sábado, 22 de enero de 2022

Todas las Cosas Nuevas (pdf)

Nuevas y Mejoradas

Por Tim Moore

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Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (www.endefensadelafe.org)

Original Article:
All Things New

lunes, 17 de enero de 2022

Cristo y los Creyentes del Antiguo Testamento

Por Dr. Ron Rhodes



Nota del editor: Ron Rhodes escribió un artículo maravilloso que apareció en nuestra edición de septiembre-octubre de 2021, que se enfocó en Jesús en el Antiguo Testamento. Este artículo se basa en ése, y destaca el reconocimiento de Cristo que es evidente en el Antiguo Testamento (y testificado en el Nuevo).


En cinco ocasiones diferentes, Jesús afirmó ser el tema de todo el Antiguo Testamento: (1) Mateo 5:17; (2) Lucas 24:27; (3) Lucas 24:44; (4) Juan 5:39; y (5) Hebreos 10:7. Debido a que Cristo es el tema del Antiguo Testamento, no debería sorprendernos que las personalidades clave del Antiguo Testamento fueran conscientes de Cristo y, en algunos casos, incluso se encontraran con el Cristo preencarnado, mucho antes de que naciera como ser humano en Belén.

Cristo la Roca Acompañó a los Israelitas en la Estadía en el Desierto

La primera carta de Pablo a los Corintios revela que Cristo sustentó a los israelitas durante su estadía en el desierto después de salir de Egipto: Los israelitas en el desierto “todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo” (1 Corintios 10:4).

Note que los israelitas “bebían de la roca espiritual”. El tiempo imperfecto usado en el griego original de esta frase indica acción continua — como si esta “Roca” sustentara al pueblo de Dios a lo largo de todo el viaje.

¿Rescató Cristo a los Amigos de Daniel en el Horno Ardiente?

Cuando los compañeros de Daniel se negaron a adorar la imagen de oro erigida por el rey Nabucodonosor, fueron amenazados con ser arrojados a las llamas del fuego (Daniel 3:15). Los tres valientes muchachos respondieron: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo” (versículo 17). Esto enfureció tanto al rey que calentó el horno siete veces más de lo normal y los arrojó a las llamas (versículos 19-20).

Mientras el rey observaba lo que debería haber sido una incineración instantánea, de repente se sobresaltó por lo que vio y exclamó: “He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses” (Daniel 3:25).

Aunque no se nos dice explícitamente que fue Cristo quien sostuvo a los amigos de Daniel durante la prueba de fuego, muchos eruditos creen que lo fue. Esto se infiere de dos hechos: (1) Los amigos de Daniel afirmaron que Dios mismo “puede librarnos del horno de fuego ardiendo”. (2) Una persona como un hijo de los dioses liberó a los amigos de Daniel. Si esto es correcto, podemos afirmar que, así como el Cristo preencarnado evitó que los israelitas perecieran en el desierto, así también Cristo rescató a los amigos de Daniel de perecer del fuego.

Lo que Moisés Supo de Cristo Cambió su Vida

Hebreos 11:24-27 nos dice: 

Por la fe Moisés, cuando llegó a ser grande, rehusó ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió, más bien, recibir maltrato junto con el pueblo de Dios que gozar por un tiempo de los placeres del pecado. Él consideró el oprobio por Cristo como riquezas superiores a los tesoros de los egipcios, porque fijaba la mirada en el galardón. Por la fe abandonó Egipto sin temer la ira del rey porque se mantuvo como quien ve al Invisible (RVA-2015).

Moisés vivió 1,500 años antes de Cristo. Y, sin embargo, Moisés habló de su compromiso de honrar a Cristo en sus acciones. El erudito E. Schuyler English explica que “Dios le habló, mostrándole cosas invisibles al ojo natural, revelándole otro Rey, otro reino y una mejor recompensa”.1

Nuestro texto nos dice que Moisés “consideró el oprobio por Cristo como riquezas superiores a los tesoros de los egipcios”. La palabra griega para “consideró” indica pensamiento cuidadoso. Moisés pensó en su decisión, sopesando los pros y los contras. Si tratáramos de reconstruir el razonamiento de Moisés, podríamos llegar a algo como esto:

Dios me ha revelado cosas futuras, cosas invisibles, pero cosas gloriosas, celestiales. Yo creo lo que Él dice. Él también me ha hecho saber que soy Su instrumento escogido para liberar a Su pueblo — y hermanos según la carne — de la servidumbre. Pero yo soy el hijo adoptivo de la hija de Faraón. A mí me ha sido prometido el trono de Egipto, como heredero por medio de ella. Si sigo el programa de Dios para mí, debo sufrir reproches. En cambio, si me quedo en la corte real, toda la riqueza de Egipto es mía — ¡y cuán grande es esa riqueza! Cada una de estas cosas — la aflicción del pueblo de Dios y la riqueza de Egipto — es temporal. Estoy buscando la vida después de la muerte. Entonces, el que ha sufrido dentro de la voluntad de Dios será recompensado; pero el que ha seguido el camino de la carne será juzgado. Hago mi elección. Rehúso ser llamado hijo de la hija de Faraón, prefiriendo por elección sufrir aflicción con el pueblo de Dios — y lo hago en honor de Cristo.2

Moisés habría estado de acuerdo con el apóstol Pablo, quien escribió muchos siglos después: “Porque nuestra momentánea y leve tribulación produce para nosotros un eterno peso de gloria más que incomparable; 18 no fijando nosotros la vista en las cosas que se ven sino en las que no se ven; porque las que se ven son temporales, mientras que las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:17-18).

Abraham se Gozó en Cristo

Jesús entabló un diálogo con algunos judíos acerca de Abraham (Juan 8:54-59). Los judíos sentían que, por ser descendientes naturales de Abraham, estaban en una posición privilegiada ante Dios. Jesús respondió señalando que los verdaderos descendientes espirituales de Abraham hacen lo que hizo Abraham — es decir, creen y obedecen a Dios. Estos judíos deberían haber respondido por fe en el enviado de Dios (Jesús) en lugar de simplemente confiar en su linaje abrahámico.

Entonces Jesús hizo una declaración asombrosa a este grupo de judíos: “Abraham, el padre de ustedes, se regocijó de ver mi día. Él lo vio y se gozó” (Juan 8:56). Jesús era Aquel que Abraham anticipó. Y cuando Abraham pensó en ver Su día, se llenó de alegría.

Isaías Vio la Gloria de Jesús

Isaías tuvo una visión en el templo en la que se encontraba en presencia de la gloria de Dios: “En el año que murió el rey Uzíasa, vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime; y el borde de sus vestiduras llenaba el templo” (Isaías 6:1). Los ángeles proclamaron Su santidad y el “humo” de la gloria de Dios inundó el templo (versículos 2-5).

Mientras estaba en el templo, Dios le concedió a Isaías una visión gloriosa que lo fortalecería durante la duración de su ministerio. Isaías vio al Señor sentado en un trono de gloria, “alto y sublime” (Isaías 6:1). Los ángeles cubrían sus ojos con sus alas. A pesar de su propio brillo y pureza, aparentemente no podían mirar el mayor brillo y pureza de Dios, quien Él mismo habita en “luz inaccesible” (1 Timoteo 6:16).

El Evangelio de Juan nos informa más adelante que Isaías realmente contempló la gloria de Jesucristo: “Isaías… vio Su gloria y habló acerca de Él” (Juan 12:41). Isaías 6:3 se refiere a la gloria del “SEÑOR de los ejércitos”, pero Juan dice que estas palabras en realidad se referían a Jesucristo. Qué maravilloso debe haber sido esto para Isaías. Unos 700 años antes de que el Mesías naciera físicamente en Belén, Isaías fue testigo de la increíble gloria del Cristo preencarnado en una visión. Y Aquel a quien Isaías había encontrado personalmente en esta visión es el mismo cuyo nacimiento como humano profetizó a menudo (Isaías 4:2; 7:14; 9:6-7; 11:1-5, 10; 32:1; 42:1-4; 49:1-7; 52:13–53:12; 61:1-3).  

La Biblia verdaderamente es un “libro de Jesús” — ¡tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento!

