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viernes, 11 de septiembre de 2026

¡Dios Mío! Grandes Copas de Ira

Tim Moore


Donde no hay visión, no hay esperanza”. — George Washington Carver

A la mitad de la Tribulación, la Tierra es un paisaje infernal y desolado. Se han derramado los siete juicios de los sellos y los siete Juicios de las Trompetas, mientras la ira de Dios se desborda contra un mundo rebelde e impenitente. Un cuarto y luego un tercio de la humanidad han sido aniquilados, y luego los horrores empeoran aún más.

Juan describe la escena en el Cielo donde a siete ángeles se les dan siete copas llenas de la ira de Dios. Se dice que los ángeles portan plagas, porque la devastación que desatan llevará a la Tierra—y a toda la humanidad—al borde de la aniquilación.

Antes de que examinemos los Juicios de las Copas en sí, repasemos lo que sucederá a la mitad de la Tribulación.

Satanás Derribado

En Apocalipsis 12, Juan ofreció una visión completa de la guerra de Satanás contra el pueblo escogido por Dios, Israel. La guerra que se ha librado desde que Dios creó al hombre a Su propia imagen y escogió a un pueblo para que sirviera como conducto de Sus bendiciones culmina en un último asalto contra el trono de Dios en el Cielo. 

Por fin, Satanás es expulsado del Cielo para siempre. Sabiendo que le queda poco tiempo, el diablo está decidido a desatar su propia ira y a destruir a tantos portadores de la imagen como sea posible. Así que él morará en el Anticristo y hará guerra tanto contra Israel como contra aquellos que guardan el testimonio de Jesús (Ap. 12:17).

Según la cronología de la Tribulación que se presenta en Apocalipsis, es ahora cuando el Anticristo exige que todos los que quieran comprar o vender lleven su nombre o número en la mano derecha o en la frente. Por eso, el miedo exagerado de que la gente esté recibiendo sin darse cuenta la Marca de la Bestia hoy en día demuestra ignorancia de las Escrituras.

 

Las consecuencias eternas de esta elección cósmica de bandos no podrían ser más dramáticas. Quienes reciban la marca de la Bestia “beberán del vino de la ira de Dios… y serán atormentados con fuego y azufre… por los siglos de los siglos” (Ap. 14:9-11). Pero aquellos que guardan los mandamientos de Dios y su fe en Jesús vivirán para siempre, aunque sean martirizados mientras el Anticristo, poseído por Satanás, se enfurece.

Es en medio de este horrible período que Juan ve a un trío de ángeles cosechando a los hombres como si fueran espigas de trigo o racimos de uvas, y arrojándolos al “gran lagar de la ira de Dios” (Ap. 14:19). En una descripción espeluznante, Juan dice que la sangre que fluye llegará hasta el freno de un caballo a lo largo de trescientos veinte kilómetros.

El ángel metió su hoz sobre la tierra, y vendimió los racimos de la vid de la tierra y los echó en el gran lagar del furor de Dios (Ap. 14:19). 

Claramente, el Fin está cerca, pero todavía queda más destrucción por venir.

La Última Arremetida del Cielo

Cuando Juan describe por primera vez a los siete ángeles que derramarán los Juicios de las Copas, señala que, cuando estas plagas finales concluyan, “en ellas se consumaba la ira de Dios” (Ap. 15:1). Antes de considerar los juicios en sí, es importante reconocer lo que revela esa declaración.

En su primera descripción autorreveladora de Sí mismo, Dios proclamó a Moisés: “¡Jehová! ¡Jehová! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, 7 que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado…” (Éx. 34:6-7). En las Escrituras, la paciencia de Dios lo llevó a retrasar Su ira, ofreciendo así la oportunidad para que se produjera el arrepentimiento:

  • El mundo sumido en el pecado durante los muchos años que le tomó a Noé construir el Arca.
  • Sodoma y Gomorra, ciudades malvadas visitadas por ángeles antes de que el fuego las consumiera.
  • La tierra de Canaán,  a la que Dios concedió cuatro generaciones antes de considerar que el pecado de los amorreos estaba “completo”.
  • Nínive, que escuchó la advertencia de Jonás, la cual no era sensible, y se sintió inspirada a arrepentirse.
  • Israel, advertido por profeta tras profeta antes de que la ira del Señor surgiera y la nación fuera juzgada y devastada.

Ira: “Enojo extremo que se manifiesta en venganza o castigo; la máxima expresión de indignación justa y justicia divina”.

Mía es la venganza y la retribución; a su tiempo el pie de ellos resbalará, porque el día de su calamidad está cerca, ya se apresura lo que les está preparado (Dt. 32:35).

Sólo un tonto, al ver éstos y otros ejemplos bíblicos, elegiría ignorar los límites de la paciencia de Dios. Como Él dijo en Génesis 6:3: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre”. Llega un punto en que la paciencia, la gracia y la misericordia de Dios se agotan, y Su justa indignación da paso a una ira devastadora. Cuando eso sucede, el autor de Hebreos tenía toda la razón: “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo” (He. 10:31).

Faraón comprendió que no se debía jugar con el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. En algún momento, Dios cerró el corazón obstinado de Faraón. Más allá de ese punto sin retorno, Dios endureció su corazón (Éxodo 9:12; 10:20, 27; 11:10) y Egipto fue devastado. Eso debería ser ejemplo suficiente, sin embargo, la historia se repite una y otra vez, mientras la humanidad presume de su maldad y se burla de la provisión del Señor para la salvación.

Durante dos milenios después del Primer Adviento de Jesús y Su ministerio en terrenal, Dios ha sido paciente, no queriendo que nadie perezca. Pero la rebelión y el rechazo a Su Hijo, que son cada vez más profundos, están llenando la copa de Su ira—Su justa ira. Ésta pronto se desbordará y se derramará sobre un mundo impenitente. 

Los cristianos que vivimos en esta época podemos compartir la indignación de Dios cuando somos testigos del pecado. Pero es muy difícil evitar que nuestra propia ira nos lleve a pecar. Por eso Pablo citó el Salmo 4:4 cuando advirtió a los efesios a “airaos, pero no pequéis”, reconociendo que la ira propia le da al diablo la oportunidad de hacernos tropezar (Ef. 4:26-27).

Es en ese contexto que Dios derramará Su ira sobre la Tierra durante la Tribulación. Cuando Su paciencia se agote y Su furia se desate por completo, castigará lo que es debido y merecido. Para cada cristiano cuyo corazón se ha entristecido al ver cómo el pecado se multiplica ante nuestros ojos, la promesa de Romanos 12:19 se cumplirá en cada corazón humano cuya dureza se haya  arraigado: “Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”.

Inflingir – “Distribuir, dispensar o administrar algo, especialmente un castigo, recompensa o justicia, de manera cuidadosa y mesurada”.

Los Juicios de las Copas son, por tanto, el derramamiento final de esa ira, pero aún no son el juicio final.

