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martes, 29 de septiembre de 2026

Revista FAROLERO: Septiembre–Octubre 2026 (pdf)

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Estimados lectores:

Les compartimos la edición correspondiente a septiembre-octubre 2026 de la revista Lamplighter (Farolero), la cual es producida bimestralmente por el Ministerio Cordero y León.


Temas incluidos en esta edición:

»» Los Poderosos Ángeles de Dios
»» Mis Caminos no son sus Caminos
»» La Cena de las Bodas del Cordero
»» Esperando al Novio
»» Señales de los Tiempos

Entre otros.

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

viernes, 11 de septiembre de 2026

¡Dios Mío! Grandes Copas de Ira

Tim Moore


“Donde no hay visión, no hay esperanza”. — George Washington Carver

A la mitad de la Tribulación, la Tierra es un paisaje infernal y desolado. Se han derramado los siete juicios de los sellos y los siete Juicios de las Trompetas, mientras la ira de Dios se desborda contra un mundo rebelde e impenitente. Un cuarto y luego un tercio de la humanidad han sido aniquilados, y luego los horrores empeoran aún más.

Juan describe la escena en el Cielo donde a siete ángeles se les dan siete copas llenas de la ira de Dios. Se dice que los ángeles portan plagas, porque la devastación que desatan llevará a la Tierra—y a toda la humanidad—al borde de la aniquilación.

Antes de que examinemos los Juicios de las Copas en sí, repasemos lo que sucederá a la mitad de la Tribulación.

Satanás Derribado

En Apocalipsis 12, Juan ofreció una visión completa de la guerra de Satanás contra el pueblo escogido por Dios, Israel. La guerra que se ha librado desde que Dios creó al hombre a Su propia imagen y escogió a un pueblo para que sirviera como conducto de Sus bendiciones culmina en un último asalto contra el trono de Dios en el Cielo. 

Por fin, Satanás es expulsado del Cielo para siempre. Sabiendo que le queda poco tiempo, el diablo está decidido a desatar su propia ira y a destruir a tantos portadores de la imagen como sea posible. Así que él morará en el Anticristo y hará guerra tanto contra Israel como contra aquellos que guardan el testimonio de Jesús (Ap. 12:17).

Según la cronología de la Tribulación que se presenta en Apocalipsis, es ahora cuando el Anticristo exige que todos los que quieran comprar o vender lleven su nombre o número en la mano derecha o en la frente. Por eso, el miedo exagerado de que la gente esté recibiendo sin darse cuenta la Marca de la Bestia hoy en día demuestra ignorancia de las Escrituras.

 

Las consecuencias eternas de esta elección cósmica de bandos no podrían ser más dramáticas. Quienes reciban la marca de la Bestia “beberán del vino de la ira de Dios… y serán atormentados con fuego y azufre… por los siglos de los siglos” (Ap. 14:9-11). Pero aquellos que guardan los mandamientos de Dios y su fe en Jesús vivirán para siempre, aunque sean martirizados mientras el Anticristo, poseído por Satanás, se enfurece.

Es en medio de este horrible período que Juan ve a un trío de ángeles cosechando a los hombres como si fueran espigas de trigo o racimos de uvas, y arrojándolos al “gran lagar de la ira de Dios” (Ap. 14:19). En una descripción espeluznante, Juan dice que la sangre que fluye llegará hasta el freno de un caballo a lo largo de trescientos veinte kilómetros.

El ángel metió su hoz sobre la tierra, y vendimió los racimos de la vid de la tierra y los echó en el gran lagar del furor de Dios (Ap. 14:19). 

Claramente, el Fin está cerca, pero todavía queda más destrucción por venir.

La Última Arremetida del Cielo

Cuando Juan describe por primera vez a los siete ángeles que derramarán los Juicios de las Copas, señala que, cuando estas plagas finales concluyan, “en ellas se consumaba la ira de Dios” (Ap. 15:1). Antes de considerar los juicios en sí, es importante reconocer lo que revela esa declaración.

En su primera descripción autorreveladora de Sí mismo, Dios proclamó a Moisés: “¡Jehová! ¡Jehová! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, 7 que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado…” (Éx. 34:6-7). En las Escrituras, la paciencia de Dios lo llevó a retrasar Su ira, ofreciendo así la oportunidad para que se produjera el arrepentimiento:

  • El mundo sumido en el pecado durante los muchos años que le tomó a Noé construir el Arca.
  • Sodoma y Gomorra, ciudades malvadas visitadas por ángeles antes de que el fuego las consumiera.
  • La tierra de Canaán,  a la que Dios concedió cuatro generaciones antes de considerar que el pecado de los amorreos estaba “completo”.
  • Nínive, que escuchó la advertencia de Jonás, la cual no era sensible, y se sintió inspirada a arrepentirse.
  • Israel, advertido por profeta tras profeta antes de que la ira del Señor surgiera y la nación fuera juzgada y devastada.

Ira: “Enojo extremo que se manifiesta en venganza o castigo; la máxima expresión de indignación justa y justicia divina”.

