martes, 6 de enero de 2026

10 Características de una Iglesia Saludable

Por Bob Russell


Durante los últimos 20 años, he tenido el privilegio de visitar cientos de iglesias en todo el país. Recientemente, he destacado varios ejemplos excepcionales en este ámbito. Aunque hay muchos más que podría haber mencionado, estas congregaciones sirven como recordatorio de lo que significa ser una iglesia saludable. A continuación, se presentan diez características que comparten estas iglesias, sin importar su tamaño o ubicación.

1 Un pastor respetado que lidera con integridad

Un equipo de fútbol americano ganador tiene un buen mariscal de campo. Una iglesia próspera suele estar dirigida por un pastor calificado, a quien la congregación ama y respeta. Aunque no es perfecto, se le reconoce como un verdadero seguidor de Cristo cuyo liderazgo inspira confianza. El respeto no se construye de la noche a la mañana, crece a través del servicio fiel con el tiempo. Por esta razón, las iglesias más saludables suelen estar dirigidas por pastores que han servido durante una década o más, ofreciendo estabilidad y continuidad. La rotación frecuente en el púlpito puede señalar problemas más profundos dentro de una congregación.

2 Ancianos solidarios que refuerzan la visión del pastor, mientras lo hacen rendir cuentas

Una iglesia saludable no depende de una sola persona. Es peligroso para una iglesia cuando el pastor no rinde cuentas. Unos ancianos fuertes y solidarios desempeñan un papel crucial al colaborar con el pastor para proyectar la visión, impulsar la misión de la iglesia y brindar rendición de cuentas espiritual y financiera. Cuando los ancianos refuerzan al pastor como líder principal, a la vez que proporcionan orientación y supervisión, forman un equipo de liderazgo unificado. Esta asociación fomenta la confianza dentro de la congregación, asegura la toma de decisiones sabia y permite que la iglesia enfrente los desafíos con fortaleza y claridad.

3 Predicación bíblica valiente con un enfoque en la enseñanza expositiva

Estando ya en prisión por predicar, el apóstol Pablo pidió a otros que oraran por él para que fuera valiente al proclamar el Evangelio, sabiendo que su mensaje era ofensivo para el mundo. Hay un poder increíble en la predicación valiente y basada en las Escrituras. Los sermones diluidos, que sólo buscan hacer sentir bien a la gente y provienen de predicadores tímidos, generan una iglesia insegura y débil. Las iglesias saludables son nutridas por pastores que enseñan y aplican las verdades bíblicas con convicción y amor. Dicha predicación convence a los pecadores, anima a los desanimados y alimenta espiritualmente a la congregación. Un buen pastor cuida y alimenta a sus ovejas, sabiendo que la Biblia es agua, pan, leche, carne y miel para el alma.

4 Culto congregacional significativo

En una iglesia saludable, la música de adoración exalta a Cristo, alabándolo por Su santidad y bondad. Aunque la excelencia en el escenario es importante, no debe verse como una presentación de quienes están en el escenario, sino como un acto congregacional de glorificación a Dios. Cuando la adoración está centrada en Dios y llena del Espíritu, toda la iglesia percibe la presencia de Dios y responde con una participación gozosa, declarando: “Ciertamente el Espíritu del Señor está en este lugar”.

5 Un corazón compasivo para los que sufren

Una iglesia saludable ministra a los necesitados, tanto dentro como fuera de sus muros. Comienza brindando apoyo en oración, ayudas sociales y ánimo a sus miembros; y luego se extiende a la comunidad en general. Ya sea a través de programas de recuperación de adicciones, colectas de alimentos o esfuerzos de ayuda en desastres, las iglesias compasivas reflejan al Buen Samaritano al atender a las personas en sus propias circunstancias y ofrecer el amor de Cristo de manera tangible. La comunidad a menudo las reconoce como una iglesia que realmente se preocupa.

6 Un espíritu contagioso de gozo y armonía

David escribió: “Yo me alegré cuando me dijeron: ‘Vamos a la casa del Señor’”. En una iglesia sana, esta alegría es palpable. Desde los saludos cálidos en el vestíbulo, hasta las risas sinceras y las conversaciones amenas, un espíritu de amor y unidad atrae a las personas. Como dijo Jesús: “De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros” (Juan 13:35, NVI).

7 Crecimiento numérico constante

Una iglesia saludable, al igual que cualquier organismo sano, crece. El crecimiento puede variar según el tamaño y el entorno de la iglesia, pero un crecimiento constante en la asistencia, los bautismos y la madurez espiritual es un indicador común. Ya sea en una comunidad rural o en un centro urbano, las iglesias saludables guían a los nuevos creyentes hacia relaciones más profundas con Cristo. Una iglesia saludable hace discípulos que hacen discípulos.

8 Doctrina equilibrada sobre los “distintivos denominacionales”

Escuché esta frase por primera vez en una conferencia sobre el crecimiento de la iglesia hace 50 años y con el tiempo he llegado a comprender cada vez más su validez. Casi todas las denominaciones o movimientos tienen una doctrina favorita que sobre-enfatizan porque es distintiva de ese grupo. Puede ser el libre albedrío, la santificación, los dones espirituales, la seguridad eterna o el bautismo por inmersión. Aunque la integridad doctrinal es vital, las iglesias saludables evitan enfatizar demasiado las particularidades denominacionales a expensas del Evangelio. Se enfocan en la lealtad a Cristo por encima de todo, fomentando la unidad entre los creyentes y asegurando que se enseñe doctrina sólida de manera equilibrada. En estas iglesias, Cristo crece, mientras que las etiquetas secundarias pasan a un segundo plano.

