lunes, 16 de mayo de 2022

Libro: ¿Cuál es la Diferencia Entre un Milenio y un Milpiés? – Capítulo 2 (Parte 1 de 2)

La Visión Premilenial Histórica
El punto de vista original 

Por Dr. David R. Reagan

Haga clic sobre la imagen para ir al Índice

Este punto de vista de los tiempos del fin fue desarrollado por los primeros Padres de la Iglesia, y se basaba en una interpretación literal o de sentido llano de la profecía.

El punto de vista sostenía que habría una Era de la Iglesia de duración no especificada, durante la cual la Iglesia se extendería por todo el mundo. Cuando llegara el momento de que terminara la Era de la Iglesia, el Señor proporcionaría ciertas señales que alertarían a la humanidad sobre la venidera Tribulación de siete años. Ese período de horror sin precedentes terminaría con la Segunda Venida del Señor. El Mesías comenzaría entonces Su reinado de mil años sobre toda la tierra a través de un reino centrado en los judíos.

Figura 5: Premilenialismo Histórico

Los Padres de la Iglesia

Éste es el único punto de vista sistemático de los eventos del tiempo del fin que existió durante los primeros 300 años de la Iglesia. Con sólo unas pocas excepciones, todos los Padres de la Iglesia que se expresaron sobre el tema de la profecía fueron premileniales hasta el año 400 d.C.1 Justino Mártir, que nació en el año 100 d.C., llegó tan lejos en sus escritos sobre el tema que  sugirió que cualquier persona que tuviera un punto de vista diferente no era ortodoxo.2

Aquellos que hoy no están de acuerdo con este punto de vista responden a la casi unanimidad de los primeros Padres de la Iglesia diciendo que simplemente estaban equivocados en su interpretación de las Escrituras proféticas.

Ciertamente debe notarse que estos líderes de la iglesia primitiva no eran eruditos proféticos. Escribieron muy poco sobre profecía, y lo que escribieron fue incompleto. Su principal preocupación no era la profecía, sino la deidad de Jesús, la unidad de Dios, los problemas prácticos de la organización de la iglesia y la supervivencia en medio de la persecución.

Sin embargo, su concepto de los eventos del tiempo del fin no debe descartarse de plano como crudo y primitivo, ya que cualquiera que haya estudiado las Escrituras proféticas tendrá que admitir que el punto de vista de los Padres de la Iglesia presenta un resumen de sentido llano de las enseñanzas de la Biblia sobre los tiempos del fin.

El Desafío

La persona que sentó las bases que produjeron un gran desafío al punto de vista premilenial fue Orígenes de Alejandría, Egipto (185-254 d.C.).3 Su enfoque de toda la Escritura era espiritualizarla o alegorizarla. Por lo tanto, negó el significado literal de la profecía. Consideraba su lenguaje como altamente simbólico y expresivo de profundas verdades espirituales más que de eventos históricos futuros.

El enfoque alegórico de Orígenes fue aplicado específicamente a la profecía por un hombre llamado Ticonio (quien murió alrededor del año 400 d.C.).4 Argumentó que las profecías concernientes al Milenio se estaban cumpliendo en la Era de la Iglesia y que el período de tiempo de mil años no era literal. También argumentó que la primera resurrección mencionada en Apocalipsis 20:4 era una resurrección espiritual — es decir, el nuevo nacimiento.

El más grande de los Padres de la Iglesia, Agustín (354-430 d.C.), popularizó los puntos de vista de Ticonio. En el proceso, desarrolló un esquema completamente nuevo de eventos del tiempo del fin. Este nuevo punto de vista fue presentado en su libro, La Ciudad de Dios, publicado en 426 d.C.5 Llegó a ser conocido como Amilenialismo.

Una Vida Corta

El punto de vista premilenial histórico no duró mucho. La razón principal de su corta vida fue el rápido crecimiento del antisemitismo en la iglesia primitiva.

Para principios del siglo 2 d.C., los Padres de la Iglesia estaban enseñando que los judíos habían cometido deicidio (el asesinato de Dios) al crucificar a Jesús. Por lo tanto, concluyeron que Dios se había desentendido de Su Pueblo Escogido y lo había reemplazado con la Iglesia.6

Por lo tanto, la Iglesia era vista como el “Nuevo Israel”, que había heredado todas las promesas hechas al pueblo judío, incluida la promesa de un reino mundial. No habría un futuro reino del pueblo judío conocido como el Milenio. En cambio, todas las promesas concernientes al Milenio se cumplirían en la Iglesia.