Mía es la venganza y la retribución; a su tiempo el pie de ellos resbalará, porque el día de su calamidad está cerca, ya se apresura lo que les está preparado (Dt. 32:35).

Sólo un tonto, al ver éstos y otros ejemplos bíblicos, elegiría ignorar los límites de la paciencia de Dios. Como Él dijo en Génesis 6:3: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre”. Llega un punto en que la paciencia, la gracia y la misericordia de Dios se agotan, y Su justa indignación da paso a una ira devastadora. Cuando eso sucede, el autor de Hebreos tenía toda la razón: “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo” (He. 10:31).

Faraón comprendió que no se debía jugar con el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. En algún momento, Dios cerró el corazón obstinado de Faraón. Más allá de ese punto sin retorno, Dios endureció su corazón (Éxodo 9:12; 10:20, 27; 11:10) y Egipto fue devastado. Eso debería ser ejemplo suficiente, sin embargo, la historia se repite una y otra vez, mientras la humanidad presume de su maldad y se burla de la provisión del Señor para la salvación.

Durante dos milenios después del Primer Adviento de Jesús y Su ministerio en terrenal, Dios ha sido paciente, no queriendo que nadie perezca. Pero la rebelión y el rechazo a Su Hijo, que son cada vez más profundos, están llenando la copa de Su ira—Su justa ira. Ésta pronto se desbordará y se derramará sobre un mundo impenitente. 

Los cristianos que vivimos en esta época podemos compartir la indignación de Dios cuando somos testigos del pecado. Pero es muy difícil evitar que nuestra propia ira nos lleve a pecar. Por eso Pablo citó el Salmo 4:4 cuando advirtió a los efesios a “airaos, pero no pequéis”, reconociendo que la ira propia le da al diablo la oportunidad de hacernos tropezar (Ef. 4:26-27).

Es en ese contexto que Dios derramará Su ira sobre la Tierra durante la Tribulación. Cuando Su paciencia se agote y Su furia se desate por completo, castigará lo que es debido y merecido. Para cada cristiano cuyo corazón se ha entristecido al ver cómo el pecado se multiplica ante nuestros ojos, la promesa de Romanos 12:19 se cumplirá en cada corazón humano cuya dureza se haya  arraigado: “Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”.

Inflingir – “Distribuir, dispensar o administrar algo, especialmente un castigo, recompensa o justicia, de manera cuidadosa y mesurada”.

Los Juicios de las Copas son, por tanto, el derramamiento final de esa ira, pero aún no son el juicio final.

Siete Copas de Ira

Suena trillado decir: “pero esperen, aún hay más”. En lo que respecta a la serie de juicios que caerán sobre la Tierra durante la Tribulación, esta afirmación es alarmantemente cierta. El horror se sucede sin cesar y el sufrimiento se multiplica exponencialmente. La serie final de los Juicios de las Copas parece llegar en rápida sucesión y, de hecho, podría ocurrir en un período de tiempo muy comprimido. En orden, son:

Primero — Llagas repugnantes y malignas en todos los que toman la Marca de la Bestia

Segundo — El agua del mar se convierte en sangre, causando la muerte de toda criatura marina

Tercero — Los manantiales de agua dulce también se convierten en sangre en todo el mundo

Cuarto — El calor o la radiación del Sol aumenta hasta quemar a la humanidad

Quinto — El reino de la Bestia es sumido en una oscuridad penetrante, de modo que los hombres se muerden la lengua de dolor

Sexto — El río Éufrates se seca para permitir que los reyes del oriente marchen hacia el frente de Jezreel contra el Anticristo

Séptimo — La Tierra sufre rayos y truenos catastróficos y otro gran terremoto que destruye ciudades en todo el mundo, divide la gran ciudad “Babilonia” en tres partes y altera todas las islas y montañas; al mismo tiempo, caen del cielo enormes granizos de 100 libras

Juan intercala su descripción de estos derramamientos finales de la ira de Dios con algunas observaciones reveladoras. Cuando el tercer ángel derrama la copa que hace que el agua fresca se convierta en sangre, comenta: “Justo eres tú, Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas. Por cuanto derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre, pues se lo merecen” (Ap. 16:5-6). De hecho, la impartición del castigo es innegablemente justa y merecida.

Además de la justicia que se imparte, Habacuc nos enseña que, incluso en la ira, Dios se acuerda de la misericordia (Hab. 3:2). Un aspecto clave es llevar a los rebeldes (y eventualmente a toda la Casa de Israel) al límite de sí mismos. Incluso en la ira, se ofrece misericordia a todos los que confiesen su pecado, se arrepientan (se alejen de sus malos caminos) y acepten a Jesucristo como Salvador y Señor. Esta oferta sólo se retira cuando el destino de una persona queda sellado, como cuando el corazón del faraón se endureció. También se nos dice que, durante la Tribulación, quienes acepten la Marca de la Bestia habrán tomado una mala decisión, sellando así su destino por toda la eternidad.

