Comentario del Editor:
Desde Pentecostés, cuando el Espíritu Santo energizó dramáticamente el evangelismo de los apóstoles, la Era de la Iglesia terminará cuando Jesús llame a todos los que han confiado en Él: “¡Sube acá!”.
Este artículo clásico de David Reagan captura las promesas cumplidas (y que se están cumpliendo) durante la Edad de la Iglesia. Estas profecías para el Cuerpo de Cristo pronto llegarán a su fin. Y cuando la Iglesia sea removida del mundo, se desatará otra serie de profecías.
Se habla mucho hoy en día acerca de cuán unificada, triunfante y gloriosa será la Iglesia en los tiempos del fin justo antes del regreso de Jesús. Esta imagen optimista de la Iglesia es ciertamente atractiva, pero ésta sólo se corresponde parcialmente con lo que la Biblia profetiza.
Pero antes de que echemos un vistazo a las profecías del tiempo del fin con respecto a la Iglesia, echemos un vistazo a la Iglesia en la Profecía Bíblica en el pasado y presente.
Profecías del Antiguo Testamento
Algunos teólogos toman la posición de que la Iglesia no está mencionada en las Escrituras hebreas. Esto es, a la vez, correcto y erróneo. Es correcto en que no hay una mención específica de la Iglesia. Pero, por otro lado, la Iglesia es ciertamente insinuada en una serie de profecías en el Antiguo Testamento.
Insinuar: sugerir, presagiar, profetizar,
El apóstol Pablo se refirió a cinco de estos pasajes proféticos en Romanos 15, donde justificó su predicación del Evangelio a los gentiles. Citó específicamente:
1. 2 Samuel 22:50 y Salmos 18:49 — Ambos hablan de un tiempo cuando Dios será alabado entre los gentiles (Ro. 15:9).
2. Dt. 32:43 — Que dice que vendrá un tiempo cuando los gentiles se regocijarán con los judíos (Ro. 15:10).
3. Salmos 117:1 — Que dice que habrá un día cuando los gentiles alabarán al Dios de los judíos (Ro. 15:11).
4. Isaías 11:10 — Que dice que cuando venga el Mesías (“la raíz de Isaí”), los gentiles hallarán esperanza en Él (Ro. 15:12).
5. Isaías 52:15 — Que dice que un día los gentiles llegarán a conocer entender al Mesías (Ro. 15:21).
Y éstas son sólo algunas de las profecías del Antiguo Testamento acerca de la futura inclusión de los gentiles en el Plan de Dios para las Edades. Isaías 42:1 dice que el Mesías traerá “justicia a las naciones” [gentiles]. Unos versículos después, Isaías proclama que el Mesías será una “luz de las naciones” [gentiles] (Is. 42:6). Isaías repite esta profecía en el capítulo 49 donde cita a Dios diciendo que Él hará que el Mesías sea “una luz de las naciones [gentiles] para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra” (Is. 49:6b).
Una de mis referencias proféticas favoritas de la futura inclusión de los gentiles en el reino de Dios se encuentra en Isaías 9:1-2, donde el profeta dice que un día Dios hará gloriosa la “Galilea de los gentiles”. Específicamente, declara que “el pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz” [el Mesías]. Otra se encuentra en Isaías 54:1, donde el profeta declara que vendrá un tiempo cuando “los hijos de la desolada [los gentiles] serán más numerosos que los hijos de la casada” [Israel].
La profecía angular acerca de la inclusión de los gentiles en el plan de salvación de Dios se encuentra en el Pacto Abrahámico, que se enumera primero en Génesis 12:1-3. En este pasaje, Dios le dijo a Abraham que a través de sus descendientes “serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. Esa promesa ciertamente incluía a los gentiles.
Cumplimiento de las Profecías
Aunque siempre fue posible que los gentiles fueran salvos durante los tiempos del Antiguo Testamento al responder al Creador en fe (Joel 2:32 y Ro. 2:14-15), su inclusión específica en el Plan de Dios para las Edades no ocurrió hasta el Día de Pentecostés alrededor del año 30 d. C. Esto fue cuando la Iglesia fue establecida. El apóstol Pedro predicó el primer sermón del Evangelio (Hch. 2:14-36), y tres mil almas respondieron.
Es cierto que todos ellos eran judíos. Es cierto que la Iglesia comenzó con el pueblo judío respondiendo a un mensaje judío acerca de un Mesías judío. Y, por lo tanto, la Iglesia comenzó como lo que parecía ser una secta judía. Pero, a los pocos años de su establecimiento, la Iglesia se abrió a los gentiles, en cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento.