Siete Copas de Ira

Suena trillado decir: “pero esperen, aún hay más”. En lo que respecta a la serie de juicios que caerán sobre la Tierra durante la Tribulación, esta afirmación es alarmantemente cierta. El horror se sucede sin cesar y el sufrimiento se multiplica exponencialmente. La serie final de los Juicios de las Copas parece llegar en rápida sucesión y, de hecho, podría ocurrir en un período de tiempo muy comprimido. En orden, son:

Primero  Llagas repugnantes y malignas en todos los que toman la Marca de la Bestia

Segundo  El agua del mar se convierte en sangre, causando la muerte de toda criatura marina

Tercero  Los manantiales de agua dulce también se convierten en sangre en todo el mundo

Cuarto  El calor o la radiación del Sol aumenta hasta quemar a la humanidad

Quinto  El reino de la Bestia es sumido en una oscuridad penetrante, de modo que los hombres se muerden la lengua de dolor

Sexto  El río Éufrates se seca para permitir que los reyes del oriente marchen hacia el frente de Jezreel contra el Anticristo

Séptimo  La Tierra sufre rayos y truenos catastróficos y otro gran terremoto que destruye ciudades en todo el mundo, divide la gran ciudad “Babilonia” en tres partes y altera todas las islas y montañas; al mismo tiempo, caen del cielo enormes granizos de 100 libras

Juan intercala su descripción de estos derramamientos finales de la ira de Dios con algunas observaciones reveladoras. Cuando el tercer ángel derrama la copa que hace que el agua fresca se convierta en sangre, comenta: “Justo eres tú, Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas. Por cuanto derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre, pues se lo merecen” (Ap. 16:5-6). De hecho, la impartición del castigo es innegablemente justa y merecida.

Además de la justicia que se imparte, Habacuc nos enseña que, incluso en la ira, Dios se acuerda de la misericordia (Hab. 3:2). Un aspecto clave es llevar a los rebeldes (y eventualmente a toda la Casa de Israel) al límite de sí mismos. Incluso en la ira, se ofrece misericordia a todos los que confiesen su pecado, se arrepientan (se alejen de sus malos caminos) y acepten a Jesucristo como Salvador y Señor. Esta oferta sólo se retira cuando el destino de una persona queda sellado, como cuando el corazón del faraón se endureció. También se nos dice que, durante la Tribulación, quienes acepten la Marca de la Bestia habrán tomado una mala decisión, sellando así su destino por toda la eternidad.

Afortunadamente, muchos se darán cuenta del error de sus caminos y se volverán a Cristo. Ellos representan a los santos de la Tribulación, a quienes el Anticristo perseguirá con furia y matará. Esos mártires serán reunidos bajo el altar de Dios en el Cielo. Afirmando su fe en la justicia y rectitud de Dios, clamarán: “¿Hasta cuándo Señor, santo y verdadero, vas a tardar en juzgar y vengar nuestra sangre de los que habitan sobre la tierra?” (Ap. 6:10). 

¿Por qué alguien sometido a la ira de Dios—y reconociendo que está sufriendo bajo Su terrible ira—se negaría a arrodillarse? Por la misma razón que la gente se niega a honrarlo como Señor hoy. Jesús fue clarísimo sobre esta irracional tendencia humana. Tan sólo tres versículos después de describir el amor maravilloso de Dios en Juan 3:16, explicó: “los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19).

Juan también registra tres veces en esta secuencia que las personas que sufren esta última serie de plagas se niegan a arrepentirse. En cambio, blasfeman contra Dios (Ap. 16:9, 11, 21). No es de extrañar que Dios esté indignado. Las mismas personas a las que Él envió a Su Hijo para salvar—y a quienes se les ofrece misericordia y gracia hasta este momento—siguen maldiciéndolo. El Hijo ya no interviene para decir: “Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). El destino de esta generación final blasfema está sellado, para siempre.

El Propósito de la Tribulación

La Tribulación será más horrible de lo que cualquiera de nosotros puede imaginar. La gente piensa que está sufriendo hoy en día, pero las pequeñas tribulaciones que soportamos son el resultado de A) este mundo caído y la maldición que Dios puso sobre la Creación; B) las consecuencias del pecado cometido por los portadores de la imagen desde la Caída; y C) nuestros propios pecados y las decisiones caídas que tienen las consecuencias que les corresponden.

Nadie que esté vivo hoy puede decir que ha sido sometido a toda la ira de Dios. Juicio y castigo, sí. Pero no a la santa, reprimida e indignada ira de Dios. Jesús dijo que cuando esa ira se derrame sobre toda la Tierra, “si aquellos días no fueran acortados, nadie sería salvo; pero por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:22). Sí, incluso en medio de la ira, Dios se acordará de la misericordia. Él “acortará” esos días en Su gran misericordia para que los escogidos—ese pequeño grupo de cristianos que sobrevivan hasta el fin de la Tribulación—puedan entrar en el Reino Milenial en sus cuerpos mortales.

Así pues, para reiterar, existe un gran malentendido sobre el propósito de la Tribulación. Aunque Dios derramará sobre el mundo un castigo justo, legítimo, santo y aparentemente largamente esperado, también orquestará la redención final del remanente de la Casa de Israel a través de la Tribulación (cuando lleguen al límite de sí mismos y clamen a Él). Además, muchos otros llegarán a darse cuenta de su desesperada necesidad de perdón durante la Tribulación, lo que dará lugar a una gran cosecha de almas.

Podemos regocijarnos sabiendo que la oferta de salvación de Dios (basada en la maravillosa gracia de Su Evangelio) estará vigente durante la Tribulación. También podemos darle gracias por demorar Su venida para permitir que la Iglesia alcance su plenitud y que cada uno de nosotros sea salvo.

Me alegra que sólo Dios el Padre sepa cuándo enviará a Su Hijo a reunir a Su Novia; cuándo comenzará la Tribulación, qué corazones aún son lo suficientemente blandos como para permitir que las semillas del Evangelio crezcan, y qué corazones están irremediablemente endurecidos.

Armado con el conocimiento del Evangelio, sólo puedo confiar en la Palabra de Dios y confiar en que el tiempo es esencial. El martillo podría caer en cualquier momento, por lo que mi tarea es a la vez eternamente importante y críticamente urgente. Si eres seguidor de Cristo, has sido comisionado con el mismo llamado.

¿Dónde Está la Esperanza?

Comencé este artículo citando a uno de mis héroes personales, George Washington Carver. Un hombre de talento y humildad excepcionales, Carver entendía su lugar ante Dios. Testificó que aspiraba a hacer grandes cosas, pero Dios le dijo que era más apto para estudiar el maní. Así que se dedicó a estudiar el humilde maní—e hizo contribuciones perdurables a la ciencia y al bienestar de la humanidad a través de su obediencia diligente y servicial al Señor.

