¿Cuál es la próxima cosa que estás esperando con ansias? ¿La boda de un hijo? ¿El nacimiento de otro nieto (como Amy y yo estamos anticipando en abril)? ¿Un viaje o reunión familiar largamente esperados?
Todos esos eventos benditos están destinados a inspirar una anticipación ansiosa. Pero lo mejor que los cristianos a lo largo de la Era de la Iglesia han esperado con gran entusiasmo es el Rapto de la Iglesia. Por eso Pablo se refiere a Su venida por nosotros como nuestra “bendita esperanza”. Como hemos dicho muchas veces, dado que nuestra Esperanza está ligada a la Persona de Jesucristo y a Sus promesas confiables, la expresión Bendita Esperanza se refiere tanto a Él personalmente como a la promesa de que vendrá y nos reunirá con Él.
Es ese llamado hacia lo alto lo que nos llevará en cuerpos glorificados a la sublime belleza del Cielo, para ocupar la residencia en el lugar que Él ha preparado para nosotros—el que Pablo dice que deberíamos estar anhelando. De hecho, él asume que cada cristiano está haciendo precisamente eso: “tenemos las primicias del Espíritu, gemimos dentro de nosotros mismos aguardando la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo” (Ro. 8:23).
Pablo abogaba por lo que yo llamo una comprensión de nuestra salvación de “ya, pero todavía no”. Sí, somos salvos en el momento en que confiamos en Cristo. Pero aún así, esperamos la glorificación de nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro corazón. “Porque fuimos salvos con esperanza; pero una esperanza que se ve no es esperanza, pues ¿quién sigue esperando lo que ya ve?. Pero si esperamos lo que no vemos, con perseverancia lo aguardamos” (Ro. 8:24-25).
“HaTikvah” (La Esperanza) es el nombre del himno nacional israelí. Mientras habla del anhelo judío de libertad y de un hogar en su tierra ancestral, esa palabra también habla del anhelo por el Mesías: “Cristo Jesús nuestra esperanza” (1 Ti. 1:1).
¿Estás Aguardando la Bendita Esperanza?
La carta de Pablo a los tesalonicenses es la referencia bíblica más clara al Rapto, pero no es la única. El concepto del “Rapto” se encuentra en 1 Tes. 4:17, donde la palabra generalmente se traduce como “arrebatados”. En el griego original, se usó la palabra harpazō. Esa palabra aparece 14 veces en las Escrituras y transmite la idea de ser aprehendido, arrebatado, arrancado o llevado por la fuerza. Por ejemplo:
► Mateo 11:12 (lo arrebatan por la fuerza)
► Mateo 12:29 (saquear)
► Mateo 13:19 (lo arrebata)
► Juan 6:15 (tomarlo por la fuerza)
► Juan 10:12 (el lobo atrapa)
► Juan 10:28, 29 (ni nadie los arrebatará)
► 2 Corintios 12:2, 4 (arrebatado al Paraíso)
► Judas 23 (arrebántol os del fuego)
► Apocalipsis 12:5 (su Hijo fue arrebatado a Dios)
A finales del siglo IV, Jerónimo tradujo el Nuevo Testamento griego a la Vulgata Latina (“lengua vulgar” o común hablada por la mayoría de los ciudadanos romanos). Usó el tiempo futuro del verbo latino rapio, traduciéndolo como rapiēmur—que significa “seremos arrebatados”.
Si la referencia de Pablo, reve lada por el Espíritu Santo, a lo que llamamos el Rapto fuera la única, seguiría siendo una profecía clara y válida. Pero otras Escrituras hacen referencia a esta promesa para la Iglesia:
Jesús dijo: “…vendré otra vez y los tomaré conmigo para que donde yo esté ustedes también estén” (Juan 14:1-4).
Pablo reveló: “He aquí, les digo un misterio: No todos dormiremos, pero todos seremos transformados 52 en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final. Porque sonará la trompeta, y los muertos serán resucitados sin corrupción; y nosotros seremos transformados” (1 Co. 15:51-52).
El contexto de la declaración de Pablo deja claro que se refiere a “los muertos en Cristo” (para usar el lenguaje de 1 Tes. 4:16). Y, aunque algunos se obsesionan con la naturaleza de la “final trompeta”, es la trompeta final la que los redimidos escucharán con nuestros oídos mortales, incluso cuando otras trompetas sonarán en el Cielo y durante la Tribulación. No creo que los no salvos escuchen esa trompeta en particular, pero aquellos con "oídos para oír" escucharán el maravilloso grito del arcángel y el sonido de esa trompeta que anunciará que Cristo mismo desciende para recoger a Su Novia.
Jesús es el Novio que está esperando que Su Padre diga: “Ve y toma a Tu Novia”. Cualquier hombre que haya esperado el día de su boda puede dar testimonio de que el sentimiento de anticipación y la alegría emocionante comienzan desde el compromiso y aumentan a medida que se acerca el día de la boda. Lo mismo ocurría con un noviazgo judío, aunque el momento de la boda real era indeterminado (e incognoscible) hasta que el padre decidiera que era el momento.
