos, si no la mayoría, endurecerán sus corazones y sellarán su propio destino mediante su rebelión impenitente. Quienes estén vivos cuando comience la Tribulación serán sometidos a la derramada ira de Dios mientras Él administra justicia, derrama Su ira (sin olvidar la misericordia) y orquesta su propósito para llevar al pueblo judío al límite de sí mismos.

Cuando Jesucristo—el Cordero digno que fue sacrificado—rompa los siete sellos del libro en manos del Padre, se desencadenarán sucesivas oleadas de devastación. En rápida progresión, ellas son:

Primero — Un jinete con un arco y una corona en un caballo blanco, enviado para conquistar.


Segundo — Un jinete con una gran espada en un caballo rojo, enviado para provocar la guerra.


Tercero — Un jinete con una balanza en un caballo negro, enviado para desatar el hambre.

Cuarto — Un jinete llamado Muerte en un caballo ceniciento, con autoridad para matar a una cuarta parte de la humanidad.


Quinto — Un clamor de los mártires en el Cielo para que su sangre sea vengada.



Sexto — Calamidades naturales, incluyendo un gran terremoto y oscurecimiento del sol y la luna.



Séptimo — Silencio en el Cielo, antes de que un incensario sea arrojado a la Tierra causando truenos, relámpagos y un terremoto.


Algunos han afirmado que estos juicios no representan la ira de Dios porque esa expresión no se usa hasta Apocalipsis 16, cuando se derraman “siete copas de la ira de Dios”. Pero esa es una distinción sin importancia. El instigador que autoriza y establece los parámetros de los Juicios de los Sellos es Jesucristo. Al primer jinete se le da una corona, al segundo se le da una espada, y al cuarto se le da autoridad para matar con la espada, hambre, pestilencia y bestias salvajes. (Me recuerda a la sorpresa de los discípulos al darse cuenta de que “hasta los vientos y el mar le obedecen” [Mateo 8:27]—por no hablar del reino demoníaco).

Al romperse el sexto sello, miles de millones estarán muertos (según la población mundial actual). Sin embargo, la rebelión continúa sin disminuir, ya que “los reyes de la tierra, y los grandes, los comandantes, los ricos, los poderosos, y todo siervo y todo libre” se esconderán en las cuevas y entre las rocas de las montañas (Ap. 6:15). Su testimonio, capturado en los versículos 16 y 17, confirma nuestra comprensión de que la ira que están experimentando proviene de Dios. Clamarán: “Caigan sobre nosotros y escóndannos de la presencia de Aquel que está sentado en el trono y de la ira del Cordero. Porque ha llegado el gran día de la ira de ellos, ¿y quién podrá sostenerse?”.

Esa pregunta retórica sugeriría que nadie puede permanecer, pero el capítulo 7 del Apocalipsis nos dice lo contrario. Como ya he explicado, Juan describe a un ángel “que tenía el sello del Dios vivo” que emite órdenes de restricción a otros cuatro seres angelicales que están en los cuatro ángulos de la Tierra. Aunque se les había autorizado a dañar la Tierra y el mar, se les dice que esperen hasta que los siervos de Dios sean sellados.

Luego, comenzando en el versículo 9, Juan registra que, después de estas cosas, vio “una gran multitud, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos, y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero…”. Esto nos remonta a otra pregunta retórica planteada por el Rey David: “¿Quién merece subir al monte del Señor? ¿Quién merece llegar a su santuario?” (Salmos 24:3; RVC). David responde a su propia pregunta:

Sólo quien tiene limpias las manos y puro el corazón; sólo quien no invoca a los ídolos ni hace juramentos a dioses falsos. Quien es así recibe bendiciones del Señor; Dios, su salvador, le hace justicia! (Salmos 24:4-5).

David comprendió correctamente que la salvación proviene sólo de Dios, quien lava a los suyos tan blancos como la nieve, limpiándolos de toda injusticia y acreditándoles la bendición de la justicia.

