martes, 28 de julio de 2026
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lunes, 27 de julio de 2026
Tu Última Trompeta (Parte 2 de 2)
¿Cuál Escucharás?
¿Por Qué la Tribulación?
Muchos cristianos no saben cómo explicar la Tribulación a alguien que pregunta cómo un Dios amoroso podría someter al mundo a los horrores descritos en el Apocalipsis. Hemos hecho tan buen trabajo enfatizando el amor de Dios, y Su deseo de buscar a los perdidos y perdonar sus pecados, que hemos minimizado Su justicia y santidad.
Esa es, sin duda, una yuxtaposición difícil de comprender. Dios es capaz de combinar el amor perfecto con el odio hacia lo que es malvado. Puede desatar la ira divina mientras ofrece misericordia sin costo alguno. Se enoja con razón con los pecadores, pero les ofrece gracia—Su propio favor, que no pueden ganar por mérito ni obra.
Yuxtaposición – Una combinación de dos o más cosas o verdades divergentes muy próximas entre sí.
La Tribulación es el período culminante de la historia humana, cuando estas grandes paradojas se muestran en toda su magnitud. Entonces, ¿por qué la Tribulación? En resumen, la Tribulación ocurre:
▸ para derramar el castigo que merece un mundo malvado y rebelde.
- Así como Dios vio “la maldad del hombre en la tierra, y que todo designio de los pensamientos de su corazón sólo era de continuo el mal” en los días de Noé (lo entristeció hasta el punto de la destrucción mundial), Dios finalmente dirá “¡Basta!” cuando la copa de la maldad del hombre se desborde.
▸ Conforme al corazón de Dios, para llevar a los rebeldes impenitentes al límite de sus propias fuerzas, para que algunos lleguen al límite de sí mismos, se arrepientan y acepten a Jesucristo como Salvador y Señor.
- Piensa en Jonás y el hijo pródigo; ambos tuvieron que llegar al límite de sí mismos para arrepentirse y responder al amor del Padre.
▸ llevar a la obstinada y dura de cerviz Israel al límite de sí misma, para que el remanente restante del pueblo judío mire a Aquel a quien traspasaron, llore como por un Hijo único y grite: “¡Baruj haba b’Shem Adonai!” (Zac. 12:10; Jn. 19:37 y Mt. 23:39).
Desafortunadamente, hay mucha confusión respecto a la Tribulación. Aquí hay algunas de las interpretaciones erróneas de este período horrible:
▸ La purificación final de la Iglesia
- Tal actitud, que no es bíblica, representa una forma de purgatorio (una idea completamente antibíblica) y niega la obra de Cristo en la Cruz.
- O bien no hay “condenación” para los que están en Cristo, o bien Su muerte no fue suficiente para cubrir nuestros pecados.
▸ La Iglesia será puesta a prueba durante la Tribulación, demostrando su capacidad para perseverar.
- Jesús dijo que nos rescataría de la ira venidera.
- Los seguidores de Cristo enfrentan pruebas continuas y tribulaciones con t pequeña (o “problemas”), pero ninguno estará sujeto a la ira de Dios; Jesús soportó la medida completa de la ira que Sus seguidores merecían en el Calvario.
▸ La ira de Dios no se derramará hasta el punto medio de la Tribulación, o algún otro momento más adelante en los siete años.
- Jesús rompe los sellos y libera las trompetas y las copas, y autoriza las diversos males que afectan al mundo rebelde, sin incluir a la Iglesia.
Dicho todo esto, habrá una gran cosecha de almas durante la Tribulación. Muchas personas recobrarán la razón y se volverán a Cristo con fe. Muchos (si no la mayoría) serán martirizados por su fe en ese tiempo difícil, pero algunos realmente perseverarán hasta el final. Su aceptación tardía del Evangelio confirmará el dicho de Billy Graham: “El mismo sol que derrite la mantequilla endurece la arcilla”. Esa verdad contiene la triste contrapartida de su creencia: la mayoría de las personas sufrirá bajo la ira de Dios y endurecerá su corazón en lugar de arrepentirse—tal como vemos hoy en el mundo.
La pregunta sigue siendo: ¿qué respuesta—y qué destino eterno—te espera?