1. E. Schuyler English, Studies in the Epistle to the Hebrews (Neptune, NJ: Loizeaux Brothers, 1976), p. 405.

2. Adapted from English, p. 405.

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (www.endefensadelafe.org)

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Revista Llamada de Medianoche – Enero 2022

Apocalipsis 12 y el Futuro de Israel

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Temas incluidos en esta edición:

»» Tecnología avanzada israelí y programas espías
»» Los fariseos y el judaísmo rabínico
»» Israel: un pueblo muy especial
»» El mensajero especial
»» El significado del maná escondido y de la piedra blanca

Entre otros.

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jueves, 13 de enero de 2022

Jesús: De Génesis a Apocalipsis

Por Dr. Ron Rhodes

Cuando las personas reflexionan sobre la persona de Jesús, a menudo ven en su mente los nacimientos tan populares en la época navideña. Jesús es retratado como un bebé envuelto en pañales en un humilde pesebre, lo que a menudo implica involuntariamente que esta escena representa los comienzos reales de Jesucristo. Las Escrituras, sin embargo, retratan a Jesús como Dios eterno — la segunda persona de la Trinidad (Isaías 9:6; Colosenses 2:9; 2 Pedro 1:1; Tito 2:13; Hebreos 1:8).

Antes del comienzo de los tiempos, Dios concibió un plan grandioso y glorioso para la humanidad (Efesios 1:11). El plan fue concebido en la eternidad, pero sería llevado a cabo por Dios en el tiempo. Aquello que estaba eternamente determinado antes de las edades sería llevado a buen término en las edades.

Aprendemos de las Escrituras que este plan eterno tenía un alcance colosal. Según el plan, el Padre escogió al Hijo como Redentor (1 Pedro 1:18-21), y determinó, entre otras cosas, “enviarlo” al mundo de la humanidad. A esto se refería Jesús cuando le dijo a Nicodemo: “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvar al mundo por medio de él” (Juan 3:17). En otra ocasión, Jesús dijo a una gran reunión: “He bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la del que me envió” (Juan 6:38). Gálatas 4:4-5 nos dice que “cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos”. Verdaderamente, la Encarnación — el evento en el que el Cristo preexistente y eterno asumió una naturaleza humana — fue un momento supremo en la realización del plan eterno de Dios para la humanidad.

Pero Jesús no es sólo el centro del Nuevo Testamento. ¡Nada de eso! Él es también el corazón y el centro de la revelación del Antiguo Testamento. En cinco ocasiones diferentes, Jesús afirmó ser el tema de todo el Antiguo Testamento: (1) Mateo 5:17; (2) Lucas 24:27; (3) Lucas 24:44; (4) Juan 5:39; y (5) Hebreos 10:7. Esto significa que ver el Antiguo Testamento cristocéntricamente (es decir, de una manera que se centre en Cristo) no es una mera opción interpretativa. De hecho, para el cristiano, es un imperativo divino. Y, debido a que Cristo es el tema del Antiguo Testamento, la relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento está inseparablemente conectada en la persona de Jesucristo.

Para mí, esto trae un nuevo nivel de emoción al estudiar el Antiguo Testamento. Debo decirles que el estudio de Cristo en el Antiguo Testamento tiene una historia de causar entusiasmo en la gente. Recuerde que después de Su resurrección de entre los muertos, Jesús se apareció a dos discípulos en el camino a Emaús y les habló acerca de su verdadera identidad: “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, [Jesús] les declaraba en todas las Escrituras [del Antiguo Testamento] lo que de él decían” (Lucas 24:27; insertos agregados para aclaración). Las palabras de Cristo a los discípulos, en mi opinión, no pueden limitarse en su alcance a las profecías del Antiguo Testamento sobre su futura venida. Sus palabras probablemente incluyeron un recuento de Sus muchas apariciones pre-encarnadas a varias personalidades del Antiguo Testamento. Más tarde, después de que Cristo resucitado partió, los dos discípulos se preguntaron entre sí: “¿No ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino y cuando nos abría las Escrituras? [del Antiguo Testamento]” (Lucas 24:32; inserción añadida para aclarar). Este corazón ardiente es el derecho de nacimiento de todo cristiano.

