¿Cuándo cambiará Dios el destino de Jerusalén?
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¿Cuándo cambiará Dios el destino de Jerusalén?
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¿Cuándo se enseñó por primera vez la doctrina del Rapto Pretribulacional? ¡Descúbralo con el invitado Lee Brainard y los evangelistas Tim Moore y Nathan Jones en el programa de televisión Cristo en la Profecía!
Recursos recomendados
El Ministerio Cordero y León se ubica justo al norte de Dallas, Texas, ciudad que se encuentra en el centro del debate nacional sobre el expansionismo islámico en Estados Unidos. La zona metropolitana de Dallas-Fort Worth alberga 62 mezquitas sunitas y 5 chiitas, sumando un total de 67 lugares de culto islámicos reconocidos oficialmente. La región cuenta con una de las comunidades musulmanas más grandes y de más rápido crecimiento en Estados Unidos, sólo superada por Houston.
Recientemente se ha generado un intenso debate sobre el desarrollo del Centro Islámico de East Plano (EPIC, por sus siglas en inglés), ahora renombrado como The Meadow, un complejo residencial de 402 acres con planes para construir una escuela islámica de primaria y secundaria, otra mezquita, varias tiendas y viviendas exclusivas para musulmanes. Su propósito declarado es priorizar la atracción de residentes musulmanes y hacer cumplir la ley islámica sharia, lo cual violaría la ley estatal. Impulsado por CAIR, una organización terrorista extranjera y criminal transnacional con vínculos con Hamás, el gobernador de Texas, Greg Abbott, ha trabajado duramente para quitarle a CAIR la capacidad de operar en Texas. Sin embargo, no ha logrado frenar el crecimiento de los proyectos islámicos, ya que las leyes pluralistas y libertades religiosas de nuestro país se están usando para superar los obstáculos impuestos por el gobernador, y la construcción continúa.
El mes pasado, incluso después de que cientos de personas asistieran a una reunión del consejo de McKinney para protestar contra el plan de la Asociación Islámica de McKinney de construir una nueva mega-mezquita, el consejo liberal, probablemente por temor a ser etiquetado como islamófobo, votó unánimemente (7-0) para permitir la construcción. Entre los manifestantes había un iraní que vivió bajo la ley islámica. Explicó que, durante siglos, la estrategia islámica ha sido construir primero una mezquita para afianzarse en una comunidad. Una vez establecida como base de operaciones, la población musulmana crece rápidamente, desplazando inevitablemente a los residentes nativos y exigiendo cada vez más beneficios y derechos que van más allá de la legislación local.
Una vista cada vez más común en nuestros parques comunitarios locales es la de musulmanes arrodillados sobre alfombras de oración, rezando por el área y pidiéndole a Alá que la reclame. Sólo hay que mirar a Dearborn, Michigan, donde se estima que 45,000 personas se reunieron para lo que los organizadores dicen que fue la marcha de Arbaeen más grande jamás realizada en Estados Unidos, para ver el futuro de Texas, si no el de toda la nación.
Surgido para Conquistar
El islam, a todos los efectos, parece estar listo para conquistar, no sólo Texas, sino el mundo entero.
La tasa de crecimiento del islam ha aumentado un 500% en los últimos 50 años, ya que su tasa de natalidad supera con creces a la de todas las demás religiones. Los 1,500 millones de musulmanes de hoy representan el 22% de la población mundial y controlan 65 naciones. Gracias a las estrategias gemelas de la guerra santa (yihad) y la inmigración, se espera que los musulmanes superen el 50% de la población mundial y rebasen al cristianismo como la religión más grande a finales del siglo XXI.
Según todos los indicios estadísticas, el islam efectivamente conquistará el mundo. Las iglesias eventualmente se convertirán en mezquitas. Tus hijos eventualmente se convertirán en musulmanes, o morirán por negarse. Esa es la dirección hacia la que el mundo se está encaminando ahora mismo.
¿O no es así?
Yo diría que no. ¡Alabado sea el Señor! Según la Biblia, el islam tendrá un fin. La Biblia predice tres guerras proféticas que se acercan y que, en mi opinión, acabarán definitivamente con el islam como una religión viable en los tiempos del fin.
1) La Guerra del Salmo 83
La primera guerra del tiempo del fin, la Guerra del Salmo 83, ataca el corazón geográfico del islam. Es una guerra en la que Israel someterá a sus países vecinos hostiles: Egipto, Siria, Líbano, Gaza y Jordania. Desde que Israel renació el 14 de mayo de 1948, ha peleado repetidamente guerras y enfrentamientos con estas naciones para proteger el derecho del pueblo judío a existir. Según el Salmo 83, cuando esta profecía se cumpla por completo, Israel controlará a esos países vecinos, ya sea militarmente o a través de acuerdos de paz como los Acuerdos de Abraham, y así obtendrá un breve período de paz.
2) La Guerra de Gog-Magog (Ezequiel 38-39)
La segunda guerra que sigue se encuentra en Ezequiel 38–39. La Guerra de Gog-Magog es una de las guerras proféticas mejor descritas en toda la Biblia, abarcando dos capítulos completos. Esta emocionante guerra cambiará el mundo para siempre.
La Guerra de Gog y Magog predice cómo Rusia, Irán, Turquía, Libia, todos esos países que terminan en “stán”, y otros países que forman un anillo exterior de naciones islámicas, guerrearán contra Israel. Israel parecerá ser invencible después de la Guerra del Salmo 83, por lo que todas esas naciones se unen en una coalición para intentar saquear y destruir Israel.