9 Diversidad que refleja la belleza del cielo

Una iglesia saludable refleja una diversidad generacional, racial y socioeconómica. Una iglesia que no refleja la demografía étnica o racial de su comunidad o que está compuesta únicamente por adultos jóvenes, ancianos o personas adineradas, no está en óptimas condiciones. El terreno está nivelado al pie de la cruz. Las iglesias que predican el Evangelio con autenticidad y ofrecen una hospitalidad genuina a menudo descubren que personas de todos los orígenes responden. El resultado es una congregación que refleja la diversidad del reino de Dios.

10 Un compromiso sin complejos con la evangelización y el discipulado

Jesús comisiono a Sus seguidores a ir y hacer discípulos de todas las naciones y luego enseñarles todo lo que Él les había compartido. (Veáse Mateo 28:18-20.) La misión principal de la Iglesia es evangelizar y hacer discípulos. Sin embargo, muchas iglesias se desvían de este propósito principal porque, como escribió John Stott, “La evangelización es espinosa porque llama a las personas al arrepentimiento”. Como resultado, estas iglesias se enfocan en satisfacer necesidades sociales, evitar conflictos y mantener a todos contentos.

Sin embargo, incluso cuando es incómodo o impopular, las iglesias saludables se aseguran de que la evangelización y el discipulado sigan siendo centrales para su identidad. Ya sea a través del alcance local, las misiones globales o la predicación y enseñanza expositiva, estas iglesias sienten pasión por ver vidas transformadas por el Evangelio. Como resultado, las aguas del bautisterio se están agitando constantemente.

Hace años, David Foster, pastor de una megaiglesia en Nashville, compartió una observación después de visitar muchas iglesias en crecimiento. Dijo: “Bob, he visitado casi todas las iglesias vanguardistas y he descubierto que son notablemente diferentes en muchos aspectos. Pero todas tienen algo en común”. Le pregunté: “¿Qué es eso?”. Él dijo: “Entra en cualquiera de esos servicios religiosos 15 minutos antes y sólo siéntate a observar a la gente y sentir la atmósfera. Siempre hay una sensación de anticipación entre las personas. Hay una sensación de que Dios va a aparecer aquí y que los perdidos van a ser salvos. Los quebrantados van a ser sanados y los hambrientos van a ser alimentados”.

Así que las iglesias eran fortalecidas en la fe, y diariamente crecían en números” (Hechos 16:5).


Comentarios del Editor

Una de las preguntas que el Ministerio Cordero y León ha recibido con más frecuencia a lo largo de los años es si podemos recomendar una iglesia sólida que crea en la Biblia en una ciudad en particular. A menos que hayamos desarrollado una relación con una iglesia específica, no podemos declarar qué iglesia o iglesias son vibrantes y están comprometidas a proclamar todo el consejo de la Escritura. Y simplemente no hay manera de hacer tal juicio basándose en encuestas o revisiones puntuales a distancia.

El artículo de Bob destacó una señal segura de que una iglesia está en sintonía con las Señales de los Tiempos y anima a sus miembros a servir como centinelas mientras esperan el regreso del Señor: Hay una sensación de que Dios va a manifestarse. Eso no sólo significa a través de la presencia del Espíritu Santo en un domingo dado (aunque esa expectativa es crítica). También significa vivir con una anticipación real y motivadora de que Jesús vendrá pronto.

Las iglesias con ese tipo de expectativa tienen muchas más probabilidades de comprometerse en un evangelismo serio, promover un discipulado auténtico y una vida santa, y animar a su congregación a mantener sus ojos en Jesús.

Encuentra una iglesia así y participa activamente en lo que Dios está haciendo allí. Si no hay iglesias de ese tipo en tu área, busca a otros cristianos con ideas afines y reúnanse para un estudio bíblico para formar una nueva iglesia. Las pequeñas iglesias en casas siguen el modelo de la iglesia primitiva más de cerca y crecerán mientras busquen glorificar al Señor y edificar a los santos.

Bob Russell sirvió como el querido pastor de la Iglesia Cristiana del Sureste en Louisville durante cuarenta años. Continúa animando a pastores y líderes ministeriales (incluido Tim Moore) a través de Bob Russell Ministries.

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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lunes, 5 de enero de 2026

La Iglesia en la Profecía

Dr. David R. Reagan


Comentario del Editor:

Desde Pentecostés, cuando el Espíritu Santo energizó dramáticamente el evangelismo de los apóstoles, la Era de la Iglesia terminará cuando Jesús llame a todos los que han confiado en Él: “¡Sube acá!”.

Este artículo clásico de David Reagan captura las promesas cumplidas (y que se están cumpliendo) durante la Edad de la Iglesia. Estas profecías para el Cuerpo de Cristo pronto llegarán a su fin. Y cuando la Iglesia sea removida del mundo, se desatará otra serie de profecías.


Se habla mucho hoy en día acerca de cuán unificada, triunfante y gloriosa será la Iglesia en los tiempos del fin justo antes del regreso de Jesús. Esta imagen optimista de la Iglesia es ciertamente atractiva, pero ésta sólo se corresponde parcialmente con lo que la Biblia profetiza.