Afortunadamente, muchos se darán cuenta del error de sus caminos y se volverán a Cristo. Ellos representan a los santos de la Tribulación, a quienes el Anticristo perseguirá con furia y matará. Esos mártires serán reunidos bajo el altar de Dios en el Cielo. Afirmando su fe en la justicia y rectitud de Dios, clamarán: “¿Hasta cuándo Señor, santo y verdadero, vas a tardar en juzgar y vengar nuestra sangre de los que habitan sobre la tierra?” (Ap. 6:10). 

¿Por qué alguien sometido a la ira de Dios—y reconociendo que está sufriendo bajo Su terrible ira—se negaría a arrodillarse? Por la misma razón que la gente se niega a honrarlo como Señor hoy. Jesús fue clarísimo sobre esta irracional tendencia humana. Tan sólo tres versículos después de describir el amor maravilloso de Dios en Juan 3:16, explicó: “los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19).

Juan también registra tres veces en esta secuencia que las personas que sufren esta última serie de plagas se niegan a arrepentirse. En cambio, blasfeman contra Dios (Ap. 16:9, 11, 21). No es de extrañar que Dios esté indignado. Las mismas personas a las que Él envió a Su Hijo para salvar—y a quienes se les ofrece misericordia y gracia hasta este momento—siguen maldiciéndolo. El Hijo ya no interviene para decir: “Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). El destino de esta generación final blasfema está sellado, para siempre.

El Propósito de la Tribulación

La Tribulación será más horrible de lo que cualquiera de nosotros puede imaginar. La gente piensa que está sufriendo hoy en día, pero las pequeñas tribulaciones que soportamos son el resultado de A) este mundo caído y la maldición que Dios puso sobre la Creación; B) las consecuencias del pecado cometido por los portadores de la imagen desde la Caída; y C) nuestros propios pecados y las decisiones caídas que tienen las consecuencias que les corresponden.

Nadie que esté vivo hoy puede decir que ha sido sometido a toda la ira de Dios. Juicio y castigo, sí. Pero no a la santa, reprimida e indignada ira de Dios. Jesús dijo que cuando esa ira se derrame sobre toda la Tierra, “si aquellos días no fueran acortados, nadie sería salvo; pero por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:22). Sí, incluso en medio de la ira, Dios se acordará de la misericordia. Él “acortará” esos días en Su gran misericordia para que los escogidos—ese pequeño grupo de cristianos que sobrevivan hasta el fin de la Tribulación—puedan entrar en el Reino Milenial en sus cuerpos mortales.

Así pues, para reiterar, existe un gran malentendido sobre el propósito de la Tribulación. Aunque Dios derramará sobre el mundo un castigo justo, legítimo, santo y aparentemente largamente esperado, también orquestará la redención final del remanente de la Casa de Israel a través de la Tribulación (cuando lleguen al límite de sí mismos y clamen a Él). Además, muchos otros llegarán a darse cuenta de su desesperada necesidad de perdón durante la Tribulación, lo que dará lugar a una gran cosecha de almas.

Podemos regocijarnos sabiendo que la oferta de salvación de Dios (basada en la maravillosa gracia de Su Evangelio) estará vigente durante la Tribulación. También podemos darle gracias por demorar Su venida para permitir que la Iglesia alcance su plenitud y que cada uno de nosotros sea salvo.

Me alegra que sólo Dios el Padre sepa cuándo enviará a Su Hijo a reunir a Su Novia; cuándo comenzará la Tribulación, qué corazones aún son lo suficientemente blandos como para permitir que las semillas del Evangelio crezcan, y qué corazones están irremediablemente endurecidos.

Armado con el conocimiento del Evangelio, sólo puedo confiar en la Palabra de Dios y confiar en que el tiempo es esencial. El martillo podría caer en cualquier momento, por lo que mi tarea es a la vez eternamente importante y críticamente urgente. Si eres seguidor de Cristo, has sido comisionado con el mismo llamado.

¿Dónde Está la Esperanza?

Comencé este artículo citando a uno de mis héroes personales, George Washington Carver. Un hombre de talento y humildad excepcionales, Carver entendía su lugar ante Dios. Testificó que aspiraba a hacer grandes cosas, pero Dios le dijo que era más apto para estudiar el maní. Así que se dedicó a estudiar el humilde maní—e hizo contribuciones perdurables a la ciencia y al bienestar de la humanidad a través de su obediencia diligente y servicial al Señor.

La esperanza en nuestra reflexión de los Juicios de las Copas radica en el hecho de que estamos leyendo sobre este horrible período de la historia humana antes de que ocurra. Dios no nos debía a ninguno de nosotros un adelanto de lo que nos espera. El Alfarero tendría todo el derecho (y totalmente justificado) de simplemente destruir los “vasos de ira preparados para destrucción” (Ro. 9:21-23). Pero nos ha advertido que Su paciencia se acabará—igual que lo hizo a través de Noé (el pregonero de justicia), los visitantes angelicales en Sodoma y Gomorra, Abraham, Jonás, y una gran cantidad de profetas para Israel y Judá.

Como Jesús compartió en la parábola del dueño de la tierra y los agricultores necios, Dios envió a Su propio Hijo, pero la mayoría se ha negado a respetarlo. En cambio, celebran Su muerte y quieren apoderarse de la Tierra y de la gloria que pertenecen sólo a Dios. A su debido tiempo—pronto—la respuesta justa que incluso los principales sacerdotes y ancianos del Templo predijeron se cumplirá: “Llevará a esos miserables a un fin lamentable” (Mateo 21:41; NBLA).