Por el contrario, aquellos que soportan la ira de Dios durante la Tribulación—comenzando con los Juicios de los Sellos—están siendo castigados porque no obedecieron al Hijo creyendo en Él, sino que eligieron permanecer bajo esa justa, terrible y justificada ira. Y aunque aquellos que parten de esta vida antes de la Tribulación puedan escapar de los diversos juicios durante esos siete años, ellos también serán juzgados ante el Gran Trono Blanco y serán condenados a un sufrimiento eterno apartados de Dios.

En ese sentido, los horrores de los Juicios de los Sellos, las Trompetas y las Copas palidecerán en comparación con el terror interminable que espera a aquellos que han rechazado el sello de Dios.

¡Elige Ahora, antes de que sea Demasiado Tarde!

Ni siquiera las alarmantes palabras que he elegido pueden describir adecuadamente los Juicios de los Sellos y el sufrimiento eterno que espera a quienes rechazan a Cristo. Como hemos dicho muchas veces, es un destino que no le desearíamos ni a nuestro peor enemigo—porque Dios amó tanto a esas almas perdidas que envió a Su propio Hijo por ellas. (Contrasta ese amor compasivo con la actitud del Papa Gregorio I, quien dijo que los cristianos deberían anticipar con entusiasmo mirar desde el Cielo a través del abismo para “disfrutar de las agonías de sus hermanos en el fuego eterno”).

Qué contraste tan despreciable con el amor de Dios, quien dijo: “Vivo yo, dice Jehová, el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino y que viva. ¡Volveos, volveos de vuestros malos caminos!” (Ez. 33:11). Incluso ahora, mientras Cristo tarda, el Señor está demostrando Su paciencia misericordiosa porque no desea “que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P. 3:9).

Mi oración es que la advertencia dentro de este artículo penetre el corazón de cualquier lector que aún no esté sellado por Dios. Mientras tengas aliento, todavía no es demasiado tarde para volverte a Cristo y ser salvo. Si Lo rechazas, en lugar de ser sellado por Él, soportarás Su ira mientras desata los Juicios de los Sellos.

Elige este día—y por favor, elige sabiamente.


Lea la parte 1 aquí


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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viernes, 22 de mayo de 2026

Sellado o Sellos (Parte 1 de 2)

¿Qué hay en tu futuro?

 Tim Moore


El Libro del Apocalipsis comienza con un gran aliento y una afirmación inquebrantable de Jesucristo como Señor de todo. Él es “el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra” que nos ama tanto que “nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre” (1:5). El libro se presenta como Su propia revelación, “que Dios le dio para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto” (1:1).

Se ofrece gracia y paz “de parte del que es y que era y que ha de venir” (1:4).

Juan registró fielmente la visión que tuvo en la Isla de Patmos, así como las siete cartas que Jesús dictó para su distribución a siete iglesias en Asia (actual Turquía) a finales del primer siglo. El capítulo 4 comienza con un “rapto simbólico”, cuando se le dice a Juan, “¡Sube acá!”.

La descripción que Juan hace de Jesús transmite la perspectiva de la profecía cumplida. Jesús es llamado “el León de la tribu de Judá”, “la raíz de David”, “un Cordero [que] estaba en pie, como inmolado, que tiene siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios” (5:5-6). La multitud reunida del Cielo prorrumpe con justicia en cánticos y adoración, celebrando al amado Hijo de Dios, verdaderamente Dios. Su coro debería llenar el corazón de todo seguidor de Cristo que anhela Su venida:

El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Al que está sentado en el trono y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos (5:12-13).

Si el libro de Apocalipsis terminara en el capítulo 5, tendríamos razones de sobra para alabar al Señor. Su aliento y exhortación a la Iglesia se transmitieron claramente en los capítulos 2 y 3, y Su dignidad para recibir alabanza eterna fue confirmada una vez más. Podríamos estar seguros de que Su plan para las edades se está desarrollando conforme a Su voluntad y servir sabiendo que, eventualmente, nos uniremos a la multitud reunida alrededor de Su trono en el Cielo.