Pero antes de que echemos un vistazo a las profecías del tiempo del fin con respecto a la Iglesia, echemos un vistazo a la Iglesia en la Profecía Bíblica en el pasado y presente. 

Profecías del Antiguo Testamento

Algunos teólogos toman la posición de que la Iglesia no está mencionada en las Escrituras hebreas. Esto es, a la vez, correcto y erróneo. Es correcto en que no hay una mención específica de la Iglesia. Pero, por otro lado, la Iglesia es ciertamente insinuada en una serie de profecías en el Antiguo Testamento. 

Insinuar: sugerir, presagiar, profetizar, 

El apóstol Pablo se refirió a cinco de estos pasajes proféticos en Romanos 15, donde justificó su predicación del Evangelio a los gentiles. Citó específicamente:

1. 2 Samuel 22:50 y Salmos 18:49 — Ambos hablan de un tiempo cuando Dios será alabado entre los gentiles (Ro. 15:9).

2. Dt. 32:43 — Que dice que vendrá un tiempo cuando los gentiles se regocijarán con los judíos (Ro. 15:10).

3. Salmos 117:1 — Que dice que habrá un día cuando los gentiles alabarán al Dios de los judíos (Ro. 15:11).

4. Isaías 11:10 — Que dice que cuando venga el Mesías (“la raíz de Isaí”), los gentiles hallarán esperanza en Él (Ro. 15:12).

5. Isaías 52:15 — Que dice que un día los gentiles llegarán a conocer entender al Mesías (Ro. 15:21).

Y éstas son sólo algunas de las profecías del Antiguo Testamento acerca de la futura inclusión de los gentiles en el Plan de Dios para las Edades. Isaías 42:1 dice que el Mesías traerá “justicia a las naciones” [gentiles]. Unos versículos después, Isaías proclama que el Mesías será una “luz de las naciones” [gentiles] (Is. 42:6). Isaías repite esta profecía en el capítulo 49 donde cita a Dios diciendo que Él hará que el Mesías sea “una luz de las naciones [gentiles] para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra” (Is. 49:6b).

Una de mis referencias proféticas favoritas de la futura inclusión de los gentiles en el reino de Dios se encuentra en Isaías 9:1-2, donde el profeta dice que un día Dios hará gloriosa la “Galilea de los gentiles”. Específicamente, declara que “el pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz” [el Mesías]. Otra se encuentra en Isaías 54:1, donde el profeta declara que vendrá un tiempo cuando “los hijos de la desolada [los gentiles] serán más numerosos que los hijos de la casada” [Israel].

La profecía angular acerca de la inclusión de los gentiles en el plan de salvación de Dios se encuentra en el Pacto Abrahámico, que se enumera primero en Génesis 12:1-3. En este pasaje, Dios le dijo a Abraham que a través de sus descendientes “serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. Esa promesa ciertamente incluía a los gentiles.

Cumplimiento de las Profecías

Aunque siempre fue posible que los gentiles fueran salvos durante los tiempos del Antiguo Testamento al responder al Creador en fe (Joel 2:32 y Ro. 2:14-15), su inclusión específica en el Plan de Dios para las Edades no ocurrió hasta el Día de Pentecostés alrededor del año 30 d. C. Esto fue cuando la Iglesia fue establecida. El apóstol Pedro predicó el primer sermón del Evangelio (Hch. 2:14-36), y tres mil almas respondieron. 

Es cierto que todos ellos eran judíos. Es cierto que la Iglesia comenzó con el pueblo judío respondiendo a un mensaje judío acerca de un Mesías judío. Y, por lo tanto, la Iglesia comenzó como lo que parecía ser una secta judía. Pero, a los pocos años de su establecimiento, la Iglesia se abrió a los gentiles, en cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. 

Esto comenzó cuando el apóstol Pedro recibió una visión de Dios que dejó en claro que los gentiles iban a ser incluidos en la Iglesia (Hch. 10:9-15). Ese mismo día, Pedro fue convocado a Cesarea Marítima para predicarle a un soldado romano llamado Cornelio (Hch. 10:19-22). Cuando Pedro compartió las buenas nuevas de salvación con este soldado, él y toda su casa recibieron a Jesús como Señor y Salvador. El Espíritu Santo cayó sobre ellos, y fueron bautizados en el nombre de Jesús (Hch. 10:34-48).

Este evento decisivo causó una crisis en la Iglesia. Algunos cuestionaban si los gentiles paganos deberían ser incluidos o no. Otros argumentaban que si iban a ser incluidos, se les debería exigir someterse a la circuncisión y las leyes de la Torá.

Estas controversias dieron como resultado una conferencia en Jerusalén, donde se decidió que era la voluntad de Dios incluir a los gentiles (Hch. 15:6-29). También se determinó que los gentiles no deberían ser obligados a convertirse en practicantes de las leyes judías. En el proceso, Pedro citó una profecía de las Escrituras hebreas que preveía un día cuando “el resto de los hombres busque al Señor”, incluyendo a “todos los gentiles” (Hch. 15:14-18 en referencia a Amós 9:11-12).

Cerca del final del segundo viaje misionero de Pablo, después de su llegada en Corinto, se enojó con la persistente resistencia de los judíos al Evangelio. Esta frustración lo llevó a declarar, “desde ahora me iré a los gentiles” (Hch. 18:6). Y en los años siguientes, toda la complexión de la Iglesia cambió de una secta judía a una congregación gentil.