Escúchame Ahora o Créeme Después
Algunas personas, al leer la decisión binaria que se les presenta, elegirán “esperar y ver”. Según su lógica, observarán y verán qué les pasa a los cristianos que están deseando que Jesús los llame a Su presencia. Si sus amigos y familiares cristianos desaparecen de repente, razonan que creerán y confiarán en Cristo entonces.
He aquí está la razón por la que esa es una apuesta tan insensata: ninguna persona tiene garantizado un día más de vida en esta tierra. Incluso como un ferviente seguidor de Cristo que anhela escuchar “al Señor mismo descender del cielo con un grito, con la voz del arcángel y con la trompeta de Dios”, puede que yo no viva para experimentar ese momento glorioso en mi cuerpo mortal. Y, un incrédulo que piensa, “una vez que los Juicios de los Sellos y de la Trompetas comiencen, me tomaré en serio eso de creer en Jesús”, puede que tampoco viva para ver que comience la Tribulación. Por eso Pablo enfatizó, “Ahora es el tiempo aceptable, ahora es el día de salvación” (2 Co. 6:2).
Entonces, ¿por qué termino este artículo con la proposición retórica de blanco o negro, “Créeme ahora o créeme después”?
Porque toda persona creerá en el Señor Jesucristo en algún momento, toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre (Fil. 2:10-11). Los demonios ya conocen a Jesucristo, pero se niegan a aceptar Su autoridad eterna y Su victoria final. Cada uno de nosotros debe confiar en la Palabra de Dios, aceptando por fe Su provisión para la salvación. Es esa creencia por fe la que nos distingue de las hordas demoníacas y de aquellos destinados al infierno. Toda persona que rechace al Hijo en esta vida tendrá un momento de terrible comprensión cuando comparezca ante el Tribunal de Cristo, pero entonces será demasiado tarde.
Entonces, de nuevo, para todos los que leen estas palabras antes de la Tribulación, ¿qué trompeta les espera—la trompeta que los llama al cielo o las trompetas que sonarán mientras la ira de Dios se derrama sobre ustedes?
Si tienen oídos para oír, ruego que estén esperando con ansias la primera.
Lea la parte 1 haciendo clic aquí
Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)
viernes, 24 de julio de 2026
Tu Última Trompeta (Parte 1 de 2)
¿Cuál Escucharás?
A medida que los Juicios de los Sellos dan paso a los Juicios de las Trompetas, las condiciones en la tierra son horribles—y empeoran cada día.
Cuando Cristo comenzó a abrir los siete sellos del libro o rollo que Dios el Padre sostenía (a menudo entendido como el “título de propiedad” de la tierra), primero dio autoridad a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis—el Anticristo, la Guerra, el Hambre y la Muerte. Esos juicios caen sobre la tierra con un efecto devastador, hasta el punto de que un cuarto de la humanidad muere en los primeros ataques de la Tribulación.
Atrapados en la furia del Anticristo se encuentran los seguidores de Jesucristo: los santos de la Tribulación que recuperan la cordura después del Rapto, al comprender Quién está derramando Su justa indignación sobre el mundo rebelde. Las Escrituras dejan claro que la mayoría de los cristianos morirán durante la Tribulación. Estos mártires se hallan bajo el altar de Dios en el Cielo cuando se rompe el quinto sello. El sexto desata otra ola de terror cuando un gran terremoto sacude la tierra, el sol se oscurece y finalmente aparece la tan esperada luna de sangre.
Tras un breve interludio registrado en el Apocalipsis, cuando los testigos judíos proclaman el Evangelio en la Tierra y el Cielo resuena con alabanzas a “nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (7:10), se rompe el séptimo sello. El Cielo guarda silencio mientras el fuego cae sobre la tierra, acompañado de truenos, relámpagos y otro terremotomás. Luego, siete ángeles se preparan para iniciar otra ronda de juicios divinos.WW
Trompetas de Ira
En las Escrituras, el sonido de una trompeta representaba muchas cosas diferentes. Los estudiantes del Antiguo Testamento recordarán que una trompeta sonó mientras Moisés estaba en el Monte Sinaí recibiendo la Ley de Dios (Éxodo 19:16). Esa trompeta simbolizaba la santa presencia de Dios y Su pacto eterno con Israel. Cuando Josué dirigió a los hijos de Israel a rodear Jericó, tocaron shofares (trompetas) cada día. Luego, cuando la trompeta sonó en el séptimo día, Josué les dijo a las personas: “¡Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad!” (Josué 6:16).
