jueves, 23 de mayo de 2024

Video: Las 9 Guerras de los Tiempos del Fin – Introducción

Éste es el primer programa de una serie que estará basada en el revelador libro escrito por el Fundador del Ministerio Cordero y León, el Dr. David R. Reagan.

Los invito a suscribirse al canal “Profecías, Misterios y Otras Cosas”, y activar las notificaciones, para que puedan recibir las alertas cada que vez que se publique un nuevo video. También, los animo a compartir estos videos con sus contactos.  

Recursos recomendados:

lunes, 20 de mayo de 2024

Libro: El Pueblo Judío – Capítulo 4 (parte 3 de 3)

Los Horrores del Holocausto

Por Dr. David R. Reagan


Haga clic sobre la imagen para ir al Índice

Promesas de Esperanza

Creo que también es importante notar que las advertencias de Dios en las Escrituras acerca de un futuro Holocausto siempre van seguidas por declaraciones de esperanza, prometiendo que el pueblo judío sería preservado a través de sus sufrimientos.

Por ejemplo, siguiendo la profecía de Moisés en Deuteronomio 28, de que su pecado finalmente resultaría en su dispersión y persecución por todo el mundo, Dios inmediatamente les proporcionó una gloriosa declaración de esperanza en el capítulo 30:

1) Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepintieres en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado Jehová tu Dios, 

2) y te convirtieres a Jehová tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, 

3) entonces Jehová hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Jehová tu Dios. 

4) Aun cuando tus desterrados estuvieren en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá Jehová tu Dios, y de allá te tomará; 

5) y te hará volver Jehová tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y será tuya; y te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres.

¡Qué asombrosa declaración de amor! El punto es que Dios disciplina a aquellos a quienes ama. El autor de la carta a los Hebreos en el Nuevo Testamento enfatiza este punto en el capítulo 12:

5) [Citando Job 5:17; Proverbios 3:11 y Salmos 119:75] Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él;

6) Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.

7) Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?

8) Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.

11) Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Una vez más, cada vez que en las Escrituras hebreas encontramos terribles advertencias de juicio, esas advertencias siempre van seguidas de promesas de esperanza. Un ejemplo clásico se puede encontrar en Jeremías 30, donde se da una profecía sobre el terrible sufrimiento que el pueblo judío soportará durante la Gran Tribulación, a la que se hace referencia en este pasaje como “el tiempo de angustia de Jacob” (versículo 7). Antes de que el pasaje concluya, Dios da esta increíble promesa en el versículo 11:

Porque yo estoy contigo para salvarte, dice Jehová, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.

La Fidelidad de Dios

Dios ha sido fiel a todas Sus promesas. Él dijo que el pecado persistente y sin arrepentimiento por parte de Su Pueblo Escogido resultaría en una dispersión y persecución mundial, y así fue. Dijo que preservaría al pueblo judío y castigaría a sus perseguidores, y eso es precisamente lo que ha hecho.

Ninguna otra nación se ha dispersado por el mundo y ha sido capaz de conservar su identidad. Los enemigos de Israel mencionados en la Biblia son voluminosos — los asirios, los babilonios, los romanos, los cananeos, los hititas — y la lista sigue y sigue. ¿Dónde están hoy? En el basurero de la historia. ¿Dónde están los judíos? Reunidos en su tierra natal.

¿Dónde estaba Dios en el Holocausto? Él estaba con Su Pueblo Escogido. Él lloraba por ellos, y escuchaba sus oraciones. Isaías proclama que cuando el pueblo judío es afligido, Dios es afligido (Isaías 63:9).

Dios respondió a las oraciones de los que estaban en los campos de exterminio preservando al pueblo judío y destruyendo a sus torturadores nazis. Alemania quedó devastada y todos los principales líderes nazis se suicidaron o fueron arrestados, juzgados, condenados y sentenciados a prisión o a muerte.

De las cenizas del Holocausto surgió una nación judía revivida con renovada determinación. Estaban decididos a no volver a marchar pasivamente hacia los hornos. Estaban decididos a crear su propia nación con su propio gobierno. Y eso es exactamente lo que sucedió cuando se proclamó el Estado de Israel en Tel Aviv, el 14 de mayo de 1948.

Incluso los portavoces judíos han reconocido que algo bueno salió del Holocausto. Tomemos, por ejemplo, a Elie Wiesel, el famoso sobreviviente del Holocausto del campo de exterminio de Auschwitz, que se convirtió en la voz judía del Holocausto a través de sus perspicaces escritos, y que fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1986.