Mientras aún tengas aliento—y mientras cada miserable y blasfemo rebelde habite en este mundo—hay esperanza. Esperanza de que tú, y ellos, se humillen, pidan perdón y se aparten de sus malos caminos. Si lo haces, el Dios de toda misericordia te escuchará desde el Cielo, perdonará tu pecado y te concederá la vida eterna. 

¿Qué decisión tomarás?


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

Recursos Recomendados:

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martes, 1 de septiembre de 2026

Revista FAROLERO: Julio–Agosto 2026 (pdf)

La Próxima Última Trompeta

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Estimados lectores:

Les compartimos la edición correspondiente a julio-agosto 2026 de la revista Lamplighter (Farolero), la cual es producida bimestralmente por el Ministerio Cordero y León.

Temas incluidos en esta edición:

»» Tu Última Trompeta
»» El Juicio de la Sexta Trompeta
»» Guerras y Rumores de Guerra
»» Jesús, el Verdadero Mesías
»» Señales de los Tiempos

Entre otros.

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

lunes, 27 de julio de 2026

Tu Última Trompeta (Parte 2 de 2)

¿Cuál Escucharás?

 Tim Moore

¿Por Qué la Tribulación?

Muchos cristianos no saben cómo explicar la Tribulación a alguien que pregunta cómo un Dios amoroso podría someter al mundo a los horrores descritos en el Apocalipsis. Hemos hecho tan buen trabajo enfatizando el amor de Dios, y Su deseo de buscar a los perdidos y perdonar sus pecados, que hemos minimizado Su justicia y santidad.

Esa es, sin duda, una yuxtaposición difícil de comprender. Dios es capaz de combinar el amor perfecto con el odio hacia lo que es malvado. Puede desatar la ira divina mientras ofrece misericordia sin costo alguno. Se enoja con razón con los pecadores, pero les ofrece gracia—Su propio favor, que no pueden ganar por mérito ni obra.

Yuxtaposición  – Una combinación de dos o más cosas o verdades divergentes muy próximas entre sí.

La Tribulación es el período culminante de la historia humana, cuando estas grandes paradojas se muestran en toda su magnitud. Entonces, ¿por qué la Tribulación? En resumen, la Tribulación ocurre:

▸ para derramar el castigo que merece un mundo malvado y rebelde.

  • Así como Dios vio “la maldad del hombre en la tierra, y que todo designio de los pensamientos de su corazón sólo era de continuo el mal” en los días de Noé (lo entristeció hasta el punto de la destrucción mundial), Dios finalmente dirá “¡Basta!” cuando la copa de la maldad del hombre se desborde.

▸ Conforme al corazón de Dios, para llevar a los rebeldes impenitentes al límite de sus propias fuerzas, para que algunos lleguen al límite de sí mismos, se arrepientan y acepten a Jesucristo como Salvador y Señor.

  • Piensa en Jonás y el hijo pródigo; ambos tuvieron que llegar al límite de sí mismos para arrepentirse y responder al amor del Padre.

▸ llevar a la obstinada y dura de cerviz Israel al límite de sí misma, para que el remanente restante del pueblo judío mire a Aquel a quien traspasaron, llore como por un Hijo único y grite: “¡Baruj haba b’Shem Adonai!” (Zac. 12:10; Jn. 19:37 y Mt. 23:39).

Desafortunadamente, hay mucha confusión respecto a la Tribulación. Aquí hay algunas de las interpretaciones erróneas de este período horrible:

▸ La purificación final de la Iglesia

  • Tal actitud, que no es bíblica, representa una forma de purgatorio (una idea completamente antibíblica) y niega la obra de Cristo en la Cruz.
  • O bien no hay “condenación” para los que están en Cristo, o bien Su muerte no fue suficiente para cubrir nuestros pecados.

▸ La Iglesia será puesta a prueba durante la Tribulación, demostrando su capacidad para perseverar.

  • Jesús dijo que nos rescataría de la ira venidera.
  • Los seguidores de Cristo enfrentan pruebas continuas y tribulaciones con t pequeña (o “problemas”), pero ninguno estará sujeto a la ira de Dios; Jesús soportó la medida completa de la ira que Sus seguidores merecían en el Calvario.

▸ La ira de Dios no se derramará hasta el punto medio de la Tribulación, o algún otro momento más adelante en los siete años.

  • Jesús rompe los sellos y libera las trompetas y las copas, y autoriza las diversos males que afectan al mundo rebelde, sin incluir a la Iglesia.

Dicho todo esto, habrá una gran cosecha de almas durante la Tribulación. Muchas personas recobrarán la razón y se volverán a Cristo con fe. Muchos (si no la mayoría) serán martirizados por su fe en ese tiempo difícil, pero algunos realmente perseverarán hasta el final. Su aceptación tardía del Evangelio confirmará el dicho de Billy Graham: “El mismo sol que derrite la mantequilla endurece la arcilla”. Esa verdad contiene la triste contrapartida de su creencia: la mayoría de las personas sufrirá bajo la ira de Dios y endurecerá su corazón en lugar de arrepentirse—tal como vemos hoy en el mundo.

