En el artículo anterior, comenzamos nuestra exploración de cómo lucen los diferentes ángeles, tanto en apariencia como en habilidades. Empezamos con los misteriosos serafines de múltiples ojos. ¡Ahora nos maravillaremos con los poderosos querubines y los ángeles de fuego!
Los Querubines
Me imagino que si Juan hubiera podido mirar por encima de los hombros de los serafines, habría descrito lo que el profeta Ezequiel vio durante su encuentro con el trono de Dios más de 600 años antes: los querubines. Ezequiel escribió: “…y me di cuenta de que eran querubines. Cada uno tenía cuatro caras y cada uno cuatro alas, y figuras de manos humanas debajo de sus alas” (Ez. 10:20-21).
Los Calumniados
Si hay alguna clase de ángel que ha sido malinterpretada, e incluso calumniada, a lo largo del tiempo por la licencia poética de los artistas del Renacimiento y los diseñadores de tarjetas de felicitación, han sido los querubines. Cada Día de San Valentín, estos poderosos ángeles de Dios son degradados a bebés regordetes con pañales que llevan pequeños arcos y flechas en forma de corazón mientras sostienen pancartas con frases cursis. Se han desarrollado muchos mitos alrededor de los querubines, especialmente la idea antibíblica de que cuando los bebés mueren, se transforman en estos seres espirituales parecidos a querubines. ¡Nada podría estar más lejos de la verdad!
Los Poderosos Conductores de Ruedas
Ezequiel relató en detalle su asombroso encuentro con los querubines en sus primeros diez capítulos, y ciertamente no fue un paseo al preescolar. Observó, mientras estaba “…en medio de los cautivos, junto al río Quebar, los cielos se abrieron y vi visiones de Dios” (Ez. 1:1). Lo que vio el profeta cautivo fue “un viento huracanado” “que venía del norte” como una “gran nube, con un fuego envolvente” (Ez. 1:4). “…alrededor de él un resplandor” y “en medio del fuego algo semejante al bronce refulgente” (Ez. 1:4). El ámbar, llamado electro en el Antiguo Testamento—una brillante sustancia metálica compuesta de plata y oro—emanaba de la nube. Grandes relámpagos surgían desde el ardiente horno nuclear. Siglos después, Juan describiría la misma imagen en Apocalipsis 4, identificando la nube que emanaba como Aquel que está en el Trono.
¡Y el trono se movía! Eso es porque el trono de Dios es, de hecho, un carruaje [de guerra]. Ezequiel describió en detalle las cuatro grandes ruedas del trono. Las cuatro ruedas tenían la misma apariencia uniforme, de color berilo (esmeralda o aguamarina). Incluso se les había dado un nombre humilde: “A las ruedas, oyéndolo yo, se les gritaba: ‘¡Rueda!’” (Ez. 10:13). No eran los típicos neumáticos Michelin; estas ruedas tenían “una rueda en medio de otra”, como los lujosos rines giratorios de un Hummer modificado (Ez. 1:16; 10:10). Las llantas eran “altas y espantosas” y “todo estaba lleno de ojos alrededor de sus cuatro ruedas” (Ez. 1:18; 10:12).
La imagen realmente impresionante desconcertó al profeta, porque dentro y al lado de cada una de estas “ruedas dentro de una rueda” estaba un querubín. Estos ángeles cumplían su función como motores de millones de caballos de fuerza, impulsando el trono-carro hacia adelante. Como Secretario de Guerra, Pete Hegseth una vez comentó: “Es completamente inaceptable ver generales y almirantes gordos en los pasillos del Pentágono”. Parece igualmente inaceptable para Dios que querubines regordetes lleven Su trono celestial.
Puedes imaginarte un hámster corriendo en una rueda, pero estos conductores de ruedas angelicales nunca mueven las piernas ni cambian de dirección. Ezequiel estaba sorprendido de que “cuando andaban, se movían hacia sus cuatro costados” “[pero] no se volvían cuando andaban” (Ez. 1:17; 10:11).
Dios es tan poderoso que no gira Su carro; más bien, todo el universo se inclina en la dirección que Dios desea. El alcance del trono-carro es ilimitado, ya que los querubines caminaban “hacia donde el espíritu los llevara”, dondequiera y cuandoquiera que Dios deseara estar presente en el espacio y el tiempo (Ez. 1:12). El trono-carro, por lo tanto, trasciende todas las dimensiones en sus viajes. El trono de Dios puede permanecer en el cielo o, si Él lo desea, aparecer en tu puerta. No hay lugar donde Dios no pueda moldear el universo a Su voluntad.