El teólogo Lewis Sperry Chafer comentó una vez:

La Biblia, que comienza con las palabras “En el principio Dios” (Gn. 1:1) y cierra con una referencia al “Señor Jesús” (Ap. 22:20-21), es preeminentemente una revelación de Jesucristo. Aunque la Biblia obviamente trata muchos temas, incluyendo la historia del hombre, la existencia de los ángeles, la revelación de los propósitos de Dios para las naciones, Israel y la iglesia, e incluye en su revelación hechos desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura — Jesucristo es revelado como el Centro.*

En otras palabras, toda la Biblia — desde Génesis hasta Apocalipsis — es un “Libro de Jesús”. Podríamos ver Génesis y Apocalipsis como “sujetalibros” en este Libro de Jesús. Lo que comenzó en Génesis llega a buen término en Apocalipsis. Las promesas hechas en Génesis encuentran su cumplimiento final en Apocalipsis. Las cosas que salieron mal para la humanidad en Génesis son redimidas, restauradas y corregidas en Apocalipsis. Y Jesús es el corazón y el centro de todo. Es una cosa increíble para reflexionar.

Considere tan sólo algunas verdades inspiradoras de los libros "sujetalibros" de Génesis y Apocalipsis:

  • En el principio, Dios creó los cielos y la tierra (Génesis 1:1). En el estado eterno nos esperan un cielo nuevo y una tierra nueva (Apocalipsis 21:1-2).
  • En el principio, el sol y la luna fueron creados como “dos grandes lumbreras” (Génesis 1:16-17). El estado eterno implica una ciudad eterna donde ya no hay necesidad de tal luz, porque la gloria de Dios (y del Cordero) ilumina la ciudad eterna de los redimidos (Apocalipsis 21:23; 22:5).
  • En el principio, Dios creó la noche (Génesis 1:5). El estado eterno involucra una eternidad sin noches (Apocalipsis 22:5).
  • Al principio, los seres humanos sucumbieron a las tentaciones de Satanás (Génesis 3:1-4). En el estado eterno, Satanás estará perpetuamente en aislado del pueblo de Dios (Apocalipsis 20:10).
  • Al principio, Dios pronunció una maldición después de la caída de la humanidad en el pecado (Génesis 3:17). En el estado eterno, no habrá más pecado ni maldición (Apocalipsis 22:3).
  • En el principio, el paraíso se había perdido (Génesis 3:23-24). En el estado eterno, el paraíso será gloriosamente restaurado para los humanos redimidos (Romanos 8:19-21; Apocalipsis 2:7).
  • En el principio, Adán y Eva fueron excluidos del árbol de la vida (Génesis 3:22-24). En el estado eterno, los humanos redimidos disfrutarán de la restauración del árbol de la vida (Apocalipsis 2:7; 22:2,14,19).
  • En el principio, lágrimas, muerte y luto entraron en la existencia humana (Génesis 2:17-19; 37:34). En el estado eterno, las lágrimas, la muerte y el lamento estarán siempre ausentes de los redimidos (Isaías 25:8; Apocalipsis 21:4).
  • En el principio, se prometió un Redentor (Génesis 3:15). En el estado eterno reina el Redentor victorioso (Apocalipsis 20:1-6; 21:22-27; 22:3-5).

La gran noticia es que podemos experimentar todo esto por lo que Jesús ha hecho por nosotros en la salvación. No podemos ganarlo. No podemos ser “lo suficientemente buenos” para garantizarlo. No podemos hacernos dignos de ello. Pero cada uno de nosotros, todos los pecadores caídos, podemos participar en este gran cambio debido a la salvación que tenemos en Jesús (Efesios 2:8-9). Nunca olvide lo que Jesucristo ha hecho por usted. La Biblia, el “Libro de Jesús”, nos cuenta todo al respecto:

  • Somos salvos en Cristo (Hebreos 7:25).
  • Somos perdonados en Cristo (Efesios 1:6-7).
  • Somos justificados en Cristo (1 Corintios 6:11).
  • Somos reconciliados en Cristo (Colosenses 1:20).
  • Somos redimidos en Cristo (Efesios 1:7).
  • Somos vivificados en Cristo (Romanos 6:11).
  • Somos hechos cercanos en Cristo (Efesios 2:13).
  • Tenemos vida eterna en Cristo (Romanos 5:21).