La esperanza en nuestra reflexión de los Juicios de las Copas radica en el hecho de que estamos leyendo sobre este horrible período de la historia humana antes de que ocurra. Dios no nos debía a ninguno de nosotros un adelanto de lo que nos espera. El Alfarero tendría todo el derecho (y totalmente justificado) de simplemente destruir los “vasos de ira preparados para destrucción” (Ro. 9:21-23). Pero nos ha advertido que Su paciencia se acabará—igual que lo hizo a través de Noé (el pregonero de justicia), los visitantes angelicales en Sodoma y Gomorra, Abraham, Jonás, y una gran cantidad de profetas para Israel y Judá.

Como Jesús compartió en la parábola del dueño de la tierra y los agricultores necios, Dios envió a Su propio Hijo, pero la mayoría se ha negado a respetarlo. En cambio, celebran Su muerte y quieren apoderarse de la Tierra y de la gloria que pertenecen sólo a Dios. A su debido tiempo—pronto—la respuesta justa que incluso los principales sacerdotes y ancianos del Templo predijeron se cumplirá: “Llevará a esos miserables a un fin lamentable” (Mateo 21:41; NBLA).

Mientras aún tengas aliento—y mientras cada miserable y blasfemo rebelde habite en este mundo—hay esperanza. Esperanza de que tú, y ellos, se humillen, pidan perdón y se aparten de sus malos caminos. Si lo haces, el Dios de toda misericordia te escuchará desde el Cielo, perdonará tu pecado y te concederá la vida eterna. 

¿Qué decisión tomarás?


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

Recursos Recomendados:

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jueves, 10 de septiembre de 2026

"¿Quién Está Llorando Ahora?"

¿Qué Es y Dónde Está Babilonia?

Tim Moore y Nathan Jones


Los reyes de la tierra llorarán y se lamentarán por ella… Todos los capitanes, pasajeros, y marineros, llorando y lamentándose, gritaban: “¡Ay, ay, la gran ciudad en la cual todos los que tenían naves en el mar se enriquecieron a costa de sus riquezas!, porque en una hora ha sido asolada”.
—Apocalipsis 18:9-19

En 1981, la banda de rock Journey lanzó una canción escrita por Steve Perry y Jonathan Cain titulada “Who’s Crying Now?” (“¿Quién Está Llorando Ahora?”). Esa pregunta bien podría ser el coro temático para los reyes y mercaderes de la tierra que llorarán y lamentarán cuando Babilonia la Grande sea consumida en un solo día hacia el final de la Tribulación (Ap. 17 y 18).

Quizás una letra aún más apropiada sería “Who’s Sorry Now?” (“¿Quién se Arrepiente Ahora?”), interpretada por Connie Francis en 1957. Hablando de advertencias ignoradas y del momento de pagar, esta canción captura la justa indignación que Dios derramará sobre Babilonia y la tristeza que consumirá a quienes han desatendido Sus advertencias mientras se jactan de sus riquezas e inmoralidades.

Para muchos cristianos que estudian el Apocalipsis, la dedicación de dos capítulos completos a la desaparición de esta ciudad o sistema críptico es un misterio fascinante. Como tal, ha habido mucha especulación sobre la naturaleza y ubicación de lo que Juan describe como una mujer montando una bestia escarlata llena de nombres blasfemos y que ella misma lleva un nombre misterioso:

“BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA” (Ap. 17:5).

Entonces, ¿quién o qué es Babilonia, y dónde se encuentra esta ciudad o sistema tan horrible? 

¿Quién o Qué?

La mayoría de los estudiosos coinciden de buena gana en que la descripción que hace Juan de Babilonia como una mujer es simbólica. Así como la justicia a veces se representa con una mujer con los ojos vendados sosteniendo una balanza; o como en Estados Unidos la libertad se simboliza con una gran estatua en el puerto de Nueva York, Juan describe a una mujer que sostiene un cáliz lleno de abominaciones y de las impurezas de su inmoralidad.

Sólo tenemos que mirar en Proverbios para ver cómo Salomón personifica a la sabiduría como una hermana confiable, mientras que la tentación al pecado se personifica como una ramera (Prov. 7–9). En su carta a Tiatira, Jesús también se refiere a una falsa profetisa que estaba desviando a Sus siervos como “Jezabel”. Se infiere que este es un nombre simbólico para una persona real (probablemente no llamada Jezabel), pero que intencionalmente hace referencia a la reina de Israel que adoraba a Baal y que estaba casada con el malvado Acab.

Con respecto a “Misterio Babilonia” en Apocalipsis, hay un amplio consenso de que, en lugar de referirse a un individuo, el nombre representa una ciudad o un sistema mundial. Varias veces en Apocalipsis 18, Babilonia es llamada una ciudad grande y fuerte (vv. 10, 16 y 18). Nada menos que un ángel fuerte del Cielo declara que Babilonia es una “gran ciudad” que será “derribada con violencia”, como una piedra de molino es lanzada al mar (Ap. 18:21).

Aun así, una ciudad puede representar todo un imperio o sistema—tal como Washington, D. C. representa a Estados Unidos (en términos de gobierno, liderazgo o nación), Nueva York, tradicionalmente, ha representado el sistema capitalista de EE.UU., si no a Occidente en general, y Bruselas representa a la Unión Europea. Destruir cualquiera de estas ciudades individuales representaría un golpe grave para la nación o el sistema que representan, lo cual es una de las razones por las que Al Qaeda estaba decidido a atacar tanto Nueva York como Washington (los centros económicos y políticos de Estados Unidos) el 11 de septiembre de 2001.

En cualquier caso, la maldad fomentada y propagada por ese lugar o sistema de los tiempos del fin infecta a todas las naciones de la tierra. Como lo registra Juan: “Porque todas las naciones han bebido del vino de la pasión de su inmoralidad, y los reyes de la tierra han cometido actos inmorales con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con la riqueza[e] de su sensualidad” (Ap. 18:3; NBLA). Consideremos algunos de los sectores de mayor crecimiento de nuestra economía hoy en día: “entretenimiento para adultos”, que incluye el juego, la pornografía, las drogas y el hedonismo desenfrenado. Y esto a pesar de la influencia restrictiva de la Iglesia, presente para contener algunos de los peores excesos. ¿Pueden imaginar la inmoralidad que se desatará—y las ganancias que se generarán por medios malvados—después del Rapto?

Entonces un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó al mar, diciendo: “Así será derribada con violencia Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada” (Ap. 18:21).

¿Cuándo y Dónde?