También se tocaba una trompeta al comienzo de cada sábado para alertar al pueblo de que había llegado el día de descanso ordenado por Dios. El propio Señor había indicado: “En vuestros días de alegría, como en vuestras solemnidades y principios de mes, tocaréis las trompetas sobre vuestros holocaustos y sobre los sacrificios de paz, y os servirán de memorial delante de vuestro Dios. Yo, Jehová, vuestro Dios” (Nm. 10:10).
Es evidente que que el estruendo ronco de una trompeta—un shofar—era una parte integral y audible de la vida judía. Pero las trompetas que suenan en Apocalipsis 8, 9 y 11 tienen un significado muy diferente. Son trompetas que anuncian el derramamiento de la ira de Dios.
En orden bíblico—y creo que cronológico—son:
Primero – Granizo y fuego, mezclados con sangre, devastan un tercio de la tierra.
Segundo – Algo parecido a una gran montaña es arrojado al mar, convirtiendo un tercio de él en sangre.
Tercero – Un gran meteorito ardiente llamado Ajenjo cae del cielo para contaminar un tercio del agua dulce.
Cuarto – Un tercio del sol, la luna y las estrellas se oscurecen. Las últimas tres trompetas son tan horribles que un águila del cielo grita: “¡Ay, ay, ay de los que habitan en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para tocar los tres ángeles!” (Ap. 8:13).
Quinto – Se abre un abismo sin fondo y una horda demoníaca liderada por el rey demonio, Abadón (o Apolión en griego), es liberada para atormentar a todas las personas que no están selladas por Dios.
Sexto – Se liberan cuatro ángeles para liderar un ejército de 200 millones de jinetes y matar a un tercio de la humanidad con fuego, humo y azufre.
Séptimo – Esta trompeta anuncia la llegada del “reino de nuestro Señor y de Su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos” (Ap. 11:15); esta declaración provoca adoración y alegría en el Cielo, pero presagia otra ronda final de ira que pronto caerá sobre la tierra.
Cualquier persona racional desearía ser liberada de semejante avalancha de sufrimiento. Sin embargo, las Escrituras son claras: incluso los reyes, los grandes hombres, los comandantes, los ricos, los fuertes y todos los esclavos—en otras palabras, todas las personas que continúan rechazando a Jesucristo—reconocerán que están siendo sometidos a “la ira del Cordero”, pero aun así se negarán a arrepentirse y a doblegarse ante Su señorío (Ap. 6:15-17). Al final del capítulo 9, Juan documenta la misma respuesta: los que no mueren de inmediato para el fin de la sexta trompeta “se arrepintieron de las obras de sus manos ni dejaron de adorar a los demonios… y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus robos” (9:20-21).
¿No es curioso que el robo figure junto con otros pecados que parecen más ofensivos? Pero, ¿cuántas personas en este momento le están robando a Dios la alabanza y la gloria que justamente merece? ¿Cuántos de nosotros enterramos nuestros talentos en lugar de invertirlos sabiamente—robándole a nuestro Maestro un retorno justo de los recursos y dones que nos ha prestado?
La oración de intercesión de Habacuc, “Jehová… en la ira acuérdate de la misericordia” (3:2), se ha demostrado una y otra vez. Casi puedo imaginar a Dios Todopoderoso poniendo los ojos en blanco mientras Habacuc pronuncia esa oración, como si Él pudiera haber respondido: “¿Quién crees que SOY?”. Dios había revelado Su Nombre y Su carácter a Moisés: “¡Jehová! ¡Jehová! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, 7 que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado…” (Éxodo 34:6-7).
La Tribulación representa la indignación justa, santa y justificada de Dios contra un mundo malvado y rebelde. Su derramamiento de ira —Su propia ira, y no la de otro— será una demostración de que no dejará sin castigo a los culpables. Pero incluso en medio de la ira, recuerda la misericordia.
Lea la parte 2 haciendo clic aquí
Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)
martes, 21 de julio de 2026
Revista FAROLERO Julio–Agosto 2026 (Índice)
Artículos Destacados
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Guerras y Rumores de Guerra
Reflexionando sobre mi vida, puedo recordar una serie de guerras que han tenido lugar. Nací durante el conflicto de Vietnam y crecí durante la Guerra Fría. De hecho, mi propio entrenamiento inicial en la Fuerza Aérea se centró en la gran amenaza soviética, y mi entrenamiento como prisionero de guerra se basó en la experiencia estadounidense en Vietnam.