La Profecía del Nuevo Testamento

La primera mención específica de la Iglesia en la profecía se encuentra en el Nuevo Testamento en Mateo 16:18, donde se registra que Jesús dijo: “…sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. El contexto de esta declaración deja en claro que la “roca” a la que Jesús se estaba refiriendo era la confesión de Pedro de que Él era “el Cristo [Mesías], el Hijo del Dios viviente” (Mt. 16:16).

Esta profecía por supuesto, se ha cumplido a través de la historia desde el momento en que Jesús pronunció esas palabras. Satanás ha intentado de todas las maneras posibles destruir la Iglesia, primero a través de la persecución, y luego a través de la corrupción interna. Pero Jesús ha sostenido a Su Iglesia hasta el día de hoy y continúa haciéndolo hoy en medio de una creciente apostasía y una creciente persecución mundial.

Creo que Jesús profetizó muy específicamente acerca del futuro de Su Iglesia en las siete cartas que dictó al apóstol Juan en Apocalipsis, capítulos 2 y 3. Las cartas fueron dirigidas a siete iglesias ubicadas en el área del Oeste de la moderna Turquía. Había muchas más iglesias que estas siete. Creo que Jesús seleccionó a estas siete porque representaban siete tipos de iglesias y siete períodos de la historia de la Iglesia. En cada período, los siete tipos de iglesias existirían, pero un tipo predominaría.

La iglesia en Éfeso es representativa del periodo apostólico, del año 30 d. C. al 95 d. C., cuando la iglesia estaba preocupada por la organización y la doctrina, al punto que llegó a ser legalista. 

La iglesia en Esmirna representa la iglesia perseguida o la iglesia mártir que existió desde el año 95 d. C., hasta cerca del año 312 d. C. Es la iglesia que existía en la época en la que el libro de Apocalipsis fue escrito. 

Luego tenemos la iglesia liberal de Pérgamo, representando a la iglesia apóstata que existió desde el año 312 hasta el año 590. Este periodo se desarrolló después que el Emperador Constantino se convirtió y la iglesia y el Estado se soldaron. Como siempre es el caso en tales uniones, el Estado empezó a corromper a la iglesia. 

La iglesia en Tiatira representa el periodo oscuro y pagano desde el año 590 hasta el año 1517, cuando se desarrolló el papado y la iglesia se llenó de prácticas ocultistas babilónicas. 

Cuando llegamos a la Reforma en 1517, pensamos de ella como un tiempo de vida. Pero sólo lo fue parcialmente. La Reforma produjo las iglesias protestantes estatales de Europa — iglesias que tenían la reputación de estar vivas, pero que realmente estaban muertas a causa de su unión con el Estado. Así pues, la iglesia de Sardis, la iglesia muerta, con la reputación de estar viva, representa el periodo posterior a la Reforma, desde el año 1517 hasta cerca de 1750. 

Lo opuesto a Sardis es la iglesia de Filadelfia, la iglesia viva. Representa el periodo de la historia de la iglesia desde cerca de 1750, cuando la iglesia empezó a enviar misioneros por todo el mundo, hasta cerca de 1925, cuando la Escuela alemana de la Alta Crítica invadió los seminarios a nivel mundial y destruyó la fe en la Palabra de Dios de muchas personas. Como resultado, las personas empezaron a ver la Biblia, no como la revelada Palabra de Dios, sino como la búsqueda de Dios por parte del hombre y, por lo tanto, decidieron que estaba llena de mitos, leyendas y superstición. 

La iglesia de hoy está representada por la iglesia de Laodicea, una iglesia que le dice al mundo: “Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad” (Ap. 3:17). Pero Jesús le dice a esa iglesia: “Tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (Ap. 3:17). Es una iglesia mundana, patética y apóstata que ni siquiera deja entrar a Jesús por la puerta principal (Ap. 3:20). 

El mejor resumen de estas cartas que he encontrado es el escrito por John Stott en su libro, Basic Christianity (Cristianismo Básico). Él ve el mensaje de Jesús como de triple naturaleza. A una Iglesia pecadora, Él le dice: “¡Conozco tu pecado, arrepiéntete!”. A una Iglesia que duda, Él le dice: “¡Conozco de tu duda, cree!”. A una Iglesia temerosa, Él le dice: “¡Conozco de tu temor, persevera!”. Arrepiéntete, cree y persevera—ése es un mensaje muy relevante para la Iglesia de hoy.

La Biblia contiene profecías sobre los Tiempos del Fin relacionadas con la Iglesia, tanto negativas como positivas. En el lado negativo, se le advirtió a la Iglesia sobre:

  • Apostasía, ya que “muchos se apartarán” (Mt. 24:10) y “los hombres se aferran a una forma de religión pero niegan su poder” (2 Ti. 3:5)
  • Sectarismo, con muchos siguiendo espíritus engañadores y doctrinas de demonios, e incluso alejándose de la fe (1 Ti. 4:1)
  • Herejía, ya que las personas rechazarán la sana doctrina, pero querrán que maestros rasquen sus oídos para satisfacer sus propios deseos (2 Ti. 4:3-4)
  • Mundanalidad, el resultado inevitable de una Iglesia comprometida y corrompida por el mundo (Ap. 3:14-22)

La mundanalidad es todo aquello que hace que el pecado parezca normal y la justicia parezca extraña. – Kevin DeYoung

  • Juicio, cuando Dios reprende y disciplna a aquellos a quienes ama (Ap. 3:19). Ésta es una de las profecías de los Tiempos del Fin que la mayoría de los maestros de la Biblia están ansiosos por ignorar.

