lunes, 30 de mayo de 2011

Estudio Bíblico Mesiánico: La Iglesia y los Judíos



Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros? - Deuteronomio 4:7-8

I. Lo que la Iglesia ha recibido de los judíos

Todas juntas, cinco cosas específicas que la Iglesia ha recibido de los judíos pueden ser enumeradas: las Escrituras, el Salvador, la salvación, el concepto de la iglesia local y bendiciones espirituales.

A. Las Escrituras

La primera cosa que la Iglesia ha recibido de los judíos son las Escrituras. Esto es destacado por cuatro Escrituras:

1. Deuteronomio 4:7-8

Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros?

La Ley Mosaica servía como el estándar de justicia de Dios. Si un judío en el Antiguo Testamento quería saber cuál era el estándar justo de Dios, tenía la Ley Mosaica a la cual recurrir. Servía como la norma de vida para los santos del Antiguo Testamento. Pero estos dos versos señalan que esto fue dado únicamente a Israel.

Había dos cosas únicas que Dios le dio a Israel. La primera cosa que fue dada únicamente a Israel fue el concepto de un Dios y Dios se reveló a Sí Mismo a Israel en una forma en la que Él no se había revelado a Sí Mismo a ninguna otra nación. La segunda cosa, que Dios dio únicamente al pueblo judío, es la Ley, que eran las Escrituras primarias de ese entonces. Con la finalización de la Ley, Dios dio los primeros cinco libros de la Escritura y, por un tiempo, éstos fueron las únicas Escrituras. De nuevo, esto fue algo que Dios dio al pueblo judío.

2. Salmo 147:19-20

Ha manifestado sus palabras a Jacob, Sus estatutos y sus juicios a Israel. No ha hecho así con ninguna otra de las naciones; Y en cuanto a sus juicios, no los conocieron. Aleluya.

Este pasaje declara que Dios le había revelado a Israel estas verdades escriturales en una forma en la que Él no las había revelado a ninguna otra nación. Ninguna otra nación había tenido este privilegio exclusivo. Una vez más, el énfasis es que Dios había dado estas cosas al pueblo judío.

3. Romanos 3:1-2

¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de qué aprovecha la circuncisión? Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios.

Pablo señala en estos versos los privilegios supremos de Israel. La ventaja del judío no estaba en el plano de la salvación, ya que los judíos no son salvos debido a que son judíos. Los judíos, al igual que los gentiles, son salvos por gracia por medio de la fe en la muerte sustitutoria y la Resurrección de Yeshúa (Jesús) el Mesías. Pero tienen la ventaja en otro campo, y ése es en el plano de la Escritura, ya que a los judíos les fueron revelados los oráculos de Dios, las Escrituras.

El privilegio supremo de Israel no es que la salvación llega a los judíos debido a que son judíos, sino que debido a que a ellos les fueron dadas las Escrituras, es que han recibido la revelación de la salvación.

4. Romanos 9:4

que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas.

Pablo enumera varias características o facetas de las Escrituras, señalando que son propiedad de los israelitas. Existen cuatro facetas de las Escrituras dadas a los israelitas. En primer lugar, los pactos, que se refiere a los cuatro pactos no cumplidos, incondicionales y eternos que Dios ha hecho con Israel: el Pacto Abrahámico, el Pacto de la Tierra, el Pacto Davídico y el Nuevo Pacto. La segunda faceta que menciona es la promulgación de la Ley, que se refiere al pacto que Dios hizo con Israel que fue condicional y temporal: el Pacto Mosaico. La tercera faceta es el culto, que se refiere al servicio levítico, al sistema levítico; todo el plano de la Escritura que aborda el sistema levítico también pertenece a los israelitas. La cuarta faceta es las promesas, específicamente, las promesas de los profetas.

Estas diversas facetas incluyen a todas las promesas de los profetas, pero especialmente la promesa de la salvación Mesiánica. Pero es algo más que eso, porque la palabra promesas está en el plural.

5. Conclusiones

Hay tres conclusiones con respecto a los judíos y las Escrituras. En primer lugar, las Escrituras son de los judíos en el sentido de que fueron producidas por los judíos, y fueron protegidas por los judíos; esto es cierto del Antiguo y Nuevo Testamentos.