¡Manténganse al tanto! En un próximo artículo, desarrollaré algunas formas específicas en que Cristo se apareció e interactuó con personalidades del Antiguo Testamento en el desarrollo del plan profético de Dios. Para obtener más detalles, lo invito a leer detenidamente mi libro Basic Bible Prophecy: Essential Facts Every Christian Should Know (Profecía Bíblica Básica: Hechos Esenciales Que Todo Cristiano Debe Saber) (disponible en Amazon). 

*Lewis Sperry Chafer, Teología Sistemática, vol. 2 (Dallas: Dallas Seminary Press, 1978), p. 399.

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (www.endefensadelafe.org)

Este artículo apareció en la edición de sept-oct 2021 de la revista Lamplighter:

Todas las Cosas Nuevas: ¿Por Qué es Importante el Antiguo Testamento?

Por Tim Moore

La Biblia que Jesús Usó

Cualquiera que haya estado viendo nuestra serie de televisión “Jesús en el Antiguo Testamento” en Cristo en la Profecía, sabe que tenemos el Antiguo Testamento en muy alta estima. Todos sus profetas y promesas apuntaban a Jesucristo — tanto hacia Su Primer Adviento como hacia Su gloriosa Segunda Venida. En el primer sermón de Pedro a las multitudes reunidas en Jerusalén el día de Pentecostés, señaló la profecía cumplida (profecía del Antiguo Testamento) para validar a Jesús como el Mesías de Israel (Hechos 2). La verdad de sus palabras traspasó el corazón de muchos de ellos, y unos 3,000 de ellos creyeron y fueron bautizados.

Jesús también señaló la Palabra profética. Cuando fue llevado por el Espíritu Santo al desierto para ser tentado (¡deje que el peso de esa verdad lo aplaste!), respondió a las tentaciones del diablo citando el Antiguo Testamento. Las circunstancias y Sus respuestas fueron:

  • Hambre —No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Deuteronomio 8:3).
  • Reconocimiento de Su papel como Mesías —No tentarás a Jehová tu Dios” (Deuteronomio 6:16).
  • Adoración del mundo —Adorarás al Señor tu Dios, y sólo a Él servirás” (Deuteronomio 6:13).

¡La destreza de Jesús con la Palabra de Dios me hace darme cuenta de que no he estudiado lo suficiente Deuteronomio!

Asimismo, cuando inició Su ministerio público en Galilea, Jesús se paró en la sinagoga de Nazaret y leyó de Isaías:

El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor (Lucas 4:18-19).

Una y otra vez, los escritores de los Evangelios documentan que Jesús hizo referencia y citó las Escrituras del Antiguo Testamento. Dicho de otra manera, el Antiguo Testamento, tal como lo conocemos, era la Biblia que usó Jesús. De manera similar, es imposible comprender muchas de las profecías a las que se hace referencia en el Nuevo Testamento sin una base sólida de comprensión del Antiguo Testamento.

El objetivo de todo esto es fomentar el estudio de toda la Palabra de Dios. Con suerte, nuestra serie “Jesús en el Antiguo Testamento” ha demostrado que incluso libros como Levítico cobran vida con relevancia y significado cuando los lee buscando a Jesucristo. Como Él testificó: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:17-18).

"No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos, sino a darles cumplimiento".
– Mateo 5:17 (NVI)

Nuevos y Mejorados

El punto no es simplemente convencerlo de que el Antiguo Testamento está correctamente unido al Nuevo. La misma palabra “testamento” demuestra que son testimonios de alguien. El mismo Dios Creador que nos dice en Su Palabra cómo y por qué creó los cielos y la tierra (hasta la profundidad que Él juzgó conveniente), también nos ha dicho cómo pretende llevar la historia humana a su culminación final.

Testamento = Una prueba tangible o expresión de un hecho, evento o cualidad; una declaración de disposición de la propiedad. (es decir, voluntad). Pacto entre Dios y el hombre.