No todas las profecías sobre la Iglesia en los Tiempos del Fin son de carácter negativo. De hecho, hay muchas más positivas— algunas ya visibles hoy y otras que aún se anticipan—y su naturaleza gloriosa eclipsa con creces a las negativas.

  • Lluvia Tardía, la promesa de un gran derramamiento del Espíritu de Dios en los Tiempos del Fin para fortalecer a aquellos que estén receptivos a resistir el ataque de Satanás (Joel 2:28-30 y citado por Pedro en Hch. 2:14-21)
  • Arrebatamiento, la promesa de Jesús de aparecer en los cielos al final de la Era de la Iglesia—resucitando a los muertos en Cristo y llevándose a todos los creyentes vivos, para luego darles todos cuerpos glorificados y eternos (1 Tes. 4:13-18)
  • Recompensas, basadas en el servicio en esta vida (2 Co. 5:9-10 y 1 Co. 3:13-15; 4:5)
  • Celebración, cuando la Iglesia (la Novia) experimente la unión con Jesús (nuestro Novio) en las bodas del Cordero (Ap. 19:6-9)
  • Segunda Venida, cuando la Iglesia regresará a la Tierra con Jesús y será testigo de Su triunfo sobre el Anticristo y sus fuerzas (Ap. 19:11-21)
  • Coronación, seremos testigos de Jesús coronado Rey de reyes y Señor de señores después de que Él entre por la Puerta Oriental y comience a reinar desde el Monte del Templo en Jerusalén (Sal. 24:7-10; Is. 2:1-4)
  • Milenio, cuando los cristianos glorificados reinarán con Jesús durante mil años mientras la Tierra se llena de paz, justicia y rectitud (Ap. 20:1-10; Is. 11:9)
  • Estado Eterno y la Nueva Jerusalén, nuestro “hogar eterno” que Jesús ha estado preparando y que será colocado en la Tierra Nueva al final del Milenio (Jn. 14:1-4), donde los Redimidos vivirán para siempre con su Creador y Salvador (Ap. 21:1-7; 22:1-5).

Conclusión

Como pueden ver, hay tanto malas como buenas noticias para la Iglesia en los Tiempos del Fin. Pero las buenas noticias son mucho mejores que las malas—tan increíblemente gloriosas—que el apóstol Pablo se sintió motivado a declarar:

“Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada” (Ro. 8:18).


¡Aleluya y Maranata!


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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viernes, 2 de enero de 2026

Observaciones del Editor: La Era de la Iglesia – La Pausa Estratégica de Dios

Director y Evangelista Sénior 
Ministerio Cordero y León



¿Les parece que el tiempo se está acelerando? Mirando hacia atrás, el 2025 pasó en un abrir y cerrar de ojos, con altibajos que apuntaban a esperanzas y temores intensificados.

Aquellos que no están arraigados en la Palabra Viva están destinados a ser sacudidos de un lado a otro como hojas en un torbellino. Pero aquellos que hunden raíces profundas en la Fuente de toda Verdad son capaces de entender los tiempos. Como los hijos de Isacar, saben qué hacer porque saben a Quién sirven.

A pesar del reciente desprestigio de quienes fijan fechas erróneas, hay una verdad a la que se aferran los entusiastas del Rapto: Jesús regresará. Las señales de Su regreso ciertamente están aumentando en frecuencia e intensidad, y multiplicándose como nunca antes. Trágicamente, el mundo burlón se mofa de las falsas alarmas y vuelve a sus búsquedas mundanas. Algunos cristianos se estremecen al ver que otra predicción esperanzadora se desmorona y deciden no dejarse atrapar por el alboroto del Rapto.

En el Ministerio Cordero y León, reconocemos abiertamente la necesidad de mantenernos enfocados en la tarea, cumpliendo la Gran Comisión. Apoyamos firmemente el crecimiento en el Espíritu, el discipulado de los seguidores de Cristo y la realización de buenas obras. La clave de estas disciplinas espirituales es trazar correctamente la Palabra de Dios, estudiando todo el consejo de las Escrituras, incluyendo Su Palabra profética.

Con eso en mente (y sabiendo que las Escrituras tienen mucho más que decir sobre la culminación de la historia humana que sobre su inicio), estamos emocionados de ofrecer un nuevo recurso para promover la comprensión de la profecía sobre el Tiempo del Fin. Esta edición del Farolero presenta un nuevo y emocionante gráfico que proporciona una Visión General de los Eventos de los Tiempos del Fin. La adición de cuatro páginas a esta revista comprende el folleto, que está disponible como material independiente.

La clave de este gráfico reside en la abundancia de material complementario disponible en línea. Cada evento principal será explicado en gran detalle en una serie de videos, a los que se puede acceder en nuestro sitio web (o mediante el código QR integrado).

Esta edición profundizará en la primera división principal del gráfico—La Era de la Iglesia. Todos los demás acontecimientos importantes destacados en nuestro gráfico de profecías serán explicados en futuras ediciones del Farolero. Pero todos los videos relacionados con el gráfico pronto estarán disponibles en línea para cualquiera que quiera adelantarse.