Este concepto atrajo mucho a los primeros líderes de la Iglesia. Puso a los judíos en su lugar como insignificantes, y elevó a la Iglesia al estatus del reino de Dios en la tierra, con el derecho de gobernar sobre todos los reinos terrenales. Un segundo factor que contribuyó a la rápida muerte del premilenialismo histórico fue el impacto de la filosofía griega. A medida que la Iglesia se expandió más allá de sus raíces judías al mundo gentil, más y más personas se convertían que tenían una cosmovisión griega que era contraria a las Escrituras.

Los griegos tenían un punto de vista que negaba la creación.7 Veían el mundo material como esencialmente malvado. En contraste, el punto de vista hebreo contenido en las Escrituras es uno que afirma la creación. Para la mente hebrea, la creación fue originalmente perfecta y todavía es buena, a pesar de que ha sido corrompida por la maldición. Así, el salmista escribe: "Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos" (Salmos 19:1).

Mientras que los griegos miraban hacia la disolución del universo, los hebreos anhelaban la redención de la creación. Isaías soñó con “los cielos nuevos y la nueva tierra” (Isaías 66:22), y Pablo escribió que toda la creación anhela su redención para que sea “libertada de la esclavitud de corrupción” (Romanos 8:18-21).

La cosmovisión griega no permitiría a los nuevos cristianos gentiles aceptar al pie de la letra lo que la Biblia decía sobre los eventos del tiempo del fin. Lo que la Biblia profetizaba estaba demasiado ligado a este mundo: un futuro reino de Cristo en esta tierra. Consideraban que tal punto de vista era de naturaleza carnal.

Usando un enfoque espiritualizador, los teólogos gentiles trataron de desestimar un Milenio literal y terrenal. El resultado fue el punto de vista amilenial de los eventos del tiempo del fin que sostiene que la actual Era de la Iglesia es un Milenio espiritual de duración indefinida. Así es como el más influyente de los Padres de la Iglesia, Agustín, lo expresó: “... la Iglesia incluso ahora es el reino de Cristo, y el reino de los cielos. En consecuencia, incluso ahora los santos reinan con Él”. 8

Entonces, el amilenialismo nació en la cuna del antisemitismo y la espiritualización de las Escrituras. Con el tiempo, después de la publicación de La Ciudad de Dios de Agustín en 426 d.C., el punto de vista amilenial se convirtió en el punto de vista de la Iglesia Católica Romana. Y, dado que los puntos de vista contrarios sobre cualquier tema no fueron tolerados por la Iglesia, el punto de vista histórico premilenial se desvaneció y no revivió hasta después de la Reforma.

Traducido por Donald Dolmus
En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

Order Dr. Reagan's new book:

El Reino Venidero – Parte 11

Por Dr. Andy Woods

Haga clic en la imagen para ir al Índice

Debido a que el mundo evangélico de hoy cree que la iglesia está experimentando el reino mesiánico, comenzamos un estudio que narra lo que la Biblia enseña sobre el reino. Este reino terrenal se anticipa en el oficio de Administrador Teocrático que se perdió en el Edén, en los pactos bíblicos, en las predicciones de los profetas del Antiguo Testamento y en la teocracia terrenal que gobernó Israel desde el tiempo de Moisés hasta Sedequías. Este arreglo teocrático terminó con el inicio de los “Tiempos de los Gentiles”, cuando la nación no tenía ningún rey reinando en el Trono de David, ya que Judá fue pisoteada por varias potencias gentiles. En ese contexto entró Jesucristo, el legítimo heredero del trono de David. Si el Israel del primer siglo hubiera entronizado a Cristo, el reino terrenal se habría convertido en una realidad. A pesar de esta oportunidad sin precedentes, Israel rechazó la oferta del reino (Mateo 12), lo que llevó al aplazamiento del reino.

Debido a este aplazamiento, Cristo comenzó a explicar las condiciones espirituales que prevalecerían durante la ausencia del reino. Este programa interino incluye Su revelación de los misterios del reino (Mt. 13) y la iglesia (Mt. 16:18). Con respecto a los misterios del reino de Mateo 13, como se explicó anteriormente, cuando las parábolas de Mateo 13 se entienden juntas, podemos obtener una imagen del curso de la presente “era de misterio”.

El segundo aspecto de la fase interina durante el aplazamiento del reino mesiánico es la revelación de Cristo de la iglesia (Mt. 16:18). La iglesia consiste de todas las personas, incluidos tanto el remanente judío como los gentiles, que han confiado en el mismo Mesías que el Israel nacional del primer siglo rechazó. A diferencia de Israel, que era una identidad nacional, la iglesia es un organismo espiritual que consta de todas las naciones y etnias (Gá. 3:28; Ro. 10:19; Ef. 2:14). La Era de la Iglesia comenzó el Día de Pentecostés en Hechos 2, y concluirá con el futuro rapto de la iglesia de la tierra. En lugar de reemplazar a Israel, la iglesia representa una obra divina completamente nueva que interrumpe los tratos pasados y los tratos futuros de Dios con el Israel nacional. Como se explicó en artículos anteriores, la obra actual de Dios en y a través de la iglesia no debe confundirse con el programa de Dios con respecto al reino venidero. Simplemente no hay suficientes puntos de correspondencia entre la iglesia del Nuevo Testamento y lo que la Escritura predice con respecto al reino venidero.