¿Qué pasa? Estas hordas, estos ejércitos incontables; bueno, Israel no tiene ninguna posibilidad de hacerles frente. ¡Israel parece estar condenado!
Sin embargo, la Biblia revela que Dios hará Su aparición de nuevo en la tierra, no físicamente, sino que Él mismo aniquilará personalmente a las hordas invasoras, de modo que nadie pueda negar que Dios está detrás de este rescate divino. Dios interviene usando tipos de juicios bíblicos como fuego y azufre, haciendo que los ejércitos se vuelvan unos contra otros y sean diezmados por terremotos. Dios incluso hace llover fuego sobre las tierras de estas naciones invasoras. Toda la coalición de ejércitos islámicos, junto con Rusia, queda prácticamente destruida.
Para una religión que se basa en tener que destruir a los enemigos para honrar a Alá, y que luego Alá pierda todas y cada una de las guerras finales a lo grande, creo que estas guerras de los tiempos del fin van a tambalear al islam antes de que comience la Tribulación.
3) La Guerra Convencional de la Tribulación (Ap. 6).
La tercera guerra profética de tiempo del fin finalmente debería clavar el último clavo en el ataúd del islam.
A pesar del poder del islam en el mundo hoy, ésta no se menciona durante la Tribulación. Más bien, de la Biblia se deduce que durante la Tribulación existirán cuatro religiones. Primero, estará el cristianismo compuesto por esos santos de la Tribulación que aceptaron a Cristo después del Arrebatamiento. Segundo, el judaísmo. El Anticristo pasará gran parte de su tiempo persiguiendo a los santos de la Tribulación y a los judíos. Tercero, está la religión de la ramera de inicios de la Tribulación, formada por una mezcla de las religiones del mundo. Al principio ella parece estar a cargo, pero el Anticristo en realidad sólo la está usando para sus propios fines. Y cuarto, a mitad de la Tribulación, el Anticristo eliminará a todas las religiones rivales y se erigirá como el único objeto de adoración.
Ahora bien, si no puedes permitir que otra religión compita contigo, especialmente una religión militarista como el islam, que exige que no haya otras religiones aparte de ella, ¿qué haces con ella? Tienes que aniquilarla. Y, la mayoría no se da cuenta de que la mayoría de los musulmanes más grandes del mundo vive en Indonesia, Bangladesh y otros países orientales fuera de Oriente Medio. Así que, lo más probable es que el Anticristo pase el inicio de su reinado aniquilando el islam, para que no haya ningún rival que le impida establecerse como el verdadero gobernante global.
¡Qué trágico que 2,000 millones de personas mueran en la guerra convencional del Anticristo! Pero, después de esa guerra, el mapa islámico debería ser borrado por completo.
Conclusión
Al observar estas tres guerras bíblicas del tiempo del fin, sólo puedo concluir que al islam le queda poco futuro. Una guerra como la del Salmo 83 podría cumplirse en cualquier momento, inevitablemente con la destrucción de Damasco (véase Isaías 17 y Jeremías 49). La alianza de naciones de Gog-Magog ya existe. Europa es tan frágil que está lista para que un líder fuerte tome el control. Todo se ha alineado y está en su lugar. Estos eventos que sacuden al mundo podrían ocurrir literalmente en cualquier momento.
Y así, según la Biblia, al islam le queda muy poco tiempo.
Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)
¿Estamos viviendo en los tiempos del fin? ¡Descúbralo con el invitado Robert Jeffress y los evangelistas Tim Moore y Nathan Jones en el programa de televisión Cristo en la Profecía!
La profecía se está cumpliendo ante nuestros ojos:
El mundo no se está desmoronando, se está acomodando en su lugar. Alza la vista. El regreso de Cristo se acerca.
En este episodio, Graciela y yo analizamos algunas noticias recientes a la luz de la profecía bíblica.
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¿Quiénes o qué son los cuatro jinetes del Apocalipsis 6? ¡Descúbrelo con el invitado Pete Garcia y el evangelista Tim Moore en el programa de televisión Cristo en la Profecía!
La tecnología está construyendo la infraestructura para el control total: centros de datos, IA, vigilancia—exactamente lo que describe Apocalipsis 13. Se está preparando el escenario. ¿Eres parte de los creyentes que se van? Confía en Cristo antes de que llegue la Tribulación.
“Ésta es la tercera vez que voy a vosotros. Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto”. – El apóstol Pablo (2 Co. 13:1)
Cuando Marvin Gaye cantó, “¿Puedo tener un testigo?” en 1963, no estaba hablando en términos teológicos. Se dice que la frase se originó en la iglesia afroamericana en el siglo XIX y se ha usado en contextos legales y religiosos desde entonces.
Un solo testigo carece de legitimidad—tanto en el antiguo Israel como en un tribunal moderno. Sin embargo, el testimonio de dos o más testigos creíbles sirve como base para evidencia admisible y confiable. Hay excepciones a esta regla, como lo experimenté una vez cuando formé parte de un jurado.