En un discurso pronunciado en Jerusalén en los años 1980, Wiesel dijo:9

Si no hubiera sido por la misericordia del Señor, que nos dejó un remanente para ver este día de nuestra redención, todos hubiéramos sido como Sodoma y Gomorra. Y no olvidemos que nuestra generación que vio la página más oscura de nuestra historia, también vio la página más brillante: el regreso a Eretz Israel y Jerusalén.

Jan Willem van der Hoeven, Director del Centro Internacional Sionista Cristiano en Jerusalén, ha hecho una observación similar: “Si no hubiera sido por el Holocausto, las Naciones Unidas nunca habrían alcanzado una mayoría que estuviera de acuerdo con el renacimiento del joven Estado de Israel”.10

Un Objetivo Incumplido

Lo único que el Holocausto no logró fue persuadir al pueblo judío para que volviera sus corazones a Dios, confiara en Él con fe y aceptara a Su Hijo como su Mesías.

El Estado moderno de Israel es un Estado muy secular. La mayoría de sus ciudadanos son ateos o agnósticos. Muy pocos son judíos observantes. Aún menos son judíos ortodoxos.

Ésta es la razón por la que la Biblia enseña que hay otro Holocausto esperando al pueblo judío en el futuro (Zacarías 13:7b-9). Ocurrirá durante los últimos tres años y medio de la Tribulación, cuando Satanás inspirará al Anticristo a aniquilar a los judíos. Será el último vítor de Satanás. Matará a dos tercios de los judíos, pero el resto será llevado al fin de sí mismo y volverá sus corazones a Dios. Y, en ese glorioso día, recibirán a Jesús como su Mesías. El profeta Zacarías describe este evento en el capítulo 12, versículo 10 de sus profecías citando a Dios diciendo:

Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.

El resultado de este arrepentimiento se describe en Zacarías 3:1 de la siguiente manera:

En aquel tiempo habrá un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia.

La fuente de la sangre de Jesús será aplicada al remanente judío, permitiéndoles reconciliarse con Dios para que Él pueda cumplir todas las promesas que ha hecho de que un día los establecerá como la primera nación del mundo a través de quien todas Sus bendiciones fluirán.


Lea la parte 1 aquí

Lea la parte 2 aquí

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

If you are interested in getting the book, please click on the image below:

jueves, 9 de mayo de 2024

Libro: El Pueblo Judío – Capítulo 4 (parte 2 de 3)

Los Horrores del Holocausto

Por Dr. David R. Reagan


Haga clic sobre la imagen para ir al Índice

El Sufrimiento de los Justos

Podemos comprender el sufrimiento de los que viven en rebelión contra Dios, pero ¿qué pasa con el sufrimiento de los justos? ¿Por qué a la gente buena le pasan cosas malas?

El apóstol Pablo es un buen ejemplo de esta pregunta. Fue un hombre que dedicó su vida a servir al Señor y, sin embargo, sufrió mucho en el proceso. Aquí hay una poderosa descripción que escribió en 2 Corintios 11 acerca de sus sufrimientos:

24) De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. 

25) Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; 

26) en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; 

27) en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; 

28) y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias.

Pablo también sufrió algún tipo de aflicción corporal a la que llamó “un aguijón en la carne” (2 Corintios 12:7).

Y cuando Pablo clamó a Dios: “¿Por qué a mí, Señor?”, la respuesta que recibió fue: “Bástate mi gracia...” (2 Corintios 12:9). De nuevo, una respuesta muy dura que llama al ejercicio de la fe.

No hay duda de que, a menudo, sufrimos como resultado de nuestros propios pecados, pero los ejemplos de Job y Pablo indican claramente que gran parte del sufrimiento que experimentamos en la vida se debe a otras razones.

Jesús mismo indicó esto cuando respondió a una pregunta que Sus discípulos le hicieron después de haber sanado a un hombre que había nacido ciego. Le preguntaron: “Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?”. La respuesta de Jesús fue: “No es que pecó éste ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él” (Juan 9:1-3).