La Iglesia No Es Israel 

Otra razón por la que la iglesia no debe confundirse con el reino es que el programa del reino gira en torno al Israel nacional. El Nuevo Testamento nunca designa a la iglesia como “Israel”. De hecho, la palabra Israel se encuentra setenta y tres veces en el Nuevo Testamento y siempre se refiere a los descendientes físicos de Abraham, Isaac, y Jacob.[1] Algunas veces, el término “Israel” en el Nuevo Testamento se refiere a los judíos creyentes, y a veces se refiere a los judíos incrédulos. Sin embargo, el término Israel en el Nuevo Testamento siempre se refiere a aquellos que son judíos físicos. Esta palabra nunca se refiere a los gentiles, la iglesia, o incluso a un grupo que sea una mezcla de judíos y gentiles. Esta generalización es válida con respecto al pasaje, a menudo citado, de Gálatas 6:16. Exegéticamente, la expresión “Israel de Dios”, que se encuentra en Gálatas 6:16, sólo se refiere a los judíos creyentes dentro de las iglesias de Galacia.[2] 

Además, el Libro de los Hechos registra cómo la iglesia llegó a existir en Hechos 2 y continuó existiendo junto a Israel antes del exilio mundial de la nación en el año 70 d.C. A lo largo de este período, Hechos es juicioso al mantener las dos entidades, la iglesia e Israel, separadas. Fruchtenbaum observa: “En el libro de los Hechos, tanto Israel como la iglesia existen simultáneamente. El término Israel se usa veinte veces y ekklēsia (iglesia) diecinueve veces, pero los dos grupos siempre se mantienen distintos”.[3] 

La Iglesia e Israel Representan Diferentes Programas de Dios

Una razón adicional de que Israel no es la iglesia se debe al hecho de que la iglesia e Israel representan programas separados de Dios. Son dos trenes que circulan por vías férreas independientes. El teólogo y fundador del Seminario Teológico de Dallas, Lewis Sperry Chafer, notó veinticuatro diferencias entre Israel y la Iglesia.[4] Aquí hay algunas diferencias de la lista de Chafer y algunas de las mías. 

Primera, Israel es la esposa de Jehová (Is. 54:5), mientras que la Iglesia es la novia de Cristo (Ef. 5:22–23). Segunda, Israel dio a luz a Cristo (Ap. 12:1–5), mientras que Cristo dio a luz a la Iglesia (Mt. 16:18). Tercera, Cristo regresará para rescatar a Israel después de su conversión al final del período de la Tribulación (Mt. 23:37–39). Por el contrario, Él regresará a rescatar a la Iglesia en el Rapto (Juan 14:1–3). Cuarta, las imágenes de rey y súbdito se usan para representar la relación de Dios con Israel (Is. 33:22), mientras que las imágenes de la cabeza y el novio se usan para representar la relación de Cristo con Su Iglesia (Ef. 5:22–33). Quinta, el programa de Dios a través de Israel comenzó en Génesis 12, y Su programa a través de la Iglesia comenzó en Hechos 2 (Mt. 16:18; 1 Co. 12:12; Hch. 1:5; 11:15–16).

Sexta, mientras que cuatro quintas partes de la Biblia se refieren a Israel, sólo una quinta parte de ella se refiere a la iglesia. Séptima, aunque Israel era una parte directa de los pactos bíblicos (Jer. 31:31–32), la iglesia no era parte de estos pactos, ya que la Iglesia aún no existía cuando se hicieron estos pactos.  La relación de la Iglesia con estos pactos se puede describir mejor como una de un tercero beneficiario, en lugar de ser una parte directa de ellos. Por lo tanto, la Iglesia se beneficia de los pactos, en lugar de ser una parte directa de ellos. Octava, Israel es una nación (Sal. 147:20). Como tal, siempre se la describe bíblicamente como una nación independiente con fronteras y una capital. Incluso hoy, Israel se encuentra entre las naciones de la tierra, al igual que Japón, Argentina, Canadá, o cualquier otro país. Por el contrario, la Iglesia no es una nación (Ro. 10:9), sino que está compuesta por personas de todas las naciones (Gá. 3:28; Ef. 2:11–22; 3:6, 15). En lugar de tomar su asiento entre las naciones de la tierra, la Iglesia es un simple peregrino en el sistema mundial (1 P. 2:11).