En segundo lugar, las Escrituras son para los judíos; fueron entregadas a los judíos para su resguardo. Era una época cuando la imprenta no existía, así que la producción masiva de copias de las Escrituras era imposible. Así pues, se les instruyó a los judíos ser los guardianes de la Palabra de Dios. Cuando un texto antiguo se desgastaba, o se hacía demasiado viejo para usarse, los judíos harían cuidadosamente nuevas copias; fue entregada a ellos para resguardarla.

En tercer lugar, las Escrituras son acerca de los judíos. Registran la historia redentora de Israel, pero también predicen el futuro redentor de Israel. Así pues, la Iglesia efectivamente ha recibido las Escrituras de los judíos.

B. El Salvador

La segunda cosa que la Iglesia ha recibido de los judíos es el Salvador, ya que Yeshúa era un judío.

1. La Judeidad del Salvador

La judeidad del Salvador es destacada muchas veces en la Escritura. Por ejemplo, en Juan 4:9, la mujer samaritana claramente reconoció que Él era un judío ya que declaró: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?

Luego, en Romanos 9:5, después de declarar que las Escrituras son de los judíos en el verso 4, Pablo añade en el verso 5, de los cuales, según la carne, vino Cristo. En cuanto a Su carne, Su humanidad, Yeshúa era un judío y pertenecía al pueblo judío.

Hebreos 7:14 declara: Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, lo que significa que Él era un miembro de la tribu de Judá; siendo miembro de la tribu de Judá significaba que ciertamente Él era un judío.

Otro pasaje que claramente destaca Su judeidad es Gálatas 4:1-7. El punto principal del contexto es la distinción entre el Pacto Abrahámico y el Pacto Mosaico. Los versos 4-7 declaran: Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

Según este pasaje, Jesús nació bajo la ley, lo que significa que Él era un judío. Además, Él nació siendo judío por dos razones vistas en el intercambio de pronombres entre el pronombre de la tercera persona ellos al pronombre de la primera persona nosotros en el verso 5. La primera razón por la que nació siendo judío era para que redimiese a los que estaban bajo la ley [a los judíos]. La segunda razón por la que nació siendo judío fue para que recibiéramos [judíos y gentiles por igual] la adopción de hijos.

2. El concepto del Pariente Redentor

Otro pasaje en relación con la importancia de la judeidad de Yeshúa es Hebreos 2:14-17: Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.

El énfasis en este pasaje es mostrar el porqué Jesús tenía que venir como un ser humano y, más específicamente, como un ser humano judío. Éste distingue, en primer lugar, entre los ángeles caídos y los hombres caídos.

El verso 16 señala que Dios no escogió proveer salvación para los ángeles y, por esa razón, Yeshúa nunca se vistió de “angelicidad”. Él nunca se convirtió en un ángel para convertirse en una expiación sustitutoria para otros ángeles. Dios proveyó la salvación sólo para la humanidad y por eso Dios se convirtió en humano. Pero debido a que había una conexión especial con la obra de redención en conexión con Israel bajo la Ley, el verso 16 señala que Él no vino como cualquier simple hombre; Él vino específicamente como un miembro de la simiente de Abraham. Él vino como un judío.

El trasfondo de lo que el escritor está abordando es el concepto del pariente redentor del Antiguo Testamento. Había muchas formas en la que un judío podía meterse en problemas bajo la Ley. Una de esas formas era caer en un estado de endeudamiento más allá de su capacidad de pago. Si eso le pasaba, sólo había una opción disponible para él; ésa era venderse como esclavo, trabajar para su amo durante seis años y luego ser liberado el séptimo año, el año sabático.

Una vez que se vendiera como esclavo, había otras dos opciones abiertas para él. La primera era servir los seis años. La segunda opción dependía de tener un pariente que estuviera dispuesto a pagar su deuda para liberarlo de la esclavitud antes de tiempo. Sin embargo, bajo la Ley, había tres requisitos para ser un pariente redentor. En primer lugar, tenía que ser el pariente más cercano; un completo extraño no podía hacerlo. En segundo lugar, éste tenía que tener el precio de la redención. Tenía que tener suficientes recursos propios para pagar las deudas de su pariente. Y en tercer lugar, él tenía que estar dispuesto a pagar el precio, ya que la Ley no lo hacía obligatorio; era opcional.