La pregunta sigue siendo: ¿qué respuesta—y qué destino eterno—te espera?

Escúchame Ahora o Créeme Después 

Algunas personas, al leer la decisión binaria que se les presenta, elegirán “esperar y ver”. Según su lógica, observarán y verán qué les pasa a los cristianos que están deseando que Jesús los llame a Su presencia. Si sus amigos y familiares cristianos desaparecen de repente, razonan que creerán y confiarán en Cristo entonces.

He aquí está la razón por la que esa es una apuesta tan insensata: ninguna persona tiene garantizado un día más de vida en esta tierra. Incluso como un ferviente seguidor de Cristo que anhela escuchar “al Señor mismo descender del cielo con un grito, con la voz del arcángel y con la trompeta de Dios”, puede que yo no viva para experimentar ese momento glorioso en mi cuerpo mortal. Y, un incrédulo que piensa, “una vez que los Juicios de los Sellos y de la Trompetas comiencen, me tomaré en serio eso de creer en Jesús”, puede que tampoco viva para ver que comience la Tribulación. Por eso Pablo enfatizó, “Ahora es el tiempo aceptable, ahora es el día de salvación” (2 Co. 6:2).

Entonces, ¿por qué termino este artículo con la proposición retórica de blanco o negro, “Créeme ahora o créeme después”?

Porque toda persona creerá en el Señor Jesucristo en algún momento, toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre (Fil. 2:10-11). Los demonios ya conocen a Jesucristo, pero se niegan a aceptar Su autoridad eterna y Su victoria final. Cada uno de nosotros debe confiar en la Palabra de Dios, aceptando por fe Su provisión para la salvación. Es esa creencia por fe la que nos distingue de las hordas demoníacas y de aquellos destinados al infierno. Toda persona que rechace al Hijo en esta vida tendrá un momento de terrible comprensión cuando comparezca ante el Tribunal de Cristo, pero entonces será demasiado tarde.

“…para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil. 2:0-11).

Entonces, de nuevo, para todos los que leen estas palabras antes de la Tribulación, ¿qué trompeta les espera—la trompeta que los llama al cielo o las trompetas que sonarán mientras la ira de Dios se derrama sobre ustedes?

Si tienen oídos para oír, ruego que estén esperando con ansias la primera.


Lea la parte 1 haciendo clic aquí 

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)


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viernes, 24 de julio de 2026

Tu Última Trompeta (Parte 1 de 2)

¿Cuál Escucharás?

 Tim Moore


A medida que los Juicios de los Sellos dan paso a los Juicios de las Trompetas, las condiciones en la tierra son horribles—y empeoran cada día.

Cuando Cristo comenzó a abrir los siete sellos del libro o rollo que Dios el Padre sostenía (a menudo entendido como el “título de propiedad” de la tierra), primero dio autoridad a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis—el Anticristo, la Guerra, el Hambre y la Muerte. Esos juicios caen sobre la tierra con un efecto devastador, hasta el punto de que un cuarto de la humanidad muere en los primeros ataques de la Tribulación.

Atrapados en la furia del Anticristo se encuentran los seguidores de Jesucristo: los santos de la Tribulación que recuperan la cordura después del Rapto, al comprender Quién está derramando Su justa indignación sobre el mundo rebelde. Las Escrituras dejan claro que la mayoría de los cristianos morirán durante la Tribulación. Estos mártires se hallan bajo el altar de Dios en el Cielo cuando se rompe el quinto sello. El sexto desata otra ola de terror cuando un gran terremoto sacude la tierra, el sol se oscurece y finalmente aparece la tan esperada luna de sangre.

Tras un breve interludio registrado en el Apocalipsis, cuando los testigos judíos proclaman el Evangelio en la Tierra y el Cielo resuena con alabanzas a “nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (7:10), se rompe el séptimo sello. El Cielo guarda silencio mientras el fuego cae sobre la tierra, acompañado de truenos, relámpagos y otro terremotomás. Luego, siete ángeles se preparan para iniciar otra ronda de juicios divinos.WW

Trompetas de Ira

En las Escrituras, el sonido de una trompeta representaba muchas cosas diferentes. Los estudiantes del Antiguo Testamento recordarán que una trompeta sonó mientras Moisés estaba en el Monte Sinaí recibiendo la Ley de Dios (Éxodo 19:16). Esa trompeta simbolizaba la santa presencia de Dios y Su pacto eterno con Israel. Cuando Josué dirigió a los hijos de Israel a rodear Jericó, tocaron shofares (trompetas) cada día. Luego, cuando la trompeta sonó en el séptimo día, Josué les dijo a las personas: “¡Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad!” (Josué 6:16).

También se tocaba una trompeta al comienzo de cada sábado para alertar al pueblo de que había llegado el día de descanso ordenado por Dios. El propio Señor había indicado: “En vuestros días de alegría, como en vuestras solemnidades y principios de mes, tocaréis las trompetas sobre vuestros holocaustos y sobre los sacrificios de paz, y os servirán de memorial delante de vuestro Dios. Yo, Jehová, vuestro Dios” (Nm. 10:10).