Novena, mientras que Israel luchó guerras físicas con varios enemigos, como los filisteos, la Iglesia está involucrada en una guerra espiritual con enemigos angelicales (Ef. 6:10–20). Décima, las Escrituras asignan numeras declaraciones a quo y ad quem a Israel (Gn. 15:13–16; Jer. 25:11; 29:10; Ez. 4:5–7; Dn. 9:24–27). Éstas son declaraciones de tiempo con un punto inicial y final específicos para cada período. Uno busca en el Nuevo Testamento en vano para encontrar declaraciones de tiempo comparables para la Iglesia. Undécima, Israel tenía un sacerdocio con todos sus sacerdotes provenientes de la tribu de Leví y la línea de Aarón. Por el contrario, la Iglesia no tiene un sacerdocio porque es un sacerdocio (Ap. 1:6). El Nuevo Testamento enseña el sacerdocio de todos los creyentes (1 P. 2:5, 9). Cada creyente de la Era de la Iglesia es un sacerdote con acceso directo a Dios el Padre a través de Dios el Hijo (He. 4:16).

Decimosegunda, mientras que Israel resucitará al comienzo del reino milenial (Dn. 12:2; Jn. 11.23–24; Ap. 20:4–5), los creyentes de la Era de la Iglesia reciben sus cuerpos glorificados en el momento del Rapto (1 Ts. 4:13–18; 1 Co. 15:50–58). Decimotercera, el juicio de Israel tendrá lugar en la tierra, al final del período de la Tribulación, en el desierto (Ez. 20:33–44). Por el contrario, el único juicio que el Nuevo Testamento revela para la Iglesia es el juicio del Tribunal del Bema de recompensas en el cielo, después del Rapto (Ro. 14:10; 1 Co. 3:10–15; 2 Co. 5:10). Decimocuarta, aunque las puertas de la Nueva Jerusalén llevan el nombre de las doce tribus (Ap. 21:12), que fueron los cimientos de Israel, los cimientos de la ciudad eterna llevan el nombre de los doce apóstoles (Ap. 21:14), que son los cimientos de la Iglesia (Ef. 2:20). Decimoquinta, las personas se convierten en miembros de la comunidad de Israel a través del nacimiento físico. Por el contrario, la membresía en la Iglesia sólo se logra mediante el nacimiento espiritual (Juan 3:1–9; Tito 3:5). 

Decimosexta, Israel fue gobernado directamente por la Ley Mosaica (Sal. 147:19–20). Por el contrario, la autoridad controladora de la Iglesia es la revelación del Nuevo Testamento. Aunque toda la Escritura es para la Iglesia (2 Tim. 3:16; Ro. 15:4), sólo la literatura epistolar del Nuevo Testamento trata directamente acerca de la Iglesia. Decimoséptima, el Espíritu Santo habitó y llenó a los judíos del Antiguo Testamento de manera selectiva (Joel 2:28), temporalmente (1 S. 16:14; Sal. 51:11), y después de la salvación para habilitarlos para un propósito especial (Ex. 31:3). Por el contrario, el Espíritu Santo habita en todos los creyentes de la Era de la Iglesia (1 Co. 12:13), permanentemente (Juan 14:16) y en el momento de la salvación (Ro. 8:9). Por lo tanto, la obra del Espíritu en y a través de Israel no puede usarse como un patrón para describir la experiencia normativa del creyente con el Espíritu Santo en la era actual (Juan 7:37–39; 14:16–17; Hch. 1:5). Decimoctava, mientras que el discurso de despedida de Cristo a Israel (Mt. 24:15, 20), está registrado en el Discurso del Monte de los Olivos (Mt. 24–25), Su discurso de despedida a la Iglesia (Jn. 16:12–13) se encuentra en el Discurso del Aposento Alto (Juan 13–17). Decimonovena, aunque a Israel se le conoce como el hijo primogénito de Dios (Ex. 4:22), la Iglesia nunca recibe esta misma designación o título. Vigésima, mientras que el programa de Israel se revela en el Antiguo Testamento, el programa de la Iglesia era desconocido en los tiempos del Antiguo Testamento. Debido a que la Iglesia es un misterio del Nuevo Testamento (Ef. 3:3–6), o algo previamente oculto y ahora revelado (Ro. 16:25–26), la doctrina de la Era de la Iglesia proviene exclusivamente del Nuevo Testamento (Mt. 16:18; Juan 13–17), en lugar del Antiguo Testamento. Notar tales diferencias debería advertirnos que no debemos tomar profecías y promesas que están específicamente dirigidas al programa del reino de Dios a través de Israel y aplicarlas incorrectamente a la presente dispensación de la Era de la Iglesia.