Dios es soberano. Él permite que algunos sufran para glorificar Su nombre y que otros no sufran por la misma razón. Su voluntad soberana es la que determina cada circunstancia. “Por lo tanto, podemos decir con seguridad que ningún sufrimiento carece de un propósito en el plan de Dios, aunque nosotros, como seres humanos finitos, no veamos ese propósito con claridad”.2

Experimentamos sufrimiento por una variedad de razones:

  • Sufrimos porque vivimos en un mundo caído y corrompido por el pecado del hombre.  
  • Sufrimos porque el sufrimiento nos refina en justicia.
  • Sufrimos porque el sufrimiento nos impide enamorarnos de este mundo malvado y, por lo tanto, nos ayuda a mantener una perspectiva eterna, recordándonos que debemos ser peregrinos y extranjeros que pasamos por este mundo hacia una vida mejor en un mundo nuevo y perfecto.
  • Sufrimos porque el sufrimiento nos motiva a apoyarnos fuertemente en el Señor, confiando en Él como nunca antes lo habíamos hecho.
  • Sufrimos porque la fe que demostramos en medio del sufrimiento trae honor y gloria a Dios.
  • Sufrimos por propósitos que sólo Dios mismo conoce.

Dios nunca promete que los justos no sufrirán. Pero lo que Él promete con respecto al sufrimiento es algo glorioso.

Él promete que caminará a través del sufrimiento con nosotros y nos dará la gracia y la fuerza para lidiar con él victoriosamente. En el Salmo 23:4 Él dice que Él caminará con nosotros “a través del valle de sombra de muerte”. En Isaías 43:2, Él promete que pasará con nosotros “a través de las aguas”, y caminará con nosotros “a través del fuego”.

La Voluntad del Hombre vs. la Voluntad de Dios

Hay otra cosa que debemos considerar si queremos entender mejor las terribles tragedias humanas como el Holocausto. Tiene que ver con la voluntad del hombre cuando interactúa con la voluntad de Dios.

La Biblia enseña que el hombre fue creado con libre albedrío. Pero también enseña que Dios es soberano. ¿Cómo se pueden reconciliar estas dos verdades? Se han escrito volúmenes sobre el tema, pero nunca se ha producido una respuesta definitiva. La conclusión es que la reconciliación de los dos es un misterio conocido sólo por Dios.

Lo que sí sabemos es que el libre albedrío del hombre no puede negar la voluntad última de Dios, porque Dios tiene la sabiduría y el poder para orquestar toda la maldad del hombre — y de Satanás — para el triunfo de Su voluntad en la historia. Es por eso que el Salmo 2 describe a Dios sentado en los cielos riendo en respuesta a los líderes del mundo que están agitando sus puños contra Él. Se ríe no porque no le importe. Se ríe porque tiene todo bajo control.

Su sabiduría y poder para orquestar todo el mal para el triunfo de Su voluntad ha sido ilustrado en la muerte de Su Hijo en la Cruz. Satanás había trabajado horas extras para reunir a dos grupos que se odiaban entre sí, los judíos y los romanos, motivándolos a conspirar para matar a Jesús. Cuando Jesús murió en la cruz, Satanás pensó que había logrado su mayor victoria. Pero tres días después, Dios convirtió el acto más cobarde de la historia en el más glorioso, a través del poder de la Resurrección.

Al hablar de la voluntad de Dios, también debemos tener en cuenta que Él tiene tanto una voluntad perfecta como una voluntad permisiva. Esto se puede demostrar fácilmente.

Por ejemplo, considere el hecho de que la Biblia revela que es la voluntad perfecta de Dios que todas las personas sean salvas (2 Pedro 3:9). Sin embargo, en Su voluntad permisiva, Dios permite que las personas lo rechacen y se pierdan.

También podemos ver esto obrando en las profecías bíblicas. Hay una serie de profecías que enseñan claramente que los judíos reconstruirán su Templo en los tiempos del fin y restablecerán su sistema de sacrificios. ¿Expresan estas profecías la voluntad perfecta de Dios? Claro que no. Su voluntad perfecta es que los judíos acepten a Jesús como su Mesías. Pero Él les va a permitir reconstruir su Templo, porque Él va a obrar a través de sus esfuerzos equivocados para llevar a un gran remanente de los judíos a la salvación.

¿Fue el Holocausto la voluntad de Dios? Claro que no. Era la voluntad de Satanás porque, como he señalado antes, odia al pueblo judío con pasión, y está decidido a destruirlo para que Dios no pueda cumplir las promesas que les ha hecho.