Pero el encargo que Jesús le hizo a Juan en 1:19 fue escribir sobre las cosas que había visto (capítulo 1), las cosas que son (capítulos 2 y 3) y “las cosas que sucederán después de éstas”. Con este esquema revelado, lo que sigue a la escena del trono en los capítulos 4 y 5 está claramente destinado a ofrecer un vistazo al futuro no muy distante. Con eso en mente, si fue lo suficientemente importante para Cristo elegir revelar lo que está por venir en la historia humana, podemos comprender con razón que Él espera que prestemos atención a Sus palabras como lo haríamos con cualquier otra.

Para que no haya duda sobre su expectativa al respecto, se nos dice exactamente eso en los capítulos 1 y 22: “Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro” (22:7). La urgencia de prestar atención se deja clara desde el comienzo del libro: “porque el tiempo está cerca” (1:3).

Una Divergencia de Opciones

El libro de Apocalipsis está claramente dirigido a una audiencia específica: los siervos de Jesucristo (1:1). Los destinatarios iniciales eran los cristianos en las Siete Iglesias mencionadas en el texto: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea (1:11). La especificidad de las cartas obviamente se refiere a atributos (tanto positivos como negativos) de esas iglesias en particular. Pero la afirmación y/o reprensión dada a cada una encuentra aplicación en los cuerpos locales de Cristo a lo largo de la Era de la Iglesia e incluso en periodos de tiempo dentro de la Era de la Iglesia.

Es difícil imaginar que los no creyentes encuentren una aplicación a su situación en los primeros cinco capítulos del Apocalipsis, más allá de un deseo general de estar entre aquellos de cada tribu, lengua, pueblo y nación que han sido comprados para Dios por la sangre de Cristo y se les ha dado la promesa de reinar junto a Él en la Tierra (5:9-10).

Pero, en el capítulo 6, la narrativa da un giro dramático. A medida que se rompe un sello tras otro, la acción en el Cielo desata una gran calamidad en la Tierra. Cristo ya no es el Siervo sufriente, manso y humilde de Isaías 53, sino el Digno que rompe los sellos que envían jinetes y catástrofes para infligir gran sufrimiento en la Tierra. Esta realidad por sí sola no coincide con los falsos profetas de la prosperidad que proclaman que Jesús nunca haría daño a una mosca. La imagen aquí es de Jesús ejerciendo la voluntad del Padre para derramar juicio sobre un mundo impenitente y que carece de santos de la Era de la Iglesia que han sido arrebatados en el Rapto. 

En una serie de terrores que atraviesan los Juicios de los Sellos, las Copas y las Trompetas, el marcado contraste presentado en Juan 3:36 es claramente evidente: aquellos que creen en el Hijo ya están gozando de la alegría de la vida eterna con el Salvador, mientras que aquellos que rechazan Su oferta de salvación experimentan la ira que permanece sobre ellos desde el día en que fueron concebidos.

Es ese contraste el que presenta las opciones de todo o nada, de blanco o negro, diametralmente opuestas, a las que toda persona se enfrenta durante esta vida. Realmente es lo suficientemente simple como para resumirse con la simpleza directa de un eslogan:

Esas dos afirmaciones pueden parecer trilladas, pero como diría mi amigo Paul Wilkinson, transmiten una hermosa simplicidad de opciones. Con eso en mente, echemos un vistazo más largo detrás de la Puerta #1 y la Puerta #2.

¿Qué es un Sello?

Juan 6:27 proporciona la primera referencia al sello de Dios. Jesús testifica que Sus discípulos no deben trabajar únicamente por el alimento que perece, “sino por el alimento que permanece para vida eterna, el cual el Hijo del Hombre les dará, porque a Él es a quien el Padre, Dios, ha marcado con Su sello”.

La palabra que se traduce como “sello” es la palabra griega sphragizō, que significa “estampar para seguridad, preservación o certificación”. Podemos visualizarlo como la impresión de un anillo de sello en cera caliente. En este contexto, Jesús estaba afirmando claramente la certificación del Padre acerca de Su autoridad para perdonar pecados y otorgar la vida eterna.