Continuará

Traducido por Donald Dolmus
En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

Original article:

El Dr. Andy Woods es oriundo de California, donde asistió a la universidad y obtuvo una licenciatura en Derecho. En 1998, cambió de rumbo y comenzó a hacer la transición del Derecho a la Teología, cuando decidió ingresar al seminario.

Finalmente obtuvo un Doctorado en Exposición Bíblica del Seminario Teológico de Dallas. Actualmente se desempeña como pastor en la Iglesia Bíblica de Sugar Land, en el área de Houston, mientras se desempeña como Presidente del Seminario Teológico Chafer, en Albuquerque, Nuevo México. Es un escritor prolífico y un conferenciante muy solicitado.

Visite el sitio web del Dr. Andy Woods:


Click on the image above if you want to buy the book

Notas Finales

[1] Arnold G. Fruchtenbaum, Israelology: The Missing Link in Systematic Theology (Tustin, CA: Ariel, 1994), 684-90.

[2] S. Lewis Johnson, "Paul and the 'Israel of God': An Exegetical and Eschatological Case-Study," in Essays in Honor of J. Dwight Pentecost, ed. Stanley D. Toussaint and Charles H. Dyer (Chicago: Moody, 1986), 181-96.

[3] Arnold G. Fruchtenbaum, "Israel and the Church," in Issues in Dispensationalism, ed. Wesley R. Willis and John R. Master (Chicago: Moody, 1994), 118.

[4] Lewis Sperry Chafer, Systematic Theology, 8 vols. (Dallas: Dallas Seminary, 1948; reprint, [8 vols. in 4], Grand Rapids: Kregel, 1993), 4:47-53.

domingo, 15 de mayo de 2022

El Reino Venidero – Parte 10

Por Dr. Andy Woods

Haga clic en la imagen para ir al Índice

Debido a que el mundo evangélico de hoy cree que la iglesia está experimentando el reino mesiánico, comenzamos un estudio que narra lo que la Biblia enseña sobre el reino. Este reino terrenal se anticipa en el oficio de Administrador Teocrático que se perdió en el Edén, en los pactos bíblicos, en las predicciones de los profetas del Antiguo Testamento y en la teocracia terrenal que gobernó Israel desde el tiempo de Moisés hasta Sedequías. Este arreglo teocrático terminó con el inicio de los “Tiempos de los Gentiles”, cuando la nación no tenía ningún rey reinando en el Trono de David, ya que Judá fue pisoteada por varias potencias gentiles. En ese contexto entró Jesucristo, el legítimo heredero del trono de David. Si el Israel del primer siglo hubiera entronizado a Cristo, el reino terrenal se habría convertido en una realidad. A pesar de esta oportunidad sin precedentes, Israel rechazó la oferta del reino (Mateo 12), lo que llevó al aplazamiento del reino. Debido a este aplazamiento, Cristo comenzó a explicar las condiciones espirituales que prevalecerían durante la ausencia del reino. Este programa provisional incluye Su revelación de los misterios del reino (Mateo 13) y de la iglesia (Mateo 16:18). Con respecto a los misterios del reino de Mateo 13, como se explicó en artículos anteriores, cuando las parábolas de Mateo 13 se entienden juntas, podemos obtener una imagen del curso de la actual “era de misterio”.

El segundo aspecto de la fase interina durante el aplazamiento del reino mesiánico es la revelación de Cristo de la iglesia (Mt. 16:18). La iglesia consiste de todas las personas, incluidos tanto el remanente judío como los gentiles, que han confiado en el mismo Mesías que el Israel nacional del primer siglo rechazó. A diferencia de Israel, que era una identidad nacional, la iglesia es un organismo espiritual que consta de todas las naciones y etnias (Gá. 3:28; Ro. 10:19; Ef. 2:14). La Era de la Iglesia comenzó el Día de Pentecostés en Hechos 2, y concluirá con el futuro rapto de la iglesia de la tierra. En lugar de reemplazar a Israel, la iglesia representa una obra divina completamente nueva que interrumpe el programa pasado y futuro de Dios con el Israel nacional.