Esto comenzó cuando el apóstol Pedro recibió una visión de Dios que dejó en claro que los gentiles iban a ser incluidos en la Iglesia (Hch. 10:9-15). Ese mismo día, Pedro fue convocado a Cesarea Marítima para predicarle a un soldado romano llamado Cornelio (Hch. 10:19-22). Cuando Pedro compartió las buenas nuevas de salvación con este soldado, él y toda su casa recibieron a Jesús como Señor y Salvador. El Espíritu Santo cayó sobre ellos, y fueron bautizados en el nombre de Jesús (Hch. 10:34-48).
Este evento decisivo causó una crisis en la Iglesia. Algunos cuestionaban si los gentiles paganos deberían ser incluidos o no. Otros argumentaban que si iban a ser incluidos, se les debería exigir someterse a la circuncisión y las leyes de la Torá.
Estas controversias dieron como resultado una conferencia en Jerusalén, donde se decidió que era la voluntad de Dios incluir a los gentiles (Hch. 15:6-29). También se determinó que los gentiles no deberían ser obligados a convertirse en practicantes de las leyes judías. En el proceso, Pedro citó una profecía de las Escrituras hebreas que preveía un día cuando “el resto de los hombres busque al Señor”, incluyendo a “todos los gentiles” (Hch. 15:14-18 en referencia a Amós 9:11-12).
Cerca del final del segundo viaje misionero de Pablo, después de su llegada en Corinto, se enojó con la persistente resistencia de los judíos al Evangelio. Esta frustración lo llevó a declarar, “desde ahora me iré a los gentiles” (Hch. 18:6). Y en los años siguientes, toda la complexión de la Iglesia cambió de una secta judía a una congregación gentil.
La Profecía del Nuevo Testamento
La primera mención específica de la Iglesia en la profecía se encuentra en el Nuevo Testamento en Mateo 16:18, donde se registra que Jesús dijo: “…sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. El contexto de esta declaración deja en claro que la “roca” a la que Jesús se estaba refiriendo era la confesión de Pedro de que Él era “el Cristo [Mesías], el Hijo del Dios viviente” (Mt. 16:16).
Esta profecía por supuesto, se ha cumplido a través de la historia desde el momento en que Jesús pronunció esas palabras. Satanás ha intentado de todas las maneras posibles destruir la Iglesia, primero a través de la persecución, y luego a través de la corrupción interna. Pero Jesús ha sostenido a Su Iglesia hasta el día de hoy y continúa haciéndolo hoy en medio de una creciente apostasía y una creciente persecución mundial.
Creo que Jesús profetizó muy específicamente acerca del futuro de Su Iglesia en las siete cartas que dictó al apóstol Juan en Apocalipsis, capítulos 2 y 3. Las cartas fueron dirigidas a siete iglesias ubicadas en el área del Oeste de la moderna Turquía. Había muchas más iglesias que estas siete. Creo que Jesús seleccionó a estas siete porque representaban siete tipos de iglesias y siete períodos de la historia de la Iglesia. En cada período, los siete tipos de iglesias existirían, pero un tipo predominaría.
La iglesia en Éfeso es representativa del periodo apostólico, del año 30 d. C. al 95 d. C., cuando la iglesia estaba preocupada por la organización y la doctrina, al punto que llegó a ser legalista.
La iglesia en Esmirna representa la iglesia perseguida o la iglesia mártir que existió desde el año 95 d. C., hasta cerca del año 312 d. C. Es la iglesia que existía en la época en la que el libro de Apocalipsis fue escrito.
Luego tenemos la iglesia liberal de Pérgamo, representando a la iglesia apóstata que existió desde el año 312 hasta el año 590. Este periodo se desarrolló después que el Emperador Constantino se convirtió y la iglesia y el Estado se soldaron. Como siempre es el caso en tales uniones, el Estado empezó a corromper a la iglesia.
La iglesia en Tiatira representa el periodo oscuro y pagano desde el año 590 hasta el año 1517, cuando se desarrolló el papado y la iglesia se llenó de prácticas ocultistas babilónicas.
Cuando llegamos a la Reforma en 1517, pensamos de ella como un tiempo de vida. Pero sólo lo fue parcialmente. La Reforma produjo las iglesias protestantes estatales de Europa — iglesias que tenían la reputación de estar vivas, pero que realmente estaban muertas a causa de su unión con el Estado. Así pues, la iglesia de Sardis, la iglesia muerta, con la reputación de estar viva, representa el periodo posterior a la Reforma, desde el año 1517 hasta cerca de 1750.
Lo opuesto a Sardis es la iglesia de Filadelfia, la iglesia viva. Representa el periodo de la historia de la iglesia desde cerca de 1750, cuando la iglesia empezó a enviar misioneros por todo el mundo, hasta cerca de 1925, cuando la Escuela alemana de la Alta Crítica invadió los seminarios a nivel mundial y destruyó la fe en la Palabra de Dios de muchas personas. Como resultado, las personas empezaron a ver la Biblia, no como la revelada Palabra de Dios, sino como la búsqueda de Dios por parte del hombre y, por lo tanto, decidieron que estaba llena de mitos, leyendas y superstición.