Es evidente que que el estruendo ronco de una trompeta—un shofar—era una parte integral y audible de la vida judía. Pero las trompetas que suenan en Apocalipsis 8, 9 y 11 tienen un significado muy diferente. Son trompetas que anuncian el derramamiento de la ira de Dios.

En orden bíblico—y creo que cronológico—son:

Primero – Granizo y fuego, mezclados con sangre, devastan un tercio de la tierra.

Segundo – Algo parecido a una gran montaña es arrojado al mar, convirtiendo un tercio de él en sangre.

Tercero – Un gran meteorito ardiente llamado Ajenjo cae del cielo para contaminar un tercio del agua dulce.

Cuarto – Un tercio del sol, la luna y las estrellas se oscurecen. Las últimas tres trompetas son tan horribles que un águila del cielo grita: “¡Ay, ay, ay de los que habitan en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para tocar los tres ángeles!” (Ap. 8:13). 

Quinto – Se abre un abismo sin fondo y una horda demoníaca liderada por el rey demonio, Abadón (o Apolión en griego), es liberada para atormentar a todas las personas que no están selladas por Dios.

Sexto – Se liberan cuatro ángeles para liderar un ejército de 200 millones de jinetes y matar a un tercio de la humanidad con fuego, humo y azufre. 

Séptimo – Esta trompeta anuncia la llegada del “reino de nuestro Señor y de Su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos” (Ap. 11:15); esta declaración provoca adoración y alegría en el Cielo, pero presagia otra ronda final de ira que pronto caerá sobre la tierra.

Cualquier persona racional desearía ser liberada de semejante avalancha de sufrimiento. Sin embargo, las Escrituras son claras: incluso los reyes, los grandes hombres, los comandantes, los ricos, los fuertes y todos los esclavos—en otras palabras, todas las personas que continúan rechazando a Jesucristo—reconocerán que están siendo sometidos a “la ira del Cordero”, pero aun así se negarán a arrepentirse y a doblegarse ante Su señorío (Ap. 6:15-17). Al final del capítulo 9, Juan documenta la misma respuesta: los que no mueren de inmediato para el fin de la sexta trompeta “se arrepintieron de las obras de sus manos ni dejaron de adorar a los demonios… y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus robos” (9:20-21).

¿No es curioso que el robo figure junto con otros pecados que parecen más ofensivos? Pero, ¿cuántas personas en este momento le están robando a Dios la alabanza y la gloria que justamente merece? ¿Cuántos de nosotros enterramos nuestros talentos en lugar de invertirlos sabiamente—robándole a nuestro Maestro un retorno justo de los recursos y dones que nos ha prestado?

La oración de intercesión de Habacuc, “Jehová… en la ira acuérdate de la misericordia” (3:2), se ha demostrado una y otra vez. Casi puedo imaginar a Dios Todopoderoso poniendo los ojos en blanco mientras Habacuc pronuncia esa oración, como si Él pudiera haber respondido: “¿Quién crees que SOY?”. Dios había revelado Su Nombre y Su carácter a Moisés: “¡Jehová! ¡Jehová! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, 7 que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado…” (Éxodo 34:6-7).

La Tribulación representa la indignación justa, santa y justificada de Dios contra un mundo malvado y rebelde. Su derramamiento de ira —Su propia ira, y no la de otro— será una demostración de que no dejará sin castigo a los culpables. Pero incluso en medio de la ira, recuerda la misericordia.


Lea la parte 2 haciendo clic aquí

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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miércoles, 15 de julio de 2026

El Juicio de la Sexta Trompeta

Jinetes, dragones, corceles, y un río de sangre

Nathan Jones


“El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios, la cual decía al sexto ángel que tenía la trompeta: ‘¡Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Éufrates!’. Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar la tercera parte de los hombres” (Ap. 9:13-15; RVR1995).

Los Cuatro Jinetes del Éufrates

Un ángel, que está de pie ante el altar de Dios, transmite la orden del Todopoderoso al ángel que empuña la sexta trompeta del juicio: “Libera a los cuatro ángeles que están atados al gran río Éufrates”. El trompetista angelical obedece inmediatamente a su Soberano y toca su sagrado cuerno. Una prisión demoníaca, que llevaba mucho tiempo oculta bajo el Río Éufrates en el actual Irak, se abre. Cuatro generales demoníacos atados, ardiendo de rabia asesina en sus corazones negros, son desencadenados y liberados de su mazmorra acuática.

Aunque el ángel que estaba ante el altar de Dios llamó a estos cuatro “ángeles”, los reconocemos por lo que realmente son: demonios, atados en las turbias profundidades de ese antiguo río. Bajo esas orillas empapadas, permanecen encadenados, agitándose mientras esperan ansiosos la hora, día, mes y año que Dios ha planeado para liberarlos. Estos cuatro pertenecen a un grupo de demonios confinados, posiblemente encarcelados debido a algún gran pecado previo al Diluvio.