La Iglesia No Es El Reino

Lo que es fundamental entender es que la obra presente de Dios en y a través de la iglesia no debe confundirse con el programa de Dios con respecto al reino venidero. Varias razones nos llevan a esta conclusión.[1] Primera, en ninguna parte se llama directamente a Cristo el “rey de la iglesia”. Aunque se le conoce como la cabeza de Su cuerpo, la iglesia (Ef. 1:22; 4:15; 5:23; Col. 1:18) o el novio de Su novia, la iglesia (Ef. 5:25), nunca es designado específicamente como el rey de Su iglesia. En segundo lugar, existe una falta de correspondencia entre lo que la Escritura predice con respecto al reino venidero y las realidades espirituales presentes en la Era de la Iglesia. Por ejemplo, durante el reino, Cristo gobernará el mundo con una vara de hierro (Sal. 2:9; Ap. 12:5), lo que resultará en justicia inmediata contra cualquier pecado o maldad (Zac. 14:16–18; Ap. 20:7–10). La Era de la Iglesia, por el contrario, a menudo se caracteriza por la carnalidad y un bajo nivel de vida cristiana (1 Co. 3:1–3). Hebreos 5:12 describe la realidad de tal carnalidad prolongada: “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido”. Curiosamente, de las siete iglesias mencionadas en Apocalipsis 2–3, Cristo reprendió a todas, menos a dos de ellas por su condición de descarriadas. Walvoord encapsula esta falta de correspondencia entre el reino profetizado y la actual era de la iglesia: “La era cristiana no ha sido una edad de oro de justicia ni la iglesia ha conquistado el mundo. Es más preciso reconocer que el mundo ha poseído en gran medida a la iglesia”.[2] Algunos sostienen que la iglesia es el reino, ya que Cristo está reinando en nuestros corazones. Sin embargo, el reinado espiritual de Cristo en el corazón del creyente no es idéntico al reino terrestre que se encuentra a lo largo de las Escrituras (Gn. 15:18–21; Ap. 5:10). Además, ¿reina Cristo perfectamente en los corazones del creyente hoy? Si es así, ¿por qué hay mandamientos consistentes dados en el Nuevo Testamento contra el contristar (Ef. 4:30) y apagar al Espíritu Santo? (1 Ts. 5:19). La mera existencia de estos mandamientos implica que los creyentes tienen la capacidad de cometer estos pecados y, en consecuencia, inhibir la influencia reinante de Dios en sus corazones.

Tercera, la inauguración del reino es precedida por la proclamación a Israel “arrepentíos, porque el reino de Dios se ha acercado” (Mt. 3:2; 4:17; 10:5–7; 24:14). Tal proclamación tiene poca semejanza con el evangelio de la iglesia, que es para que todos crean en el nombre de Jesucristo para experimentar la gracia de Dios (Hechos 16:30–31). Pentecost explica: “El nuevo mandamiento de Cristo, ‘Me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra’ (Hechos 1:8) no coincide con el evangelio del reino que debe proceder la institución del reino”.[3] Charles Feinber señala de manera similar: “Cuando los hombres son invitados a recibir la gracia de Dios en la salvación hoy, no se les insta: ‘Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado’”.[4] 

Cuarta, el Nuevo Testamento constantemente retrata a la iglesia como heredera del reino venidero en oposición a un gobernante en un reino existente presente (Hch. 14:22; 2 Ts. 1:5; 2 Tim. 4:18; 2 P. 1:11). Santiago 2:5 dice: “Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (itálicas añadidas). El erudito premilenial, Peters, pregunta: “Si la iglesia es el reino, y los creyentes están ahora en él, ¿Por qué designarlos como ‘herederos’, etc. de un Reino?”.[5] 

Quinta, en lugar de reinar en la gloria del reino, la Escritura predice la postura actual de la iglesia como sufrimiento dentro de un sistema mundial hostil (Juan 15:18–19; Ro. 13:12; 2 Tim. 3:12). Peters explica: “La iglesia, en lugar de ser representada como un Reino, se nos presenta como un pueblo que lucha y sufre”.[6] 

Sexta, el reino será un tiempo en la historia en el que no habrá influencia satánica. De hecho, el diablo estará encarcelado durante toda la gloriosa era del reino (Ap. 20:2–3). Tal escenario difícilmente se ajusta a la descripción consistente del Nuevo Testamento de la influencia repetida de Satanás contra y dentro de la iglesia (1 Ts. 2:18; 1 Co. 7:5; Ef. 4:26–27; 6:12; Ap. 2:10).