Este es el tipo de sello que Mateo 27:66 indica que se utilizó para sellar la tumba de Cristo: un sello de definitividad que nadie excepto la autoridad legítima se atrevería a romper. Pablo usa esta palabra de manera metafórica en Romanos 15:28, 2 Corintios 1:22 y Efesios 1:13 y 4:30. Luego, en 2 Timoteo 2:19, escribe: “el sólido fundamento de Dios permanece firme, teniendo este sello: El Señor conoce a los que son Suyos, y Que se aparte de la iniquidad todo aquel que menciona el nombre del Señor”. La palabra griega en este caso (sphragis) es un derivado que se refiere específicamente a la impresión estampada, ya sea literal o figurativamente.

La imagen del “libro” en Apocalipsis 5:1, es decir, “escrito por dentro y por detrás, sellado con siete sellos”, transmite exactamente esta imagen. Dado nuestro entendimiento de un “libro” como una publicación encuadernada, una traducción más adecuada sería un rollo, ya que Juan habría visto un instrumento escrito no muy distinto a un rollo de la Torá, pero sellado (como con cera) siete veces. Durante muchos años, la única forma de garantizar la seguridad inquebrantable de una comunicación privada era usar un sello de cera. Sin el sello o la estampilla original, cualquier ruptura del sello no podía ser falsificada. Y, si el firmante original era una persona de gran poder, habría sido impensable que una persona no autorizada rompiera el sello.

Claramente, este es el contexto de Apocalipsis 5 y 6. Nadie sino Jesucristo fue encontrado digno de romper los sellos del libro/rollo sostenido por Dios el Padre. Sólo Cristo había vencido para poder romper los sellos. ¿Vencer qué?, podría preguntar un escéptico. La muerte, por el poder de Su propia autoridad.

El hecho de que Jesús sea digno evoca la alabanza que ya he mencionado. Pero antes de que se rompan los sellos y se desaten las consecuencias, el coro celestial lo alaba por haber redimido a los hombres, quienes han sido hechos para ser un reino y sacerdotes para Dios (Ap. 5:10). Y esa comprensión nos lleva de nuevo a la opción de la Puerta #1 disponible para toda la humanidad: el sello de Dios.

Sellados para Toda la Eternidad

La idea de que Dios sella a Sus siervos surge directamente de Apocalipsis 7:2-3. El ángel que asciende desde el oriente—“que tenía el sello del Dios vivo”—clamó con gran voz, diciendo: No dañéis la tierra, ni el mar, ni los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de Dios. El siguiente versículo describe el número de los que serán sellados: “144,000 sellados de todas las tribus de los israelitas” (7:4). 

Esto plantea una pregunta: ¿Sólo esos 144,000 son sellados por Dios, o se trata de un subconjunto especial de los siervos de Dios a lo largo de la historia humana que son sellados por Él y para Él? Una posible explicación se ofrece durante el toque de la quinta trompeta en Ap. 9. A las langostas demoníacas que emergen del abismo se les dan parámetros estrictos para su tormento y destrucción. Se les dice que no dañen la hierba ni cosa verde alguna ni árbol, “sino solo a los hombres que NO tienen el sello de Dios en la frente” (9:4).

Ésta es la primera indicación de que existen sellos o marcas contrapuestas: una que identifica a una persona como siervo del Dios Altísimo, y otra que marca a otros como leales a la Bestia. Dado que esa nefasta marca (infamemente conocida por su código numérico 666) se describe después del pasaje que revela el sello de Dios, es bastante posible que la marca bestial de Satanás sea una burda imitación del sello sagrado.

La descripción de Pablo a Timoteo captura la esencia del contraste—y la bendición de nuestra seguridad. Porque “el Señor conoce a los que son Suyos”, Él nos sella. El concepto bíblico de siervo también es instructivo. Contrario a cualquier connotación negativa que la palabra “sirviente” pueda tener en nuestra cultura, la Escritura enfatiza la humilde nobleza de tal rol. Abraham, Josué, David, Isaías y el Mesías eran todos referidos como siervos del Señor. Como se describe en Éxodo 21:5-6, un siervo dispuesto llevaría como evidencia permanente su relación con el amo: una oreja perforada.

Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar.  Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. Porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera.

Esta comprensión me lleva a entender que los 144,000 siervos consagrados de Ap. 7 son un grupo especial sellado de las tribus de Israel. Pero todos los que vienen a Jesús, toman Su yugo y encuentran descanso para su alma son sellados como siervos del Altísimo (Mt. 11:28-30). De manera similar, las ovejas de Jesús que escuchan Su voz y le siguen nunca perecerán, porque “nadie las arrebatará de [Su] mano” (Juan 10:27-30). Ya sea que Su sello sea visible a los ojos mortales durante la Tribulación, es reconocible incluso por seres demoníacos (Ap. 9:3-4) y eternamente indeleble. Quizás, como Woody y Buzz Lightyear de Toy Story—y los vencedores de la iglesia de Filadelfia—quienes pertenecen a Cristo tienen el nombre de nuestro Maestro grabado en nosotros para siempre.


Lea la parte 2 aquí

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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martes, 12 de mayo de 2026

¿Reaccionar o Responder?

Lo que Apocalipsis 4-6 Nos Enseña Sobre las Respuestas Escatológicas

Josh Schwartz



Nos sentamos alrededor de la fogata, envueltos en la oscuridad, fascinados por el momento. Mis sentidos estaban alerta y mis pensamientos se clarificaron. Estaba en lo profundo de las montañas de Colorado con veinte de los hombres más influyentes en mi vida. No era nuestro primer viaje, pero sí el más formativo que habíamos hecho juntos.

Danny, nuestro líder, mentor y amigo, estaba enseñando. Al hacerlo, nos estaba proporcionando un marco para cada interacción futura. “La elección es suya, en cada situación, cada interacción, cada momento: deben elegir reaccionar o responder”.

¿Cuál es la Diferencia entre Reacción y Respuesta?

Puede parecer insignificante, pero la forma en que reaccionamos o respondemos es fundamental para navegar por la vida. Las decisiones van y vienen; surgen oportunidades diarias, y cada interacción requiere que reaccionemos o respondamos.
  • Las reacciones suelen ser instintivas, rápidas y emocionales. Una reacción inicial e impulsiva puede meternos en problemas, porque generalmente está impulsada por la carne.
  • Por el contrario, responder significa tomarse un momento, ponderar las opciones en oración y decidir con gracia qué hacer. Piensa en algunas situaciones recientes: ¿cuál es tu tendencia básica? Al reflexionar sobre esos momentos, estoy seguro de que el resultado dependió de si reaccionaste o respondiste.
También considera esto: a medida que nos volvemos más semejantes a Cristo mediante la obra santificadora del Espíritu Santo (Fil. 1:6; 2 Co. 3:18), la esperanza es que incluso nuestras reacciones se vuelvan más semejantes a Cristo, sin que tengamos que pensar en ellas.


Nada Nuevo Bajo el Sol

Este dilema—actuar o responder—no es un fenómeno moderno. La oportunidad de reaccionar o responder trasciende el tiempo, la cultura y el lugar. Las Escrituras están llenas de reacciones y respuestas:
  • Reacciones: Todos sufrimos las consecuencias de la reacción del hombre y su esposa en el jardín (Génesis 3). Vemos cómo reaccionó la nación de Israel cuando los espías regresaron de Canaán (Números 13-14). Vemos una multitud reactiva incitada por los fariseos a clamar por la crucifixión de Jesús (Lucas 23).
  • Respuesta: Alabamos a Dios por la respuesta de Jesús en Su crucifixión: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23:34). Esteban hizo eco de este sentimiento notable en su apedreamiento (Hch. 7:60).
Reacciones y Respuestas en la Tribulación

Hablando en términos escatológicos, el próximo gran evento para los creyentes es el arrebatamiento de la iglesia. Para toda la humanidad, es el Período de la Tribulación (Apocalipsis 6-19), donde todavía veremos a individuos reaccionando:

Los reyes de la tierra, y los grandes, los comandantes], los ricos, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes, y decían a los montes y a las peñas: Caigan sobre nosotros y escóndannos de la presencia de Aquel que está sentado en el trono y de la ira del Cordero. Porque ha llegado el gran día de la ira de ellos, ¿y quién podrá sostenerse?” (Ap. 6:15-17).