Otro ejemplo obvio es el testimonio ocular del Dios Todopoderoso. Con Su declaración, “En el principio…”, reveló cómo se creó el universo y cómo llenó la tierra de vida. Su credibilidad es absoluta, así que no necesito otro testigo que corrobore Su relato. Cualquiera que rechace Su testimonio para proponer otras teorías está participando en especulaciones insensatas. De manera similar, nadie puede saber qué pasará al final de los tiempos a menos que Dios nos lo revele (Mateo 24:3). Jesús señaló esto a Sus discípulos cuando éstos mostraron gran interés por conocer el momento cuándo restauraría el reino a Israel (Hechos 1:6).
Pero Dios sí reveló mucho sobre los tiempos del fin a través de Sus profetas, tal como le indicó a Amós.
“Porque no hará nada Jehová, el Señor, sin revelar su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7).
Y reveló muchos más detalles a Pablo, Pedro y Juan, incluyendo un libro entero que se describe a sí mismo como “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto…” (Ap. 1:1). ¿Por qué Jesús eligió revelar tantos detalles sobre el fin de los tiempos a Juan y, a su vez, a nosotros? Porque “el tiempo está cerca” (Ap. 1:3).
Un Testimonio Urgente
Es fácil quedar tan atrapado en los espectaculares detalles del libro de Apocalipsis (con sus cartas a las Siete Iglesias, los Juicios de los Sellos, las Trompetas y las Copas; y toda la demás actividad que Juan ve en el Cielo y en la Tierra) perder de vista el verdadero propósito de este libro.
Jesús claramente desea ofrecer ánimo a la Iglesia mientras espera el Rapto. También fue directo en Su amonestación a las iglesias (y los cristianos individuales) que han perdido su Primer Amor, han permitido que la herejía y la apostasía se infiltren en su doctrina, han tolerado lo intolerable o se han enfriado en su fe hasta el punto de que Jesús está afuera llamando a la puerta para volver a entrar. Pero hay otra razón por la que Dios Padre quiso que Jesucristo ofreciera esta revelación tan completa: Su gran amor y misericordia.
Dios estaría justificado en derramar Su ira sobre un mundo impenitente sin ninguna advertencia. Aquellos que lo han rechazado recibirían su justo castigo: muerte y condenación. Pero Dios siempre advierte antes de derramar Su juicio:
Podrías decir: “Pero Dios no siempre ofreció un camino claro para evitar Su ira”. Consideremos el mensaje sensible hacia la audiencia que tuvo Jonás (sarcasmo intencionado). Cuando finalmente llegó a Nínive, todavía oliendo sospechosamente a pescado, el mensaje breve que dio por un solo día fue: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida” (Jonás 3:4). Ni un llamado al arrepentimiento. Ni una oferta explícita de salvación. Sin un indicio de una segunda oportunidad.
Sin embargo, el pueblo de Nínive, “desde el mayor hasta el más pequeño”, entendió la elección que tenían ante sí. Eligieron creer en Dios y arrepentirse. Por orden del rey, se pusieron cilicio y ceniza, se humillaron ante el Dios Todopoderoso y oraron para que Dios se detuviera y se arrepintiera y se calmara el ardor de su ira para que no perecieran (Jonás 3:5-9).
El corazón de Dios se revela en Su respuesta: “Vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino, y se arrepintió del mal que había anunciado hacerles, y no lo hizo” (Jonás 3:10). Jonás estaba enojado porque la ira de Dios se había desviado. Admitió que su negativa inicial a obedecer el encargo de Dios fue para evitar este resultado. Como él mismo dijo: “…yo sabía que tú eres un Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte y de gran misericordia, que te arrepientes del mal” (Jonás 4:2). Lamentablemente, Jonás dijo que preferiría morir antes que ver a los ninivitas salvados.
Las Escrituras son claras: algunos de los que perecen eligen la ira en lugar del arrepentimiento.
El Último Llamado de Dios
Hacia el final de los Juicios de las Trompetas, Juan registra una escena dramática que se desarrolla en Jerusalén y otra en el cielo.
Poco después de que suene la sexta trompeta, a Juan se le da un pequeño libro para comer. Tiene un sabor dulce, pero le amarga el estómago. Al igual que el libro que se le dio a Ezequiel, este libro probablemente representa el derramamiento final de la ira profetizada de Dios. Si bien los juicios de Dios son justos y verdaderos para el creyente (de sabor agradable), para el mundo incrédulo son “lamentaciones, llanto y ay”—por eso son amargos mientras se digieren sus implicaciones (Ez. 2:10).
De hecho, el siguiente capítulo en Apocalipsis revela el plan de Dios de enviar a dos grandes testigos proféticos para testificar al mundo desde Jerusalén. Ellos tienen poder desde lo alto para causar sequías en todo el mundo, convertir el agua fresca en sangre y desencadenar plagas “cuantas veces quieran” (Ap. 11:6). Su mensaje es tan ominoso que visten de cilicio.
Durante tres años y medio, el Anticristo no podrá silenciar a estos dos testigos, hasta que Dios retire el cerco de protección que ha levantado alrededor de ellos, y sean abatidos a la mitad de la Tribulación. Incluso entonces, Dios valida su mensaje y su fidelidad resucitándolos tres días después, y luego llamándolos al cielo con una llamada parecida al Rapto: “Subid aquí” (Ap. 11:12).
Tan sólo tres capítulos después, Juan registra el envío de un ángel que vuela en el cielo medio (el aire sobre la tierra), predicando el Evangelio eterno a toda nación, tribu, lengua y pueblo.