No escuchen a los detractores ni permitan que su corazón se turbe. Jesús regresará tal como se separó de Sus discípulos hace casi 2,000 años. Hasta que lo haga, tenemos trabajo que hacer, ¡y muy poco tiempo para hacerlo!


Tim Moore

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

jueves, 1 de enero de 2026

¿Podría Regresar Jesús en 2026? (pdf)

Seis razones por las que todos los cristianos deberían anhelar el pronto regreso de Jesús 

Dr. David R. Reagan

Haga clic sobre la imagen para ir a la página de descarga

Fragmento:

Los escritos de los Padres de la Iglesia Primitiva (100 al 300 d. C.), revelan que una de las oraciones más tempranas de la Iglesia era “¡Maranata!” (1 Corintios 16:22). Esa palabra en realidad es una frase aramea que significa “¡El Señor viene!”.

Esta oración expresa un hecho que es confirmado por muchas otras escrituras; a saber, que la Iglesia del primer siglo tenía un ardiente deseo por el pronto regreso de Jesús.

Un Decaimiento del Celo

La Iglesia del siglo XXI parece haber perdido ese deseo. La mayoría de los cristianos profesantes de hoy en día no oran “¡Maranata!”. No anhelan el regreso del Señor. En lugar de estar añorando, están bostezando.

Video: Seis Razones por las que Todos los Cristianos Deberían Anhelar Fervientemente el Pronto Regreso del Señor

Recursos recomendados:

miércoles, 31 de diciembre de 2025

El Mensaje de Salmos 2 (Parte 3 de 3)

¿Estás Preocupado por los Tiempos del Fin?

 Dr. David R. Reagan

Lamplighter on End Times Living


La Gloria del Señor

¿Y cuál será el propósito de todo esto? Hay muchas razones para el reinado milenial de Jesús. Dios va a usar ese período de tiempo para cumplir las promesas que ha hecho a las naciones, a la naturaleza, a un remanente de judíos y a los santos. Pero el propósito fundamental es cumplir Su promesa a Su Hijo de que un día será glorificado en la historia, así como fue humillado en la historia.

Esta promesa es un tema persistente de las Escrituras. Es la esencia de la promesa del Padre en el Salmo 2, y se repite a lo largo de la Biblia, tanto en las Escrituras Hebreas como en el Nuevo Testamento.

El profeta Isaías dice que cuando el Señor regrese en “terror” y en la “majestad de Su gloria”, todos los hombres orgullosos serán humillados, y “el Señor será exaltado en ese día” (Isaías 2:10-11). El nombre del Señor será honrado, y se le llamará “Consejero Admirable, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). Él regresará para manifestar Su gloria ante Sus Santos (Isaías 24:23) y ante las naciones del mundo (Isaías 66:18). 

Pablo afirma este propósito del regreso del Señor en 2 Tesalonicenses 1:10, donde declara que Jesús regresa “para ser glorificado en sus santos” y “para ser admirado por todos los que han creído.”

El Espíritu Advierte

El Salmo 2 comienza con David hablando como profeta, lamentándose de la manera en que los gobernantes del mundo se burlan del Señor. Continúa con el Señor riéndose de los débiles intentos de los hombres por frustrar Su voluntad. Luego, Jesús lo interrumpe con una proclamación de Jesús en la que anuncia la promesa de Su Padre de que Él, el Hijo, algún día triunfará sobre todos los reinos del mundo. 

El salmo concluye con una advertencia dada por el Espíritu Santo:

10) Ahora pues, oh reyes, muestren discernimiento;
Reciban amonestación, oh jueces de la tierra.

11) Adoren al Señor con reverencia,
Y alégrense con temblor.

12) Honren al Hijo para que no se enoje y perezcan en el camino,
Pues puede inflamarse de repente Su ira.
¡Cuán bienaventurados son todos los que en Él se refugian!

La Audiencia

La advertencia del Espíritu está dirigida a los reyes y jueces de la tierra. Es un llamado solemne a los líderes políticos del mundo para que enmienden sus acciones y se sometan ellos y sus naciones a la voluntad del Señor antes de que Él estalle desde los cielos con ira. 

Desafortunadamente, esta dura advertencia parece caer siempre en oídos sordos y corazones endurecidos. La advertencia fue pronunciada hace 3,000 años, y la búsqueda de poder y la corrupción política continúan sin cesar hasta el día de hoy. Los líderes políticos del mundo siguen burlándose de Dios y mofándose de Su Ungido.

Pero un “día de ajuste de cuentas” (Isaías 2:12) se acerca rápidamente, ¡y qué día será! El libro de Apocalipsis dice que en ese día “los reyes de la tierra y los grandes hombres y los comandantes y los ricos y los fuertes...” se esconderán en cuevas y clamarán a las peñas de los montes: “¡Caed sobre nosotros y escondednos de la presencia de Aquel que está sentado en el trono, y de la ira del Cordero!” (Ap. 6:15-16).

El Señor ha retrasado el derramamiento de Su ira porque no desea que ninguno perezca, sino que todos alcancen el arrepentimiento (2 P. 3:9). Pero hay un límite a la paciencia del Señor, y mientras espera, “reserva la ira para sus enemigos” (Nahúm 1:2). El Señor puede ser lento para la ira, pero “de ninguna manera dejará impune al culpable” (Nahúm 1:3).