Esa progresión de revelación y acción es eternamente relevante. En el principio Dios creó. Hizo los cielos y la tierra y todo ser viviente ex nihilo (de la nada). Formó al hombre del polvo de la tierra (materia inútil, desechada) y lo dotó de un valor muy superior a cualquier otra criatura porque fue hecho “a imagen de Dios” (Génesis 1:27).

Lo que consideramos la apariencia de la edad es en realidad una consecuencia de la caída: envejecemos y eventualmente morimos. La paga del pecado es la descomposición y la muerte que sufrimos (Romanos 6:23). Incluso cuando reconocemos nuestro estado de indefensión y aspiramos a elegir sabiamente, estamos atrapados en cuerpos que se están desmoronando y cargados con una naturaleza pecaminosa (Romanos 7:24). Pero Cristo...

En Su primer milagro registrado, Jesús demostró Su poder sobre la materia, el espacio y el tiempo. Cambió el agua en vino durante una fiesta de bodas en Caná (Juan 2). Este mismo Jesús, que fue clavado en una cruz y murió, sepultado en una tumba prestada, resucitó y ascendió al cielo mientras sus discípulos miraban atentamente, ¡ha prometido hacernos nuevos otra vez! David buscó consuelo cuando estaba abrumado por el horror de su propio pecado. Ayunó y oró durante siete días después de la reprensión de Natán. El Salmo 51 captura su contrición. Sólo considere el corazón quebrantado que clamaba: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu” (Salmo 51:10-11).

El rey pastor había sido testigo de cómo Saúl descendía a la angustia mental y la confusión cuando el Espíritu del Señor se apartó de él. Estaba desesperado por permanecer cerca del Todopoderoso y comprendió que su propio pecado había amenazado esa relación. Su sacrificio digno fue un espíritu quebrantado y un corazón contrito.

Afortunadamente, aunque nosotros también estamos llamados a confesar nuestros pecados y arrepentirnos, tenemos un sacrificio aún mejor. Jesucristo se puso sobre el altar y Su sangre cubre todos nuestros pecados. Por eso el escritor de Hebreos describe el Evangelio como un nuevo pacto. Cuando ponemos nuestra confianza en Cristo, recibimos el corazón nuevo y el espíritu nuevo que Dios prometió a Israel en Ezequiel 36:25-27. Y eso es sólo un anticipo de lo que está por venir.

Pero, Esperen, ¡Hay Más!

En Apocalipsis 21, Juan vio un cielo nuevo y una tierra nueva. Hablando del futuro venidero en tiempo pasado, observó que el primer cielo y la primera tierra habían pasado, y ya no había mar. Observó cómo la Nueva Jerusalén descendía del cielo. La voz de Dios validó el nombre de la ciudad predicha por Ezequiel (“Jehová-sama” — El Señor está allí, Ezequiel 48:35). Él dijo: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios” (Apocalipsis 21:3).

El Señor prometió que ya no habrá “muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (v. 4). Luego declaró: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas” (v. 5).

Sabemos que se nos prometen cuerpos glorificados, que serán como el cuerpo de Jesús después de Su resurrección. No se desgastarán ni envejecerán. No estarán limitados por el tiempo o el espacio y, sin embargo, podrán disfrutar de la comida y el tacto.

Los ingenieros de factores humanos hablan de un fenómeno llamado sobrecarga sensorial. Eso ocurre cuando sus cinco sentidos captan más información de la que su cerebro puede procesar, lo que hace que su mente o su cuerpo se apaguen o huyan de la estimulación abrumadora. Nuestros sentidos naturales pueden agudizarse tanto que no somos conscientes de lo que sucede en el ámbito espiritual. Eso es exactamente lo que sucedió con el siervo de Eliseo (2 Reyes 6). Elías también se dio cuenta de que Dios a menudo habla en un susurro en lugar de una cacofonía de ruido (1 Reyes 19: 11-13).

Mientras espera su cuerpo glorificado, procura apagar el clamor para escuchar la voz del Señor. Él ya le ha dado un corazón que está en sintonía con el Suyo. Como Su oveja, escuchará al Gran Pastor hablar a su corazón. Alábelo por hacerle una nueva criatura en Cristo, y por el cuerpo glorificado que le espera cuando se encuentre con Él cara a cara.

Lea la parte 1 aquí

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (www.endefensadelafe.org)

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