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jueves, 23 de abril de 2026

Libro: El Plan de Dios para las Edades (2da. Ed.) – Capítulo 16

 La Tierra en la Profecía

¿Será destruida o es eterna?


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¿Sabía que estamos viviendo en la tierra número tres? ¿Sabía que la Biblia revela que hay dos tierras por venir? ¿Sabía que la Biblia enseña que la tierra es eterna?

Tierra I

La primera tierra fue la que se creó en el principio (Gn. 1:1). Era perfecta en todos los aspectos (Gn. 1:31). Pero, debido al pecado del hombre, Dios puso una maldición sobre la tierra (Gn. 3:17-19).

La Biblia indica que esta maldición alteró radicalmente la naturaleza de la creación original de Dios. En lugar de que el hombre ejerciera dominio sobre la naturaleza, como se planeó originalmente (Gn. 1:26, 28), la naturaleza se alzó en conflicto con el hombre, cuando aparecieron de repente plantas venenosas, animales carnívoros y cataclismos climáticos (como tornados).

Tierra II

La maldición alteró radicalmente la tierra original, pero la Tierra II todavía era bastante diferente de la que vivimos hoy. Hay mucha evidencia bíblica, tanto en Génesis como en Job, de que la segunda tierra tenía un espeso dosel de vapor que protegía la vida de la radiación ultravioleta del sol, produciendo la larga vida registrada en Génesis (véase Gn 2:5-6 y Job 38:8-11).

Toda la tierra era como un invernadero, con una espesa vegetación que crecía por todas partes, incluso en los polos. Probablemente también había sólo una gran masa de tierra.

Una vez más, la rebelión pecaminosa de la humanidad motivó a Dios a cambiar la naturaleza de la tierra (Gn. 6:11-13). El agente de cambio esta vez fue el agua. Parece que Dios hizo que el dosel de vapor colapsara (Gn. 7:11). También hizo que todas las fuentes del gran abismo” brotaran sobre la superficie de la tierra (Gn 7:11).

Tierra III

Al igual que la maldición, el Diluvio alteró radicalmente la naturaleza de la tierra. Éste produjo la Tierra III, la tierra en la que ahora vivimos.

La tierra se inclinó sobre su eje, formando los casquetes polares. La masa de tierra unificada se dividió, formando los continentes tal como los conocemos ahora (por eso encajan como un rompecabezas — véase Gn. 10:25). Y el dosel de vapor se agotó tan completamente, que la radiación ultravioleta comenzó a llegar a la tierra en niveles sin precedentes, lo que resultó en una esperanza de vida muy reducida, primero a 120 años y luego a 70 años.

La Biblia revela que la tierra actual, la Tierra III, volverá a cambiar radicalmente en la Segunda Venida de Jesús. Los agentes de cambio serán terremotos en la tierra y fenómenos sobrenaturales en los cielos.

Los cambios producidos alterarán tan totalmente la tierra y su atmósfera, que Isaías se refiere a los nuevos cielos y la nueva tierra que existirán durante el reinado del Señor (Is. 65:17).

Tierra IV

La Tierra IV —la tierra del Milenio — será muy diferente de la tierra actual. Los terremotos que la producirán serán los más severos de la historia.

Todo valle será alzado, toda montaña será rebajada, y toda isla será movida (Ap. 6:12-14; 16:17-21). Jerusalén será levantada, y el Monte Sion se convertirá en el más alto de todos los montes (Zac. 14:10 y Miq. 4:1).

El dosel de vapor probablemente será restaurado porque la esperanza de vida se ampliará a lo que era al principio de los tiempos (Isaías 65:20,22).

Evidencia adicional de que el dosel de vapor será restaurado se encuentra en el hecho de que toda la tierra volverá a tener una abundante y exuberante vegetación (Is. 30:23-26 y Amós 9:13-14). El Mar Muerto también cobrará vida (Ez. 47:1-9).

Lo más importante es que la maldición se levantará parcialmente, haciendo posible que el hombre se reconcilie con la naturaleza, y que la naturaleza se reconcilie consigo misma. El lobo morará con el cordero, porque el lobo ya no será carnívoro. El niño lactante jugará con la cobra, porque la cobra ya no será venenosa (Is. 11:8).

Tierra V

Pero la última revuelta de Satanás al final del Milenio dejará la tierra contaminada y devastada (Ap. 20:7-9). Por lo tanto, al final del reinado del Señor, Dios quitará a los redimidos de la tierra, los colocará en la Nueva Jerusalén y luego purificará la tierra con fuego (2 P. 3:10-13).

En otras palabras, Dios sobrecalentará esta tierra en un infierno ardiente y luego la remodelará como una bola de cera caliente. El resultado serán los “cielos nuevos y la tierra nueva” profetizados en Is. 66 y Ap. 21.

Ésta será la Tierra V, la tierra perfecta y eterna donde los redimidos pasarán la eternidad en la Nueva Jerusalén en la presencia de Dios (Ap. 21:1-4). La maldición será completamente levantada de esta tierra (Ap. 22:3).

Restauración en el Antiguo Testamento

Dios ama a Su creación, y está decidido a restaurarla a su perfección original.

Este propósito de Dios se reflejó en los ritos del Tabernáculo de Moisés. Cada año, cuando el Sumo Sacerdote entraba en el Lugar Santísimo para hacer expiación por los pecados de la nación, rociaba con sangre el Propiciatorio del Arca, y también el suelo frente al Arca (Lev. 16:15).

La sangre en el Propiciatorio señalaba la promesa de Dios de que un día enviaría a un Mesías que derramaría Su sangre para que la misericordia de Dios pudiera cubrir la Ley e hiciera posible que fuésemos reconciliados con nuestro Creador. La sangre en el suelo apuntaba a la promesa de Dios de que el sacrificio del Mesías también haría posible que la creación fuera redimida.

En el Antiguo Testamento, Is. 11 nos da una hermosa imagen de la creación redimida durante el Milenio. Se nos dice que los animales carnívoros dejarán de cazarse unos a otros y “comerán paja como el buey”. Los animales venenosos también serán transformados. Dejarán de ser peligrosos (Is. 11:6-9; 35:9).

El reino vegetal será igualmente transformado a su perfección original antes de la maldición. El resultado será una increíble abundancia agrícola:

“Ciertamente vienen días, dice Jehová, cuando el que ara alcanzará al segador, y el que pisa las uvas al que lleve la simiente; los montes destilarán mosto…” (Amós 9:13).

El profeta Joel agrega que, “Las eras se llenarán de trigo, y los lagares rebosarán de vino nuevo y de aceite” (Joel 2:24).

La implicación de estos pasajes es que el hombre ya no tendrá que luchar contra la naturaleza, porque las malas hierbas y las plantas venenosas dejarán de existir y las lluvias serán abundantes.

De hecho, Isaías nos dice que las áreas de desierto se transformarán en bosques gloriosos (Is. 35:2) y los desiertos se convertirán en manantiales de agua” (Is. 35:7).

Restauración en el Nuevo Testamento

La promesa de una creación redimida y restaurada se reafirma en el Nuevo Testamento. Pedro se refirió a la promesa en su segundo sermón en el Templo de Jerusalén. Le dijo a su audiencia que Jesús permanecería en el cielo hasta que llegara el tiempo de la “restauración de todas las cosas” (Hch. 3:21).

Pablo desarrolla el tema en Romanos 8:18-23. Declara que toda la creación está en “esclavitud a la corrupción” (v. 21). Ésta es una referencia a lo que los físicos llaman la Segunda Ley de la Termodinámica; es decir, que toda la creación se está agotando, pasando del orden al desorden — que toda la creación está esclavizada por la decadencia.

Pablo luego representa a la creación como una mujer embarazada que espera ansiosamente el momento del parto, cuando la maldición será levantada y la creación será redimida. Él dice que eso ocurrirá en “la manifestación de los hijos de Dios”.

