miércoles, 16 de septiembre de 2026

La Cena de las Bodas del Cordero



Poco después de que Juan termina de describir el derramamiento final de la ira de Dios en los Juicios de las Copas, pasa de la condenación anunciada, la caída profetizada y el lamento mundial sobre Babilonia. La destrucción de ese sistema mundial impío ya se ha tratado, así que simplemente pasaré a la alabanza que Juan escucha resonando en el Cielo.

Con voz fuerte, la gran multitud grita: “¡Aleluya! Salvación, honra, gloria y poder son del Señor Dios nuestro, porque sus juicios son verdaderos y justos, pues ha juzgado a la gran ramera que corrompía la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella” (Ap 19:1-2).

Cuatro veces la multitud clama: “¡Aleluya!”. La última exclamación enfatiza la totalidad de los juicios derramados sobre la Tierra: “¡Aleluya!, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso, reina” (Ap. 19:6).

Podríamos suponer que la próxima escena que Juan presencie sea Jesucristo regresando en gloria en la Segunda Venida, como se describe más adelante en el capítulo 19. Pero, antes, Juan habla de un gran banquete de bodas que tendrá lugar antes de que Jesús regrese para derrotar al Anticristo y a los ejércitos de la tierra reunidos en el Valle de Jezreel.

Los detalles de la Cena de Bodas siguen siendo algo misteriosos, pero sabemos por las Escrituras que es un evento al que sólo se asiste por invitación.

La Novia Preparada

Continuando con el registro de las expresiones de alabanza de la multitud celestial, Juan los oye decir: “¡Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria! Ya ha llegado el día de las bodas del Cordero. Su novia se ha preparado” (Ap. 19:7; NVI). Este pasaje por sí solo plantea varias preguntas:

  • ¿Quién es la Novia?
  • ¿Cómo se ha preparado?
  • ¿Cuál es la naturaleza de la relación entre Jesucristo (el Cordero de Dios indiscutible) y la Novia con quien se casa?
  • ¿Cuándo y dónde exactamente se lleva a cabo esta boda (y la cena que la acompaña)?
  • ¿Hay otros asistentes invitados además de la Novia?

Vamos a analizar esas preguntas una por una para comprender la gran promesa hecha a todos los que han puesto su confianza en Jesucristo.

La Novia

La Novia es la Iglesia de Jesucristo. Eso incluye a todos los judíos y gentiles que han confesado su pecado y creído en el Señor Jesucristo—confiando únicamente en Él para la salvación eterna. Como el Novio, Jesús se dio a sí mismo por la Novia (Ef. 5:25-27). Él ama a Su Novia y anhela reunirla consigo y llevarla a la casa de Su Padre.

El erudito bíblico Randall Price enfatiza a los beneficiarios de esta promesa especial: “Esto está diseñado para la Iglesia, los santos arrebatados, y por eso es la Cena de las Bodas del Cordero”.

Preparada

La idea que se transmite aquí es que la Novia toma un papel proactivo en la preparación para el matrimonio. En la tradición judía, una vez que se había acordado un compromiso, el matrimonio era legalmente vinculante. Pero no se manifestaba por completo (ni se consumaba) hasta que el novio venía a recoger a su novia y llevarla al lugar que había preparado en la casa de su padre. Mientras esperaba, se esperaba que la novia se mantuviera pura, preparara su corazón, mente y cuerpo para el pacto y la relación conyugal del matrimonio, y aguardara con ansias la llegada de su novio.

De la misma manera, se espera que cada persona dentro del cuerpo de Cristo (la Iglesia) sea pura, que prepare su corazón y mente para el llamado celestial, y que espere con ansias el sonido de una trompeta y el grito de un arcángel anunciando que nuestro Novio viene. No podemos prepararnos por nosotros mismos en el sentido de ser autosuficientes en ningún aspecto que no sea el de esas responsabilidades. Pero el Espíritu Santo, que nos enseña todas las cosas, también nos guía a toda la verdad y nos revela lo que está por venir (Juan 14:26; 16:13).

Naturaleza de la Relación

Quienes vivimos en este lado de la eternidad somos incapaces de comprender plenamente la naturaleza de la relación que nos espera cuando Cristo nos reúna con Él. Pero las Escrituras sí nos ofrecen destellos de la gloria que nos aguarda.

En pocas palabras, estaremos unidos con Cristo. No habrá ninguna barrera de tiempo o espacio que nos separe de nuestro Amado para siempre. Pablo lo expresa así: “Porque ahora vemos por un espejo, veladamente, pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente, como he sido conocido” (1 Co. 13:12; NBLA).

Dada la metáfora que Jesús eligió para describir la intimidad de Su relación con nosotros, tenemos que reconocer que toda metáfora tiene límites, aunque nos proporcione una perspectiva profunda. Ninguna relación acerca más a dos personas que el vínculo del matrimonio. Bien entendido, es un pacto para toda la vida que trae bendiciones a ambos—y extiende bendición a los hijos por muchas generaciones.

El acto más íntimo del matrimonio es la relación conyugal entre un esposo y una esposa. En el lenguaje del Antiguo Testamento, se decía que un hombre “conocía” a su esposa (Gn. 4:1). Más que una manera educada de referirse a un encuentro sexual, “conocer” transmite una intimidad profunda de amor, esperanza y confianza mutua. La intimidad que podemos anticipar con Jesús no debe reducirse a una retorcida relación física freudiana, sino que debe entenderse como la realización más íntima del amor, la esperanza y la confianza que hemos puesto en Él. Por eso, Pablo describió su anticipación de conocer “completamente, como he sido completamente conocido”.