¿Cuál es el propósito de estos llamados finales a un mundo rebelde? Demostrar que, incluso en la ira, Él se acuerda de la misericordia (Hab. 3:2). El mismo Dios que envió a Cristo a morir por nosotros mientras todavía éramos pecadores demostrará una vez más Su gran amor por la humanidad (Ro. 5:8).
Trágicamente, la mayoría de las personas en el mundo rechazarán la gracia, el amor y la misericordia de Dios, incluso mientras los Juicios de los Sellos y las Trompetas los castigan gravemente. ¿No es eso cierto ahora mismo? Miles de millones avanzan de cabeza hacia el infierno, ajenos e indiferentes a la oferta gratuita de salvación que podría ser suya. Y ahí es donde entramos tú y yo.
¿Cuál es tu Respuesta?
Algunos cristianos leen Apocalipsis y se enfocan en los juicios y la ira. Yo leo el libro y veo el gran amor de Dios revelado en el hecho de que advierte a quienes perecen. Al igual que los cuatro Evangelios y a los otros 61 libros de la Biblia, Apocalipsis es una carta de amor de Dios a Sus criaturas descarriadas.
Con respecto a los dos testigos y al ángel que da la vuelta al mundo, podrías pensar: “Dios realmente no necesita que yo comparta el Evangelio. Él puede difundir ese mensaje de salvación sin mí”. Eso es cierto, pero se pierde el punto de la Gran Comisión. Dios ha elegido involucrarte en Su gran misión de salvar a un mundo perdido y moribundo. Ese encargo es tanto una responsabilidad como un privilegio, y se cumple tanto para la gloria de Dios como para nuestra gran bendición.
Conocer el final de la historia tal como se expone en las Escrituras (y especialmente en Apocalipsis) y no advertir a aquellos destinados a la destrucción sería como la despreocupación insensible de Jonás hacia la gente de Nínive. En cambio, la manera de recibir la bendición no sólo por leer, sino también por “prestar atención” a las profecías registradas en Apocalipsis, es actuar según tu entendimiento mientras tengas vida.
Cada uno de nosotros está rodeado por “muertos que caminan”—almas destinadas al infierno, a menos que se arrepientan y acepten a Jesucristo en esta vida. Incluso si el Señor viene tan pronto como espero, hay algunos que no vivirán para entrar en la Tribulación. Por lo tanto, la pregunta que Dios plantearía a los cristianos profesantes que aceptan Su Palabra profética y disciernen que el tiempo está cerca sigue siendo:
“¿Puedo tener un testigo?”
Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)
En este episodio, Graciela y yo analizamos el perspicaz tema acerca del concepto explorado por el erudito Dr. Michael Heiser que se refiere a un antiguo marco teológico judío en el Tanaj (AT), que identifica a un YHWH invisible y trascendente junto con una segunda figura o manifestación divina visible.
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¿Cuál Escucharás?
¿Por Qué la Tribulación?
Muchos cristianos no saben cómo explicar la Tribulación a alguien que pregunta cómo un Dios amoroso podría someter al mundo a los horrores descritos en el Apocalipsis. Hemos hecho tan buen trabajo enfatizando el amor de Dios, y Su deseo de buscar a los perdidos y perdonar sus pecados, que hemos minimizado Su justicia y santidad.
Esa es, sin duda, una yuxtaposición difícil de comprender. Dios es capaz de combinar el amor perfecto con el odio hacia lo que es malvado. Puede desatar la ira divina mientras ofrece misericordia sin costo alguno. Se enoja con razón con los pecadores, pero les ofrece gracia—Su propio favor, que no pueden ganar por mérito ni obra.
Yuxtaposición – Una combinación de dos o más cosas o verdades divergentes muy próximas entre sí.
La Tribulación es el período culminante de la historia humana, cuando estas grandes paradojas se muestran en toda su magnitud. Entonces, ¿por qué la Tribulación? En resumen, la Tribulación ocurre:
▸ para derramar el castigo que merece un mundo malvado y rebelde.
▸ Conforme al corazón de Dios, para llevar a los rebeldes impenitentes al límite de sus propias fuerzas, para que algunos lleguen al límite de sí mismos, se arrepientan y acepten a Jesucristo como Salvador y Señor.
▸ llevar a la obstinada y dura de cerviz Israel al límite de sí misma, para que el remanente restante del pueblo judío mire a Aquel a quien traspasaron, llore como por un Hijo único y grite: “¡Baruj haba b’Shem Adonai!” (Zac. 12:10; Jn. 19:37 y Mt. 23:39).
Desafortunadamente, hay mucha confusión respecto a la Tribulación. Aquí hay algunas de las interpretaciones erróneas de este período horrible:
▸ La purificación final de la Iglesia
▸ La Iglesia será puesta a prueba durante la Tribulación, demostrando su capacidad para perseverar.
▸ La ira de Dios no se derramará hasta el punto medio de la Tribulación, o algún otro momento más adelante en los siete años.
Dicho todo esto, habrá una gran cosecha de almas durante la Tribulación. Muchas personas recobrarán la razón y se volverán a Cristo con fe. Muchos (si no la mayoría) serán martirizados por su fe en ese tiempo difícil, pero algunos realmente perseverarán hasta el final. Su aceptación tardía del Evangelio confirmará el dicho de Billy Graham: “El mismo sol que derrite la mantequilla endurece la arcilla”. Esa verdad contiene la triste contrapartida de su creencia: la mayoría de las personas sufrirá bajo la ira de Dios y endurecerá su corazón en lugar de arrepentirse—tal como vemos hoy en el mundo.