Ésa es una referencia a la resurrección de los santos, un punto que deja claro en el versículo 23, cuando dice que los santos deben anhelar con la naturaleza ese mismo evento, porque es cuando cada uno de nosotros recibirá “la redención de nuestro cuerpo”.

La Tierra Eterna

El Antiguo Testamento tiene poco que decir acerca de la tierra eterna que Dios creará al final del Milenio. Isaías simplemente afirma que tal tierra será provista (Is. 66:22). La única otra referencia de Isaías a una “tierra nueva”, en Is. 65:17, es una referencia a la tierra renovada del Milenio.

En Ap. 21, el apóstol Juan nos da la visión más detallada de cómo será la tierra nueva y eterna. Y, sin embargo, su descripción es tentadoramente vaga. Él hace una referencia críptica al hecho de que ya no habrá mar (Ap. 21:1). Más allá de eso, todo lo que nos dice es que Dios hará “nuevas todas las cosas” (Ap. 21:5).

Una Bendición Gloriosa

Creo que la razón por la que los pasajes sobre la tierra eterna nos dicen tan poco acerca de las características de esa tierra es porque se enfocan en un hecho glorioso que eclipsa cualquier preocupación sobre cómo será la tierra nueva. Ese hecho es que los redimidos vivirán en la presencia de Dios Todopoderoso (Ap. 21 y 22). Le “serviremos” y “veremos Su rostro” (Ap. 22:3-4). Cómo será la tierra palidece en comparación con esta revelación.


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

Estimado lector: Gracias a las ofrendas de amor de nuestros colaboradores, podemos poner gratuitamente a su disposición este material exclusivo de nuestro Ministerio. Si siente de parte del Señor apoyar la labor que su servidor está llevando a cabo, visite nuestra sección Donativos, para descubrir cómo podrá hacerlo.


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miércoles, 11 de febrero de 2026

En un Mundo cada vez más Oscuro, Podemos Encontrar Consuelo en la Profecía Bíblica

Dr. David R. Reagan


Cada mañana, cuando enciendo la televisión, me asaltan noticias de violencia y perversiones sexuales. ¡A menudo siento tanta rabia que me dan ganas de lanzarle algo al televisor!

Mi esposa una vez me dijo que probablemente podría tener un exitoso programa de telerrealidad que se base sólo en grabaciones de video de mí viendo las noticias y reaccionando a ellas apasionadamente.

Entonces, ¿cómo evito caer en la desesperación? Pienso en lo que dice el Salmo 2 acerca de lo que Dios está haciendo en el Cielo. El salmo dice que mientras todos los políticos del mundo levantan sus puños contra Él y se burlan de Su Palabra, ¡Él está sentado en Su trono en el Cielo riéndose! (Salmos 2:4).

¿Por qué se ríe Dios? ¿Es porque no le importa? ¡Jamás! Se ríe porque tiene todo bajo control. Dicho de otra manera, Él tiene la sabiduría y el poder para orquestar todo el mal de la Humanidad y de Satanás para el triunfo de Su Hijo, Jesús.

¿Por qué es esto reconfortante? Porque, si Dios se está riendo, ¿por qué debería yo estar arrancándome los cabellos? En cambio, debería descansar en la seguridad de que Dios tiene todo bajo control.

Además, todos nosotros deberíamos poder encontrar consuelo en el hecho de que la profecía bíblica afirma específicamente que, en los tiempos del fin, justo antes del regreso de Jesús, el mundo se volverá cada vez más oscuro—hasta el punto de volverse tan malvado como la sociedad en los días de Noé (Mateo 24:38-39).

Así pues, el lado positivo del creciente mal en el mundo es que es una señal segura de que estamos viviendo en la época del regreso del Señor. Si revisas Génesis 6, descubrirás que la sociedad de Noé se caracterizaba por la violencia y la inmoralidad.

Ésta es la razón por la que el gran pastor, Adrián Rogers (1931-2005), dijo una vez: “El mundo se está volviendo gloriosamente oscuro”. ¿Cómo puede considerarse “gloriosa” la aceleración del mal? Porque es una señal del inminente regreso de Jesús.

La evangelista judía mesiánica, Jan Markell, ha expresado la perspicaz observación de Adrián Rogers de otra manera. Señalando que la gente siempre le manifiesta tanta preocupación sobre cómo parece que el mundo se está desmoronando, ella dice que responde afirmando: “Es cierto, pero debemos tener en cuenta que, según la profecía bíblica, las piezas están cayendo en su lugar”.

Así que no desesperes. En cambio, regocíjate de que tienes el privilegio de vivir en la época del regreso del Señor. Por lo tanto, mantén tus ojos en Jesús y ten la seguridad de que Él triunfará sobre las noticias.

Y no olvides comenzar cada día orando: “¡Maranata!” (1 Corintios 16:22).


Traducido por Donald Dolmus
En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

Original article:

Recursos recomendados:

lunes, 5 de enero de 2026

La Iglesia en la Profecía

Dr. David R. Reagan


Comentario del Editor:

Desde Pentecostés, cuando el Espíritu Santo energizó dramáticamente el evangelismo de los apóstoles, la Era de la Iglesia terminará cuando Jesús llame a todos los que han confiado en Él: “¡Sube acá!”.

Este artículo clásico de David Reagan captura las promesas cumplidas (y que se están cumpliendo) durante la Edad de la Iglesia. Estas profecías para el Cuerpo de Cristo pronto llegarán a su fin. Y cuando la Iglesia sea removida del mundo, se desatará otra serie de profecías.


Se habla mucho hoy en día acerca de cuán unificada, triunfante y gloriosa será la Iglesia en los tiempos del fin justo antes del regreso de Jesús. Esta imagen optimista de la Iglesia es ciertamente atractiva, pero ésta sólo se corresponde parcialmente con lo que la Biblia profetiza.

Pero antes de que echemos un vistazo a las profecías del tiempo del fin con respecto a la Iglesia, echemos un vistazo a la Iglesia en la Profecía Bíblica en el pasado y presente. 

Profecías del Antiguo Testamento

Algunos teólogos toman la posición de que la Iglesia no está mencionada en las Escrituras hebreas. Esto es, a la vez, correcto y erróneo. Es correcto en que no hay una mención específica de la Iglesia. Pero, por otro lado, la Iglesia es ciertamente insinuada en una serie de profecías en el Antiguo Testamento. 

Insinuar: sugerir, presagiar, profetizar, 

El apóstol Pablo se refirió a cinco de estos pasajes proféticos en Romanos 15, donde justificó su predicación del Evangelio a los gentiles. Citó específicamente:

1. 2 Samuel 22:50 y Salmos 18:49 — Ambos hablan de un tiempo cuando Dios será alabado entre los gentiles (Ro. 15:9).

2. Dt. 32:43 — Que dice que vendrá un tiempo cuando los gentiles se regocijarán con los judíos (Ro. 15:10).

3. Salmos 117:1 — Que dice que habrá un día cuando los gentiles alabarán al Dios de los judíos (Ro. 15:11).

4. Isaías 11:10 — Que dice que cuando venga el Mesías (“la raíz de Isaí”), los gentiles hallarán esperanza en Él (Ro. 15:12).

5. Isaías 52:15 — Que dice que un día los gentiles llegarán a conocer entender al Mesías (Ro. 15:21).

Y éstas son sólo algunas de las profecías del Antiguo Testamento acerca de la futura inclusión de los gentiles en el Plan de Dios para las Edades. Isaías 42:1 dice que el Mesías traerá “justicia a las naciones” [gentiles]. Unos versículos después, Isaías proclama que el Mesías será una “luz de las naciones” [gentiles] (Is. 42:6). Isaías repite esta profecía en el capítulo 49 donde cita a Dios diciendo que Él hará que el Mesías sea “una luz de las naciones [gentiles] para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra” (Is. 49:6b).