Las Maravillas Aladas
Según Ezequiel, los querubines parecen tener algunas cualidades semejantes a las humanas. Se parecen a un hombre porque se mantienen erguidos y tienen las piernas rectas. Los querubines también tienen manos que se parecen a las de un hombre. Pero hasta ahí llegan las similitudes humanas, porque también tienen muchas características animales. Sus pies parecen las plantas de los pies de becerros. A diferencia de los serafines, que tienen un solo rostro, cada querubín posee cuatro rostros: un león a la derecha, un buey a la izquierda, y los rostros de un águila y un hombre al frente y atrás.
A diferencia de los serafines, que tienen seis alas, los querubines se limitan a cuatro. “Cada uno tenía dos alas extendidas por encima, las cuales se tocaban entre sí, y con las otras dos cubrían sus cuerpos” (Ez. 1:11). Cuando los querubines batían sus extensas alas, “era como el sonido de muchas aguas, como la voz del Omnipotente… como el ruido de un ejército” (Ez. 1:24). Cada vez que el que está en el Trono da una orden, los querubines bajan sus alas en humilde sumisión, listos para obedecer Su orden divina, mientras el universo se inclina a la voluntad del Todopoderoso.
¡Y la velocidad a la que vuelan los querubines! Ezequiel describió a estos poderosos ángeles como centelleantes “a manera de bronce muy bruñido” y “como carbones de fuego encendidos”, con la apariencia “de antorchas encendidas que se movían entre los seres vivientes” (Ez. 1:7, 13). La mente de Ezequiel se quedaba atónita ante el hecho de que, cuando los querubines corrían de un lado a otro, se movían como un rayo. Aparentemente, ninguna fuerza en el universo puede viajar a las velocidades que los querubines alcanzan, incluso mucho más allá de la velocidad de la luz.
El Todopoderoso se sienta entronizado sobre los querubines. No es de extrañar que los escritores del Antiguo Testamento, al describir el Arca del Pacto, la compararan con un carro en el que Dios se sentaba entronizado sobre el Propiciatorio entre los querubines. Los artesanos que hicieron el Arca de oro esculpieron “…querubines de oro, que con las alas extendidas cubrían el Arca del pacto de Jehová” en su tapa (1 Cr. 28:18). La escena en el templo terrenal, entonces, estaba destinada a representar en miniatura la escena divina del templo celestial de Dios. Allí, los poderosos querubines están listos para llevar el trono del Todopoderoso a través del universo a Su mandato.
Los Ángeles de Fuego
En Apocalipsis 14, se nos presenta a otro ángel maravilloso, posiblemente toda una clase—aquellos que ejercen poder sobre el fuego. Desde la boca ardiente de un ángel de fuego, el mensajero de fuego entregó la orden del Padre a los ángeles encargados de segar a los malvados, diciendo: “¡Mete tu hoz aguda y vendimia los racimos de la tierra, porque sus uvas están maduras!” (14:18). El ángel cosechador obedeció: “El ángel metió su hoz en la tierra, vendimió la viña de la tierra y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios” (14:19). ¡Armagedón!
Qué fascinante es que los poderosos ángeles de Dios puedan controlar los elementos. Lee el libro de Apocalipsis, y te encontrarás con ángeles que dirigen los vientos, cambian las mareas, desplazan las estrellas e incluso alteran el curso del cosmos. Ahora nos encontramos con un ángel con poder sobre el fuego, muy parecido a Johnny Storm, de los cómics de los Cuatro Fantásticos.
Para sobrevivir a la reentrada en la atmósfera de la Tierra, los transbordadores espaciales pueden soportar temperaturas de hasta 1,650°C, mediante el uso de un sistema de protección térmica hecho de carbono reforzado y otros azulejos de aislamiento compuesto refractario fibroso. Para soportar el calor abrasador, ¿acaso el ángel de fuego también usa ropa aislante, o tiene la piel de teflón, o está hecho de energía de plasma sobrecalentada? ¿Lo afectaría siquiera el núcleo de nuestro sol, a 15 millones de grados Celsius?
Realidades Celestiales más allá de la Imaginación
Los serafines, los querubines y los ángeles de fuego realmente desafían mi limitado entendimiento de los poderosos ángeles de Dios. Muchos de ellos existen como fuerzas de la naturaleza, no como seres de carne y hueso. Estas criaturas celestiales son tan extrañas y, a la vez, tan maravillosas que superan toda explicación. Y pensar que algún día, quienes llamamos a Jesús Salvador y Señor llegaremos a conocerlos personalmente.
Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)
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