Esta prisión es un lugar adecuado para demonios. Desde una perspectiva bíblica, el Río Éufrates simboliza el pecado, habiendo sido testigo de algunos de los peores males de la humanidad. Junto con el Tigris, estas dos vías fluviales marcaron en su día dos de los cuatro límites del Jardín del Edén y, por lo tanto, presenciaron la caída de la humanidad en toda su desgracia. Fue el lugar donde Caín asesinó a su hermano Abel y donde se construyó la rebelde Torre de Babel. También es la tierra donde las tribus judías fueron exiliadas. Como la nación de la frontera más oriental de Israel, el Éufrates se convirtió en un símbolo de sus enemigos. Espiritualmente, el Éufrates ha estado durante mucho tiempo asociado con la idolatría, la adoración demoníaca, la brujería y la astrología.

La razón más probable por la que estos cuatro demonios habían sido confinados—y, más alarmante aún, una mucho peor—es que podrían poseer poderes tan abrumadoramente destructivos que Dios nunca podría permitirles deambular libremente entre los humanos y aun así asegurar la supervivencia de la humanidad. Parece que es así, porque los Cuatro Jinetes del Éufrates, una vez desatados, atacan a la humanidad con tal malicia que ¡matarán (atención) —un tercio de la población mundial—¡una cifra estremecedora!

Según la narrativa del Apocalipsis, una cuarta parte de la humanidad ya será aniquilada por el juicio del cuarto sello. Entonces millones más morirán entre ese momento y Apocalipsis 9. El juicio de la sexta trompeta profetiza además que un tercio de la población restante también perecerá. Sumando estas cifras de muertos, aprendemos que una asombrosa mitad de la población mundial —cuatro mil millones de personas según las cifras actuales— habrá perecido, todo ello en sólo los primeros tres años y medio de la Tribulación. No es de extrañar que Jesús afirmara que, a menos que esos días se acortaran, nadie se salvaría (Mt. 24:22).

El Ejército de 200 Millones de Soldados

“Y el número de los ejércitos de los jinetes era de doscientos millones. Yo oí su número” (Ap. 9:16; RVR1995).

Los Cuatro Jinetes del Éufrates no lanzarán solos su ola genocida. Al contrario, los cuatro generales demoníacos liderarán el ejército más grande que el mundo jamás haya visto.

Desde su posición privilegiada en el Cielo, John podría haber intentado contar a las tropas mientras batallón tras batallón marchaba en oleadas interminables detrás de su general designado. La tarea, al ser imposible, llevó al guía angelical de Juan a declarar su número—¡200 millones! Una cifra así debió de dejar atónito al anciano apóstol, pues esa era toda la población del planeta en su siglo. El poder del Imperio Romano había mantenido al mundo conocido sometido bajo sus aplastantes botas, comandando 25 legiones que comprendían, un total de 125,000 soldados. ¡Los Cuatro Jinetes del Éufrates reunirán 1,600 veces más tropas que todo el ejército romano!

La identidad de estas tropas ha sido ampliamente debatida entre los estudiosos de la profecía bíblica. ¿Son humanas o demoníacas? Quienes sostienen que son humanos señalan que China ha afirmado desde 1965 que podría reunir a 200 millones de soldados. Con una población de 1.400 millones, China podría movilizar sin duda un ejército tan masivo. En el versículo 17, Juan describió la combinación de colores del ejército como corazas de rojo fuego, azul jacinto y amarillo azufre, que reflejan los colores de la bandera y los uniformes militares de China. Es posible que China, junto con la India, gobernada por el Rey del Oriente, sea persuadida por los cuatro generales demoníacos para entregar a su pueblo y formar el ejército más destructivo jamás reunido en la historia de la humanidad.

Sin embargo, no creo que los 200 millones estén compuestos por humanos. El contexto sugiere que son ejércitos de demonios liberados. El siguiente grupo de seres angelicales debería dejarlo claro.

Las Quimeras

“Así vi en visión los caballos y sus jinetes, que tenían corazas de fuego, zafiro y azufre. Las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones, y de sus bocas salía fuego, humo y azufre. Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres: por el fuego, el humo y el azufre que salía de sus bocas, pues el poder de los caballos estaba en sus bocas y en sus colas, porque sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas y con ellas dañan” (Ap. 9:17-19; RVR-1995).

Los Cuatro Jinetes del Éufrates se llaman “jinetes” porque montan, bueno, caballos o criaturas similares a ellos. Juan describe las temibles bestias que montan los generales, y son diferentes a cualquier animal vivo. En cambio, estos “caballos” son quimeras demoníacas—criaturas híbridas que exhiben rasgos de múltiples especies.

El término “quimera” se encuentra a menudo en la mitología clásica. Eran criaturas míticas que escupían fuego con la cabeza y las patas delanteras de un león y una serpiente por cola. ¿Y qué describe Juan? En lugar de cabeza de caballo, tienen cabeza de león. De sus bocas salen fuego, humo y azufre. En lugar de pelo, sus colas son como cabezas de serpiente. Esto no significa que los corceles de los ángeles del Éufrates realmente corrieran libres en la antigua Grecia, pero, como la mayoría de las leyendas, el mito se basa en un atisbo de una realidad antigua.