Durante casi 2,000 años, ha habido debates intensos sobre la ubicación exacta de Misterio Babilonia. Muchos de los primeros cristianos asumieron que Juan se refería a Roma, pero lo hacía de manera críptica para evitar más persecuciones por profetizar su caída. A medida que Roma llegó a representar al Papado de la Iglesia Católica Romana (nuevamente, con una ciudad representando un sistema o imperio corrupto), los protestantes adoptaron rápidamente esa interpretación como una acusación al Papado y a los errores expuestos en el catolicismo. Bill Salus apoya esta postura, destacando el uso del presente por parte de Juan al explicar que la ramera “es la gran ciudad, que domina sobre los reyes de la tierra” y es juzgada para vengar a los apóstoles y profetas (Ap. 17:18; 18:20).

Más tarde, se consideraron otras ciudades, como Londres, París y Nueva York—siempre elegidas por su prominencia como las capitales (políticas o económicas) de naciones poderosas o vastos imperios. La mayoría de los maestros de profecía afiliados al Ministerio Cordero y León rechazan esta perspectiva. En cambio, tal vez porque se han propuesto tantos lugares en el pasado, muchos eruditos bíblicos actuales creen que Misterio Babilonia a la que se refiere Juan podría ser un lugar aún por determinar donde el Anticristo establecerá su cuartel general mundial.

La mujer que viste es la gran ciudad, que tiene un reino  sobre los reyes de la tierra (Ap. 17:18).

Algunos sugieren que podría ser una Babilonia reconstruida—la antigua ciudad en Irak que Saddam Hussein comenzó a restaurar hace 40 años en un esfuerzo audaz por fomentar el turismo en Irak. Otros han propuesto una nueva ciudad en algún lugar de Europa o Medio Oriente y han señalado enormes proyectos de construcción de ciudades que rivalizan con la Babel original en su arrogancia y osadía. (Por ejemplo, en 2021 Arabia Saudita anunció que construiría una ciudad de 160 kilómetros de largo llamada “La Línea” en el desierto arábigo, con la aspiración de albergar a nueve millones de personas, pero sin permitir la circulación de autos).

Hoy en día, relativamente pocos expertos en la profecía bíblica defienden a Roma como el posible sitio del cumplimiento de la Misterio Babilonia. Según David Reagan:

Antes de este siglo, el consenso de opinión entre los expertos en profecía bíblica era que la “Misterio Babilonia” de Apocalipsis 17 y la “Babilonia la Grande” de Apocalipsis 18 eran referencias a Roma. Hoy en día, esa opinión ha cambiado radicalmente, y el consenso ahora es que estos términos se refieren a la antigua Babilonia. Por lo tanto, estos expertos argumentan que Babilonia será reconstruida pronto. Esta es la razón por la que Tim LaHaye, en su serie de libros “Dejados Atrás”, presenta a Babilonia como la ciudad capital del reino mundial del Anticristo.

Y los reyes de la tierra que cometieron actos de inmoralidad y vivieron sensualmente con ella, llorarán y se lamentarán por ella cuando vean el humo de su incendio. Y de pie, desde lejos por causa del temor de su tormento, dirán: “¡Ay, ay, la gran ciudad, Babilonia, la ciudad fuerte! Porque en una hora ha llegado tu juicio”.

Terry James y Al Gist comparten ese sentimiento, junto con Mark Hitchcock, quien dice: “Yo creo que se trata de una Babilonia literal reconstruida en el futuro”.

El Poder Detrás de Todo Esto

No cabe duda de que la Babilonia que Juan estaba describiendo será la sede del poder del Anticristo. Refiriéndose a ese último autócrata mundial, Isaías profetizó que el “rey de Babilonia” será un opresor de una crueldad sin precedentes (Is. 14:1-17). Y, como señaló Ed Hindson, “Es evidente en el libro de Apocalipsis que Juan describe a Babilonia, sea lo que sea que quiera decir con eso, como el Reino del Anticristo—el sistema mundial impío de los últimos días que controla la economía mundial”.

También es evidente que esta única ciudad tiene una influencia que parece superar incluso el poder económico de la ciudad de Nueva York, el poder político de Washington D. C. y la influencia religiosa de Roma. Por eso Dios ordena la destrucción de la ciudad mediante un derramamiento sobrenatural de Su ira, y por eso los reyes y comerciantes lloran y se lamentan tan amargamente por su pérdida.

Por esa razón, creemos que, como muchas otras profecías, las características de Misterio Babilonia son evidentes en varias ciudades y sistemas hoy en día—tal como ocurría en los tiempos de Juan. Sin embargo, eso nos lleva a la pregunta: ¿Qué es una ciudad? Es más que una ubicación en un mapa, un conglomerado de edificios o incluso una comunidad de habitantes. Las ciudades llegan a tener una cultura e influencia que trascienden todas esas apariencias externas. Y así como la antigua Babilonia (y Babel antes de ella) llegó a representar una rebelión deliberada y la aceptación de la maldad ante los ojos del Señor, Misterio Babilonia muy bien podría representar el sistema impío, reprobado y rebelde del Anticristo.

¿Creemos que el Anticristo gobernará su imperio mundial desde una gran ciudad (a los ojos humanos) en algún lugar del Medio Oriente? Sí. ¿Creemos que la ciudad será destruida en un solo día como se describe en Apocalipsis 18? Otra vez, sí.

Creemos que el llanto y el dolor de reyes, comerciantes y de todos aquellos que se complacían en el sistema pecaminoso que ella representa indica que algo mucho más arraigado y maligno finalmente será arrasado. La arrogancia y la rebelión inspiraron a Nimrod a construir ciudades en Sinar y Asiria. Él y sus hombres buscaban construir para [sí mismos] una ciudad y una torre cuya cúspide llegara al cielo. De igual manera, Sodoma y Gomorra mostraban su inmensa maldad ante el Señor. Así también, el Anticristo construirá, para su propio orgullo y gloria, una ciudad desde la cual gobernará su imperio global.

Al final, la conclusión de sentido llano de Nathan sobre la Misterio Babilonia es: “No sabemos si se trata de Roma o de una Babilonia reconstruida, pero la ciudad colapsará cuando Dios ataque la capital del Anticristo aquí en la Tierra”. La capital del Anticristo—el hombre poseído y exaltado personalmente por Satanás—será aniquilada. Como añadió David Reagan:

En realidad, no importa si el Anticristo gobernará desde Babilonia, Roma, Nueva York o cualquier otra ciudad. Sea cual sea, el Dios Todopoderoso va a destruirla, junto con su rey y todas sus actividades pecaminosas en una hora de un solo día (Ap. 18:8-10). Lo importante es que, sin importar la verdadera identidad de Babilonia, Jesús va a triunfar, y nosotros, los redimidos, vamos a ganar al final.

¡No podríamos haberlo dicho mejor! Así que, sabiendo que el Rey Jesús vencerá a todos Sus enemigos, calma tu corazón, seca tus lágrimas, deja ir tus pensamientos ansiosos y mantén la mirada alto, ¡porque nuestra Redención está cerca!