Séptima, de acuerdo con la revelación de los Tiempos de los Gentiles dada por el profeta Daniel (Dn. 2; 7), la teocracia terrenal terminó con el derrocamiento de Sedequías en el 586 a.C. y no regresará hasta el Segundo Adviento (Mt. 25:31). Como se explicó en un artículo anterior, durante este período, conocido como los Tiempos de los Gentiles, Judá será pisoteada por varias potencias gentiles. Sólo después de que el reino final del hombre (el revivido Imperio Romano del Anticristo) haya sido terminado por Cristo, se establecerá el reino de Dios en la tierra (Dn. 2:34 –35; 43–45; 7:23–27). Por lo tanto, durante los Tiempos de los Gentiles, Daniel no predice ninguna forma espiritual del reino en la tierra. Debido a que la Era de la Iglesia está incluida en los Tiempos de los Gentiles, tampoco la Era de la Iglesia puede considerarse parte del reino. Larkin resume: “Como los ‘Tiempos de los GENTILES’ aún están en marcha, la Iglesia no puede ser en esta Dispensación un poder gobernante o del Reino”.[7]

La Iglesia No Es Israel 

Otra razón por la que la iglesia no debe confundirse con el reino es que el programa del reino gira en torno al Israel nacional. Esta verdad se ha demostrado en capítulos anteriores que han rastreado cuidadosamente los pactos de Israel y la oferta del reino única. Curiosamente, el Nuevo Testamento nunca designa a la iglesia como “Israel”. De hecho, la palabra Israel se encuentra setenta y tres veces en el Nuevo Testamento y siempre se refiere a los descendientes físicos de Abraham, Isaac, y Jacob.[8] Algunas veces, el término “Israel” en el Nuevo Testamento se refiere a los judíos en la fe, y a veces se refiere a los judíos en incredulidad. Sin embargo, el término Israel en el Nuevo Testamento siempre se refiere a aquellos que son judíos físicos. Esta palabra nunca se refiere a los gentiles, la iglesia, o incluso a un grupo que sea una mezcla de judíos y gentiles. Esta generalización es válida con respecto al pasaje de Gálatas 6:16, a menudo citado, que emplea la expresión “el Israel de Dios”. Exegéticamente, la expresión “el Israel de Dios”, que se encuentra en Gálatas 6:16, sólo se refiere a los judíos creyentes dentro de las iglesias de Galacia.[9] 

Además, el Libro de los Hechos registra cómo la iglesia llegó a existir en Hechos 2 y continuó existiendo junto a Israel antes del exilio mundial de la nación en el año 70 d.C. A lo largo de este período de transición, Hechos es juicioso al mantener las dos entidades de la iglesia e Israel separadas. Fruchtenbaum observa: “En el libro de los Hechos, tanto Israel como la iglesia existen simultáneamente. El término Israel se usa veinte veces y ekklēsia (iglesia) diecinueve veces, pero los dos grupos siempre se mantienen distintos”.[10] Una razón adicional de que Israel no es la iglesia se debe al hecho de que la iglesia e Israel representan programas separados de Dios. Son dos trenes que circulan por vías férreas independientes. El teólogo y fundador del Seminario Teológico de Dallas, Lewis Sperry Chafer, notó veinticuatro diferencias entre Israel y la Iglesia,[11] que se destacarán en el próximo artículo.

Continuará

Traducido por Donald Dolmus
En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

Original article:

El Dr. Andy Woods es oriundo de California, donde asistió a la universidad y obtuvo una licenciatura en Derecho. En 1998, cambió de rumbo y comenzó a hacer la transición del Derecho a la Teología, cuando decidió ingresar al seminario.

Finalmente obtuvo un Doctorado en Exposición Bíblica del Seminario Teológico de Dallas. Actualmente se desempeña como pastor en la Iglesia Bíblica de Sugar Land, en el área de Houston, mientras se desempeña como Presidente del Seminario Teológico Chafer, en Albuquerque, Nuevo México. Es un escritor prolífico y un conferenciante muy solicitado.

Visite el sitio web del Dr. Andy Woods:


Click on the image above if you want to buy the book

Notas Finales

[1] Kevin Quick, “The Glory of the Kingdom,” online: www.kevinquick.com, accessed 10 August 2012, 718-27.

[2] John F. Walvoord, The Millennial Kingdom (Findlay, OH: Dunham, 1959), 53.

[3] J. Dwight Pentecost, Things to Come: A Study in Biblical Eschatology (Findlay, OH: Dunham, 1958; reprint, Grand Rapids, Zondervan, 1964), 469.

[4] Charles Feinberg, Millennialism: The Two Major Views (Winona Lake, IN: BMH, 1985), 266.

[5] George N. H. Peters, The Theocratic Kingdom, vol. 1 (New York: Funk & Wagnalls, 1884; reprint, Grand Rapids: Kregel, 1952), 1:600.

[6] Ibid., 1:617.

[7] Clarence Larkin, Dispensational Truth (Philadelphia, PA: Larkin Estate, 1920), 18.

[8] Arnold G. Fruchtenbaum, Israelology: The Missing Link in Systematic Theology, rev. ed. (Tustin, CA: Ariel, 1994), 684-90.