La pregunta sigue siendo: ¿qué respuesta—y qué destino eterno—te espera?
Escúchame Ahora o Créeme Después
Algunas personas, al leer la decisión binaria que se les presenta, elegirán “esperar y ver”. Según su lógica, observarán y verán qué les pasa a los cristianos que están deseando que Jesús los llame a Su presencia. Si sus amigos y familiares cristianos desaparecen de repente, razonan que creerán y confiarán en Cristo entonces.
He aquí está la razón por la que esa es una apuesta tan insensata: ninguna persona tiene garantizado un día más de vida en esta tierra. Incluso como un ferviente seguidor de Cristo que anhela escuchar “al Señor mismo descender del cielo con un grito, con la voz del arcángel y con la trompeta de Dios”, puede que yo no viva para experimentar ese momento glorioso en mi cuerpo mortal. Y, un incrédulo que piensa, “una vez que los Juicios de los Sellos y de la Trompetas comiencen, me tomaré en serio eso de creer en Jesús”, puede que tampoco viva para ver que comience la Tribulación. Por eso Pablo enfatizó, “Ahora es el tiempo aceptable, ahora es el día de salvación” (2 Co. 6:2).
Entonces, ¿por qué termino este artículo con la proposición retórica de blanco o negro, “Créeme ahora o créeme después”?
Porque toda persona creerá en el Señor Jesucristo en algún momento, toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre (Fil. 2:10-11). Los demonios ya conocen a Jesucristo, pero se niegan a aceptar Su autoridad eterna y Su victoria final. Cada uno de nosotros debe confiar en la Palabra de Dios, aceptando por fe Su provisión para la salvación. Es esa creencia por fe la que nos distingue de las hordas demoníacas y de aquellos destinados al infierno. Toda persona que rechace al Hijo en esta vida tendrá un momento de terrible comprensión cuando comparezca ante el Tribunal de Cristo, pero entonces será demasiado tarde.
Entonces, de nuevo, para todos los que leen estas palabras antes de la Tribulación, ¿qué trompeta les espera—la trompeta que los llama al cielo o las trompetas que sonarán mientras la ira de Dios se derrama sobre ustedes?
Si tienen oídos para oír, ruego que estén esperando con ansias la primera.
Lea la parte 1 haciendo clic aquí
Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)
¿Cuál Escucharás?
A medida que los Juicios de los Sellos dan paso a los Juicios de las Trompetas, las condiciones en la tierra son horribles—y empeoran cada día.
Cuando Cristo comenzó a abrir los siete sellos del libro o rollo que Dios el Padre sostenía (a menudo entendido como el “título de propiedad” de la tierra), primero dio autoridad a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis—el Anticristo, la Guerra, el Hambre y la Muerte. Esos juicios caen sobre la tierra con un efecto devastador, hasta el punto de que un cuarto de la humanidad muere en los primeros ataques de la Tribulación.
Atrapados en la furia del Anticristo se encuentran los seguidores de Jesucristo: los santos de la Tribulación que recuperan la cordura después del Rapto, al comprender Quién está derramando Su justa indignación sobre el mundo rebelde. Las Escrituras dejan claro que la mayoría de los cristianos morirán durante la Tribulación. Estos mártires se hallan bajo el altar de Dios en el Cielo cuando se rompe el quinto sello. El sexto desata otra ola de terror cuando un gran terremoto sacude la tierra, el sol se oscurece y finalmente aparece la tan esperada luna de sangre.
Tras un breve interludio registrado en el Apocalipsis, cuando los testigos judíos proclaman el Evangelio en la Tierra y el Cielo resuena con alabanzas a “nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (7:10), se rompe el séptimo sello. El Cielo guarda silencio mientras el fuego cae sobre la tierra, acompañado de truenos, relámpagos y otro terremotomás. Luego, siete ángeles se preparan para iniciar otra ronda de juicios divinos.WW
Trompetas de Ira
En las Escrituras, el sonido de una trompeta representaba muchas cosas diferentes. Los estudiantes del Antiguo Testamento recordarán que una trompeta sonó mientras Moisés estaba en el Monte Sinaí recibiendo la Ley de Dios (Éxodo 19:16). Esa trompeta simbolizaba la santa presencia de Dios y Su pacto eterno con Israel. Cuando Josué dirigió a los hijos de Israel a rodear Jericó, tocaron shofares (trompetas) cada día. Luego, cuando la trompeta sonó en el séptimo día, Josué les dijo a las personas: “¡Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad!” (Josué 6:16).
También se tocaba una trompeta al comienzo de cada sábado para alertar al pueblo de que había llegado el día de descanso ordenado por Dios. El propio Señor había indicado: “En vuestros días de alegría, como en vuestras solemnidades y principios de mes, tocaréis las trompetas sobre vuestros holocaustos y sobre los sacrificios de paz, y os servirán de memorial delante de vuestro Dios. Yo, Jehová, vuestro Dios” (Nm. 10:10).
Es evidente que que el estruendo ronco de una trompeta—un shofar—era una parte integral y audible de la vida judía. Pero las trompetas que suenan en Apocalipsis 8, 9 y 11 tienen un significado muy diferente. Son trompetas que anuncian el derramamiento de la ira de Dios.