¿Es Dios responsable del Holocausto? Sí. Él es soberano, y Satanás no lo es. Satanás no puede infligir sufrimiento sin el permiso de Dios. No nos gusta esta verdad. Preferimos atribuir todas las cosas buenas a Dios y todas las cosas malas a Satanás. Pero la Biblia nunca hace eso. Por ejemplo, todas las calamidades naturales en la Biblia se atribuyen a Dios.

El Sufrimiento del Pueblo Judío

Con estos antecedentes, creo que podemos entender mejor el sufrimiento del pueblo judío. Eso no significa que podamos comprenderlo realmente. Después de todo, debemos tener en cuenta que los caminos de Dios están más allá de nuestra comprensión. Isaías enfatizó este punto muy poderosamente cuando escribió estas palabras en Isaías 55:

8) Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 

9) Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Si pudiéramos entender verdaderamente todo acerca de Dios, Él no sería Dios. Somos finitos; Él es infinito. Siempre habrá acontecimientos en nuestras vidas y en la historia del mundo que no podemos explicar. Es por eso que estamos llamados a vivir por fe y no por vista (2 Corintios 5:7).

Perspectivas Sobre el Holocausto

Hay algunas cosas sobre el Holocausto que necesitan ser enfatizadas — cosas que rara vez se mencionan. La primera es que el Holocausto fue profetizado en la Palabra de Dios. No es un evento que haya tomado a Dios por sorpresa.

Una de estas profecías, muy detallada, se remonta a la época de Moisés, hace unos 3,400 años. Fue pronunciada por Moisés cuando los hijos de Israel se preparaban para entrar en su Tierra Prometida. Se encuentra en Deuteronomio 28.

Moisés advirtió a su pueblo que Dios los bendeciría si eran obedientes a sus leyes y que los maldeciría si eran desobedientes. Procedió a mencionar una gran variedad de maldiciones, incluyendo cosas tales como enfermedades, malas cosechas, confusión del gobierno, epidemias de rebelión y divorcio adolescente, y derrotas en guerras.

Moisés entonces señaló que, si se negaban a arrepentirse en respuesta a estos juicios correctivos, Dios los sometería a Su juicio final, que sería la expulsión de la tierra. En los versículos 36-57 profetiza su cautiverio en Babilonia. En el versículo 64 comienza a hablar de una dispersión mundial, que finalmente resultaría en una persecución sin precedentes:

64) Y Jehová te esparcirá por todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo; y allí servirás a dioses ajenos que no conociste tú ni tus padres, al leño y a la piedra. 

65) Y ni aun entre estas naciones descansarás, ni la planta de tu pie tendrá reposo; pues allí te dará Jehová corazón temeroso, y desfallecimiento de ojos, y tristeza de alma; 

66) y tendrás tu vida como algo que pende delante de ti, y estarás temeroso de noche y de día, y no tendrás seguridad de tu vida. 

67) Por la mañana dirás: ¡Quién diera que fuese la tarde! y a la tarde dirás: ¡Quién diera que fuese la mañana! por el miedo de tu corazón con que estarás amedrentado, y por lo que verán tus ojos.

Los hijos de Israel procedieron a quebrantar las leyes de Dios. Uno de sus errores más graves fue violar la ley que prohibía casarse con mujeres extranjeras. Se les había advertido que esto los llevaría a la idolatría, y así fue (Dt. 7:3-4).

Dios envió los juicios correctivos, tal como lo había advertido, y levantó voces proféticas, como Elías, para llamar al pueblo al arrepentimiento, pero persistieron en su rebelión. Incluso rechazaron a Dios como rey de su nación y exigieron un rey humano, a pesar de las advertencias de que tales reyes los oprimirían seriamente (1 S. 8:4-22). Su persistente rebelión condujo finalmente a la decisión de Dios de permitir que el reino del norte de Israel fuera destruido por los asirios, y que el reino del sur de Judá fuera llevado al cautiverio babilónico.

Cuando llegó el momento de que el reino de Judá fuera disciplinado por los babilonios, el Señor habló del juicio con el corazón quebrantado. Casi se le puede oír llorar mientras se describe su decisión en 2 Crónicas 36:

15) Y Jehová el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo y de su habitación. 

16) Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio.