Una de mis referencias proféticas favoritas de la futura inclusión de los gentiles en el reino de Dios se encuentra en Isaías 9:1-2, donde el profeta dice que un día Dios hará gloriosa la “Galilea de los gentiles”. Específicamente, declara que “el pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz” [el Mesías]. Otra se encuentra en Isaías 54:1, donde el profeta declara que vendrá un tiempo cuando “los hijos de la desolada [los gentiles] serán más numerosos que los hijos de la casada” [Israel].

La profecía angular acerca de la inclusión de los gentiles en el plan de salvación de Dios se encuentra en el Pacto Abrahámico, que se enumera primero en Génesis 12:1-3. En este pasaje, Dios le dijo a Abraham que a través de sus descendientes “serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. Esa promesa ciertamente incluía a los gentiles.

Cumplimiento de las Profecías

Aunque siempre fue posible que los gentiles fueran salvos durante los tiempos del Antiguo Testamento al responder al Creador en fe (Joel 2:32 y Ro. 2:14-15), su inclusión específica en el Plan de Dios para las Edades no ocurrió hasta el Día de Pentecostés alrededor del año 30 d. C. Esto fue cuando la Iglesia fue establecida. El apóstol Pedro predicó el primer sermón del Evangelio (Hch. 2:14-36), y tres mil almas respondieron. 

Es cierto que todos ellos eran judíos. Es cierto que la Iglesia comenzó con el pueblo judío respondiendo a un mensaje judío acerca de un Mesías judío. Y, por lo tanto, la Iglesia comenzó como lo que parecía ser una secta judía. Pero, a los pocos años de su establecimiento, la Iglesia se abrió a los gentiles, en cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. 

Esto comenzó cuando el apóstol Pedro recibió una visión de Dios que dejó en claro que los gentiles iban a ser incluidos en la Iglesia (Hch. 10:9-15). Ese mismo día, Pedro fue convocado a Cesarea Marítima para predicarle a un soldado romano llamado Cornelio (Hch. 10:19-22). Cuando Pedro compartió las buenas nuevas de salvación con este soldado, él y toda su casa recibieron a Jesús como Señor y Salvador. El Espíritu Santo cayó sobre ellos, y fueron bautizados en el nombre de Jesús (Hch. 10:34-48).

Este evento decisivo causó una crisis en la Iglesia. Algunos cuestionaban si los gentiles paganos deberían ser incluidos o no. Otros argumentaban que si iban a ser incluidos, se les debería exigir someterse a la circuncisión y las leyes de la Torá.

Estas controversias dieron como resultado una conferencia en Jerusalén, donde se decidió que era la voluntad de Dios incluir a los gentiles (Hch. 15:6-29). También se determinó que los gentiles no deberían ser obligados a convertirse en practicantes de las leyes judías. En el proceso, Pedro citó una profecía de las Escrituras hebreas que preveía un día cuando “el resto de los hombres busque al Señor”, incluyendo a “todos los gentiles” (Hch. 15:14-18 en referencia a Amós 9:11-12).

Cerca del final del segundo viaje misionero de Pablo, después de su llegada en Corinto, se enojó con la persistente resistencia de los judíos al Evangelio. Esta frustración lo llevó a declarar, “desde ahora me iré a los gentiles” (Hch. 18:6). Y en los años siguientes, toda la complexión de la Iglesia cambió de una secta judía a una congregación gentil.

La Profecía del Nuevo Testamento

La primera mención específica de la Iglesia en la profecía se encuentra en el Nuevo Testamento en Mateo 16:18, donde se registra que Jesús dijo: “…sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. El contexto de esta declaración deja en claro que la “roca” a la que Jesús se estaba refiriendo era la confesión de Pedro de que Él era “el Cristo [Mesías], el Hijo del Dios viviente” (Mt. 16:16).

Esta profecía por supuesto, se ha cumplido a través de la historia desde el momento en que Jesús pronunció esas palabras. Satanás ha intentado de todas las maneras posibles destruir la Iglesia, primero a través de la persecución, y luego a través de la corrupción interna. Pero Jesús ha sostenido a Su Iglesia hasta el día de hoy y continúa haciéndolo hoy en medio de una creciente apostasía y una creciente persecución mundial.

Creo que Jesús profetizó muy específicamente acerca del futuro de Su Iglesia en las siete cartas que dictó al apóstol Juan en Apocalipsis, capítulos 2 y 3. Las cartas fueron dirigidas a siete iglesias ubicadas en el área del Oeste de la moderna Turquía. Había muchas más iglesias que estas siete. Creo que Jesús seleccionó a estas siete porque representaban siete tipos de iglesias y siete períodos de la historia de la Iglesia. En cada período, los siete tipos de iglesias existirían, pero un tipo predominaría.

La iglesia en Éfeso es representativa del periodo apostólico, del año 30 d. C. al 95 d. C., cuando la iglesia estaba preocupada por la organización y la doctrina, al punto que llegó a ser legalista. 

La iglesia en Esmirna representa la iglesia perseguida o la iglesia mártir que existió desde el año 95 d. C., hasta cerca del año 312 d. C. Es la iglesia que existía en la época en la que el libro de Apocalipsis fue escrito. 

Luego tenemos la iglesia liberal de Pérgamo, representando a la iglesia apóstata que existió desde el año 312 hasta el año 590. Este periodo se desarrolló después que el Emperador Constantino se convirtió y la iglesia y el Estado se soldaron. Como siempre es el caso en tales uniones, el Estado empezó a corromper a la iglesia. 

La iglesia en Tiatira representa el periodo oscuro y pagano desde el año 590 hasta el año 1517, cuando se desarrolló el papado y la iglesia se llenó de prácticas ocultistas babilónicas. 

Cuando llegamos a la Reforma en 1517, pensamos de ella como un tiempo de vida. Pero sólo lo fue parcialmente. La Reforma produjo las iglesias protestantes estatales de Europa — iglesias que tenían la reputación de estar vivas, pero que realmente estaban muertas a causa de su unión con el Estado. Así pues, la iglesia de Sardis, la iglesia muerta, con la reputación de estar viva, representa el periodo posterior a la Reforma, desde el año 1517 hasta cerca de 1750. 

Lo opuesto a Sardis es la iglesia de Filadelfia, la iglesia viva. Representa el periodo de la historia de la iglesia desde cerca de 1750, cuando la iglesia empezó a enviar misioneros por todo el mundo, hasta cerca de 1925, cuando la Escuela alemana de la Alta Crítica invadió los seminarios a nivel mundial y destruyó la fe en la Palabra de Dios de muchas personas. Como resultado, las personas empezaron a ver la Biblia, no como la revelada Palabra de Dios, sino como la búsqueda de Dios por parte del hombre y, por lo tanto, decidieron que estaba llena de mitos, leyendas y superstición. 

La iglesia de hoy está representada por la iglesia de Laodicea, una iglesia que le dice al mundo: “Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad” (Ap. 3:17). Pero Jesús le dice a esa iglesia: “Tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (Ap. 3:17). Es una iglesia mundana, patética y apóstata que ni siquiera deja entrar a Jesús por la puerta principal (Ap. 3:20). 

El mejor resumen de estas cartas que he encontrado es el escrito por John Stott en su libro, Basic Christianity (Cristianismo Básico). Él ve el mensaje de Jesús como de triple naturaleza. A una Iglesia pecadora, Él le dice: “¡Conozco tu pecado, arrepiéntete!”. A una Iglesia que duda, Él le dice: “¡Conozco de tu duda, cree!”. A una Iglesia temerosa, Él le dice: “¡Conozco de tu temor, persevera!”. Arrepiéntete, cree y persevera—ése es un mensaje muy relevante para la Iglesia de hoy.

