¿Cuál Escucharás?
A medida que los Juicios de los Sellos dan paso a los Juicios de las Trompetas, las condiciones en la tierra son horribles—y empeoran cada día.
Cuando Cristo comenzó a abrir los siete sellos del libro o rollo que Dios el Padre sostenía (a menudo entendido como el “título de propiedad” de la tierra), primero dio autoridad a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis—el Anticristo, la Guerra, el Hambre y la Muerte. Esos juicios caen sobre la tierra con un efecto devastador, hasta el punto de que un cuarto de la humanidad muere en los primeros ataques de la Tribulación.
Atrapados en la furia del Anticristo se encuentran los seguidores de Jesucristo: los santos de la Tribulación que recuperan la cordura después del Rapto, al comprender Quién está derramando Su justa indignación sobre el mundo rebelde. Las Escrituras dejan claro que la mayoría de los cristianos morirán durante la Tribulación. Estos mártires se hallan bajo el altar de Dios en el Cielo cuando se rompe el quinto sello. El sexto desata otra ola de terror cuando un gran terremoto sacude la tierra, el sol se oscurece y finalmente aparece la tan esperada luna de sangre.
Tras un breve interludio registrado en el Apocalipsis, cuando los testigos judíos proclaman el Evangelio en la Tierra y el Cielo resuena con alabanzas a “nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (7:10), se rompe el séptimo sello. El Cielo guarda silencio mientras el fuego cae sobre la tierra, acompañado de truenos, relámpagos y otro terremotomás. Luego, siete ángeles se preparan para iniciar otra ronda de juicios divinos.WW
Trompetas de Ira
En las Escrituras, el sonido de una trompeta representaba muchas cosas diferentes. Los estudiantes del Antiguo Testamento recordarán que una trompeta sonó mientras Moisés estaba en el Monte Sinaí recibiendo la Ley de Dios (Éxodo 19:16). Esa trompeta simbolizaba la santa presencia de Dios y Su pacto eterno con Israel. Cuando Josué dirigió a los hijos de Israel a rodear Jericó, tocaron shofares (trompetas) cada día. Luego, cuando la trompeta sonó en el séptimo día, Josué les dijo a las personas: “¡Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad!” (Josué 6:16).
También se tocaba una trompeta al comienzo de cada sábado para alertar al pueblo de que había llegado el día de descanso ordenado por Dios. El propio Señor había indicado: “En vuestros días de alegría, como en vuestras solemnidades y principios de mes, tocaréis las trompetas sobre vuestros holocaustos y sobre los sacrificios de paz, y os servirán de memorial delante de vuestro Dios. Yo, Jehová, vuestro Dios” (Nm. 10:10).
Es evidente que que el estruendo ronco de una trompeta—un shofar—era una parte integral y audible de la vida judía. Pero las trompetas que suenan en Apocalipsis 8, 9 y 11 tienen un significado muy diferente. Son trompetas que anuncian el derramamiento de la ira de Dios.
En orden bíblico—y creo que cronológico—son:
Primero – Granizo y fuego, mezclados con sangre, devastan un tercio de la tierra.
Segundo – Algo parecido a una gran montaña es arrojado al mar, convirtiendo un tercio de él en sangre.
Tercero – Un gran meteorito ardiente llamado Ajenjo cae del cielo para contaminar un tercio del agua dulce.
Cuarto – Un tercio del sol, la luna y las estrellas se oscurecen. Las últimas tres trompetas son tan horribles que un águila del cielo grita: “¡Ay, ay, ay de los que habitan en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para tocar los tres ángeles!” (Ap. 8:13).
Quinto – Se abre un abismo sin fondo y una horda demoníaca liderada por el rey demonio, Abadón (o Apolión en griego), es liberada para atormentar a todas las personas que no están selladas por Dios.
Sexto – Se liberan cuatro ángeles para liderar un ejército de 200 millones de jinetes y matar a un tercio de la humanidad con fuego, humo y azufre.
Séptimo – Esta trompeta anuncia la llegada del “reino de nuestro Señor y de Su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos” (Ap. 11:15); esta declaración provoca adoración y alegría en el Cielo, pero presagia otra ronda final de ira que pronto caerá sobre la tierra.
Cualquier persona racional desearía ser liberada de semejante avalancha de sufrimiento. Sin embargo, las Escrituras son claras: incluso los reyes, los grandes hombres, los comandantes, los ricos, los fuertes y todos los esclavos—en otras palabras, todas las personas que continúan rechazando a Jesucristo—reconocerán que están siendo sometidos a “la ira del Cordero”, pero aun así se negarán a arrepentirse y a doblegarse ante Su señorío (Ap. 6:15-17). Al final del capítulo 9, Juan documenta la misma respuesta: los que no mueren de inmediato para el fin de la sexta trompeta “se arrepintieron de las obras de sus manos ni dejaron de adorar a los demonios… y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus robos” (9:20-21).
¿No es curioso que el robo figure junto con otros pecados que parecen más ofensivos? Pero, ¿cuántas personas en este momento le están robando a Dios la alabanza y la gloria que justamente merece? ¿Cuántos de nosotros enterramos nuestros talentos en lugar de invertirlos sabiamente—robándole a nuestro Maestro un retorno justo de los recursos y dones que nos ha prestado?
La oración de intercesión de Habacuc, “Jehová… en la ira acuérdate de la misericordia” (3:2), se ha demostrado una y otra vez. Casi puedo imaginar a Dios Todopoderoso poniendo los ojos en blanco mientras Habacuc pronuncia esa oración, como si Él pudiera haber respondido: “¿Quién crees que SOY?”. Dios había revelado Su Nombre y Su carácter a Moisés: “¡Jehová! ¡Jehová! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, 7 que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado…” (Éxodo 34:6-7).
La Tribulación representa la indignación justa, santa y justificada de Dios contra un mundo malvado y rebelde. Su derramamiento de ira —Su propia ira, y no la de otro— será una demostración de que no dejará sin castigo a los culpables. Pero incluso en medio de la ira, recuerda la misericordia.
Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)