Por el contrario, vemos la respuesta de los creyentes en el Cielo ante la Tribulación en la Tierra:

¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios, porque Sus juicios son verdaderos y justos, pues ha juzgado a la gran ramera que corrompía la tierra con su inmoralidad, y ha vengado la sangre de Sus siervos en ella… Entonces los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron y adoraron a Dios, que está sentado en el trono, y decían: ¡Amén! ¡Aleluya!” (Ap. 19:1-4).

Los incrédulos buscan ocultarse y gritar con desesperación; los creyentes se regocijan en la justicia y rectitud de Dios. Incluso en el momento más horrendo de la historia humana en la tierra, todos tienen la decisión de reaccionar o responder.

Un Análisis Más Detallado: Apocalipsis 4-6

Veamos la reacción y la respuesta en Apocalipsis 6, comenzando con el contexto en Apocalipsis 4 y 5.

En Apocalipsis 4, el apóstol Juan es convocado por el Espíritu de Dios a una escena gloriosa—la sala del trono celestial—y presencia cosas que superan la comprensión humana, y mucho más a la descripción. Ve al Padre sentado en el trono, a los seres vivientes adorando continuamente en el trono, y a los ancianos inclinándose en adoración y lanzando sus coronas ante Su trono.


A medida que la escena continúa en el capítulo 5, la visión celestial de Juan se expande. Ve al que está sentado en el trono sosteniendo un rollo con siete sellos. Oye a un poderoso ángel proclamando: “¿Quién es digno de abrir el rollo y romper sus sellos?”. Juan comienza a llorar—de hecho, ¿quién es digno?—pero se le dice: “no llores más”. Uno de los ancianos describe al Digno—el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, el Cordero que fue sacrificado. Los creyentes reconocen a quién se refiere el anciano—es Jesús, Hijo de Dios e Hijo del Hombre. El capítulo concluye con adoración y alabanzas a Jesús.

Sólo Jesús Restaura Nuestra Relación con Dios

¿Por qué es tan importante la dignidad? Poco después de la creación, surgió un problema en Génesis 3: el problema del pecado, definido como la desobediencia a los mandamientos de Dios. El pecado creó una ruptura, una relación rota entre el Dios Creador y la humanidad. Debido a que Dios es santo, justo y perfecto, no puede estar en presencia de seres injustos, impíos o pecadores. Este problema del pecado impulsa la historia humana. El plan de Dios desde el principio era proveer un Sustituto, un Sacrificio perfecto, que quitaría los pecados del mundo para restaurar la relación entre Dios y la humanidad.

Esta restauración se logró a través de la vida perfecta y la muerte sacrificial de Jesús en la Cruz. Sólo Jesús es digno. Él compró la salvación para todos los que ponen su fe en Su sacrificio. Tú también, amigo, puedes recibir una relación restaurada con Dios y tener vida eterna con Él en el Cielo si confías en la obra consumada de Jesús. Te exhorto, si aún no lo has hecho, a  que le respondas a Jesús hoy.

Sellos 1-4: Juicio Derramado

En Apocalipsis 6, Juan, aún en la sala del trono celestial, escribe: “Entonces vi cuando el Cordero abrió uno de los siete sellos” (Ap. 6:1).

Este rollo de siete sellos, que estaba en la mano del Padre en el trono y fue dado al Cordero (Jesús) para abrir, es la escritura de propiedad de la Tierra. Como Creador y Sustentador de todas las cosas, sólo Dios tiene la autoridad para crear, destruir y recrear la tierra y todo lo que hay en ella según Su voluntad. El rollo representa el registro tangible de Su propiedad.

A medida que el Cordero rompe los sellos, la ira de Dios se derrama sobre una humanidad rebelde, que merece juicio y es condenada por un Dios santo debido al pecado. A medida que cada sello se rompe, se revela un aspecto diferente de la ira y el juicio de Dios.