Cuándo y Dónde

El flujo narrativo en Apocalipsis 19 sugiere que la Cena de Bodas ocurre hacia el final de la Tribulación. Otros la han descrito como un “banquete de siete años” (para citar una de las descripciones favoritas de Don McGee) que dura desde el Arrebatamiento hasta la Segunda Venida.

Randall Price dice: “Un banquete de bodas siempre sucede después de una gran victoria, después de un gran triunfo, después de algo importante”. Por lo tanto, él situaría la Cena de Bodas al final de la Tribulación como una celebración culminante de los cuádruples “Aleluyas”, regocijándose porque Jesús finalmente va a ejercer Su reinado.

Basándose en su estudio de los Rollos del Mar Muerto, el Dr. Price también sugiere que habrá dos grandes banquetes—la Cena de las Bodas del Cordero, con los santos de la era de la Iglesia y otro banquete para celebrar las promesas cumplidas de Dios a Israel, donde Cristo actúa como el Sacerdote que ofrece pan y vino a quienes esperaron al Mesías antes de la Era de la Iglesia o confiaron en Él después del Rapto.

Pasajes del Antiguo Testamento, como Isaías 25:6-9, Oseas 2:16-20 y Salmos 45:6-17, anticipan claramente un gran banquete como el que seguiría al matrimonio de un rey y su novia. Si esos pasajes apuntan proféticamente a la Cena de Bodas, o a otro banquete de los tiempos del fin, queda abierto a la interpretación.

El SEÑOR de los ejércitos preparará en este monte para todos los pueblos un banquete de manjares suculentos, un banquete de vino añejo, pedazos escogidos con tuétano, y vino añejo refinado. Y destruirá en este monte la cobertura que cubre todos los pueblos, el velo que está extendido sobre todas las naciones (Isaías 25:6-7; NBLA)

El pastor Carl Broggi dice que “las bodas del Cordero se celebran en el Cielo durante el período de la Tribulación de siete años. La Iglesia es evaluada y recompensada”. Pero él cree que la Cena de las Bodas del Cordero ocurre en la Tierra cuando el Señor regresa—y la pone después de la Tribulación. Ve pasajes como Isaías 25, Mateo 22 y Mateo 8 apuntando al momento “donde nos sentaremos con Abraham, Isaac, Jacob, el pueblo de Dios de todos los tiempos, y con el Señor. Creo que va a ser un comienzo muy especial del Reinado Milenial”.

Para evitar discusiones sobre el momento exacto de la Cena de Bodas, Pete García ofrece una perspectiva sobre el transcurso del tiempo en el Cielo. Dice: “Creo que tenemos que distinguir el hecho de que aquí, en esta realidad, estamos sujetos al tiempo. Así que cuando sales del tiempo [después del Arrebatamiento], tratar de ubicar [la Cena de Bodas] en el tiempo humano sería un poco difícil. Pero creo, que mientras la Tribulación ocurre durante esos siete años en la Tierra, tendremos el juicio del Bema, luego la ceremonia de recompensas del juicio del Bema, y después la cena”.

He compartido estas diversas perspectivas para transmitir la realidad de que ninguno de nosotros sabe exactamente cuándo o dónde tendrá lugar la Cena de las Bodas del Cordero. No sabemos el menú, la duración, la ceremonia o el programa. Lo que sí sabemos es el código de vestimenta: “lino fino, resplandeciente y limpio”—dado a la Novia como una representación de las acciones justas de los santos (Ap. 19:8). Y sí sabemos que estaremos allí. ¿Y tú?

Otros Asistentes

Aquí de nuevo hay cierto misterio respecto a los “demás asistentes” a esta cena. ¿Serán ángeles, santos del Antiguo Testamento o mártires cristianos posteriores al Rapto? Mi expectativa es que sí, sí y sí.

La promesa del Rapto es sólo para los seguidores de Jesucristo de la Era de la Iglesia. Esos santos del Antiguo Testamento que estaban en “el paraíso” (o “el seno de Abraham”) antes de la muerte de Jesús en el Calvario no recibirán cuerpos glorificados hasta después de la Segunda Venida y el Reino Milenal.

Pete Garcia comparte este mismo sentimiento. Respecto a los invitados en la Cena de Bodas, dijo: “Creo que son los santos del Antiguo Testamento, los fieles desde Adán hasta Juan el Bautista (hasta el momento de la Cruz)”.

Estás Invitado; ¿Estás Listo?

Pero la analogía del matrimonio transmite maravillosamente el profundo amor que nuestro Novio Mesías—nuestro propio Pariente Redentor—tiene por Su Novia desposada. Él anhela reunirla consigo y llevarla al lugar que ha preparado para ella en la casa de Su Padre. Espera con ansias la intimidad de la relación que será posible cuando se nos haya dado cuerpos glorificados y podamos verlo cara a cara.

La única pregunta es si eres parte de la Novia y anhelas a tu Novio. ¿Te estás preparando para la consumación de tu fe—el llamado celestial de Cristo a una eternidad gloriosa con Él? ¿O estás tan ocupado y distraído con esta vida que tu respuesta a la promesa de Su venida es, “meh”?

Si “meh” es lo único que puedes decir, quizás necesites “prepararte”, ¡porque nuestro Novio viene pronto!


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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