La Biblia contiene profecías sobre los Tiempos del Fin relacionadas con la Iglesia, tanto negativas como positivas. En el lado negativo, se le advirtió a la Iglesia sobre:

  • Apostasía, ya que “muchos se apartarán” (Mt. 24:10) y “los hombres se aferran a una forma de religión pero niegan su poder” (2 Ti. 3:5)
  • Sectarismo, con muchos siguiendo espíritus engañadores y doctrinas de demonios, e incluso alejándose de la fe (1 Ti. 4:1)
  • Herejía, ya que las personas rechazarán la sana doctrina, pero querrán que maestros rasquen sus oídos para satisfacer sus propios deseos (2 Ti. 4:3-4)
  • Mundanalidad, el resultado inevitable de una Iglesia comprometida y corrompida por el mundo (Ap. 3:14-22)

La mundanalidad es todo aquello que hace que el pecado parezca normal y la justicia parezca extraña. – Kevin DeYoung

  • Juicio, cuando Dios reprende y disciplna a aquellos a quienes ama (Ap. 3:19). Ésta es una de las profecías de los Tiempos del Fin que la mayoría de los maestros de la Biblia están ansiosos por ignorar.

No todas las profecías sobre la Iglesia en los Tiempos del Fin son de carácter negativo. De hecho, hay muchas más positivas— algunas ya visibles hoy y otras que aún se anticipan—y su naturaleza gloriosa eclipsa con creces a las negativas.

  • Lluvia Tardía, la promesa de un gran derramamiento del Espíritu de Dios en los Tiempos del Fin para fortalecer a aquellos que estén receptivos a resistir el ataque de Satanás (Joel 2:28-30 y citado por Pedro en Hch. 2:14-21)
  • Arrebatamiento, la promesa de Jesús de aparecer en los cielos al final de la Era de la Iglesia—resucitando a los muertos en Cristo y llevándose a todos los creyentes vivos, para luego darles todos cuerpos glorificados y eternos (1 Tes. 4:13-18)
  • Recompensas, basadas en el servicio en esta vida (2 Co. 5:9-10 y 1 Co. 3:13-15; 4:5)
  • Celebración, cuando la Iglesia (la Novia) experimente la unión con Jesús (nuestro Novio) en las bodas del Cordero (Ap. 19:6-9)
  • Segunda Venida, cuando la Iglesia regresará a la Tierra con Jesús y será testigo de Su triunfo sobre el Anticristo y sus fuerzas (Ap. 19:11-21)
  • Coronación, seremos testigos de Jesús coronado Rey de reyes y Señor de señores después de que Él entre por la Puerta Oriental y comience a reinar desde el Monte del Templo en Jerusalén (Sal. 24:7-10; Is. 2:1-4)
  • Milenio, cuando los cristianos glorificados reinarán con Jesús durante mil años mientras la Tierra se llena de paz, justicia y rectitud (Ap. 20:1-10; Is. 11:9)
  • Estado Eterno y la Nueva Jerusalén, nuestro “hogar eterno” que Jesús ha estado preparando y que será colocado en la Tierra Nueva al final del Milenio (Jn. 14:1-4), donde los Redimidos vivirán para siempre con su Creador y Salvador (Ap. 21:1-7; 22:1-5).

Conclusión

Como pueden ver, hay tanto malas como buenas noticias para la Iglesia en los Tiempos del Fin. Pero las buenas noticias son mucho mejores que las malas—tan increíblemente gloriosas—que el apóstol Pablo se sintió motivado a declarar:

“Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada” (Ro. 8:18).


¡Aleluya y Maranata!


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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jueves, 1 de enero de 2026

¿Podría Regresar Jesús en 2026? (pdf)

Seis razones por las que todos los cristianos deberían anhelar el pronto regreso de Jesús 

Dr. David R. Reagan

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Fragmento:

Los escritos de los Padres de la Iglesia Primitiva (100 al 300 d. C.), revelan que una de las oraciones más tempranas de la Iglesia era “¡Maranata!” (1 Corintios 16:22). Esa palabra en realidad es una frase aramea que significa “¡El Señor viene!”.

Esta oración expresa un hecho que es confirmado por muchas otras escrituras; a saber, que la Iglesia del primer siglo tenía un ardiente deseo por el pronto regreso de Jesús.

Un Decaimiento del Celo

La Iglesia del siglo XXI parece haber perdido ese deseo. La mayoría de los cristianos profesantes de hoy en día no oran “¡Maranata!”. No anhelan el regreso del Señor. En lugar de estar añorando, están bostezando.

Video: Seis Razones por las que Todos los Cristianos Deberían Anhelar Fervientemente el Pronto Regreso del Señor

Recursos recomendados:

miércoles, 31 de diciembre de 2025

El Mensaje de Salmos 2 (Parte 3 de 3)

¿Estás Preocupado por los Tiempos del Fin?

 Dr. David R. Reagan

Lamplighter on End Times Living


La Gloria del Señor

¿Y cuál será el propósito de todo esto? Hay muchas razones para el reinado milenial de Jesús. Dios va a usar ese período de tiempo para cumplir las promesas que ha hecho a las naciones, a la naturaleza, a un remanente de judíos y a los santos. Pero el propósito fundamental es cumplir Su promesa a Su Hijo de que un día será glorificado en la historia, así como fue humillado en la historia.

Esta promesa es un tema persistente de las Escrituras. Es la esencia de la promesa del Padre en el Salmo 2, y se repite a lo largo de la Biblia, tanto en las Escrituras Hebreas como en el Nuevo Testamento.

El profeta Isaías dice que cuando el Señor regrese en “terror” y en la “majestad de Su gloria”, todos los hombres orgullosos serán humillados, y “el Señor será exaltado en ese día” (Isaías 2:10-11). El nombre del Señor será honrado, y se le llamará “Consejero Admirable, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). Él regresará para manifestar Su gloria ante Sus Santos (Isaías 24:23) y ante las naciones del mundo (Isaías 66:18). 

Pablo afirma este propósito del regreso del Señor en 2 Tesalonicenses 1:10, donde declara que Jesús regresa “para ser glorificado en sus santos” y “para ser admirado por todos los que han creído.”

El Espíritu Advierte

El Salmo 2 comienza con David hablando como profeta, lamentándose de la manera en que los gobernantes del mundo se burlan del Señor. Continúa con el Señor riéndose de los débiles intentos de los hombres por frustrar Su voluntad. Luego, Jesús lo interrumpe con una proclamación de Jesús en la que anuncia la promesa de Su Padre de que Él, el Hijo, algún día triunfará sobre todos los reinos del mundo. 

El salmo concluye con una advertencia dada por el Espíritu Santo:

10) Ahora pues, oh reyes, muestren discernimiento;
Reciban amonestación, oh jueces de la tierra.

11) Adoren al Señor con reverencia,
Y alégrense con temblor.

12) Honren al Hijo para que no se enoje y perezcan en el camino,
Pues puede inflamarse de repente Su ira.
¡Cuán bienaventurados son todos los que en Él se refugian!

La Audiencia

La advertencia del Espíritu está dirigida a los reyes y jueces de la tierra. Es un llamado solemne a los líderes políticos del mundo para que enmienden sus acciones y se sometan ellos y sus naciones a la voluntad del Señor antes de que Él estalle desde los cielos con ira. 

Desafortunadamente, esta dura advertencia parece caer siempre en oídos sordos y corazones endurecidos. La advertencia fue pronunciada hace 3,000 años, y la búsqueda de poder y la corrupción política continúan sin cesar hasta el día de hoy. Los líderes políticos del mundo siguen burlándose de Dios y mofándose de Su Ungido.