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)


Recursos Recomendados:

Los Dos Juicios de la Babilonia de los Tiempos del Fin

La Gran Ramera de Apocalipsis 17

Video: El Resurgimiento de Babilonia

Babilonia en la Profecía


Read in Lamplighter (pdf):

lunes, 7 de septiembre de 2026

MIS CAMINOS NO SON SUS CAMINOS

 Y Mi Tiempo no es su Tiempo

(¿Por Qué hay Tantas Analepsis y Prolepsis en Apocalipsis?)

Tim Moore con David Reagan


“Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes,
Ni sus caminos son Mis caminos”, declara el Señor.
Porque como los cielos son más altos que la tierra,
Así Mis caminos son más altos que sus caminos,
Y Mis pensamientos más que sus pensamientos”.

—Isaías 55:8-9; NBLA

El libro de Apocalipsis ha desconcertado durante mucho tiempo tanto a eruditos bíblicos como a laicos. Muchos pastores y maestros señalan su lenguaje apocalíptico e incluso advierten a los cristianos fieles que se alejen de esta profecía general que afirma la victoria final de Dios. 

Otros se pierden en la multitud de símbolos, sin darse cuenta de que éstos suelen interpretarse o explicarse —ya sea en el propio Apocalipsis o en otros pasajes que Juan menciona o alude a lo largo del libro. Finalmente, los escépticos adoran tratar a Apocalipsis como blanco de su desprecio. Afirman que nadie puede entender los detalles de sus extensas profecías—y por lo tanto, aseguran que es una pérdida de tiempo siquiera intentarlo.

Rechazamos esas actitudes negativas. Hay misterios de Dios que no pueden ser comprendidos ni escudriñados por el hombre. Como reconoció Moisés: “las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios” (Dt. 29:29). Pero Moisés también afirmó: “pero las cosas reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre…”.

Con esa certeza de iluminación, hagamos una pausa y reflexionemos sobre lo que podemos (y, por lo tanto, debemos) saber de Apocalipsis.

Acepte el Sentido Llano

El Ministerio Cordero y León siempre se ha adherido al significado  “sentido llano” de la profecía bíblica. Como dice el Dr. David Reagan:

Una clave muy importante para entender el Libro de Apocalipsis es aceptar el significado de sentido llano de cada pasaje. Incluso si no lo comprendes, la mejor regla general es simplemente aceptar el significado de sentido llano. Mi Regla de Oro de Interpretación que uso en toda la Biblia de principio a fin, sea profecía o no, es ésta: “Si el sentido llano tiene sentido, no busques otro significado, para que no termines con un sinsentido”.

Continúa:

Porque comprendo que la interpretación profética contiene símbolos, no me gusta usar el término “interpretación literal”. Prefiero el término “interpretación de sentido llano”. Sí, hay símbolos, pero los símbolos tienen significado. Y cuando se usan símbolos, busco su significado. Repito, si el sentido llano tiene sentido, no busques otro sentido, ¡no vaya a ser que termines con un sinsentido! Recuerda que Dios no escribe en acertijos para confundirnos a propósito. Él sabe comunicarse. Normalmente, dice lo que quiere decir, y quiere decir lo que dice. Trata siempre de aceptar el significado de sentido llano. Si no lo entiendes, no te preocupes. Deja de lado lo que es confuso y quédate con lo que sí comprendes. No caigas en la tentación de espiritualizar un pasaje hasta el límite o de alegorizarlo. Es muy grave tratar con ligereza la Palabra de Dios. En realidad, la espiritualización de las Escrituras es un acto blasfemo. La razón es que cuando comienzas a espiritualizar la Palabra de Dios, comienzas a jugar a ser Dios, porque puedes hacer que las Escrituras signifiquen lo que tú quieras, en lugar de lo que Dios quiso decir.

(Ira y Gloria, págs. 30-31) 

La advertencia del Dr. Reagan es totalmente acertada. Una vez desafié a un pastor talentoso por su “reinterpretación” de la Palabra de Dios. Aunque él era fiel al proclamar el Evangelio y señalar a la gente hacia Jesucristo en cada sermón, su perspectiva amilenial lo llevaba a tomar a la ligera las profecías bíblicas. Específicamente, cada vez que leía en voz alta un pasaje del Antiguo Testamento sobre las promesas proféticas de Dios a Israel, sustituía la palabra “Israel” por “Iglesia”. Al hacerlo, cambiaba por completo el tema de las promesas de Dios y socavaba las promesas inquebrantables que Dios hizo a los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob.

Ya sea que estemos estudiando el Apocalipsis desde una perspectiva general o explorando cada detalle, debemos adherirnos al significado de sentido  llano de lo que Dios eligió revelar a través de Jesús a Sus siervos—tú y yo.

Si Crees, Entenderás

Entonces, ¿cómo cerramos la brecha entre creer y entender? Una clave es dedicarnos a lo que llamamos una palabra sucia de siete letras: E-S-T-U-D-I-O. 

Sencillamente, no hay sustituto, ni atajo, para estudiar la Palabra de Dios. Ya sea siguiendo el “hilo escarlata” que conecta el Antiguo Testamento con el Nuevo y apunta a Jesucristo, guardando la Palabra en nuestro corazón, o dejando que el Espíritu Santo ilumine nuestra mente mientras buscamos entender pasajes específicos, se requiere un estudio fiel, cuidadoso, intencional y persistente.

Demasiadas personas tienen una mentalidad de tablero de dardos con respecto a su propio estudio de la Biblia. Piensan que al abrir el Libro al azar, Dios señalará un versículo específico para ellos. Aunque Dios de hecho trae a la memoria versículos específicos de vez en cuando, hojear versículos al azar no sustituye un estudio cuidadoso. Pero incluso el estudio será de poca utilidad a menos que esté basado en una fe inquebrantable. En otras palabras, tienes que creer antes de que puedas entender.

Una vez más, el Dr. Reagan escribe:

El mejor comentario que he leído sobre el Libro de Apocalipsis es uno llamado The Revelation Record, por el Dr. Henry Morris (fundador del Institute for Creation Research). Justo al principio, hace una afirmación que me hizo querer gritar “¡Aleluya!”. Dice: “El Libro de Apocalipsis no es difícil de entender. Sólo es difícil de creer. Si lo crees, lo entenderás”. ¡Qué percepción tan profunda! Y tan cierta. No la olvides.

Con eso en mente, y confiando en que el Señor quiere que entendamos, podemos desglosar una característica del Apocalipsis que a menudo confunde a algunos lectores.

Una Perspectiva Divina sobre el Tiempo

El concepto del tiempo es difícil de comprender completamente. ¿Cuántos cristianos pueden realmente entender el significado de “eternidad”? ¿Podemos realmente comprender la idea de que Dios existe fuera del tiempo?