Hay mucho que decir aquí, pero mantengámoslo simple:

1. Cuando se rompe el Primer Sello, aparece un jinete sobre un caballo blanco. Él lleva una corona y va a conquistar. Aunque esta imagen recuerda a Jesús en Ap. 19, no se deje engañar: Satanás es el gran imitador, y este jinete es el Anticristo, enviado como juicio de Dios.

2. Cuando se rompe el Segundo Sello, un jinete sobre un caballo rojo quita la paz de la tierra, haciendo que las personas se maten entre sí (una guerra masiva y mundial).

3. Al abrirse el Tercer Sello, un jinete sobre un caballo negro sostiene una balanza, y las economías del mundo se vuelven un caos. La inflación se dispara y una barra de pan cuesta el salario de un día entero. 

4. Se rompe otro sello, y aparece un cuarto caballo —verde pálido— montado por la personificación de la Muerte, seguido por el Hades. Este juicio reclama la vida de una cuarta parte de la tierra mediante hambruna, enfermedades y bestias salvajes. Con la ruptura de estos cuatro sellos, la muerte, la destrucción y el engaño se extienden por la Tierra como nunca antes. Estos eventos son catastróficos y globales, pero habrá más ira y juicio a medida que se rompan más sellos.

Sello 5: Las Almas del Altar

El Quinto Sello no desata más ira. En cambio, el enfoque se desplaza hacia una respuesta del Cielo. Juan escribe:

Cuando el Cordero abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido muertos a causa de la palabra de Dios y del testimonio que habían mantenido. Clamaban a gran voz: ¿Hasta cuándo, oh Señor santo y verdadero, esperarás para juzgar y vengar nuestra sangre de los que moran en la tierra? Y se les dio a cada uno de ellos una vestidura blanca, y se les dijo que descansaran un poco más de tiempo, hasta que se completara también el número de sus consiervos y de sus hermanos que habrían de ser muertos como ellos lo habían sido” (Ap. 6:9-11).


¿Quiénes son estas almas bajo el altar? Se les da una túnica blanca y se les dice que descansen y esperen a sus demás consiervos, que serían asesinados tal como ellos lo fueron. Estos son santos de la Tribulación, martirizados por su fe. Este martirio ejemplifica la gracia de Dios porque muestra el odio del mundo hacia la verdad, demuestra que algunos creerán en Cristo para la salvación incluso durante el tiempo más destructivo de la historia humana, y aparta a Sus hijos de Su ira. Juan escucha la respuesta de los mártires; ellos se dirigen a Dios como el Señor soberano, santo y verdadero. Reconocen que Él es quien tiene el control, con autoridad sobre todas las cosas. Él es un Dios santo, que imparte justicia en Su ira contra el pecado. Vemos su respuesta sumisa y correcta ante la ira y el juicio de Dios.

Ellos preguntan: ¿Hasta cuándo, oh Señor santo y verdadero, esperarás para juzgar y vengar nuestra sangre de los que moran en la tierra?” (Ap. 6:10). Esto es lo contrario de lo que uno podría esperar; lo más probable es que hayan sido torturados, burlados, avergonzados y decapitados por su fe y lealtad a Cristo, y, sin embargo, no reaccionan con ira ni buscan venganza personal; responden confiando toda venganza al Señor.

La Persecución Llega; Permanecemos Fieles

La respuesta de los mártires proporciona una valiosa perspectiva a los creyentes hoy en día. Debemos perseverar a pesar de la persecución y el odio. Pablo explica: “…todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, serán perseguidos. Pero los hombres malos e impostores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados” (2 Ti. 3:12-13). Como seguidores de Jesús, debemos esperar persecución y engaño en aumento.

Amigos, debemos soportar la persecución y seguir confiando en la Palabra de Dios. Sabiendo que la ira y el juicio vienen, permanezcamos fieles. No sabemos cuándo ocurrirá el Rapto, pero sí sabemos que podemos aprovechar cada día para compartir el Evangelio, teniendo en cuenta que incluso en la Tribulación, ¡algunos creerán en el Evangelio! ¡Alabado sea Dios por Su misericordia!