En Su gracia y misericordia, el Señor dispuso que los judíos regresaran a su tierra natal después de 70 años de cautiverio y, aunque habían sido curados de la idolatría, continuaron despreciando las leyes de Dios, lo que finalmente resultó en su rechazo de Su Hijo como su Mesías. Esto llevó a su segundo desalojo de su tierra, cuando los romanos destruyeron su nación en el año 70 d. C.

Fueron esparcidos por todo el mundo, y fueron perseguidos dondequiera que iban, en cumplimiento de las profecías de Deuteronomio 28, que culminaron en el Holocausto.

Advertencias Contemporáneas

Las advertencias contenidas en las Escrituras no son las únicas que Dios le dio al pueblo judío. A medida que se acercaba el momento del Holocausto, Dios alzó voces proféticas contemporáneas para advertir a los judíos del peligro que enfrentaban.

Esta acción estaba de acuerdo con otro principio sobre el carácter de Dios — a saber, Él nunca derrama Su ira sin previo aviso. En tiempos bíblicos, Él advirtió tanto a Israel como a Judá repetidamente a través de profetas y juicios correctivos antes de permitir que las naciones fueran conquistadas. De la misma manera, envió dos profetas (Jonás y Nahúm) al imperio asirio pagano para advertirle de su inminente juicio. Y Jesús mismo advirtió sobre la destrucción de Jerusalén por los romanos unos 40 años antes de que ocurriera (Mateo 24).

Por lo tanto, cuando el antisemitismo comenzó a cobrar fuerza en toda Europa a finales del siglo XIX, Dios comenzó a levantar voces proféticas que comenzaron a llamar al pueblo judío a regresar a su tierra natal. Uno de ellos fue Eliezer Ben-Yehuda (1858-1922), quien publicó su primer ensayo en 1879. En él, suplicó apasionadamente al pueblo judío que regresara a casa:3

¿Por qué no vemos, todos los que tenemos los ojos tan agudos, que si no nos apresuramos a unirnos, el fin está cerca, el horrible fin de la esperanza de nuestro pueblo de una eventual redención? . . . ¿Cuál es este punto en el que todos podemos unirnos? Es el reasentamiento de la tierra.

Theodor Herzl (1860-1904) creía que la ola de antisemitismo conduciría a la destrucción de los judíos si no se retiraban a un “refugio seguro”. Temía que, si los judíos permanecían en Europa “se produciría un apocalipsis desastroso”.4 Aunque a muchos les cautivó su visión de un Estado judío, muy pocos estaban dispuestos a irse, dejar sus hogares y comprometerse con una vida de precursor en Palestina. Herzl se sintió tan angustiado por su falta de voluntad para prestar atención a sus advertencias que escribió en su diario: “¡Tengo derecho a convertirme en el mayor antisemita del mundo!”.5

El colega de Herzl, Max Nordau (1849-1923) heredó el manto de Herzl cuando murió en 1904, y Nordau continuó proclamando el peligro inminente que enfrentaban los judíos europeos y la necesidad de que escaparan regresando a su tierra natal. Proféticamente, declaró: “Un tercio de ustedes perecerá, un tercio será asimilado y un tercio se salvará al regresar a Sion”.6

La más apasionada de las voces proféticas fue la de Zeev Jabotinsky (1880-1940). Gritó advertencias por toda Europa en las décadas de 1920 y 1930. Su mensaje se resumía en una frase que repetía a menudo: “Liquida a la diáspora, o la diáspora te liquidará a ti”.7

No tengo ninguna duda de que Jabotinsky fue una verdadera voz profética, levantada por Dios para advertir al pueblo judío del inminente holocausto. Considere, por ejemplo, las siguientes palabras que pronunció en un discurso a los judíos de Polonia en 1938:8

Continúo advirtiéndoles incesantemente que una catástrofe se acerca... Mi corazón sangra porque vosotros, queridos hermanos y hermanas, no veis el volcán que pronto comenzará a escupir su lava que todo lo consume. . . ¡En el nombre de Dios! Que cualquiera de vosotros se salve a sí mismo mientras haya tiempo. Y el tiempo es muy poco... Quienquiera que de ustedes escape de la catástrofe, él o ella vivirá para ver el momento exaltado de una gran boda judía: el renacimiento y el surgimiento de un estado judío. No sé si tendré el privilegio de verlo; ¡mi hijo lo hará! Creo en esto porque estoy seguro de que mañana por la mañana saldrá el sol.