La iglesia de hoy está representada por la iglesia de Laodicea, una iglesia que le dice al mundo: “Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad” (Ap. 3:17). Pero Jesús le dice a esa iglesia: “Tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (Ap. 3:17). Es una iglesia mundana, patética y apóstata que ni siquiera deja entrar a Jesús por la puerta principal (Ap. 3:20).
El mejor resumen de estas cartas que he encontrado es el escrito por John Stott en su libro, Basic Christianity (Cristianismo Básico). Él ve el mensaje de Jesús como de triple naturaleza. A una Iglesia pecadora, Él le dice: “¡Conozco tu pecado, arrepiéntete!”. A una Iglesia que duda, Él le dice: “¡Conozco de tu duda, cree!”. A una Iglesia temerosa, Él le dice: “¡Conozco de tu temor, persevera!”. Arrepiéntete, cree y persevera—ése es un mensaje muy relevante para la Iglesia de hoy.
La Biblia contiene profecías sobre los Tiempos del Fin relacionadas con la Iglesia, tanto negativas como positivas. En el lado negativo, se le advirtió a la Iglesia sobre:
- Apostasía, ya que “muchos se apartarán” (Mt. 24:10) y “los hombres se aferran a una forma de religión pero niegan su poder” (2 Ti. 3:5)
- Sectarismo, con muchos siguiendo espíritus engañadores y doctrinas de demonios, e incluso alejándose de la fe (1 Ti. 4:1)
- Herejía, ya que las personas rechazarán la sana doctrina, pero querrán que maestros rasquen sus oídos para satisfacer sus propios deseos (2 Ti. 4:3-4)
- Mundanalidad, el resultado inevitable de una Iglesia comprometida y corrompida por el mundo (Ap. 3:14-22)
La mundanalidad es todo aquello que hace que el pecado parezca normal y la justicia parezca extraña. – Kevin DeYoung
- Juicio, cuando Dios reprende y disciplna a aquellos a quienes ama (Ap. 3:19). Ésta es una de las profecías de los Tiempos del Fin que la mayoría de los maestros de la Biblia están ansiosos por ignorar.
No todas las profecías sobre la Iglesia en los Tiempos del Fin son de carácter negativo. De hecho, hay muchas más positivas— algunas ya visibles hoy y otras que aún se anticipan—y su naturaleza gloriosa eclipsa con creces a las negativas.
- Lluvia Tardía, la promesa de un gran derramamiento del Espíritu de Dios en los Tiempos del Fin para fortalecer a aquellos que estén receptivos a resistir el ataque de Satanás (Joel 2:28-30 y citado por Pedro en Hch. 2:14-21)
- Arrebatamiento, la promesa de Jesús de aparecer en los cielos al final de la Era de la Iglesia—resucitando a los muertos en Cristo y llevándose a todos los creyentes vivos, para luego darles todos cuerpos glorificados y eternos (1 Tes. 4:13-18)
- Recompensas, basadas en el servicio en esta vida (2 Co. 5:9-10 y 1 Co. 3:13-15; 4:5)
- Celebración, cuando la Iglesia (la Novia) experimente la unión con Jesús (nuestro Novio) en las bodas del Cordero (Ap. 19:6-9)
- Segunda Venida, cuando la Iglesia regresará a la Tierra con Jesús y será testigo de Su triunfo sobre el Anticristo y sus fuerzas (Ap. 19:11-21)
- Coronación, seremos testigos de Jesús coronado Rey de reyes y Señor de señores después de que Él entre por la Puerta Oriental y comience a reinar desde el Monte del Templo en Jerusalén (Sal. 24:7-10; Is. 2:1-4)
- Milenio, cuando los cristianos glorificados reinarán con Jesús durante mil años mientras la Tierra se llena de paz, justicia y rectitud (Ap. 20:1-10; Is. 11:9)
- Estado Eterno y la Nueva Jerusalén, nuestro “hogar eterno” que Jesús ha estado preparando y que será colocado en la Tierra Nueva al final del Milenio (Jn. 14:1-4), donde los Redimidos vivirán para siempre con su Creador y Salvador (Ap. 21:1-7; 22:1-5).
Conclusión
Como pueden ver, hay tanto malas como buenas noticias para la Iglesia en los Tiempos del Fin. Pero las buenas noticias son mucho mejores que las malas—tan increíblemente gloriosas—que el apóstol Pablo se sintió motivado a declarar:
“Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada” (Ro. 8:18).
¡Aleluya y Maranata!
Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)
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