[9] S. Lewis Johnson, "Paul and the 'Israel of God': An Exegetical and Eschatological Case-Study," in Essays in Honor of J. Dwight Pentecost, ed. Stanley D. Toussaint and Charles H. Dyer(Chicago: Moody, 1986), 181-96.

[10] Arnold G. Fruchtenbaum, "Israel and the Church," in Issues in Dispensationalism, ed. Wesley R. Willis and John R. Master(Chicago: Moody, 1994), 118.

[11] Lewis Sperry Chafer, Systematic Theology, 8 vols. (Dallas: Dallas Seminary, 1948; reprint, [8 vols. in 4], Grand Rapids: Kregel, 1993), 4:47-53.

Revista Llamada de Medianoche – Abril 2022

El Pésaj y la comida del Séder


Haga clic sobre la imagen para descargar la revista

Temas incluidos en esta edición:

»» ¿Perderá Israel el Neguev?
»» Los judíos mesiánicos en el foco de la atención
»» Israel: Un pueblo muy especial
»» ¿El Señor crucificado realmente es Dios?
»» La magnitud de la misión de Pablo

Entre otros.

Para poder descargar y leer esta revista, necesitará tener instalado el programa gratuito Adobe Reader.


Si desea obtener materiales adicionales, visite la página web del Ministerio Llamada de Medianoche:

 

jueves, 12 de mayo de 2022

Del Editor

Por Tim Moore

¿Dónde estaba el 22 de noviembre de 1963? ¿El 11 de septiembre de 2001?

Esas fechas marcan eventos que se destacan en la conciencia de Estados Unidos — eventos tan impactantes que están indeleblemente estampados en nuestra memoria colectiva.

¿Qué hay del 14 de mayo de 1948? ¿O el 7 de junio de 1967? Esas fechas están ligadas a eventos que ocurrieron a medio mundo de distancia, pero reflejan la resurrección de una antigua promesa profética al pueblo judío. Dios prometió que, aun cuando disciplinara a Su pueblo escogido, Él los protegería y preservaría. Prometió que los reuniría de regreso desde los cuatro ángulos de la tierra a la tierra que les dio, y que los restablecería como una nación en los montes de Israel.

Todo eso sucedió en el siglo pasado.

¿Resuena su corazón con alabanza a Dios porque nos ha permitido ser testigos de cómo las profecías se cumplen durante nuestra vida? Jesús dijo a Sus discípulos: “Bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron” (Mateo 13:16-17).

Esta edición de la revista Lamplighter llamará su atención sobre lo que podría decirse que es la Señal de los Tiempos más dramática y emocionante que apunta al pronto regreso de Jesús: la nación resucitada de Israel. Como predijo Ezequiel, los huesos secos hicieron un gran sonido de traqueteo cuando se juntaron de nuevo a principios del siglo 20. A medida que se añadían músculos y carne a los marcos esqueléticos, finalmente se pusieron de pie y reclamaron su antigua patria.

En las décadas transcurridas desde ese momento crucial, Israel ha estado bajo asedio en múltiples ocasiones. Las guerras, los ataques terroristas y las intifadas alimentadas por el odio han ido y venido. La presión política ha aumentado y disminuido. Los aliados y amigos han sido volubles y poco confiables. Pero la nación sionista — construida alrededor del propio Monte Sion de Dios — permanece. Continuará permaneciendo porque Dios ha prometido que lo haría.

David Reagan ha contado el relato de su encuentro con un hombre que dijo que deseaba haber vivido en tiempos bíblicos. Para citar la respuesta enfática de Dave, “¡Lo haces! ¡Vives en tiempos bíblicos! ¡¡Abre los ojos y mira!!”.

¿Qué hay del 14 de mayo de 1948? ¿O el 7 de junio de 1967? Esas fechas están ligadas a eventos que ocurrieron a medio mundo de distancia, pero reflejan la resurrección de una antigua promesa profética al pueblo judío. Dios prometió que, aun cuando disciplinara a Su pueblo escogido, Él los protegería y preservaría. Prometió que los reuniría de regreso desde los cuatro ángulos de la tierra a la tierra que les dio, y que los restablecería como una nación en los montes de Israel.

El himno nacional israelí se titula Hatikva — La Esperanza. La niña en la portada de esta edición representa la esperanza que Dios ha mantenido viva en los corazones judíos y el cumplimiento de Sus antiguas promesas en la era moderna.

A medida que lea las siguientes páginas, esperamos que sus ojos se abran a todo lo que Dios ha estado haciendo entre el pueblo judío. ¡Y esperamos que sus oídos se agucen, listos para escuchar el grito de que viene nuestro Novio! 

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

Share/Bookmark