Si los judíos hubieran prestado atención a estas advertencias, el Holocausto podría haberse evitado. Tenga en cuenta que, además de enviarles voces proféticas, Dios motivó a los británicos a abrir Palestina a la inmigración a través de la Declaración Balfour en 1917. Y hay que tener en cuenta también que los nazis nunca llegaron a Oriente Medio. Llegaron hasta Grecia en el norte y Egipto en el sur, pero nunca se les permitió llegar a Palestina.

Lea la parte 1 aquí

Lea la parte 3 aquí

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

If you are interested in getting the book, please click on the image below:

jueves, 2 de mayo de 2024

Libro: El Pueblo Judío – Capítulo 4 (parte 1 de 3)

Los Horrores del Holocausto

Por Dr. David R. Reagan


Haga clic sobre la imagen para ir al Índice

En este punto surge una pregunta muy importante: Si Dios no ha rechazado a los judíos, y si realmente los ama, entonces ¿por qué permitió que sufrieran una de las atrocidades más horribles en la historia de la humanidad — a saber, el Holocausto?

No es una pregunta agradable, pero es legítima y debe ser tratada. Y para lidiar con esto adecuadamente, debemos comenzar con una consideración de lo que la Biblia tiene que decir acerca de la naturaleza de Dios y Su relación con el sufrimiento.

El Ejemplo de Job

La mayoría de los eruditos de la Biblia consideran que el libro de Job es el libro más antiguo de la Biblia. Es interesante que este antiguo libro se centre en el problema del sufrimiento. Ezequiel dice que Job fue uno de los tres hombres más justos que jamás haya vivido, junto con Noé y Daniel (Ez. 14:14). Sin embargo, pocos han sufrido como Job.

El increíble sufrimiento de Job fue agravado por sus supuestos amigos que acudieron a él y culparon de todo su dolor y pérdida a sus pecados. Sus acusaciones eran injustificadas, porque el primer versículo del libro de Job dice que era un hombre “íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal”.

Después de una larga y dolorosa discusión con sus amigos, uno de ellos cambió el argumento de los supuestos pecados de Job a una respuesta parcialmente correcta en cuanto a por qué estaba sufriendo. Dijo que el sufrimiento era con el propósito de refinar a Job en justicia (capítulos 32-37).

Llamo a esto una “respuesta parcialmente correcta”, porque la Biblia enseña claramente que el sufrimiento puede refinarnos espiritualmente si nuestros corazones están verdaderamente rendidos a Dios. Considere estas palabras del apóstol Pablo, otro hombre justo que sufrió mucho (Ro. 5):

1) Justificados, pues, por la fe tenemos[a] paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, 

2) por medio de quien también hemos obtenido acceso por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. 

3) Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce perseverancia, 

4) y la perseverancia produce carácter probado, y el carácter probado produce esperanza.

Job sufrió para ser refinado en justicia. Pero había otra razón, más importante y definitiva, para su sufrimiento.

Mientras Job continuaba clamando: “¿Por qué a mí, Señor?”, Dios finalmente respondió a su pregunta con una larga serie de contrapreguntas, constituyendo el discurso más largo de Dios que se registra en la Biblia (Job 38-41). Dios preguntó:

“¿Dónde estabas tú cuando creé los cielos y la tierra?”

“¿Dónde estabas cuando hablé para que existiera el león?  

“¿Dónde estabas cuando colgué las estrellas en el espacio y les di nombres?

En resumen, Dios estaba diciendo: “¿Quién eres tú para cuestionarme?”.

Dios nunca responde a la pregunta: “¿Por qué a mí, Señor?”. En lugar de eso, Él llama a la persona que pregunta a apoyarse en su fe y confiar en que Dios sabe lo que es mejor y que todas las cosas cooperan para el bien de aquellos que conocen al Señor. Por lo tanto, la respuesta final a la razón del sufrimiento de Job fue cumplir los propósitos perfectos de Dios, que no siempre se nos revelan.

El Ejemplo de Habacuc

Un ejemplo clásico de este principio se puede encontrar en el libro de Habacuc. Este hombre fue llamado por Dios para ser profeta de la nación de Judá. En respuesta, Habacuc llamó a la nación al arrepentimiento, advirtiéndoles que, si no se arrepentían, sufrirían el mismo destino que sus hermanos del norte en la nación de Israel, que habían sido llevados cautivos por los asirios.