En orden bíblico—y creo que cronológico—son:
Primero – Granizo y fuego, mezclados con sangre, devastan un tercio de la tierra.
Segundo – Algo parecido a una gran montaña es arrojado al mar, convirtiendo un tercio de él en sangre.
Tercero – Un gran meteorito ardiente llamado Ajenjo cae del cielo para contaminar un tercio del agua dulce.
Cuarto – Un tercio del sol, la luna y las estrellas se oscurecen. Las últimas tres trompetas son tan horribles que un águila del cielo grita: “¡Ay, ay, ay de los que habitan en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para tocar los tres ángeles!” (Ap. 8:13).
Quinto – Se abre un abismo sin fondo y una horda demoníaca liderada por el rey demonio, Abadón (o Apolión en griego), es liberada para atormentar a todas las personas que no están selladas por Dios.
Sexto – Se liberan cuatro ángeles para liderar un ejército de 200 millones de jinetes y matar a un tercio de la humanidad con fuego, humo y azufre.
Séptimo – Esta trompeta anuncia la llegada del “reino de nuestro Señor y de Su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos” (Ap. 11:15); esta declaración provoca adoración y alegría en el Cielo, pero presagia otra ronda final de ira que pronto caerá sobre la tierra.
Cualquier persona racional desearía ser liberada de semejante avalancha de sufrimiento. Sin embargo, las Escrituras son claras: incluso los reyes, los grandes hombres, los comandantes, los ricos, los fuertes y todos los esclavos—en otras palabras, todas las personas que continúan rechazando a Jesucristo—reconocerán que están siendo sometidos a “la ira del Cordero”, pero aun así se negarán a arrepentirse y a doblegarse ante Su señorío (Ap. 6:15-17). Al final del capítulo 9, Juan documenta la misma respuesta: los que no mueren de inmediato para el fin de la sexta trompeta “se arrepintieron de las obras de sus manos ni dejaron de adorar a los demonios… y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus robos” (9:20-21).
¿No es curioso que el robo figure junto con otros pecados que parecen más ofensivos? Pero, ¿cuántas personas en este momento le están robando a Dios la alabanza y la gloria que justamente merece? ¿Cuántos de nosotros enterramos nuestros talentos en lugar de invertirlos sabiamente—robándole a nuestro Maestro un retorno justo de los recursos y dones que nos ha prestado?
La oración de intercesión de Habacuc, “Jehová… en la ira acuérdate de la misericordia” (3:2), se ha demostrado una y otra vez. Casi puedo imaginar a Dios Todopoderoso poniendo los ojos en blanco mientras Habacuc pronuncia esa oración, como si Él pudiera haber respondido: “¿Quién crees que SOY?”. Dios había revelado Su Nombre y Su carácter a Moisés: “¡Jehová! ¡Jehová! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, 7 que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado…” (Éxodo 34:6-7).
La Tribulación representa la indignación justa, santa y justificada de Dios contra un mundo malvado y rebelde. Su derramamiento de ira —Su propia ira, y no la de otro— será una demostración de que no dejará sin castigo a los culpables. Pero incluso en medio de la ira, recuerda la misericordia.
Lea la parte 2 haciendo clic aquí
Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)
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Reflexionando sobre mi vida, puedo recordar una serie de guerras que han tenido lugar. Nací durante el conflicto de Vietnam y crecí durante la Guerra Fría. De hecho, mi propio entrenamiento inicial en la Fuerza Aérea se centró en la gran amenaza soviética, y mi entrenamiento como prisionero de guerra se basó en la experiencia estadounidense en Vietnam.
Mientras estaba en la secundaria, Estados Unidos se vio envuelto por primera vez en los conflictos en Medio Oriente fomentados por la República Islámica de Irán. Luego, observé cómo estallaban pequeños conflictos más cerca de casa, en Panamá e incluso en Granada. Otros enfrentamientos siguieron en lugares como Libia, Kosovo y Somalia. Para principios de los años 90, incluso cuando la Guerra Fría se enfriaba, la atención volvió una vez más al Medio Oriente, con múltiples guerras centradas en Irak y luego en Afganistán. Mi propia experiencia de combate ocurrió en los desiertos y montañas de esas dos olvidadas naciones.
La cuestión es que las guerras y los rumores de guerras han sido la norma, no la excepción—incluso cuando las ramificaciones de esas guerras se han vuelto cada vez más importantes con la llegada de las armas nucleares, los ciberataques y el bioterrorismo. Lejos del tranquilo “Nuevo Orden Mundial”, defendido por los globalistas hace 30 años, las amenazas y los peligros parecen multiplicarse a nuestro alrededor.
Paz, Paz
Como hombre entrenado para la guerra, puedo decirles que anhelo la paz. Toda persona sensata la anhela. Pero no una paz impuesta a punta de bayoneta ni tras una rendición incondicional a verdades y libertades preciadas. Y tampoco una falsa “paz en nuestro tiempo” que en realidad conduce a una guerra inevitable y a una devastación aún mayor. Sin duda, la humanidad debería haber aprendido esa lección en los años 30.
El conflicto actual con Irán es indicativo del dilema al que nos enfrentamos. Aunque el conflicto con Irán ha generado nuevos riesgos y enormes trastornos (no sólo en los precios y las cadenas de suministro de petróleo, sino también en los medios de subsistencia e incluso en vidas inocentes afectadas por ataques iraníes indiscriminados), busca eliminar una amenaza mucho mayor: un Irán armado con armas nucleares. No hay mucha duda de que si los ayatolás, mulás y militantes radicalizados de Irán poseyeran un arma nuclear, la usarían contra Israel y las fuerzas estadounidenses en toda la región.