Pero los líderes políticos del mundo no son el único público al que va dirigido el aviso del Espíritu. La advertencia también está dirigida a los redimidos, porque —como ya he señalado— algún día serviremos como reyes y jueces de este mundo. Así que, que los redimidos tomen nota de lo que estamos llamados a hacer mientras esperamos el regreso del Señor.

Un Llamado a la Adoración

Primero, se nos llama a “adorar al Señor con reverencia” (Salmos 2:11). La palabra hebrea original aquí es “servir” en lugar de “adorar”. Pero me gusta el uso del término adorar, porque enfatiza que nuestra adoración última al Señor se expresa en cómo Le servimos. 

Con mucha frecuencia pensamos en la adoración sólo en términos de lo que hacemos cuando nos reunimos corporativamente como congregación de creyentes. No me malinterpreten: la adoración corporativa es extremadamente importante. Fuimos creados para adorar a Dios (Dt. 6:13), y Dios busca activamente a las personas que Lo adoran en espíritu y en verdad (Juan 4:23).

Pero la adoración suprema se expresa en lo que hacemos cuando dejamos la congregación y regresamos al mundo. ¿Reconocen los que entran en contacto con nosotros que hemos estado en la presencia del Señor? ¿Regresamos de la adoración “para bendecir nuestro hogar”, como fue el caso en la vida del rey David? (2 S. 6:20)

¿Tienes pasión por adorar a Dios? ¿Deseas celebrarlo por lo que es y lo que ha hecho? ¿Y deseas expresar esa adoración no sólo con la alabanza de tus labios, sino también con el trabajo de tu cuerpo y el dinero que has ganado?

Otra cosa: ¿Entiendes que un día, pronto, estarás ante el Señor y serás juzgado por tus obras?

Un Llamado a una Forma Inusual de Regocijo

El juicio futuro que enfrentamos por nuestras obras es la razón por la que el Espíritu expresa Su próximo mandamiento de una manera tan inusual. Nos llama a “regocijarnos con temor” (Salmos 2:11). 

¿Alguna vez has pensado en lo extraño que es este mandamiento? Normalmente, una persona se regocija con risas, bailando, cantando o aplaudiendo. ¿Cómo se regocija uno con temor?

Creo que el mandato se relaciona con la tensión que existe en las Escrituras entre la gracia y las obras. Somos salvos por gracia, y deberíamos regocijarnos por eso y por la culminación de nuestra salvación (la glorificación de nuestros cuerpos), que disfrutaremos cuando el Señor regrese. Pero, al mismo tiempo, deberíamos temblar ante la perspectiva de presentarnos delante de Jesús para que nuestras obras sean juzgadas.

Hay tanto buenas como malas noticias respecto al próximo juicio del Señor sobre los redimidos. La buena noticia es tan buena que a muchos cristianos les cuesta creerla, pero, no obstante, es verdad. La increíble buena noticia es que los redimidos no serán juzgados por sus pecados para determinar si pasarán la eternidad en el cielo o en el infierno.

La razón, por supuesto, es que ya hemos sido juzgados por nuestros pecados. Ese juicio tuvo lugar en la Cruz cuando todos nuestros pecados —pasados, presentes y futuros— fueron puestos sobre Jesús, y Él recibió la ira que nosotros merecemos.

Por eso la Biblia enseña que si estás cubierto por la sangre de Jesús, tus pecados han sido perdonados y olvidados (Isaías 43:25 y Hebreos 8:12). Han sido removidos de la presencia del Señor “hasta donde está el oriente del occidente” (Salmos 103:12-13). Como solía decir Corrie ten Boom, “El Señor ha colocado nuestros pecados en la parte más profunda del océano, y ha puesto un letrero que dice, ‘¡Prohibido pescar!” (ver Miqueas 7:19).

¿Qué significa que el Señor “olvide” nuestros pecados? Significa que nunca se volverán a tomar en cuenta contra los redimidos en relación con la determinación de su destino eterno. Es por eso que el escritor de Hebreos pudo afirmar con confianza que cuando Jesús aparezca por segunda vez, vendrá “para salvar sin referencia al pecado, a los que le esperan con ansias” (Hebreos 9:28). 

Entonces, si nuestros pecados han sido olvidados, ¿cuál será la naturaleza de nuestro juicio cuando nosotros, los redimidos, estemos ante el Señor? Esto nos lleva a la mala noticia que debería hacernos temblar. Vamos a ser juzgados por nuestras obras, no para determinar nuestro destino eterno, sino para determinar nuestros grados de recompensa. Y en cuanto a nuestras obras, se recordarán nuestras deficiencias y fracasos.

Esta noticia es un gran shock para la mayoría de los cristianos, ya que muchos parecen desconocer que sus obras tienen algún significado, y otros no se dan cuenta de que habrá grados de recompensa.

Grados de Recompensa

El concepto de grados de recompensa está claramente expuesto en las Escrituras. En 1 Corintios 3:8, Pablo dice: “Cada uno recibirá su propia recompensa según su labor”. Luego dice que nuestras obras serán probadas por el Señor para determinar su calidad (1 Co. 3:13). Indica que algunos, en efecto, serán salvados ¡como quien escapa con las plumas chamuscadas! Esto se debe a que sus obras no resistirán la prueba del “fuego” del Señor (Su juicio). Así concluye: “Si la obra de alguno se quema, sufrirá pérdida, pero él mismo será salvo, aunque así como por fuego” (1 Co. 3:15). 