El tiempo, tal como lo conocemos, transcurre de forma lineal, tal como una línea de tiempo lo representa visualmente. He llegado a comprender que, si bien estamos obligados a avanzare lentamente por esa línea de tiempo, con una capacidad limitada para recordar el pasado y ninguna de mirar el futuro, Dios no está en la línea de tiempo. Al igual que un piloto que vuela a 11,000 metros puede mirar hacia abajo una autopista y ver muchos kilómetros en ambas direcciones, Dios puede ver mucho más allá de nuestros horizontes temporales.

Imagina que estás viajando por un camino desde el punto A hasta el punto B. Más allá de los límites de tu espejo retrovisor, no tienes idea de lo que está ocurriendo varios kilómetros detrás de ti. Y dependiendo del terreno y la visibilidad, no es posible que sepas lo que hay alrededor de la próxima curva del camino. Pero un piloto volando muy por encima de tu cabeza puede ver el atasco de tráfico que te espera unos kilómetros más adelante.

La perspectiva de Dios es infinitamente mayor que la nuestra o la de cualquier piloto en el aire. Él puede ver el comienzo mismo de nuestra línea de tiempo desde el momento en que dijo: “Sea la luz”. También ve el final cuando el Primer Cielo y la Primera Tierra hayan pasado. Y puede ver todo lo que hay en medio con igual claridad.

Así pues, al llegar al Apocalipsis, debemos darnos cuenta de que Dios nos ofrece un adelanto de “las cosas que deben suceder pronto” (Ap. 1:1). Incluso la palabra “pronto” es problemática para algunos, porque racionalizan desde una perspectiva temporal que un retraso de 2,000 años distorsiona el significado de “pronto”. Pero, como me gusta decir, cuando hayamos estado reunidos con el Señor durante mil millones, trillones de años, ¿unos simples 2,000 años parecerán tanto? Todo es cuestión de perspectiva.

Observa el Marco de Tiempo

Teniendo esto en cuenta, intentemos leer el Apocalipsis desde una perspectiva bíblica, o incluso me atrevería a decir “piadosa”. Una vez más, el Dr. Reagan ofrece una perspectiva maravillosa:

Otra clave para entender el Apocalipsis es observar el marco de tiempo de lo que estás leyendo. Es probable que ésta sea la clave más ignorada para comprender el libro. Sin embargo, es de vital importancia. Observar el marco de tiempo es importante al leer cualquier tipo de literatura. El Libro del Apocalipsis, en este aspecto, no es diferente de una novela. Cuando lees una novela, siempre tienes que estar consciente del marco de tiempo del pasaje que estás leyendo. ¿Está en el pasado, en el presente o en el futuro? Por ejemplo, podrías encontrarte con un flashback mientras lees una novela. De repente, eres transportado atrás en el tiempo a algo que ocurrió hace años. Luego, podrías ser llevado de nuevo al presente y leer algunos eventos que están ocurriendo en la línea de la historia del libro. El libro incluso podría contener un salto al futuro. Los saltos hacia el futuro no son tan comunes en la literatura secular regular como lo son en la literatura espiritual. La Biblia está llena de saltos hacia el futuro porque Dios sabe lo que va a suceder en el futuro y, a través de la revelación del Espíritu Santo, da conocimiento sobrenatural a Sus profetas sobre eventos futuros. El salto hacia el futuro es un recurso literario muy común en el Libro de Apocalipsis. Aunque el Libro de Apocalipsis está organizado en orden cronológico, en el sentido de que los eventos principales que presenta ocurren uno tras otro, sin embargo, hay muchos lugares en la historia donde se adelanta a eventos que van a ocurrir en el futuro. Debes estar muy atento a esto si quieres comprender lo que está pasando en el libro.

Ejemplos de Cambios en el Marco de Tiempo

Permítanme darles algunos ejemplos de pasajes de Apocalipsis que contienen saltos al pasado [retrospectivas] o al futuro [anticipaciones]. Al llegar al final de Apocalipsis 11, nos encontramos en medio de la Tribulación. El Anticristo acaba de asesinar a los dos grandes profetas de Dios que habían estado predicando el arrepentimiento durante tres años y medio. Cuando comienza Apocalipsis 12, la acción de la historia se detiene con una retrospectiva diseñada para explicar al lector por qué el Anticristo está enfurecido contra Dios y Sus santos.

Los primeros cinco versículos de Apocalipsis 12 cuentan la historia en lenguaje simbólico de cómo Israel dio a luz al Mesías y cómo Satanás trató de matarlo al nacer. El objetivo de esta retrospectiva es mostrar que Satanás odia a Israel con una pasión especial porque el pueblo judío fue a través de quien Dios proporcionó al Mesías.

El versículo 6 termina la retrospectiva reanudando la historia principal. Nos dice que un remanente del pueblo judío huirá al desierto en medio de la Tribulación para escapar de la ira del Anticristo. El resto del capítulo 12 está en tiempo presente, describiendo eventos que ocurren en medio de la Tribulación, como el intento de Satanás de tomar el trono de Dios por última vez, lo que da como resultado una guerra en el Cielo.

El capítulo 13 continúa en tiempo presente. Describe en detalle algunas de las actividades iniciales del Anticristo y su Falso Profeta después de que llegan al poder. Mientras el Anticristo hace guerra contra los santos y ejerce su autoridad sobre todo el mundo, su Falso Profeta establece un sistema religioso blasfemo y una sociedad totalitaria.

 

La acción en tiempo presente se detiene una vez más con el comienzo del capítulo 14. Esta vez, la acción se interrumpe con un salto hacia el futuro diseñado para tranquilizar al lector, asegurándole que, a pesar de todas las terribles acciones del Anticristo y su falso profeta, Jesucristo triunfará. El versículo 1 dice: “Después miré, y vi que el Cordero estaba de pie sobre el monte de Sion, y con Él ciento cuarenta y cuatro mil que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente”. Esto es un salto al futuro hacia el final de la Tribulación. El Cordero, Jesucristo, ha llegado. Está de pie sobre el monte Sion en Jerusalén. Lo acompaña un grupo de evangelistas judíos que fueron sellados por Dios al principio de la Tribulación.

El resto del capítulo 14 es un salto al futuro. Tiene la forma de un tráiler de cine, contándonos de manera resumida lo que viene. Los versículos 6 al 20 nos dan una vista panorámica del resto de los eventos que aún van a ocurrir en los últimos días de la Tribulación. Por ejemplo, el versículo 8 nos habla de la caída de “Babilonia la grande”. Esa caída no ocurre en tiempo presente sino hasta el capítulo 18.

(Ira y Gloria, págs. 35-38) 

Buscando una Comprensión Piadosa

Cualquier padre que haya intentado comunicar ideas complejas a un niño sabe que algunas verdades no se pueden comprender completamente hasta que el niño crece y madura. De igual manera, algunos misterios proféticos no se pueden entender hasta que crecemos en la madurez cristiana. Y algunos requieren un gran estudio acompañado de la iluminación del Espíritu Santo.