Pero un “día de ajuste de cuentas” (Isaías 2:12) se acerca rápidamente, ¡y qué día será! El libro de Apocalipsis dice que en ese día “los reyes de la tierra y los grandes hombres y los comandantes y los ricos y los fuertes...” se esconderán en cuevas y clamarán a las peñas de los montes: “¡Caed sobre nosotros y escondednos de la presencia de Aquel que está sentado en el trono, y de la ira del Cordero!” (Ap. 6:15-16).

El Señor ha retrasado el derramamiento de Su ira porque no desea que ninguno perezca, sino que todos alcancen el arrepentimiento (2 P. 3:9). Pero hay un límite a la paciencia del Señor, y mientras espera, “reserva la ira para sus enemigos” (Nahúm 1:2). El Señor puede ser lento para la ira, pero “de ninguna manera dejará impune al culpable” (Nahúm 1:3).

Pero los líderes políticos del mundo no son el único público al que va dirigido el aviso del Espíritu. La advertencia también está dirigida a los redimidos, porque —como ya he señalado— algún día serviremos como reyes y jueces de este mundo. Así que, que los redimidos tomen nota de lo que estamos llamados a hacer mientras esperamos el regreso del Señor.

Un Llamado a la Adoración

Primero, se nos llama a “adorar al Señor con reverencia” (Salmos 2:11). La palabra hebrea original aquí es “servir” en lugar de “adorar”. Pero me gusta el uso del término adorar, porque enfatiza que nuestra adoración última al Señor se expresa en cómo Le servimos. 

Con mucha frecuencia pensamos en la adoración sólo en términos de lo que hacemos cuando nos reunimos corporativamente como congregación de creyentes. No me malinterpreten: la adoración corporativa es extremadamente importante. Fuimos creados para adorar a Dios (Dt. 6:13), y Dios busca activamente a las personas que Lo adoran en espíritu y en verdad (Juan 4:23).

Pero la adoración suprema se expresa en lo que hacemos cuando dejamos la congregación y regresamos al mundo. ¿Reconocen los que entran en contacto con nosotros que hemos estado en la presencia del Señor? ¿Regresamos de la adoración “para bendecir nuestro hogar”, como fue el caso en la vida del rey David? (2 S. 6:20)

¿Tienes pasión por adorar a Dios? ¿Deseas celebrarlo por lo que es y lo que ha hecho? ¿Y deseas expresar esa adoración no sólo con la alabanza de tus labios, sino también con el trabajo de tu cuerpo y el dinero que has ganado?

Otra cosa: ¿Entiendes que un día, pronto, estarás ante el Señor y serás juzgado por tus obras?

Un Llamado a una Forma Inusual de Regocijo

El juicio futuro que enfrentamos por nuestras obras es la razón por la que el Espíritu expresa Su próximo mandamiento de una manera tan inusual. Nos llama a “regocijarnos con temor” (Salmos 2:11). 

¿Alguna vez has pensado en lo extraño que es este mandamiento? Normalmente, una persona se regocija con risas, bailando, cantando o aplaudiendo. ¿Cómo se regocija uno con temor?

Creo que el mandato se relaciona con la tensión que existe en las Escrituras entre la gracia y las obras. Somos salvos por gracia, y deberíamos regocijarnos por eso y por la culminación de nuestra salvación (la glorificación de nuestros cuerpos), que disfrutaremos cuando el Señor regrese. Pero, al mismo tiempo, deberíamos temblar ante la perspectiva de presentarnos delante de Jesús para que nuestras obras sean juzgadas.

Hay tanto buenas como malas noticias respecto al próximo juicio del Señor sobre los redimidos. La buena noticia es tan buena que a muchos cristianos les cuesta creerla, pero, no obstante, es verdad. La increíble buena noticia es que los redimidos no serán juzgados por sus pecados para determinar si pasarán la eternidad en el cielo o en el infierno.

La razón, por supuesto, es que ya hemos sido juzgados por nuestros pecados. Ese juicio tuvo lugar en la Cruz cuando todos nuestros pecados —pasados, presentes y futuros— fueron puestos sobre Jesús, y Él recibió la ira que nosotros merecemos.

Por eso la Biblia enseña que si estás cubierto por la sangre de Jesús, tus pecados han sido perdonados y olvidados (Isaías 43:25 y Hebreos 8:12). Han sido removidos de la presencia del Señor “hasta donde está el oriente del occidente” (Salmos 103:12-13). Como solía decir Corrie ten Boom, “El Señor ha colocado nuestros pecados en la parte más profunda del océano, y ha puesto un letrero que dice, ‘¡Prohibido pescar!” (ver Miqueas 7:19).

¿Qué significa que el Señor “olvide” nuestros pecados? Significa que nunca se volverán a tomar en cuenta contra los redimidos en relación con la determinación de su destino eterno. Es por eso que el escritor de Hebreos pudo afirmar con confianza que cuando Jesús aparezca por segunda vez, vendrá “para salvar sin referencia al pecado, a los que le esperan con ansias” (Hebreos 9:28). 

Entonces, si nuestros pecados han sido olvidados, ¿cuál será la naturaleza de nuestro juicio cuando nosotros, los redimidos, estemos ante el Señor? Esto nos lleva a la mala noticia que debería hacernos temblar. Vamos a ser juzgados por nuestras obras, no para determinar nuestro destino eterno, sino para determinar nuestros grados de recompensa. Y en cuanto a nuestras obras, se recordarán nuestras deficiencias y fracasos.

Esta noticia es un gran shock para la mayoría de los cristianos, ya que muchos parecen desconocer que sus obras tienen algún significado, y otros no se dan cuenta de que habrá grados de recompensa.

Grados de Recompensa

El concepto de grados de recompensa está claramente expuesto en las Escrituras. En 1 Corintios 3:8, Pablo dice: “Cada uno recibirá su propia recompensa según su labor”. Luego dice que nuestras obras serán probadas por el Señor para determinar su calidad (1 Co. 3:13). Indica que algunos, en efecto, serán salvados ¡como quien escapa con las plumas chamuscadas! Esto se debe a que sus obras no resistirán la prueba del “fuego” del Señor (Su juicio). Así concluye: “Si la obra de alguno se quema, sufrirá pérdida, pero él mismo será salvo, aunque así como por fuego” (1 Co. 3:15). 

Algunas de las últimas palabras que Jesús pronunció en esta tierra tuvieron que ver con grados de recompensa. Esas palabras están registradas en Apocalipsis 22:12 — “He aquí, yo vengo pronto, y mi recompensa conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”.

El Juicio de las Obras

¿Cómo juzgará el Señor nuestras obras? ¿Qué criterios utilizará? 

Creo que el punto de partida serán los dones del Espíritu que recibimos cuando nacimos de nuevo. La Palabra enseña que, en el momento de la salvación, toda persona redimida recibe al menos un don del Espíritu (1 Co. 12:7 y 1 P. 4:10). Algunos reciben más de un don, y otros pueden recibir dones adicionales a medida que se desarrollan en el Señor, especialmente si son buenos administradores de sus dones iniciales (Mt. 25:14-30).

Creo que el Señor nos preguntará a cada uno de nosotros cómo usamos los dones que Él nos dio para el avance de Su reino. Y luego creo que Él pondrá a prueba nuestras obras en términos de cantidad, calidad y motivo. 

¿Y tú? ¿Sabes qué dones te ha dado el Espíritu? ¿Los estás usando para avanzar el reino? ¿Y son puros tus motivos? ¿Estás sirviendo al Señor en el poder de Su Espíritu con el propósito de Su gloria?

Un Llamado al Compromiso

Mientras esperamos el regreso del Señor, debemos “adorar al Señor con reverencia” y debemos “regocijarnos con temblor”. La tercera cosa a la que el Espíritu nos llama es a “hacer homenaje al Hijo” (Salmos 2:12). 

Lo que el hebreo realmente dice aquí es muy claro, pero rara vez se traduce literalmente porque suena tan extraño. Literalmente, las palabras hebreas dicen “Besa al Hijo.”

