miércoles, 3 de marzo de 2010

La Resurrección en la Profecía

Un evento claramente previsto por Jesús y los profetas hebreos


¡El ha resucitado! ¡Aleluya!


La resurrección del Mesías estaba bien establecida en las escrituras proféticas hebreas mucho antes de la muerte y resurrección de Jesús.

Las Profecías de David e Isaías

La más sencilla y mejor conocida de las profecías de la resurrección es la escrita por David en el Salmo 16:10, escrita mil años antes del nacimiento de Jesús: “Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que Tu Santo vea corrupción”.

El Día de Pentecostés, cuando Pedro predicó el primer sermón del Evangelio, él afirmó con denuedo que Dios había levantado a Jesús de los muertos (Hch. 2:24). Luego él explicó que Dios había realizado este hecho milagroso en cumplimiento de la profecía de David en Salmo 16. De hecho, el citó en detalle las palabras de David contenidas en Salmo 16:8-11. Años después, Pablo hizo la misma cosa cuando habló a los judíos de Antioquía en Pisidia. Al igual que Pedro, declaró que Dios había levantado a Jesús de los muertos en cumplimiento del Salmo 16:10 (Hch. 13:33-35).

La resurrección del Mesías está inferida fuertemente en otro de los salmos de David, a saber el Salmo 22. Los primeros dieciocho versículos de este increíble salmo describen el sufrimiento del Mesías en vívido detalle, mencionando incluso la naturaleza de Su muerte: “Horadaron mis manos y mis pies” (Salmo 22:16). Luego, en los versículos 19-21, el Salvador sufriente ora por liberación “de la boca del león” (una metáfora para Satanás). Esta oración desesperada es seguida inmediatamente en los versículos 22-24 por un himno de alabanza en el que el Mesías agradece a Dios por escuchar Su oración y por salvarle. La resurrección del Mesías está claramente inferida entre el final de la oración en el verso 21 y el comienzo del canto de alabanza en el verso 22.

Se habla de la resurrección más deliberadamente en el famoso pasaje de Isaías del “Salvador Sufriente” en Isaías 53. Después de profetizar que el Salvador sufriría por nuestros pecados y que luego sería “cortado de la tierra de los vivientes”, Isaías declara que El “verá Su descendencia” y que Dios el Padre “prolongará Sus días” (Is. 53:5, 8 y 10). Isaías procede a reafirmar la promesa de la resurrección en palabras diferentes: “Después de Su sufrimiento verá la luz y quedará satisfecho” (Is. 53:11).

Las Profecías de Jesús

Pero las profecías de la resurrección no están confinadas al Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento contiene muchas de ellas en las enseñanzas de Jesús. Quizá la más temprana está registrada en Juan 2 que narra la historia de la primera visita de Jesús a Jerusalén después de la inauguración de Su ministerio. Los judíos le pidieron una señal para demostrar que El era el Mesías. Jesús respondió con una declaración sorprendente: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré” (Jn. 2:19). Los judíos pensaron que El estaba hablando acerca del Templo de Herodes, pero Juan dice, “Mas El hablaba del templo de Su cuerpo” (Jn. 2:21). Y Juan añade una observación interesante: “Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, Sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho” (Jn. 2:22).

Luego, en Su discurso del Buen Pastor, registrado en Juan 10, Jesús declaró que llegaría el día cuando El pondría Su vida por Su propia iniciativa. Pero, El afirmó inmediatamente que así como El pondría Su vida por Su propia autoridad, El tenía la autoridad para “volverla a tomar” (Jn. 10:17-18).

En la tumba de Lázaro, justo antes que Jesús demostrara Su poder sobre la muerte al resucitar a Lázaro de los muertos, Jesús dijo a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Jn. 11:25).

Muchas veces a lo largo de Su ministerio, Jesús habló en privado a Sus discípulos acerca de Su muerte y resurrección. Por ejemplo, justo después de la famosa confesión de Pedro de Jesús como el Hijo de Dios, se nos dice que “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a Sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mt. 16:21 y Mr. 8:31).

En el evangelio de Mateo se revela que inmediatamente después de Su Transfiguración, Jesús les dijo a Sus discípulos que no deberían compartir la experiencia con nadie hasta después de que El fuera resucitado de los muertos (Mt. 17:9). Marcos relata la misma historia en su evangelio, pero añade que los discípulos “guardaron la palabra entre sí (que El sería levantado de los muertos), discutiendo qué sería aquello de resucitar de los muertos” (Mr. 9:9-10). Parece que los discípulos nunca comprendieron totalmente el significado de las profecías de Jesús acerca de Su resurrección hasta después que la resurrección había realmente ocurrido.