Mientras estaba en la secundaria, Estados Unidos se vio envuelto por primera vez en los conflictos en Medio Oriente fomentados por la República Islámica de Irán. Luego, observé cómo estallaban pequeños conflictos más cerca de casa, en Panamá e incluso en Granada. Otros enfrentamientos siguieron en lugares como Libia, Kosovo y Somalia. Para principios de los años 90, incluso cuando la Guerra Fría se enfriaba, la atención volvió una vez más al Medio Oriente, con múltiples guerras centradas en Irak y luego en Afganistán. Mi propia experiencia de combate ocurrió en los desiertos y montañas de esas dos olvidadas naciones.
La cuestión es que las guerras y los rumores de guerras han sido la norma, no la excepción—incluso cuando las ramificaciones de esas guerras se han vuelto cada vez más importantes con la llegada de las armas nucleares, los ciberataques y el bioterrorismo. Lejos del tranquilo “Nuevo Orden Mundial”, defendido por los globalistas hace 30 años, las amenazas y los peligros parecen multiplicarse a nuestro alrededor.
Paz, Paz
Como hombre entrenado para la guerra, puedo decirles que anhelo la paz. Toda persona sensata la anhela. Pero no una paz impuesta a punta de bayoneta ni tras una rendición incondicional a verdades y libertades preciadas. Y tampoco una falsa “paz en nuestro tiempo” que en realidad conduce a una guerra inevitable y a una devastación aún mayor. Sin duda, la humanidad debería haber aprendido esa lección en los años 30.
El conflicto actual con Irán es indicativo del dilema al que nos enfrentamos. Aunque el conflicto con Irán ha generado nuevos riesgos y enormes trastornos (no sólo en los precios y las cadenas de suministro de petróleo, sino también en los medios de subsistencia e incluso en vidas inocentes afectadas por ataques iraníes indiscriminados), busca eliminar una amenaza mucho mayor: un Irán armado con armas nucleares. No hay mucha duda de que si los ayatolás, mulás y militantes radicalizados de Irán poseyeran un arma nuclear, la usarían contra Israel y las fuerzas estadounidenses en toda la región.
Los burladores y agitadores antiestadounidenses (incluidos algunos en el Congreso) se preguntan por qué una nación—incluso un régimen despótico en Irán—utilizaría un arma que, sin duda, conduciría a la destrucción total de su propio país. Hay dos razones para su fanatismo, y ambas son urgentes para nuestra situación contemporánea, reflejo de una lucha atemporal y presagios de otra guerra que pronto se desatará en los cielos.
Esas razones son:
1. Los líderes musulmanes chiítas de Irán están dedicados a una escatología que anticipa a un mesías musulmán.
2. Desde los días de Daniel, Irán (entonces conocido como Persia) ha estado bajo la supervisión de un poderoso demonio que sirve a la voluntad de su amo infernal, Satanás.
Desglosemos estas dos dinámicas.
El Supuesto Duodécimo Imán
Muchos estadounidenses, e incluso la mayoría de los cristianos, tienen dificultades para distinguir entre musulmanes suníes y chiíes. Además, tienden a pensar que todos los musulmanes del Medio Oriente son árabes. Ambos están gravemente equivocados.
En pocas palabras, los musulmanes sunitas (que predominan en la mayoría de los países árabes, como Arabia Saudita, Egipto y Jordania) insisten en que la línea de sucesión de Mahoma recae legítimamente en líderes exaltados (llamados califas) que demuestran su mérito. Los chiítas creen que los líderes islámicos (imanes) deben trazar su linaje hasta Mahoma mismo. Esta divergencia se remonta a poco después de la muerte de Mahoma en el siglo VII.
Más importante aún, los musulmanes chiítas creen que el 12mo Imán (Mahdi) en la línea de sucesión tenía dones únicos. Aseguran que no murió, sino que se escondió, esperando un momento en la historia humana cuando una crisis existencial obligue a su reaparición para establecer un último Khilafah (califato) musulmán sobre una comunidad musulmana global (o Ummah). La intensidad de esta creencia ha motivado a los musulmanes chiítas a cometer actos extremos de terror y caos, creyendo que así están acelerando el desorden necesario para que el Mahdi regrese.