Durante años me pregunté qué significaban esas palabras. Consulté comentarios y encontré muchas conjeturas, pero ninguna de las respuestas parecía resonar en mi espíritu. Así que continué orando para que el Señor me mostrara el verdadero significado de las palabras.

Un día, mientras leía el libro de Oseas, el Espíritu me impresionó de repente con un versículo en el corazón que me dio la respuesta que había estado buscando. El versículo se encuentra en el capítulo 13. 

Al comenzar este capítulo, Oseas acaba de completar su tour de predicación por Israel, en el que llama al pueblo a arrepentirse de su idolatría. Para su horror, cuando regresa a casa, encuentra a un vecino postrándose ante un becerro de plata, y exclama: “¡Hombres, besan becerros!” (Oseas 13:2) 

Cuando leí esas palabras, el Espíritu dio testimonio a mi espíritu. Inmediatamente pensé en las palabras del salmista: “¡Besa al Hijo!”. De repente, esta extraña declaración cobró un sentido completo para mí.

Verán, si Oseas estuviera vivo hoy y pudiera predicarnos sobre Estados Unidos, creo que diría: “He viajado por toda su tierra para buscar su temperamento espiritual, y les digo que, en todas partes a donde voy, ¡encuentro hombres besando terneros!”.

Sin embargo, sospecho que lo pondría en inglés moderno: “En todas partes a donde voy en esta tierra encuentro hombres besando certificados de depósito en el banco, automóviles cromados y casas audaces. Veo hombres enamorados del dinero, del poder y de la fama. Les digo, tomen todo lo que el mundo tiene para ofrecer, pónganlo a un lado en un montón de chatarra, y pongan a Dios primero en sus vidas. ¡Enamórense de Jesús!”.

Eso es lo que significa “¡Besa al Hijo!”. Es un llamado a comprometer su vida con Jesús, enamorándose de Él y poniéndolo primero en su vida, por encima de la carrera y la familia. Es un llamado a hacer de Él el Señor de todo en su vida: su familia y trabajo, sus esperanzas y sueños, sus pensamientos y palabras, su música, material de lectura, comida, bebida, recreación — ¡todo!

Al hacer de Él tu refugio, serás librado de la ira venidera (Ro. 5:9 y 1 Tes. 5:9), y llegarás a conocer el significado completo de la última línea del Salmo 2: ¡Cuán bienaventurados son todos los que se refugian en Él!

El Mensaje

Dios está en Su trono. Él tiene el control. Hace tres mil años prometió a la humanidad que Su Hijo triunfaría en la historia. Actualmente está cumpliendo ese propósito en la historia.

Dios tiene la sabiduría y el poder para orquestar todo el mal del hombre hacia la victoria de Jesús. El mundo puede parecer fuera de control, pero lo que estamos experimentando son los estertores de muerte de un mundo agotado y los dolores de parto de uno nuevo.

Los eventos del tiempo del fin pueden ser temibles por naturaleza. Pero los creyentes pueden encontrar paz y consuelo en la seguridad del Salmo 2, de que Satanás será derrotado y Jesús triunfará como Rey de reyes y Señor de señores.

Las señales de los tiempos nos dicen que Jesús está en las mismas puertas del Cielo, listo para regresar en cualquier momento y llevar a Su iglesia fuera de este mundo. Mantén tus ojos en Jesús. Vive con una perspectiva eterna. Descansa en la confianza de que, mientras los hombres malvados conspiran y Satanás trama, Dios se sienta en Su trono en el Cielo y se ríe.


Lea la parte 1 aquí

Lea la parte 2 aquí

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

Original article:

Recurso recomendado:

lunes, 29 de diciembre de 2025

El Mensaje de Salmos 2 (Parte 2 de 3)

¿Estás Preocupado por los Tiempos del Fin?

 Dr. David R. Reagan

Lamplighter on End Times Living


El Enfoque del Conflicto

Quizás el ejemplo más claro de la determinación de Satanás de ejercer su dominio en desafío a la voluntad de Dios se encuentra en su oposición al restablecimiento de la nación de Israel.

A lo largo del Antiguo Testamento, Dios promete repetidamente que, en los tiempos del fin, reunirá al pueblo judío desde los cuatro rincones de la tierra hacia la tierra de Israel (véase Is. 11:10-12 y Ez. 36:22-37:12). Dios revela que Su propósito es realizar una obra poderosa en los corazones de los judíos que resultará en que un remanente acepte a Su Hijo como su Mesías (Zac. 12:10, 13:1 y Ro. 9:27, 11:1-6, 25-32).

Satanás odia este propósito de Dios porque odia al pueblo judío con pasión. Su odio se alimenta del hecho de que Dios ha utilizado al pueblo judío como vehículo para bendecir a todas las naciones del mundo. A través de los judíos, Dios dio al mundo las Escrituras. A través de los judíos, Dios dio al Mesías.

Satanás está decidido a destruir al pueblo judío para que Dios no pueda cumplir Su promesa de traer un remanente a la salvación. Ésta es la razón por la que Satanás está orquestando hoy a todas las naciones de la tierra contra Israel. Dios ha levantado una nación que Satanás, como príncipe de este mundo, está decidido a destruir.

Ira Versus Risa

Estoy personalmente indignado por los muchos intentos de Satanás de frustrar y derrotar la voluntad de Dios en Israel y en toda la Tierra hoy. A menudo me siento tan frustrado que quiero gritar: “¿Hasta cuándo, oh Señor, santo y verdadero, te abstendrás de juzgar y vengar?”, enviando a tu Hijo de regreso para reinar con gloria, majestad, justicia y rectitud? (Ap. 6:10) 

La única manera en que puedo contener mi ira es recordándome a mí mismo lo que Dios está haciendo en el cielo, mientras me enfurezco por los complots de Satanás en esta tierra. ¿Sabes lo que dicen las Escrituras que Dios está haciendo?

¡Él se está riendo! Sí, Dios está sentado en Su trono riéndose, no porque no le importe, sino porque tiene los eventos del mundo bajo control. Esto puede ser difícil de creer, pero puedo demostrártelo. Volvamos al Salmo 2.  

Dios se Ríe

4) El que se sienta como Rey en los cielos se ríe,
El Señor se burla de ellos.

5) Luego les hablará en Su ira,
Y en Su furor los aterrará, diciendo:

6) “Pero Yo mismo he consagrado a Mi Rey
Sobre Sion, Mi santo monte”.

Dios se ríe de Satanás y de todos los políticos aliados con él mientras intentan frustrar los propósitos de Dios en la historia. Se ríe por tres razones.

Primero, el pasaje dice: “El Señor se burla de ellos”. El hebreo aquí significa literalmente que “el Señor los tiene en escarnio”.

En resumen, esto significa que no importa lo que haga Satanás, Dios se asegura de que le salga mal para la gloria de Jesús. Salmos 76:10 dice que incluso “la ira del hombre” será para la alabanza de Dios.

La Frustración de Satanás

En este sentido, Satanás debe ser la persona más frustrada del planeta. Todos sus planes fracasan. Tarde o temprano, todas sus conspiraciones se desmoronan. 

La Cruz es el ejemplo clásico. Satanás pensó que había logrado su mayor victoria. En cambio, resultó ser una derrota. Dios tomó el acontecimiento más vil de la historia y lo convirtió en algo majestuoso mediante el poder de la resurrección.

En la Primera Guerra Mundial, Satanás logró organizar un conflicto de una masacre sin precedentes, pero Dios actuó a través del mal de esa guerra para cumplir un propósito espiritual. Liberó la tierra llamada Palestina de los turcos y la entregó a los británicos, quienes proclamaron de inmediato que sería un hogar para los judíos. 