Pero el pueblo se negó rotundamente a arrepentirse a pesar de las repetidas advertencias del profeta. Finalmente, Habacuc se volvió a Dios con desesperación y clamó: “¿Hasta cuándo, oh Señor, vas a tolerar la maldad de esta gente que se ríe de mis advertencias? ¿Cuándo me vas a validar como profeta disciplinándolos con tu ira?”.

Cuando Dios finalmente respondió a los lamentos de Habacuc, el profeta se sorprendió. Dios le dijo que iba a enviar a los babilonios, “un pueblo furioso e impetuoso”, para conquistar a Judá (1:5-6). Esta revelación llevó a Habacuc a hacer una pregunta teológica perspicaz: “¿Cómo puedes castigar a los que son malos con los que son más malos?” (1:12-13). La respuesta de Dios fue profunda y resuena a través de los siglos. Se cita en el Nuevo Testamento en Romanos 1:17, Gálatas 3:11 y Hebreos 10:38. La respuesta que Dios dio fue: “El justo por su fe vivirá” (2:4).

Fue una respuesta difícil. Pero Dios suavizó el golpe al dejar en claro que Él, a su vez, trataría con los babilonios (2:6-12), lo cual, por supuesto, es exactamente lo que hizo cuando el Imperio Medo-Persa conquistó Babilonia en un día.

El hecho es que Dios a menudo obra a través de las fuerzas del mal en la historia para lograr Sus propósitos. Cuando le reveló a Jeremías que Judá sería conquistada por Babilonia, llamó a los ejércitos babilonios mi “martillo, y armas de guerra” (Jer. 51:20). Y, cuando le dijo a Isaías que Babilonia sería conquistada por los medos y los persas, se refirió a ellos como “mis consagrados” (Is. 13:3).

Sólo Dios tiene el panorama general. Sólo Él conoce el esquema general de la historia. Se nos asegura una y otra vez en Su Palabra que Él es un Dios de justicia (Is. 61:8). Lo que puede parecernos una injusticia a corto plazo, en última instancia obrará para la justicia a largo plazo. Debemos andar por fe, porque “sin fe es imposible agradar a Dios...” (He. 11:6).

La Naturaleza de Dios

Otro de los problemas clave que tenemos al lidiar con el sufrimiento es nuestra visión limitada de la naturaleza de Dios. El cristianismo mismo es parcialmente responsable de esto.

En la predicación cristiana a lo largo de los siglos, el énfasis se ha puesto principalmente en el amor de Dios, lo que ha provocado la pregunta: “¿Cómo puede un Dios de amor permitir el sufrimiento?”.

No hay duda de que el verdadero Creador de este universo es un Dios de amor — algo que nunca se dice en el Corán del falso dios del islam. Dios emerge claramente, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, como un Dios de amor, gracia y misericordia.

Pero ése es sólo un lado de la naturaleza del carácter de Dios. Lo que se ha ignorado es el hecho de que las Escrituras también revelan que Él es un Dios de santidad, rectitud y justicia. Y como tal, Él no puede tolerar el pecado. Él se ve obligado a lidiar con ello, y lo hace de una de dos maneras: con gracia o con ira.

Juan el Bautista destacó este importante punto en uno de sus sermones registrados en Juan capítulo 3. Todos los cristianos están familiarizados con Juan 3:16, que es probablemente el versículo más conocido de la Biblia, pero pocos están familiarizados con Juan 3:36, donde Juan el Bautista proclamó: El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”.

Cada persona sobre la faz de la tierra vive bajo la gracia de Dios o bajo Su ira. Es algo glorioso estar bajo la gracia de Dios; es algo temible vivir como sujeto de Su ira.

Un Ejemplo de Ignorancia Cristiana

La mayoría de los cristianos han escuchado poco, si es que han escuchado algo, acerca de la ira de Dios. Esto me recuerda una ocasión en la década de 1980 cuando me invitaron a ser entrevistado en una estación de radio secular en Oklahoma City. El presentador del programa, que decía ser cristiano, había escuchado una de mis enseñanzas en cinta de casete y había quedado impresionado. Así que me invitaron a ser entrevistado.

Comenzó la entrevista pidiéndome que definiera el propósito de mi ministerio. Le expliqué que es un ministerio que se enfoca en la profecía bíblica, para proclamar el pronto regreso de Jesús. Continué diciendo: “Ese mensaje es como una espada de dos filos. Para el creyente es un llamado a la santidad y a la evangelización; para el incrédulo es un llamado a huir de la ira que está por venir, al huir a los brazos amorosos de Jesús ahora mismo”.