Los burladores y agitadores antiestadounidenses (incluidos algunos en el Congreso) se preguntan por qué una nación—incluso un régimen despótico en Irán—utilizaría un arma que, sin duda, conduciría a la destrucción total de su propio país. Hay dos razones para su fanatismo, y ambas son urgentes para nuestra situación contemporánea, reflejo de una lucha atemporal y presagios de otra guerra que pronto se desatará en los cielos.
Esas razones son:
1. Los líderes musulmanes chiítas de Irán están dedicados a una escatología que anticipa a un mesías musulmán.
2. Desde los días de Daniel, Irán (entonces conocido como Persia) ha estado bajo la supervisión de un poderoso demonio que sirve a la voluntad de su amo infernal, Satanás.
Desglosemos estas dos dinámicas.
El Supuesto Duodécimo Imán
Muchos estadounidenses, e incluso la mayoría de los cristianos, tienen dificultades para distinguir entre musulmanes suníes y chiíes. Además, tienden a pensar que todos los musulmanes del Medio Oriente son árabes. Ambos están gravemente equivocados.
En pocas palabras, los musulmanes sunitas (que predominan en la mayoría de los países árabes, como Arabia Saudita, Egipto y Jordania) insisten en que la línea de sucesión de Mahoma recae legítimamente en líderes exaltados (llamados califas) que demuestran su mérito. Los chiítas creen que los líderes islámicos (imanes) deben trazar su linaje hasta Mahoma mismo. Esta divergencia se remonta a poco después de la muerte de Mahoma en el siglo VII.
Más importante aún, los musulmanes chiítas creen que el 12mo Imán (Mahdi) en la línea de sucesión tenía dones únicos. Aseguran que no murió, sino que se escondió, esperando un momento en la historia humana cuando una crisis existencial obligue a su reaparición para establecer un último Khilafah (califato) musulmán sobre una comunidad musulmana global (o Ummah). La intensidad de esta creencia ha motivado a los musulmanes chiítas a cometer actos extremos de terror y caos, creyendo que así están acelerando el desorden necesario para que el Mahdi regrese.
Es significativo que los clérigos radicales que han controlado Irán durante 47 años estén dispuestos a atacar a sus vecinos musulmanes e incluso a empobrecer o destruir a su propio pueblo en nombre de esta ideología perversa. El presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad a menudo hablaba en términos apocalípticos sobre la motivación iraní respecto al Mahdi cuando se dirigía a las Naciones Unidas (entre 2005 y 2013). En su primer discurso en 2005, dijo que sentía una presencia espiritual que lo envolvía y dejaba a los delegados reunidos fascinados durante sus 28 minutos de charla. Aunque fue ridiculizado por los políticos contemporáneos, Ahmadinejad reveló algo bastante real—y diabólico.
La Mano Invisible Detrás de Todo
Detrás de la ideología asesina de los musulmanes radicalizados, hay una mano invisible actuando en el ámbito espiritual. El mensajero angelical enviado para revelar los misterios celestiales a Daniel (en respuesta a sus oraciones) se retrasó durante 21 días, ya que el “príncipe de Persia” se le opuso en el plano espiritual. Sólo cuando Miguel, el arcángel encargado de la Casa de Israel (según Daniel 10:13), vino a ayudar a vencer al demonio que supervisaba Persia, el ángel mensajero pudo continuar.
¿Por qué el príncipe demoníaco de Persia intentaría frustrar un mensaje de aliento dirigido a un profeta judío? Porque Satanás ha estado tratando de socavar el plan de Dios, destruir a Su pueblo y engañar incluso a los elegidos. Su modus operandi (su gran estrategia y su táctica habitual) es oponerse a todo esfuerzo y emisario del Todopoderoso. A veces parece que tiene la ventaja, pero sabemos que realmente no puede impedir que los planes proféticos de Dios se cumplan.
Así pues, aunque Persia ahora se autodenomine Irán, el mismo espíritu maligno sigue dominando esa tierra ancestral. Y ese ser nefasto aún responde ante el príncipe supremo de las potestades del aire, el gobernante de esta era y pretendiente de los reinos humanos: Satanás.
Los secularistas y los comentaristas posmodernos pueden burlarse y mofarse, pero Pablo nos dice que “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). Como Jesús advirtió a Sus apóstoles cuando le pidieron señales de Su regreso y del fin de la era: “Mirad que nadie os engañe” (Mt. 24:5).
Una vez más, hay mucho más de lo que parece. Y la batalla espiritual milenaria evidente en Irán es un claro presagio de una batalla mucho más grande que está por venir.
En el Cielo, así Como en la Tierra
Esperamos con ansias el día en que Jesucristo ejerza Su autoridad y extienda Su reino en la Tierra, “como en el cielo”. Esto ocurrirá después de Su gloriosa Segunda Venida, cuando establezca Su Reino Milenario en la Tierra. Durante 1,000 años, Satanás será atado, y la paz, la justicia y la santidad cubrirán la tierra como las aguas cubren el mar.