Es significativo que los clérigos radicales que han controlado Irán durante 47 años estén dispuestos a atacar a sus vecinos musulmanes e incluso a empobrecer o destruir a su propio pueblo en nombre de esta ideología perversa. El presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad a menudo hablaba en términos apocalípticos sobre la motivación iraní respecto al Mahdi cuando se dirigía a las Naciones Unidas (entre 2005 y 2013). En su primer discurso en 2005, dijo que sentía una presencia espiritual que lo envolvía y dejaba a los delegados reunidos fascinados durante sus 28 minutos de charla. Aunque fue ridiculizado por los políticos contemporáneos, Ahmadinejad reveló algo bastante real—y diabólico.
La Mano Invisible Detrás de Todo
Detrás de la ideología asesina de los musulmanes radicalizados, hay una mano invisible actuando en el ámbito espiritual. El mensajero angelical enviado para revelar los misterios celestiales a Daniel (en respuesta a sus oraciones) se retrasó durante 21 días, ya que el “príncipe de Persia” se le opuso en el plano espiritual. Sólo cuando Miguel, el arcángel encargado de la Casa de Israel (según Daniel 10:13), vino a ayudar a vencer al demonio que supervisaba Persia, el ángel mensajero pudo continuar.
¿Por qué el príncipe demoníaco de Persia intentaría frustrar un mensaje de aliento dirigido a un profeta judío? Porque Satanás ha estado tratando de socavar el plan de Dios, destruir a Su pueblo y engañar incluso a los elegidos. Su modus operandi (su gran estrategia y su táctica habitual) es oponerse a todo esfuerzo y emisario del Todopoderoso. A veces parece que tiene la ventaja, pero sabemos que realmente no puede impedir que los planes proféticos de Dios se cumplan.
Así pues, aunque Persia ahora se autodenomine Irán, el mismo espíritu maligno sigue dominando esa tierra ancestral. Y ese ser nefasto aún responde ante el príncipe supremo de las potestades del aire, el gobernante de esta era y pretendiente de los reinos humanos: Satanás.
Los secularistas y los comentaristas posmodernos pueden burlarse y mofarse, pero Pablo nos dice que “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). Como Jesús advirtió a Sus apóstoles cuando le pidieron señales de Su regreso y del fin de la era: “Mirad que nadie os engañe” (Mt. 24:5).
Una vez más, hay mucho más de lo que parece. Y la batalla espiritual milenaria evidente en Irán es un claro presagio de una batalla mucho más grande que está por venir.
En el Cielo, así Como en la Tierra
Esperamos con ansias el día en que Jesucristo ejerza Su autoridad y extienda Su reino en la Tierra, “como en el cielo”. Esto ocurrirá después de Su gloriosa Segunda Venida, cuando establezca Su Reino Milenario en la Tierra. Durante 1,000 años, Satanás será atado, y la paz, la justicia y la santidad cubrirán la tierra como las aguas cubren el mar.
Pero antes de esa gloriosa era—cuando los santos de la Era de la Iglesia glorificados reinen junto a Jesús en la tierra—vendrá otra guerra catastrófica. Además de las guerras mencionadas en el Salmo 83, Ezequiel 38-39 y Ap. 16 y 19 (la infame Guerra de Armagedón) que ocurrirán en la Tierra, Satanás hará un último intento desesperado por apoderarse del trono de Dios en el cielo. Las guerras interminables que ha fomentado en la Tierra serán igualadas por una guerra en el cielo, como se describe en Ap. 12:7-13. Cuando eso suceda, él y sus hordas demoníacas (que en el Antiguo Testamento son llamadas los “hijos de Dios”) serán expulsados del cielo de una vez por todas.
Sé lo que están pensando. ¿Acaso Satanás no ha sido ya expulsado del cielo? La respuesta es sí, pero no del todo. Para que no piensen que esta respuesta es contradictoria, eso es precisamente lo que describe la Palabra de Dios. Verán, Lucifer fue expulsado del cielo primero cuando se llenó de orgullo y celos y codició la adoración y gloria reservadas sólo para Dios. Cuando eso sucedió, Isaías dice que un tercio del ejército celestial que se unió a la rebelión de Lucifer fue arrojado a la Tierra. Pero Job también revela que Satanás continuó teniendo acceso al salón del trono de Dios (Job 1:6).