De manera similar, durante la Segunda Guerra Mundial, Dios actuó a través del increíble mal del Holocausto de Satanás para preparar al pueblo judío para su patria. Salieron del Holocausto diciendo: “¡Nunca más! ¡Nunca más! Vamos a tener nuestra propia tierra, nuestra propia nación, nuestro propio estado”. En consecuencia, comenzaron a regresar a Israel por cientos de miles.

Dios utilizó la Primera Guerra Mundial para preparar la tierra para su pueblo. Trabajó a través de la Segunda Guerra Mundial para preparar al pueblo para la tierra. 

Dios se sienta en los cielos y se ríe, mientras Satanás se retuerce de frustración.

Un Día de Ira

La segunda razón por la que Dios se ríe es porque “Les hablará en su furor y los turbará con su ira” (Salmos 2:5). Esta declaración se refiere al hecho de que Dios ha fijado un día en el que tratará con todos los reinos de la tierra y sus líderes políticos derramando Su ira mediante el regreso de Su Hijo, Jesús el Mesías.

Pablo habló de este día trascendental durante su sermón en el Areópago en Atenas: “Dios ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, acreditándolo ante todos al haberlo levantado de los muertos” (Hechos 17:30-31).

Este día es mencionado con frecuencia por los profetas del Antiguo Testamento. Lo llamaron “el día del Señor” (Joel 2:1). El profeta Sofonías lo describió como “un día de ira, de angustia y de aflicción, de desolación y devastación, de tinieblas y de oscuridad” (Sof. 1:15). Dijo que el Señor traerá tal aflicción sobre la gente que tambalearán, caminando como ciegos (Sof. 1:17).

El Falso Dios de Satanás

Este día de ira que Dios ha reservado para las naciones rebeldes del mundo y sus líderes es uno de los secretos mejor guardados del universo. Satanás no quiere que nadie lo sepa. En su intento de encubrirlo, ha creado una imagen falsa de Dios que ha sido aceptada tanto por cristianos como por no creyentes.

El falso dios en el que Satanás quiere que creamos es uno blandengue, que podría caracterizarse como “el osito cósmico”. Es grande, cálido, suave y abrazable. Y cuando nos presentemos ante él para ser juzgados, nos pondrá el brazo alrededor, nos abrazará y dirá: “Sé que nunca aceptaste a Mi Hijo como tu Señor y Salvador, pero está bien, porque eras una persona mucho mejor que el réprobo que vivía en la calle de al lado. Así que ven a Mi reino y disfruta de la vida eterna conmigo”.

No existe tal dios tan débil y pusilánime. És un engaño cruel creado por Satanás. Todos nosotros estamos condenados ante el Dios verdadero, porque “todos nosotros nos hemos descarriado como ovejas” (Is. 53:6). Nuestra única esperanza es a través de la fe en Jesús (Ro. 3:21-24). Dios no califica según la media ni es un tonto que pueda ser engañado fácilmente. Dios no puede ser engañado ni burlado (Gá. 6:7).

Sí, Dios está lleno de gracia y misericordia (Sal. 86:15), y no desea que nadie perezca (2 P. 3:9), pero también es un Dios de perfecta justicia, santidad y rectitud — y, como tal, no puede tolerar el pecado.

Dios debe tratar con el pecado, y lo hace ya sea con gracia o con ira. Por eso Juan el Bautista declaró que toda persona en la tierra está bajo la gracia de Dios o bajo Su ira (Jn. 3:36).

Un Reinado Venidero

El pasaje del Salmo 2 indica una tercera razón por la cual Dios se está riendo. Dios lo explica diciendo: “Yo he instalado a Mi Rey en Sion, mi monte santo” (Sal. 2:6). 

El lenguaje aquí es muy interesante. Dios habla de un evento futuro —el reinado milenario de Jesús— como si fuera un hecho histórico ya cumplido. Esta extraña manera de hablar del futuro como si fuera pasado es una característica muy común en la profecía bíblica —tan común, de hecho, que los teólogos han acuñado una palabra para ello. La llaman discurso “proléptico”.

Tal discurso es particularmente característico de Dios en las Escrituras. La razón es que Dios no está en el tiempo como nosotros. Nosotros estamos en una línea de tiempo. Tenemos un pasado, un presente y un futuro. Dios está fuera del tiempo. Si Él desea algo, se realiza, haya ocurrido o no aún en la historia tal como la conocemos. 

Tomemos por ejemplo la crucifixión de Jesús. Pensamos en ella como si hubiera ocurrido hace 2,000 años en las afueras de Jerusalén, y así fue, según percibimos el tiempo. Pero, ¿cuándo tuvo lugar la crucifixión según la perspectiva de Dios sobre el tiempo? La Biblia dice que Jesús fue sacrificado “desde la fundación del mundo” (Ap. 13:8) porque así lo quiso Dios.

El principio proléptico se expresa mejor por el mismo Dios en 2 Reyes 19:25:  “¿Acaso no lo has oído? Hace mucho tiempo que lo determiné; desde los días de la antigüedad lo dispuse”.

Pero volvamos a nuestro punto. El punto es que Dios se sienta en los cielos y se ríe de los reinos rebeldes de la tierra porque ha decretado que un día pronto Su Hijo regresará como “Rey de reyes y Señor de señores” (Ap. 19:16) para gobernar sobre toda la tierra y someterla a la perfecta voluntad de Dios (Is. 9:6-7).

Una Promesa Incumplida

¿Cómo sabemos que ésta es una declaración proléptica — que, aunque está expresada en tiempo pasado, es una promesa aún por cumplirse? La respuesta es obvia: es decir, no hay cumplimiento en la historia. ¿Reina Jesús hoy como Rey de reyes desde el Monte Sion en Jerusalén? ¿Alguna vez lo ha hecho? 

Hay quienes argumentan que Él está reinando espiritualmente sobre las naciones de la tierra. Si es así, entonces lo está haciendo muy mal, porque la tierra está dominada por la rebelión maligna contra Dios.

Cuando se considera lo que la Biblia dice que serán las características del reinado del Señor sobre la tierra, es fácil ver que ese reinado aún es futuro. Isaías 11 dice que el reinado se caracterizará por la justicia, la equidad y la fidelidad. ¿Son éstas las características de los gobiernos nacionales hoy en día? En ese mismo capítulo, Isaías dice: “La tierra estará llena del conocimiento del Señor como las aguas cubren el mar” (Is. 11:9). ¿Cómo podría alguien argumentar que tal profecía ya se ha cumplido? La promesa de Dios en Salmos 2 de que Su Hijo gobernará algún día sobre toda la tierra aún es futura. ¡El Rey viene! Los reyes de la tierra viven a tiempo prestado. Traman y conspiran, pero su destino está sellado. Así que Dios se sienta en los cielos y se ríe.

Jesús Proclama

El siguiente portavoz en el Salmo 2 es Jesús mismo. Hace una gloriosa proclamación sobre el futuro en la que confirma la intención de Su Padre de establecerlo como el Rey de reyes:

7) Ciertamente anunciaré el decreto del Señor
Que me dijo: “Mi Hijo eres Tú,
Yo te he engendrado hoy”.

8) “Pídeme, y te daré las naciones como herencia Tuya,
Y como posesión Tuya los confines de la tierra”.

9) “Tú los quebrantarás con vara de hierro;
Los desmenuzarás como vaso de alfarero”.

El Engendrado

Jesús comienza Su proclamación repitiendo la promesa del Padre de que un día gobernará desde el Monte Sion sobre “los confines de la tierra”. Es una promesa que sin duda se remonta a la fundación del mundo mismo. Lo digo porque la Biblia nos dice que Jesús fue conocido de antemano como el Salvador que derramaría Su sangre “desde antes de la fundación del mundo” (1 P. 1:19-20; Ap, 13:8 y Ef. 1:4).