Pero si creemos que Dios eligió comunicarnos la profecía bíblica porque quiere que tengamos comprensión, que nos sintamos seguros y que nos sintamos fortalecidos para servirle poderosamente en este mundo oscuro, entonces la comprensión llegará.

Para los exiliados judíos en Babilonia, Dios inspiró a Jeremías a compartir un mensaje de esperanza y ánimo. Mientras languidecían en una tierra pagana y anhelaban estar en la Tierra Prometida, Dios les aseguró que tenía planes para su bienestar y les prometió un futuro y una esperanza (Jeremías 29:11). Pero también los instó a buscarle, diciendo: “Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13).

En el Libro del Apocalipsis, las anticipaciones al futuro se presentan principalmente por una razón: para brindar consuelo al lector”.

Dios descorre el velo sobre el tiempo del fin en el libro de Apocalipsis. A través de una narrativa apasionante, mezclada con retrospectivas y avances en el tiempo, Él revela el acto culminante de Su plan para las edades.

La mejor manera de obtener comprensión es confiando en Dios y creyendo en Su Palabra, incluso cuando no comprendemos. Pero la comprensión aumentará a medida que estudiamos Su Palabra, lo busquemos a Él y la sabiduría que ofrece, y mantengamos nuestros ojos en Jesucristo. Con ese fin, Jesús ofrece una promesa breve de bendición a todos los que lleguen a Apocalipsis listos para que sus corazones sean iluminados:

Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas, porque el tiempo está cerca (Ap. 1:3)


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

Recursos Recomendados:





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miércoles, 2 de septiembre de 2026

Observaciones del Editor: Las Copas de la Ira de Dios

Sean astutos como las serpientes e inocentes como las palomas (Mt. 10:16: NBLA).

Esas palabras de Jesucristo guían al Ministerio Cordero y León, mientras buscamos servirle en un mundo caído. Como ministerio multimedia enfocado en proclamar Su pronto regreso, a Satanás le encantaría silenciar nuestro mensaje y mantenernos distraídos y marginados.

Pero Dios nos ha encomendado declarar con valentía Su Verdad, mientras evitamos las trampas de esta época. Es por eso que, a lo largo de los años, hemos sido intencionales con las imágenes y gráficos que utilizamos en la revista Farolero y en todos nuestros medios visuales. Con el auge de la tecnología de IA, los ministerios en todas partes están siendo inundados con acusaciones de infracción de derechos de autor, incluso por imágenes que llevan mucho tiempo en el dominio público.

A menudo les recuerdo a los asistentes a las conferencias que Jesús y los apóstoles difundieron las Buenas Nuevas de forma oral y, más tarde, por escrito. Nuestra fe se basa en la Palabra de Dios, que no viene acompañada de imágenes—ni estáticas ni en movimiento. Sin embargo, el poder de la Palabra de Dios penetra incluso el corazón más duro, plantando semillas que el Espíritu Santo hace germinar. Así pues, aunque nos esforzamos por hacer que nuestro alcance sea visualmente atractivo, en última instancia confiamos en el Dios invisible que atrae los corazones individuales hacia Él. Los “ojos para ver y oídos para oír” a los que Él apela requieren discernimiento espiritual.

A medida que continuamos con nuestra serie basada en nuestro folleto “Panorama de los Tiempos del Fin” (y las enseñanzas en línea que lo acompañan), oramos para que hayas sido iluminado y animado. Este número ofrece ambas cosas—junto con una advertencia urgente para aquellos sobre quienes aún recae la ira de Dios (Juan 3:36).

¿Qué te depara el futuro? ¿Bendición o maldición? ¿Un Banquete de Bodas o los Juicios de las Copas? ¿Vida eterna o tormento eterno?

Elige con sabiduría, pero elige hoy—mientras aún haya tiempo.


Director y Evangelista Sénior 
Ministerio Cordero y León

sábado, 15 de agosto de 2026

Video: Jesús Revelado en los Tiempos del Fin

Para escuchar el audio en español, seleccione pista de audio "Español (US)"


¿Estamos viviendo en los tiempos del fin? ¡Descúbralo con el invitado Robert Jeffress y los evangelistas Tim Moore y Nathan Jones en el programa de televisión Cristo en la Profecía!

miércoles, 12 de agosto de 2026

Video: Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis

Para escuchar el audio en español, seleccione pista de audio "Español (US)"


¿Quiénes o qué son los cuatro jinetes del Apocalipsis 6? ¡Descúbrelo con el invitado Pete Garcia y el evangelista Tim Moore en el programa de televisión Cristo en la Profecía!

viernes, 31 de julio de 2026

¿Puedo Tener un Testigo?



Ésta es la tercera vez que voy a vosotros. Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto”.  – El apóstol Pablo (2 Co. 13:1)  

Cuando Marvin Gaye cantó, “¿Puedo tener un testigo?” en 1963, no estaba hablando en términos teológicos. Se dice que la frase se originó en la iglesia afroamericana en el siglo XIX y se ha usado en contextos legales y religiosos desde entonces.

Un solo testigo carece de legitimidad—tanto en el antiguo Israel como en un tribunal moderno. Sin embargo, el testimonio de dos o más testigos creíbles sirve como base para evidencia admisible y confiable. Hay excepciones a esta regla, como lo experimenté una vez cuando formé parte de un jurado.

Otro ejemplo obvio es el testimonio ocular del Dios Todopoderoso. Con Su declaración, “En el principio…”, reveló cómo se creó el universo y cómo llenó la tierra de vida. Su credibilidad es absoluta, así que no necesito otro testigo que corrobore Su relato. Cualquiera que rechace Su testimonio para proponer otras teorías está participando en especulaciones insensatas. De manera similar, nadie puede saber qué pasará al final de los tiempos a menos que Dios nos lo revele (Mateo 24:3). Jesús señaló esto a Sus discípulos cuando éstos mostraron gran interés por conocer el momento cuándo restauraría el reino a Israel (Hechos 1:6).

Pero Dios sí reveló mucho sobre los tiempos del fin a través de Sus profetas, tal como le indicó a Amós.

Porque no hará nada Jehová, el Señor, sin revelar su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7).

Y reveló muchos más detalles a Pablo, Pedro y Juan, incluyendo un libro entero que se describe a sí mismo como “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto…” (Ap. 1:1). ¿Por qué Jesús eligió revelar tantos detalles sobre el fin de los tiempos a Juan y, a su vez, a nosotros? Porque “el tiempo está cerca” (Ap. 1:3).

Un Testimonio Urgente

Es fácil quedar tan atrapado en los espectaculares detalles del libro de Apocalipsis (con sus cartas a las Siete Iglesias, los Juicios de los Sellos, las Trompetas y las Copas; y toda la demás actividad que Juan ve en el Cielo y en la Tierra) perder de vista el verdadero propósito de este libro.