Algunas de las últimas palabras que Jesús pronunció en esta tierra tuvieron que ver con grados de recompensa. Esas palabras están registradas en Apocalipsis 22:12 — “He aquí, yo vengo pronto, y mi recompensa conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”.

El Juicio de las Obras

¿Cómo juzgará el Señor nuestras obras? ¿Qué criterios utilizará? 

Creo que el punto de partida serán los dones del Espíritu que recibimos cuando nacimos de nuevo. La Palabra enseña que, en el momento de la salvación, toda persona redimida recibe al menos un don del Espíritu (1 Co. 12:7 y 1 P. 4:10). Algunos reciben más de un don, y otros pueden recibir dones adicionales a medida que se desarrollan en el Señor, especialmente si son buenos administradores de sus dones iniciales (Mt. 25:14-30).

Creo que el Señor nos preguntará a cada uno de nosotros cómo usamos los dones que Él nos dio para el avance de Su reino. Y luego creo que Él pondrá a prueba nuestras obras en términos de cantidad, calidad y motivo. 

¿Y tú? ¿Sabes qué dones te ha dado el Espíritu? ¿Los estás usando para avanzar el reino? ¿Y son puros tus motivos? ¿Estás sirviendo al Señor en el poder de Su Espíritu con el propósito de Su gloria?

Un Llamado al Compromiso

Mientras esperamos el regreso del Señor, debemos “adorar al Señor con reverencia” y debemos “regocijarnos con temblor”. La tercera cosa a la que el Espíritu nos llama es a “hacer homenaje al Hijo” (Salmos 2:12). 

Lo que el hebreo realmente dice aquí es muy claro, pero rara vez se traduce literalmente porque suena tan extraño. Literalmente, las palabras hebreas dicen “Besa al Hijo.”

Durante años me pregunté qué significaban esas palabras. Consulté comentarios y encontré muchas conjeturas, pero ninguna de las respuestas parecía resonar en mi espíritu. Así que continué orando para que el Señor me mostrara el verdadero significado de las palabras.

Un día, mientras leía el libro de Oseas, el Espíritu me impresionó de repente con un versículo en el corazón que me dio la respuesta que había estado buscando. El versículo se encuentra en el capítulo 13. 

Al comenzar este capítulo, Oseas acaba de completar su tour de predicación por Israel, en el que llama al pueblo a arrepentirse de su idolatría. Para su horror, cuando regresa a casa, encuentra a un vecino postrándose ante un becerro de plata, y exclama: “¡Hombres, besan becerros!” (Oseas 13:2) 

Cuando leí esas palabras, el Espíritu dio testimonio a mi espíritu. Inmediatamente pensé en las palabras del salmista: “¡Besa al Hijo!”. De repente, esta extraña declaración cobró un sentido completo para mí.

Verán, si Oseas estuviera vivo hoy y pudiera predicarnos sobre Estados Unidos, creo que diría: “He viajado por toda su tierra para buscar su temperamento espiritual, y les digo que, en todas partes a donde voy, ¡encuentro hombres besando terneros!”.

Sin embargo, sospecho que lo pondría en inglés moderno: “En todas partes a donde voy en esta tierra encuentro hombres besando certificados de depósito en el banco, automóviles cromados y casas audaces. Veo hombres enamorados del dinero, del poder y de la fama. Les digo, tomen todo lo que el mundo tiene para ofrecer, pónganlo a un lado en un montón de chatarra, y pongan a Dios primero en sus vidas. ¡Enamórense de Jesús!”.

Eso es lo que significa “¡Besa al Hijo!”. Es un llamado a comprometer su vida con Jesús, enamorándose de Él y poniéndolo primero en su vida, por encima de la carrera y la familia. Es un llamado a hacer de Él el Señor de todo en su vida: su familia y trabajo, sus esperanzas y sueños, sus pensamientos y palabras, su música, material de lectura, comida, bebida, recreación — ¡todo!

Al hacer de Él tu refugio, serás librado de la ira venidera (Ro. 5:9 y 1 Tes. 5:9), y llegarás a conocer el significado completo de la última línea del Salmo 2: ¡Cuán bienaventurados son todos los que se refugian en Él!

El Mensaje

Dios está en Su trono. Él tiene el control. Hace tres mil años prometió a la humanidad que Su Hijo triunfaría en la historia. Actualmente está cumpliendo ese propósito en la historia.

Dios tiene la sabiduría y el poder para orquestar todo el mal del hombre hacia la victoria de Jesús. El mundo puede parecer fuera de control, pero lo que estamos experimentando son los estertores de muerte de un mundo agotado y los dolores de parto de uno nuevo.

Los eventos del tiempo del fin pueden ser temibles por naturaleza. Pero los creyentes pueden encontrar paz y consuelo en la seguridad del Salmo 2, de que Satanás será derrotado y Jesús triunfará como Rey de reyes y Señor de señores.

Las señales de los tiempos nos dicen que Jesús está en las mismas puertas del Cielo, listo para regresar en cualquier momento y llevar a Su iglesia fuera de este mundo. Mantén tus ojos en Jesús. Vive con una perspectiva eterna. Descansa en la confianza de que, mientras los hombres malvados conspiran y Satanás trama, Dios se sienta en Su trono en el Cielo y se ríe.


Lea la parte 1 aquí

Lea la parte 2 aquí

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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