Y lo cierto es que estas quimeras demoníacas son muy reales. Creo que la frase debería decir: Sus amos harán que estas máquinas de guerra vivientes arrasen todo a su alcance, como Sherman marchando por Atlanta durante la Guerra Civil. La visión asfixiante de las tres armas de la plaga de las quimeras — fuego, humo y azufre — aterrorizará a un mundo que, en los últimos tres años, creyó haber presenciado todos los horrores que la leyenda y la guerra moderna podrían conjurar. Mediante llamas incendiarias y mordeduras de serpiente, las quimeras participarán con entusiasmo en la masacre de un tercio de la población mundial.

¿Podrían estas quimeras ser tanques artificiales con el león-dragón alado chino, disparando proyectiles y fuego antiaéreo mientras ocultan sus posiciones con bombas de humo? De nuevo, no creo que haya personas involucradas aquí, y por cinco razones. Primero, Juan llama a los cuatro generales “jinetes”, así que probablemente sólo hay cuatro quimeras, no 200 millones soldados montando 200 millones de quimeras. En segundo lugar, las quimeras emplean el armamento sobrenatural bíblico de la ira—fuego, humo y azufre—que Dios ha mostrado a lo largo de la historia bíblica. Tercero, ¿qué tanques tienen cabezas de serpiente en lugar de colas? Cuarto, el juicio de la sexta trompeta, como el quinto, libera demonios para atormentar a la humanidad. Esto significa que los cuatro generales, su ejército y sus corceles también deben ser demonios. Quinto, si Satanás es el comandante supremo de este ejército, ¿por qué iba a eliminar el reino del Anticristo, que él gobierna? Podría estar intentando aniquilar a los santos de la Tribulación, pero siguen sellados y protegidos por Dios. Y sexto, no es el momento adecuado para que el ejército del Oriente marche hacia Armagedón para reunirse al final de la Tribulación (Ap. 16:12-16).

La Verdadera Tragedia

La verdadera tragedia de esta plaga demoníaca, autorizada por Dios y llevada a cabo por los ángeles de los juicios de las trompetas, no reside en el recuento de víctimas. Más trágico que incluso mil millones de personas incineradas por monstruos de las profundidades, como algún tipo de kaiju de la película Guardianes del Pacífico, es el triste estado de los corazones de los tres mil millones de supervivientes restantes.

Lo que Juan reveló a continuación en Apocalipsis 9:20, para mí, destaca como el versículo más desalentador de toda la Biblia: “Los demás hombres, los que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos ni dejaron de adorar a los demonios y a las imágenes...”. Años antes, cuando la gente se escondía en cuevas para escapar del juicio del sexto sello, el mundo admitía que detrás de la ira estaba el Cordero, y Su juicio servía como un llamado claro para que el pueblo se arrepintiera (Ap. 6:12-17).

Algunos respondieron con arrepentimiento, pero muchos más no. ¿Se arrepentirán finalmente ante el ataque de los señores demoníacos? ¡Ni siquiera esta vez! En cambio, los supervivientes seguirán adorando a los mismos demonios que los están masacrando. Una locura, ¿verdad?

¿Por qué la gente sigue adorando a sus torturadores demoníacos en vez de correr hacia Jesucristo para ponerse a salvo? El profeta Jeremías reveló la trágica razón cuando él dijo que el corazón es engañoso más que todas las cosas y perverso (Jeremías 17:9).

“El corazón humano es lo más engañoso que hay, y extremadamente perverso” (Jer. 17:9; NTV).

Junto con la idolatría, la expresión externa de la adoración demoníaca, Juan enumera cuatro pecados adicionales en Ap. 9:21 que los malvados se negarán a abandonar. Estos cinco pecados caracterizan el comportamiento durante la Tribulación: idolatría, asesinato, brujería, inmoralidad sexual y robo.

La gente se negará a arrepentirse porque son adictos. Los seguidores del Anticristo están enganchados a su próximo subidón, ya sea a través de drogas, magia o perversión sexual. Estos maníacos adictos al mal roban y matan para satisfacer sus pasiones más viles. En lugar de reconocer las maravillas plenas del amor y la gracia inigualables de Jesucristo, estos habitantes del diablo rechazarán Sus riquezas espirituales invaluables y se aferrarán a los placeres fugaces e insatisfactorios del pecado. Trágicamente, durante la Tribulación, los no redimidos degenerarán en seres tan malvados como demonios.

Así que atiende el llamado de Cristo a arrepentirte y vuélvete a Él para tu salvación. No te enfrentes a un futuro en el que puedas degenerar en una criatura tan miserable y sufrir una eternidad de castigo en el Lago de Fuego.

*Todas las referencias bíblicas fueron tomadas de la RVR1195 (a menos que se indique lo contrario).


Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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Temas incluidos en esta edición:

»» El Juicio del Sexto Sello
»» Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis
»» El Cordero y el León
»» ¿Reaccionar o Responder?
»» Señales de los Tiempos

Entre otros.

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)


 
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