Jesús claramente desea ofrecer ánimo a la Iglesia mientras espera el Rapto. También fue directo en Su amonestación a las iglesias (y los cristianos individuales) que han perdido su Primer Amor, han permitido que la herejía y la apostasía se infiltren en su doctrina, han tolerado lo intolerable o se han enfriado en su fe hasta el punto de que Jesús está afuera llamando a la puerta para volver a entrar. Pero hay otra razón por la que Dios Padre quiso que Jesucristo ofreciera esta revelación tan completa: Su gran amor y misericordia.

Dios estaría justificado en derramar Su ira sobre un mundo impenitente sin ninguna advertencia. Aquellos que lo han rechazado recibirían su justo castigo: muerte y condenación. Pero Dios siempre advierte antes de derramar Su juicio:

  • Lo hizo antes del Diluvio, cuando Noé era un pregonero de justicia mientras construía el Arca.
  • Lo hizo con Sodoma y Gomorra, cuando envió a dos ángeles para rescatar a Lot y su familia (y para demostrar la maldad de las ciudades).
  • Lo hizo con Nínive, cuando envió a Jonás (el mensajero reacio) para advertirles de su destino inminente.

Podrías decir: “Pero Dios no siempre ofreció un camino claro para evitar Su ira”. Consideremos el mensaje sensible hacia la audiencia que tuvo Jonás (sarcasmo intencionado). Cuando finalmente llegó a Nínive, todavía oliendo sospechosamente a pescado, el mensaje breve que dio por un solo día fue: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida” (Jonás 3:4). Ni un llamado al arrepentimiento. Ni una oferta explícita de salvación. Sin un indicio de una segunda oportunidad.

Sin embargo, el pueblo de Nínive, “desde el mayor hasta el más pequeño”, entendió la elección que tenían ante sí. Eligieron creer en Dios y arrepentirse. Por orden del rey, se pusieron cilicio y ceniza, se humillaron ante el Dios Todopoderoso y oraron para que Dios se detuviera y se arrepintiera y se calmara el ardor de su ira para que no perecieran (Jonás 3:5-9).

El corazón de Dios se revela en Su respuesta: “Vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino, y se arrepintió del mal que había anunciado hacerles, y no lo hizo” (Jonás 3:10). Jonás estaba enojado porque la ira de Dios se había desviado. Admitió que su negativa inicial a obedecer el encargo de Dios fue para evitar este resultado.  Como él mismo dijo: “…yo sabía que tú eres un Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte y de gran misericordia, que te arrepientes del mal” (Jonás 4:2). Lamentablemente, Jonás dijo que preferiría morir antes que ver a los ninivitas salvados. 

Las Escrituras son claras: algunos de los que perecen eligen la ira en lugar del arrepentimiento.

El Último Llamado de Dios

Hacia el final de los Juicios de las Trompetas, Juan registra una escena dramática que se desarrolla en Jerusalén y otra en el cielo.

Poco después de que suene la sexta trompeta, a Juan se le da un pequeño libro para comer. Tiene un sabor dulce, pero le amarga el estómago. Al igual que el libro que se le dio a Ezequiel, este libro probablemente representa el derramamiento final de la ira profetizada de Dios. Si bien los juicios de Dios son justos y verdaderos para el creyente (de sabor agradable), para el mundo incrédulo son “lamentaciones, llanto y ay”—por eso son amargos mientras se digieren sus implicaciones (Ez. 2:10).

De hecho, el siguiente capítulo en Apocalipsis revela el plan de Dios de enviar a dos grandes testigos proféticos para testificar al mundo desde Jerusalén. Ellos tienen poder desde lo alto para causar sequías en todo el mundo, convertir el agua fresca en sangre y desencadenar plagas “cuantas veces quieran” (Ap. 11:6). Su mensaje es tan ominoso que visten de cilicio.

Durante tres años y medio, el Anticristo no podrá silenciar a estos dos testigos, hasta que Dios retire el cerco de protección que ha levantado alrededor de ellos, y sean abatidos a la mitad de la Tribulación. Incluso entonces, Dios valida su mensaje y su fidelidad resucitándolos tres días después, y luego llamándolos al cielo con una llamada parecida al Rapto: “Subid aquí” (Ap. 11:12).

Tan sólo tres capítulos después, Juan registra el envío de un ángel que vuela en el cielo medio (el aire sobre la tierra), predicando el Evangelio eterno a toda nación, tribu, lengua y pueblo.

¿Cuál es el propósito de estos llamados finales a un mundo rebelde? Demostrar que, incluso en la ira, Él se acuerda de la misericordia (Hab. 3:2). El mismo Dios que envió a Cristo a morir por nosotros mientras todavía éramos pecadores demostrará una vez más Su gran amor por la humanidad (Ro. 5:8).

Trágicamente, la mayoría de las personas en el mundo rechazarán la gracia, el amor y la misericordia de Dios, incluso mientras los Juicios de los Sellos y las Trompetas los castigan gravemente. ¿No es eso cierto ahora mismo? Miles de millones avanzan de cabeza hacia el infierno, ajenos e indiferentes a la oferta gratuita de salvación que podría ser suya. Y ahí es donde entramos tú y yo.

¿Cuál es tu Respuesta?

Algunos cristianos leen Apocalipsis y se enfocan en los juicios y la ira. Yo leo el libro y veo el gran amor de Dios revelado en el hecho de que advierte a quienes perecen. Al igual que los cuatro Evangelios y a los otros 61 libros de la Biblia, Apocalipsis es una carta de amor de Dios a Sus criaturas descarriadas. 

Con respecto a los dos testigos y al ángel que da la vuelta al mundo, podrías pensar: “Dios realmente no necesita que yo comparta el Evangelio. Él puede difundir ese mensaje de salvación sin mí”. Eso es cierto, pero se pierde el punto de la Gran Comisión. Dios ha elegido involucrarte en Su gran misión de salvar a un mundo perdido y moribundo. Ese encargo es tanto una responsabilidad como un privilegio, y se cumple tanto para la gloria de Dios como para nuestra gran bendición.

Conocer el final de la historia tal como se expone en las Escrituras (y especialmente en Apocalipsis) y no advertir a aquellos destinados a la destrucción sería como la despreocupación insensible de Jonás hacia la gente de Nínive. En cambio, la manera de recibir la bendición no sólo por leer, sino también por “prestar atención” a las profecías registradas en Apocalipsis, es actuar según tu entendimiento mientras tengas vida.

Cada uno de nosotros está rodeado por “muertos que caminan”—almas destinadas al infierno, a menos que se arrepientan y acepten a Jesucristo en esta vida. Incluso si el Señor viene tan pronto como espero, hay algunos que no vivirán para entrar en la Tribulación. Por lo tanto, la pregunta que Dios plantearía a los cristianos profesantes que aceptan Su Palabra profética y disciernen que el tiempo está cerca sigue siendo:

“¿Puedo tener un testigo?”


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)


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