Pero antes de esa gloriosa era—cuando los santos de la Era de la Iglesia glorificados reinen junto a Jesús en la tierra—vendrá otra guerra catastrófica. Además de las guerras mencionadas en el Salmo 83, Ezequiel 38-39 y Ap. 16 y 19 (la infame Guerra de Armagedón) que ocurrirán en la Tierra, Satanás hará un último intento desesperado por apoderarse del trono de Dios en el cielo. Las guerras interminables que ha fomentado en la Tierra serán igualadas por una guerra en el cielo, como se describe en Ap. 12:7-13. Cuando eso suceda, él y sus hordas demoníacas (que en el Antiguo Testamento son llamadas los “hijos de Dios”) serán expulsados del cielo de una vez por todas.
Sé lo que están pensando. ¿Acaso Satanás no ha sido ya expulsado del cielo? La respuesta es sí, pero no del todo. Para que no piensen que esta respuesta es contradictoria, eso es precisamente lo que describe la Palabra de Dios. Verán, Lucifer fue expulsado del cielo primero cuando se llenó de orgullo y celos y codició la adoración y gloria reservadas sólo para Dios. Cuando eso sucedió, Isaías dice que un tercio del ejército celestial que se unió a la rebelión de Lucifer fue arrojado a la Tierra. Pero Job también revela que Satanás continuó teniendo acceso al salón del trono de Dios (Job 1:6).
No afirmo entender completamente esa dinámica misteriosa, pero creo que es cierta porque eso es lo que describe la Biblia. De hecho, fue Dios quien señaló a Job a Satanás cuando vino ante el Señor con los otros “hijos de Dios”.
Pero las Escrituras también dicen que cuando Satanás lance un último ataque contra el trono de Dios, será desterrado por completo. Basándome en la descripción de Ap. 12, preveo que esta guerra celestial final tendrá lugar aproximadamente a la mitad de la Tribulación. Satanás estará tan enfurecido por su humillante expulsión que volverá a la tierra lleno de ira. Luego habitará personalmente en el Anticristo y derramará su furia sobre el pueblo judío. El Anticristo ya habrá estado intentando matar y destruir a cada seguidor de Cristo después del Rapto durante la primera mitad de la Tribulación. Aun así, la ferocidad satánica de su renovado odio hacia los judíos resultará en que dos tercios de ellos sean asesinados.
Este período será tan desastroso que, en el Antiguo Testamento, se hace referencia a él como el “tiempo de la angustia de Jacob”. Lo conocemos mejor como la Gran Tribulación. Y Jesús mismo dijo que si este período de horror (cuando la ira derramada de Dios se mezcla con furia sobrenatural con la ira desenfrenada de Satanás) no fuera acortado, no quedaría vida en la Tierra.
Definitivamente, absolutamente NO querrás estar aquí en ese momento.
Un Destino Peor que la Muerte
Si piensas, “¡Vaya. Eso suena horrible!”, es porque lo es. La revelación de Dios sobre este tiempo de horror que se avecina está destinada a impactar tu sensibilidad—no porque simplemente quiera aterrorizarte, sino porque quiere advertirte antes de que sea demasiado tarde.
La persona promedio que sigue con su vida sin darse cuenta de todo lo que ocurre en el ámbito espiritual sufre un duro y trágico despertar cuando deja esta vida. Durante la Tribulación, las personas se familiarizarán íntimamente con las fuerzas espirituales mientras Dios derrama Su ira y el Anticristo busca aniquilar a los seguidores de Cristo que recobran el sentido, se arrepienten de sus pecados y creen en Jesús para la salvación. Pero la mayoría caerá en el engaño generalizado que los condena a un destino de condenación.
El dolor y sufrimiento que soportan en sus cuerpos mortales—por horrible que sea—palidecerá en comparación con el sufrimiento eterno que experimentarán en el infierno, “donde su gusano no muere, y el fuego no se apaga” (Mr. 9:48). Ese es el destino eterno peor que la muerte. Si realmente entendiéramos los horrores que esperan a quienes entran en la eternidad sin Cristo, instaríamos a nuestro peor enemigo (y ni hablar de nuestros vecinos o completos desconocidos) a huir de la ira venidera.
En la Ira, Misericordia
Por eso Dios envió a Jesucristo al mundo. Por eso el Padre ha retrasado el envío del Hijo. Y es por eso que el Señor Dios ha revelado de antemano lo que “debe suceder pronto” (Ap. 1:1). Dicho claramente, Él no quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen al arrepentimiento (2 P. 3:9). Jesús vino a la Tierra y murió para que “todo el que cree en Él no se pierda, sino tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Si ese es el corazón de Dios y todos aspiramos a ser hombres y mujeres conforme a Su corazón (como a menudo escucho cuando la gente cita al Rey David como su ejemplar bíblico favorito), entonces sin duda deberíamos unirnos a la lucha por las almas ahora mismo. Deberíamos estar llenos de compasión y deseosos de mostrar misericordia a nuestros semejantes que están en el camino de la perdición.
Perdición — Condenación eterna o la condición de estar espiritualmente arruinado y condenado al infierno
Satán, “con dientes y garras teñidos de rojo”, luchará contra nosotros durante toda esta vida. Pero su derrota ya está garantizada. La pregunta es si lucharemos como si las almas dependieran de ello.
Esa batalla se está librando a nuestro alrededor ahora mismo. Nuestro Comandante nos está llamando a las armas. ¿Tomarás la armadura de Dios y te unirás a la lucha?
Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)