Mientras espera el día de la boda, toda novia también experimenta una creciente expectativa y esperanza. Su esperanza no es un deseo desesperado, sino una certeza de una vida que será unida y compartida con el novio. Por eso, las novias solían reunir objetos preciados en un baúl de esperanza, preparándolos para su uso en su futuro hogar y familia.
Es casi inimaginable pensar en una novia que sea apática respecto a su inminente boda. Y, sin embargo, muchos en la Novia de Cristo parecen despreocupados e indiferentes ante el gozo que nos espera cuando nuestro Novio venga a arrebatarnos, y nos reúna con Él en un abrir y cerrar de ojos.
¡Oh, qué día lleno de gozo será ese! Pero eso es sólo el comienzo de las glorias y gozos que nos esperan según la profecía bíblica.
¡Oh, Día Glorioso!
Llegará un momento en el tiempo cuando toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesús es el Señor de todos. Vendrá otro momento cuando todos los habitantes del mundo verán a Jesús liderar un ejército desde el Cielo para derrotar a Sus enemigos y establecer Su Reino en la Tierra. He estado en el lugar donde Jesús regresará y he mirado la Puerta Oriental y el Monte del Templo, donde entrará en la ciudad y reinará desde el trono de David.
Tantas señales proféticas apuntan a ese día glorioso. Como se describe en Mateo 24 y Lucas 21, esas señales se están multiplicando. Están aumentando en frecuencia e intensidad. Y, están convergiendo como nunca antes—hasta el punto de que incluso los que no saben discernir espiritualmente comienzan a darse cuenta de que algo está ocurriendo.
A lo largo del libro de Apocalipsis, hay vislumbres repetidos de las bendiciones que esperan a aquellos santos de la Tribulación que perseveren hasta el fin. Aunque la mayoría son martirizados durante ese horrible período de siete años, una pequeña minoría será testigo del fin de la Tribulación y podrá entrar en el Reino Milenial en sus cuerpos mortales. Pero, para aquellos de nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo durante la Era de la Iglesia hasta la salvación, ahora no hay condenación para nosotros (Ro. 8:1) —y no hay necesidad de ser sometidos al derramamiento de la ira de Dios durante la Tribulación.
En pocas palabras, las palabras de Pablo a la Iglesia de Tesalónica carecerían de sentido si estuviéramos destinados a sufrir la ira de Dios. Dado el panorama del Rapto que él describió en los versículos inmediatamente anteriores, la idea de que la Novia de Cristo debe sufrir la justa indignación de Dios socava la suficiencia de la sangre de Jesús y Su propiciación sacrificial en nuestro favor.
Propiciación: El acto de apaciguar o absorber la ira de Dios sobre otro.
No hay duda de que la Segunda Venida de Jesús a la Tierra será gloriosa, y que aquellos que han confiado en Él estarán allí. He imaginado esa escena tal como se describe en las Escrituras tantas veces que mi propio corazón se emociona cuando estoy en el Monte de los Olivos. Nuestro amigo Don Perkins ha reflexionado sobre este cumplimiento profético con tanto cuidado que ya ha elegido un nombre para el caballo que montará como parte del ejército celestial. Pero muchos eventos intermedios deben ocurrir antes de la Segunda Venida—algunos maravillosos y otros trágicos.
¿Qué Sigue?
El siguiente evento profético en la línea de tiempo de Dios para los Tiempos del Fin es el Rapto. Pero hay varios otros eventos proféticos en los que todo seguidor de Cristo participará:
► Las bodas del Cordero
► La gloriosa Segunda Venida
► El Reino Milenial
► La Nueva Jerusalén en la Tierra Nueva
► El Estado Eterno
Cada uno de ellos tiene bendiciones únicas. Cada uno promete glorias que están más allá de la comprensión. Citando Isaías 64:4, Pablo nos dice: “Cosas que ojo no vio ni oído oyó, que ni han surgido en el corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman” (1 Co. 2:9). Y, sin embargo, a quienes tienen el Espíritu de Dios se les ha dado un anticipo de lo que nos espera en gloria (1 Co. 2:10).
Estoy convencido de que, al igual que un padre amoroso que no puede transmitir completamente lo que está por venir a un hijo ansioso y emocionado (pero inconsciente), Dios sabe que nuestras mentes simplemente no pueden comprender lo que nos espera. Y Él no revela toda la gloria que nos espera porque espera que confiemos en Él.
Entonces, con todas las cosas maravillosas que nos esperan, la siguiente mejor cosa profetizada es el Rapto de la Iglesia.
El Novio está listo. El Arcángel está listo para anunciar. El trompetista está listo para dar un toque. Juan nos dice que “el Espíritu y la Novia dicen: ‘Ven’” (Ap. 22:17). Jesús incluso nos aseguró tres veces en Apocalipsis 22: “Yo vengo pronto” (22:7, 12, 20).
Si tienes un corazón regenerado que ama al Señor Jesucristo, entonces también tienes oídos para oír. Y si los tienes, espero que tomes las palabras de Jesús al pie de la letra y te unas al apóstol Juan y a todos nosotros en el Ministerio Cordero y León respondiendo: “Amén. Ven, Señor Jesús” (Ap. 22:20).
Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)
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