A pesar de que los discípulos siempre parecían estar desconcertados por las declaraciones acerca de Su resurrección, Jesús continuó haciéndoles las afirmaciones de que El sería asesinado y luego resucitaría al tercer día (Mt. 17:22-23; 20:18-19; 26:31-32; Mr. 10:32-34 y Lc. 18:31-33).

Profecías Simbólicas

Al hablar de Su resurrección, Jesús a menudo recurrió al uso de una poderosa profecía simbólica. El la llamó la “señal de Jonás”. Cuando los judíos le pedían una señal (es decir, un milagro) para demostrar que El era el Mesías, el respondería diciendo, “La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás” (Mt. 16:4). En al menos una ocasión, El definió exactamente lo que quería decir con esta expresión muy enigmática: “Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mt. 12:40).

Jonás siendo lanzado a la superficie por el gran pez.

La resurrección también está representada simbólicamente en la vida de José. Sus hermanos le traicionaron así como Jesús fue traicionado por Sus hermanos judíos. Después, los hermanos de José le lanzaron en un pozo y le dijeron a su padre que estaba muerto. Jesús en realidad murió a manos de sus hermanos. Pero José fue rescatado del pozo en una resurrección simbólica que apuntó a la verdadera resurrección del Mesías. Luego, José se presentó a sus hermanos, y le recibieron como su salvador, al igual que Jesús reaparecerá un día cuando los judíos estén dispuestos a ver a Aquél a quien traspasaron y griten, “Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Zac. 12:10 y Mt. 23:39).

El ángel detiene a Abraham justo en el momento en que va a matar a su hijo Isaac.

Uno de los retratos más bello y conmovedor de la resurrección en la profecía simbólica se puede encontrar en la vida de Abraham cuando le fue dicho por Dios que sacrificara a su precioso hijo, Isaac. Cuando Abraham estaba listo para hundir el cuchillo en su hijo, un ángel lo detuvo y la vida de su hijo le fue devuelta como un símbolo de la resurrección del Mesías. El escritor de Hebreos reconoció el simbolismo de esta historia cuando escribió: “Consideraba (Abraham) que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos” (Heb. 11:19).

El Hecho de la Resurrección

Estas profecías fueron cumplidas cuando Jesús de Nazaret fue levantado de los muertos. Su triunfo sobre la tumba certifica que El era quien dijo ser – es decir, el Hijo de Dios (Hchs. 13:33).

Panorámica del Jardín de la Tumba

"No está aqui, porque ha resucitado". ¡Gloria a Dios!

Jesús ha vencido a la muerte, el gran enemigo que es temido por toda la humanidad (Heb. 2:15). Por lo tanto, se le ha dado autoridad sobre la muerte (el cuerpo) y el Hades (el espíritu). Jesús mismo proclamó esta gran verdad a Juan en la isla de Patmos: “No temas; Yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Ap. 1:17-18).

Nuestro corazón anhela el regreso de nuestro amado Señor y Salvador Jesucristo. ¡Maranatha!

Un día cercano Jesús aparecerá en los cielos. El traerá con El los espíritus de aquéllos que han muerto con su fe puesta en El. El resucitará sus cuerpos en un gran milagro de restauración y luego El reunirá sus espíritus con sus cuerpos, dándoles cuerpos glorificados que serán perfectos e inmortales (1 Tes. 4:13-18 y 1 Cor. 15:42-44, 51-54).



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Traducción y diagramación: Donald Dolmus
En Defensa de la Fe (
www.endefensadelafe.org)

Artículo original:
The Resurrection in Prophecy

Cortesía de:

Lamb & Lion Ministries (www.lamblion.com)

3 comentarios:

Formador dijo...

LO que me toco vivir en el terremoto Chile 2010: http://kontranom.blogspot.com/

Bendis

Reinaldo Carlos da Silva dijo...

irmão é certo que a igreja será arrebatada, tenho duvida sobre a expressão na batalha de armagedom, "até ao freio dos cavalos"
o que isto significa?

Paradise Spirit dijo...

este es el blog más serio en cuanto a interpretación bíblica.

Bendito sea.

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