Debido a que Jesús es el Cordero Digno que fue sacrificado por los pecados del hombre (Ap. 5:9), Él es el único con derecho a ejercer dominio sobre la creación de Dios. En ese sentido, es el “Hijo unigénito” (Jn. 1:14,18), el único Ungido de Dios autorizado para actuar en nombre del Padre como Regente del planeta tierra.

Este sentido de significado se refleja en la paráfrasis que la Biblia Viviente da de la proclamación de Jesús: “Revelaré los designios eternos de Dios, porque el Señor me ha dicho: ‘Tú eres mi Hijo. Este es tu Día de Coronación. Hoy te doy tu gloria. Sólo pide, y te daré todas las naciones del mundo” (Sal. 2:7-8).

Nótese que la declaración, “Hoy te he engendrado”, se parafrasea para presentar el significado real: “Este es tu Día de Coronación”. Por eso Jesús pudo dirigirse a la iglesia de Filadelfia como el que “tiene la llave de David” (Ap. 3:7). Él es el cumplimiento del Pacto Davídico y de su promesa: 

Yo he hecho un pacto con Mi escogido, He jurado a David Mi siervo: Estableceré tu descendencia para siempre, y edificaré tu trono por todas las generaciones” (Salmos 89:3-4).

Una vez más, ten en cuenta que la promesa del Padre a Jesús aún está por cumplirse. Recuerda, Jesús fue “inmolado desde la fundación del mundo” (Ap. 13:8), porque fue entonces cuando el Padre quiso que sucediera. Pero la voluntad del Padre no se convirtió en una realidad histórica hasta miles de años después. De manera similar, Jesús fue coronado desde la fundación del mundo, también porque el Padre lo quiso entonces, pero es un evento que aún está por ocurrir en la historia.

Los Papeles de Jesús

La primera vez que Jesús vino, vino como nuestro Salvador Sufriente (Is. 53). Después de Su resurrección, se convirtió en nuestro Sumo Sacerdote (He. 4:14-16). Continúa en esa función hoy, ministrando como el mediador de nuestras oraciones ante el trono de Dios (He. 8:1-2). Pero un día muy pronto volverá, y cuando lo haga, regresará como nuestro Rey Glorioso para gobernar sobre todas las naciones del mundo (Ap. 19:16).

Jesús no está sirviendo como rey ahora. Nunca se le presenta como el rey actual de este mundo ni como el rey de la Iglesia. Su relación con la Iglesia se describe como la de la cabeza con el cuerpo (Ef. 5:23) o como un novio con una novia (Ap. 19:6-9).

Jesús es un rey en espera. La situación es similar a la que prevaleció en la vida de David durante muchos años. David fue ungido como Rey de Israel por Samuel. Pero David tuvo que esperar muchos años antes de ser coronado. De manera similar, Jesús ha sido ungido como Rey de reyes y Señor de señores, pero no será coronado como tal en la historia hasta que regrese a la tierra.

Una Herencia Increíble

Cuando Jesús regrese, las promesas del Salmo 2 se cumplirán para Él. La primera de esas promesas es que heredará la tierra: “los confines de la tierra” se convertirán en Su posesión (Sal. 2:8). 

Existe un mito popular de que, cuando Jesús regrese la tierra se quemará y dejará de existir. Eso no puede ser cierto, porque la Biblia afirma que la tierra es “eterna” (Sal. 148:6; 78:69 y Ecl. 1:4).

Es cierto que la tierra será radicalmente cambiada cuando el Señor regrese. Los agentes del cambio serán los terremotos y fenómenos sobrenaturales en los cielos (Ap. 6:12-13). Se nos dice que cada isla será removida y que cada montaña será rebajada y cada valle elevado (Ap. 6:14 e Is. 40:4). La imagen que se presenta es la de la superficie de la tierra siendo nivelada, con Jerusalén siendo levantada para convertirse en el punto más alto del planeta (Miq. 4:1).

La tierra también será renovada. Los desiertos florecerán (Is. 35:1,6-7). Las colinas “gotearán vino dulce” y “fluirán con leche” (Joel 3:18). La abundancia agrícola será tan grande que “el que ara alcanzará al que siega” en el sentido de que se sembrará una nueva cosecha tan rápido como se pueda cosechar la anterior (Amós 9:13). Incluso el Mar Muerto cobrará vida y estará lleno de peces (Ez. 47:8-9).

El reino animal también será restaurado. Se nos dice que los animales carnívoros se volverán herbívoros. Así, “el león comerá paja como el buey” (Is. 11:7). Este cambio permitirá que los animales vivan juntos en paz entre ellos y con el hombre. “El lobo morará con el cordero” (Is. 11:6), y un “niño que mama jugará junto al agujero de la cobra” porque la cobra ya no será venenosa (Is. 11:8).

La Tierra Eterna

Incluso cuando termine el Milenio, la tierra no dejará de existir. En cambio, su naturaleza fundamental será cambiada una vez más. Esta vez, el agente de cambio será el fuego.

Dios tomará a los redimidos de este planeta y nos pondrá en la Nueva Jerusalén. Desde ese punto de vista veremos cómo el Señor sobrecalienta la tierra y quema la contaminación de la última rebelión de Satanás.

Luego, trabajando con la tierra como una bola de cera caliente, el Señor la remodelará, y de ese infierno llameante surgirá una nueva tierra, una tierra perfeccionada, una tierra que servirá como nuestro hogar eternamente (Ap.  21:1).

Coherederos

Dios ha prometido dar ese planeta redimido a Su Hijo y a Sus coherederos, es decir, a aquellos que han recibido a Jesús como su Señor y Salvador. En Salmos 2, Él promete la tierra a Su Hijo. En Salmos 37:11, extiende esa promesa a los redimidos: “Los humildes heredarán la tierra”. Esa promesa se repite en los versículos 22, 29 y 34.

Estas promesas son a las que Jesús se refirió en Su Sermón del Monte cuando dijo: “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra” (Mt. 5:5). Pablo reconoció que la misma promesa se infiere en el Pacto Abrahámico cuando escribió que la promesa de Dios a Abraham y a sus descendientes (por fe) es que ellos “heredarían el mundo” (Ro. 4:13).

Un Reinado Mundial

La segunda promesa que el Padre hace a Su Hijo en Salmos 2 es una consecuencia natural de la primera. No sólo heredará Jesús la Tierra, sino que también reinará sobre ella: “Te daré las naciones como herencia Tuya… Los quebrantarás con vara de hierro” (Sal. 2:8-9).

Jesús viene a gobernar. Ése es uno de los temas más persistentes de las Escrituras de principio a fin. Y, de nuevo, los redimidos serán coherederos de esta promesa. ¡Reinarermos con Jesús!

Estas verdades fueron gráficamente reveladas a Daniel en una serie de visiones nocturnas. En una de ellas vio al “Hijo del Hombre” aparecer ante el “Anciano de Días” y recibir dominio y un reino que incluía “todos los pueblos, naciones y lenguas” (Dn. 7:13-14). Entonces a Daniel se le dijo que “los santos del Altísimo” recibirían el reino y ejercería “la soberanía, el dominio y la grandeza de todos los reinos debajo de todo el cielo” (Dn. 7:18,27).

En el libro de Apocalipsis, Jesús promete que dará a los vencedores “autoridad sobre las naciones” y que gobernarán sobre las naciones “con vara de hierro” (Ap. 2:26,27).

En Apocalipsis 4, cuando Juan es arrebatado al Cielo y se encuentra en el salón del trono de Dios, escucha a la multitud celestial cantando un himno de alabanza a Jesús. En el canto se afirma que aquellos que han sido redimidos por la sangre del Cordero han sido hechos un reino, y “reinarán sobre la tierra” (Ap. 5:9-10).


Lea la parte 1 aquí

Lea la parte 3 aquí

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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