Sello : La Reacción en la Calamidad

A continuación, Dios revela la reacción de los malvados en el Sexto Sello.

Vi cuando el Cordero abrió el sexto sello, y hubo un gran terremoto, y el sol se puso negro como cilicio hecho de cerda, y toda la luna se volvió como sangre, y las estrellas del cielo cayeron a la tierra, como la higuera deja caer sus higos verdes al ser sacudida por un fuerte viento. El cielo desapareció como un pergamino que se enrolla, y todo monte e isla fueron removidos de su lugar. Los reyes de la tierra, y los grandes, los comandantes, los ricos, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes, y decían* a los montes y a las peñas: «Caigan sobre nosotros y escóndannos de la presencia de Aquel que está sentado en el trono y de la ira del Cordero. Porque ha llegado el gran día de la ira de ellos, ¿y quién podrá sostenerse?” (Ap. 6:12-17).

¿Podría un terremoto mundial ser la causa de todo este caos? Oscuridad, estrellas cayendo, cielo enrollado, fuego, humo, ceniza, edificios derrumbados, montañas niveladas e islas desaparecidas. La calamidad supera la imaginación.


Observa cómo reacciona la humanidad; se esconden y quieren que las piedras caigan sobre ellos para protegerse. Afecta a todos—desde reyes hasta esclavos—nadie escapa de la catástrofe global.

Su reacción es una solución temporal a un problema eterno. Su respuesta inmediata es escapar y buscar seguridad. Saben que es la ira del Cordero, sin embargo, no se humillaron. En cambio, con orgullo, creyeron que podrían encontrar seguridad en cuevas y rocas.

La pregunta es reveladora: “¿Quién podrá sostenerse?”. Reconocen la autoridad y la trascendencia de Dios, pero no reconocen Su gracia a través del sacrificio del Cordero. Jesús está de pie ante el trono, rompiendo los sellos y derramando la ira. Si hubieran aceptado Su sacrificio por su pecado, ellos también podrían estar de pie ante el Santo y Justo Creador. En cambio, reaccionan con miedo que se transforma en enojo a medida que continúa la Tribulación. Debemos notar que la apertura del Séptimo Sello provoca silencio en el Cielo y da paso a la siguiente serie de juicios: los siete Juicios de las Trompetas.

¿Reaccionar o Responder?

Amigos, la elección es suya: ¿reaccionarán o responderán al juicio santo y justo de Dios? Las Escrituras dejan claro que se acerca un tiempo de juicio final debido al pecado. Todos hemos pecado y la paga (retribución) por nuestro pecado es la muerte: muerte espiritual (Ro. 3:23; 6:23). Merecemos castigo, pero Dios anhela tener una relación personal cercana con cada uno de nosotros y ha hecho un camino para que podamos reconciliarnos con Él a través de Jesús.

¿Intentarán orgullosamente salvarse ustedes mismos, o invocarán a Jesús para que los rescate de la ira eterna de Dios y los traiga a una relación con Él? Recuerden, incluso en los peores tiempos de la historia humana, Su gracia y evangelio todavía resuenan, y la oferta de salvación permanece.

Las Escrituras son claras: el mundo se dirige hacia la Tribulación. Ahora es el momento de responder al evangelio de la gracia y compartir la verdad de las Escrituras con un mundo moribundo, destinado al juicio. Te insto a buscarlo mientras puede ser hallado (Is. 55:6) y a decirles a otros estas buenas noticias. ¡Responde hoy!

El pastor Josh Schwartz ahora se desempeña como vicepresidente ejecutivo de Mark Henry Ministries. Tim y Nathan han participado en su podcast “Discerning our Days” (Discerniendo nuestros Días), que ofrece discernimiento bíblico en esta época de confusión. Este artículo transmite la esencia de un pastor: exhortar a los no creyentes a responder con fe a Cristo mientras aún hay tiempo, en lugar de endurecer sus corazones y sellar su destino.

Nota: Todos los pasajes fueron tomados de la NBLA.

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)


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