“¿Qué quieres decir con ira?”, preguntó. Le expliqué que en la Segunda Venida de Jesús, Él derramará la ira de Dios sobre aquellos que han rechazado la gracia, la misericordia y el amor de Dios.

“¡Nunca antes había escuchado tales tonterías en toda mi vida!”, exclamó. “¡Jesús es mi Dios, y Él es un Dios de amor que nunca lastimaría a una mosca!”. Entonces proclamó: “¡Tu Dios es un monstruo!”. En ese momento me colgó.

Lo primero que me vino a la mente fueron las palabras de Jesús que dirigió a la iglesia de Tiatira, cuando los llamó a arrepentirse de los pecados que estaban cometiendo al tolerar a una falsa profetisa en medio de ellos. Esas palabras están registradas en Apocalipsis 2:

22) He aquí, yo la arrojo en cama [a la falsa profetisa], y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella. 

23) Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras.

Hasta aquí el Jesús manso y gentil “que no le haría daño a una mosca”.

La Cuestión del Pecado

Simplemente no podemos estar convencidos de que Dios toma en serio el pecado y que tiene la intención de tratarlo de una manera muy seria. Pensamos en Él como el osito de peluche cósmico que hace un guiño a nuestros pecados y que es fácil de convencerr.

No existe tal Dios. El punto de vista bíblicamente equilibrado de Dios se puede encontrar en el libro de Nahúm. Proclama la verdad que se ha enseñado a todos los cristianos: “¡Bueno es el SEÑOR! Es una fortaleza en el día de la angustia y conoce a los que en él se refugian” (1:7). Ésa es una verdad que celebramos y proclamamos al mundo.

Pero Nahúm no se detiene ahí. En el capítulo 1 procede a revelar la naturaleza completa de Dios:

2) ¡Dios celoso y vengador es el SEÑOR! Vengador es el SEÑOR y está indignado. El SEÑOR se venga de sus adversarios y guarda su enojo contra sus enemigos. 

3) El SEÑOR es lento para la ira y grande en poder. De ninguna manera dará por inocente al culpable . . .

Esas son palabras aleccionadoras. Son palabras que rara vez escuchamos desde un púlpito.

“¿Cómo puede un Dios de amor ser también un Dios de ira?”, nos preguntamos. La respuesta, de nuevo, es porque Él es un Dios de santidad, rectitud y justicia, y por lo tanto debe lidiar con el pecado. En realidad, Su amor requiere ira, porque ¿cómo podría un Dios de amor ignorar a un asesino en serie o a un abusador de niños? Él no sería un Dios de amor si dejara el pecado sin castigo.

Una vez más, Dios toma el pecado muy en serio. Él es un Dios santo, y no puede tener comunión con aquellos que son impíos. Debido a la naturaleza caída de la humanidad, somos capaces de racionalizar todos los pecados. Esa es la razón por la que Dios nos dio los Diez Mandamientos — para confrontarnos con nuestro pecado y nuestra necesidad de un Salvador. Y ésa es la razón por la que Él hizo lo impensable al encarnarse, vivir una vida perfecta, y ofrecerse a Sí mismo como sacrificio por nuestros pecados. Él lo hizo para que pudiéramos ser reconciliados con Él a través de la fe en Jesús como nuestra ofrenda por el pecado.

Todos somos pecadores. Ninguno de nosotros es inocente. “No hay justo, ni aun uno” (Ro. 3:10). Y “la paga del pecado es muerte” (Ro. 6:23). Cuando respondemos al sufrimiento diciendo: “¡No me lo merezco!”, olvidamos que lo único que cualquiera de nosotros “merece” es la muerte. Cada respiro que damos es un regalo de la gracia de Dios.

El tema del pecado es tan importante que ha llevado a un observador reflexivo del Holocausto a concluir que es la cuestión crucial para entender lo que sucedió:1

La culpa del Holocausto recae directamente sobre los hombros de la humanidad pecadora. El Holocausto fue el producto de las decisiones pecaminosas tomadas por hombres pecadores en rebelión contra un Dios santo. Si el Holocausto prueba algo, es la depravación total del hombre.


Lea la parte 2 aquí

Lea la parte 3 aquí

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

If you are interested in getting the book, please click on the image below:

Share/Bookmark