No afirmo entender completamente esa dinámica misteriosa, pero creo que es cierta porque eso es lo que describe la Biblia. De hecho, fue Dios quien señaló a Job a Satanás cuando vino ante el Señor con los otros “hijos de Dios”.
Pero las Escrituras también dicen que cuando Satanás lance un último ataque contra el trono de Dios, será desterrado por completo. Basándome en la descripción de Ap. 12, preveo que esta guerra celestial final tendrá lugar aproximadamente a la mitad de la Tribulación. Satanás estará tan enfurecido por su humillante expulsión que volverá a la tierra lleno de ira. Luego habitará personalmente en el Anticristo y derramará su furia sobre el pueblo judío. El Anticristo ya habrá estado intentando matar y destruir a cada seguidor de Cristo después del Rapto durante la primera mitad de la Tribulación. Aun así, la ferocidad satánica de su renovado odio hacia los judíos resultará en que dos tercios de ellos sean asesinados.
Este período será tan desastroso que, en el Antiguo Testamento, se hace referencia a él como el “tiempo de la angustia de Jacob”. Lo conocemos mejor como la Gran Tribulación. Y Jesús mismo dijo que si este período de horror (cuando la ira derramada de Dios se mezcla con furia sobrenatural con la ira desenfrenada de Satanás) no fuera acortado, no quedaría vida en la Tierra.
Definitivamente, absolutamente NO querrás estar aquí en ese momento.
Un Destino Peor que la Muerte
Si piensas, “¡Vaya. Eso suena horrible!”, es porque lo es. La revelación de Dios sobre este tiempo de horror que se avecina está destinada a impactar tu sensibilidad—no porque simplemente quiera aterrorizarte, sino porque quiere advertirte antes de que sea demasiado tarde.
La persona promedio que sigue con su vida sin darse cuenta de todo lo que ocurre en el ámbito espiritual sufre un duro y trágico despertar cuando deja esta vida. Durante la Tribulación, las personas se familiarizarán íntimamente con las fuerzas espirituales mientras Dios derrama Su ira y el Anticristo busca aniquilar a los seguidores de Cristo que recobran el sentido, se arrepienten de sus pecados y creen en Jesús para la salvación. Pero la mayoría caerá en el engaño generalizado que los condena a un destino de condenación.
El dolor y sufrimiento que soportan en sus cuerpos mortales—por horrible que sea—palidecerá en comparación con el sufrimiento eterno que experimentarán en el infierno, “donde su gusano no muere, y el fuego no se apaga” (Mr. 9:48). Ese es el destino eterno peor que la muerte. Si realmente entendiéramos los horrores que esperan a quienes entran en la eternidad sin Cristo, instaríamos a nuestro peor enemigo (y ni hablar de nuestros vecinos o completos desconocidos) a huir de la ira venidera.
En la Ira, Misericordia
Por eso Dios envió a Jesucristo al mundo. Por eso el Padre ha retrasado el envío del Hijo. Y es por eso que el Señor Dios ha revelado de antemano lo que “debe suceder pronto” (Ap. 1:1). Dicho claramente, Él no quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen al arrepentimiento (2 P. 3:9). Jesús vino a la Tierra y murió para que “todo el que cree en Él no se pierda, sino tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Si ese es el corazón de Dios y todos aspiramos a ser hombres y mujeres conforme a Su corazón (como a menudo escucho cuando la gente cita al Rey David como su ejemplar bíblico favorito), entonces sin duda deberíamos unirnos a la lucha por las almas ahora mismo. Deberíamos estar llenos de compasión y deseosos de mostrar misericordia a nuestros semejantes que están en el camino de la perdición.
Perdición — Condenación eterna o la condición de estar espiritualmente arruinado y condenado al infierno
Satán, “con dientes y garras teñidos de rojo”, luchará contra nosotros durante toda esta vida. Pero su derrota ya está garantizada. La pregunta es si lucharemos como si las almas dependieran de ello.
Esa batalla se está librando a nuestro alrededor ahora mismo. Nuestro Comandante nos está llamando a las armas. ¿Tomarás la armadura de Dios y te unirás a la lucha?
Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)





