viernes, 4 de septiembre de 2026

¿Cuánto más Tendremos que Aguantar a Estos Tontos?

Dr. Nathan Jones



¿Está la humanidad destinada a sufrir para siempre bajo el peso de gobiernos corruptos?

¡Alabado sea Dios! Nuestro Padre celestial no ha dejado esta preguntan en la que tanto se ha meditado, respuesta. La respuesta del Todopoderoso al problema del mal, en relación con los gobiernos humanos fallidos, fue finalmente dada, de todas las personas, al jefe del gobierno más poderoso de su época: Nabucodonosor, rey de Babilonia (605–562 a. C.). Dios proporcionó al mundo Su respuesta a través de un sueño revelado a Nabucodonosor, uno que el joven profeta Daniel interpretó y registró para nosotros en el capítulo 2 de Daniel.

El profeta reveló que el atribulado rey se había maravillado ante una enorme estatua forjada con la forma de un hombre. La cabeza de la estatua estaba hecha de oro fino; el pecho y los brazos de plata; el vientre y los muslos de bronce; se mantenía erguida sobre dos piernas de hierro; y sus pies estaban compuestos de una mezcla de hierro y barro. Y, para su absoluta sorpresa, el rey también presenció una piedra—descrita como “cortada sin manos [humanas]” (versículo 34)—que caía como un meteorito del cielo para golpear la estatua en sus pies. La gran estatua quedó reducida a cenizas, y su polvo se dispersó con el viento. De repente, la piedra caída del cielo se convirtió en una enorme montaña, hasta que llenó toda la tierra.

Daniel le dio todo el crédito a Dios por revelar lo que el rey Nabucodonosor había soñado, así como el significado del sueño: el fin profetizado de todos los imperios humanos. El propio profeta más tarde experimentaría dos de sus propias visiones dadas por Dios que volverían a reafirmar esta profecía. La primera fue la visión de las cuatro bestias, registrada en Daniel 7; y la segunda fue la visión de un carnero y un macho cabrío, en Daniel 8.

Cuando colocamos estos tres mensajes de Dios uno junto al otro y los comparamos, aprendemos que la estatua representaba cuatro reinos humanos temporales seguidos de un quinto reino divino. La cabeza de oro, correspondiente al león (7:4), identificaba explícitamente a Nabucodonosor como esa cabeza, como rey del Imperio Babilónico. El pecho y los brazos de plata, correspondientes al oso (7:5) y a la visión del carnero de dos cuernos (capítulo 8), representaban el Imperio Medo-Persa, que décadas más tarde conquistaría Babilonia. El vientre y los muslos de bronce, correspondientes al leopardo (7:6) y al macho cabrío peludo (capítulo 8), representaban el reemplazo del Imperio Medo-Persa por Grecia y su división tras la muerte de Alejandro Magno en el 323 a. C.

Las piernas de hierro, que corresponden a la bestia compuesta (7:7, 19), llegarían a identificarse como el Imperio Romano. La condición final de Roma, dividida y debilitada, estaba representada por los dos pies compuestos de una mezcla de hierro y arcilla. Los diez dedos de los pies correspondían a los diez cuernos (7:24), lo que indicaba que la forma final del gobierno humano terrenal dividiría el mundo en diez regiones, cada una gobernada por un rey poderoso.

Daniel también notó que los metales que formaban esta estatua gigantesca aumentaban en fuerza de la cabeza a los pies mientras que, curiosamente, al mismo tiempo, disminuían en valor. El historiador y teólogo judío Arnold Fruchtenbaum explicó que la monarquía babilónica era conocida por su valioso oro y un rey que estaba por encima de la ley; la monarquía medo-persa por su amor por la plata y un rey que estaba sujeto a la ley; los reyes griegos forjados en bronce no tenían derecho dinástico o real centralizado para gobernar; y Roma caminaba con fuerza como si fuera hierro, pero existía como una república liderada por una forma de gobierno imperial. Las visiones mostraban que el poder de cada gobierno humano sucesivo se volvía menos centralizado, hasta que el último consistiría en un arreglo de reparto de poder entre diez reyes y un “cuerno pequeño” que surgiría para gobernar todo el mundo, pero sólo por un breve tiempo (Daniel 7:8; 8:9-12).

La visión de Nabucodonosor predijo que llegaría un día en que los gobiernos humanos, en todas sus formas, serían eliminados por la llegada de esa piedra no tallada por manos humanas. El Dr. Fruchtenbaum enfatizó el hecho de que la piedra que vino del cielo denota un origen divino, siendo que las montañas en la Biblia a menudo simbolizan a un rey, un reino o un trono. 

Así que, en resumen, Daniel había profetizado que un gobernante divino irrumpiría del Cielo a la velocidad de un meteorito para aniquilar a todos los gobiernos humanos y establecer Su ilustre reino—uno que abarcará toda la Tierra. ¿Y cuándo podemos esperar que ocurra este fin de los gobiernos humanos?

En cuanto al momento de este venidero reino divino, Jesucristo dijo que este evento ocurriría después de que haya terminado la opresión de Jerusalén por parte de los gentiles y “se cumplan los tiempos de los gentiles” (Lucas 21:24-28). Los “tiempos de los gentiles” son ese largo período de la historia desde el exilio judío por el Imperio Babilónico en el 586 a. C. hasta la segunda venida del Mesías, cuando Cristo liberará personalmente la ciudad de Jerusalén, poniendo fin así a la influencia de las naciones gentiles sobre esa ciudad.

Debido a que el regreso del Mesías pondrá fin al “tiempo de los gentiles”, este próximo rey divino debe ser esa piedra metafórica que golpeó la estatua de Nabucodonosor que representaba a los gobiernos humanos y dispersó los restos como polvo. Eso significa que el fin del dominio gentil sólo puede ser logrado por la segunda persona de la Trinidad. Jesucristo mismo proclamó que, cuando regrese a la tierra, será Él quien golpeará a las naciones” (Ap. 19:15). Y una vez que esa gran obra se cumpla, el Mesías establecerá Su reino eterno y universal (Ap. 20-22).45 En ese glorioso día, los gobiernos bajo control humano finalmente se convertirán en una reliquia del pasado, reemplazados para siempre por el reino de Cristo. ¡Ven pronto, Señor Jesús!


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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