Eso es lo que está pasando en este contexto. Dado que, humanamente hablando, al servir al pecado, el hombre se convierte en un esclavo al pecado; todo mundo, toda la humanidad, se ha convertido en esclavo al pecado. El pueblo judío, en particular, debido a su incapacidad para guardar la Ley perfectamente, cayó bajo la esclavitud de la maldición de la Ley. Con el fin de cumplir el primer requisito de parentesco, Jesús tenía que nacer como un ser humano, pero específicamente, como judío. En segundo lugar, Él tenía que tener el precio de la redención, que, en este caso, era sangre inocente. Y en tercer lugar, Él tenía que estar dispuesto a pagar el precio, dado que la Ley no lo hacía obligatorio. Efectivamente, Yeshúa estuvo dispuesto a pagar el precio. En Juan 10:18, fue Jesús quien declaró: Nadie me la quita [mi vida], sino que yo de mí mismo la pongo. De esta forma, todo el concepto de Su obra redentora está estrechamente ligado al hecho de que Yeshúa era un judío.

C. La Salvación

La tercera cosa que la Iglesia ha recibido de los judíos es la salvación. Mientras le hablaba a una mujer samaritana que tenía su propio camino de salvación, Jesús declaró en Juan 4:22: Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.

Hay tres maneras en las que la salvación es de los judíos. En primer lugar, la promesa de la salvación Mesiánica fue dada a los judíos. En segundo lugar, el plan de salvación requería sangre judía. Y en tercer lugar, los primeros proclamadores de la salvación fueron los judíos. En estas formas, en efecto, la Iglesia ha recibido la salvación de los judíos.

D. El Concepto de la Iglesia Local

La cuarta cosa que la Iglesia ha recibido de los judíos es el concepto de la iglesia local. Éste proviene del concepto de la asamblea, la sinagoga local, que es un concepto completamente judío. Incluso el término “anciano”, que es el término principal usado para el liderazgo de la Iglesia, tiene orígenes judíos, debido a que había ancianos en la comunidad judía. Así que todo el concepto de la asamblea local es un concepto judío.

Además, la práctica del bautismo era una práctica judía mucho antes de que se convirtiera en una práctica de la Iglesia.

Finalmente, aun la Comunión es algo que provino de los judíos, debido a que la Comunión es una versión reducida de la Pascua judía. Los dos principales elementos de la Pascua, el pan sin levadura y el vino, son las dos cosas que Jesús introdujo al concepto de la Iglesia que deberá ser observado hasta que Él regrese.

La Iglesia ha recibido estas tres cosas de los judíos: la asamblea local, el bautismo y la Comunión, teniendo todas ellas orígenes judíos.

E. Bendiciones espirituales

La quinta cosa que la Iglesia ha recibido de los judíos son bendiciones espirituales. Esto es resaltado muy claramente por dos importantes pasajes.

1. Romanos 15:27

Pues les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles de los materiales.

Este verso señala claramente que los creyentes gentiles se han vuelto partícipes de las bendiciones espirituales judías.

2. Efesios 2:11-16 y 3:5-6

Lo que eso significa exactamente está detallado en el segundo pasaje, el cual está en dos partes. La primera parte es Efesios 2:11-16: Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

La segunda parte es Efesios 3:5-6: que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio.

El punto de estos pasajes es que Dios hizo cuatro pactos aún no cumplidos con Israel, que fueron incondicionales y eternos. Todas las bendiciones espirituales de Dios están mediadas por estos cuatro pactos. También señalan que Dios hizo otro pacto, el Pacto Mosaico, que era la ley de los mandamientos (2:15). Una de las muchas razones para este otro pacto, el temporal, era para servir como una pared intermedia de separación para impedir que los gentiles como gentiles disfrutaran las bendiciones espirituales judías. Cuando Yeshúa murió, Él derribó esta pared intermedia de separación. Ahora, por la fe en el Mesías, los gentiles como gentiles pueden comenzar a disfrutar de las bendiciones espirituales de estos pactos judíos. No se han “apoderado” de ellas, sino que se han vuelto partícipes (3:6). Las bendiciones espirituales de la salvación, el Espíritu Santo que mora en nosotros, la provisión, el cuidado y la oración respondida son bendiciones espirituales judías de las que los creyentes judíos se han vuelto partícipes.

II. Lo que le ha costado a la Iglesia ocultar el Evangelio a los judíos

En el Siglo IV, el evangelismo judío efectivamente cesó. Cuando el evangelismo judío cesó, el número de creyentes judíos empezó a menguar hasta que eventualmente desaparecieron de la historia de la Iglesia. Sólo hasta en los años 1800 el número de creyentes judíos comenzó a aumentar de nuevo a una tasa un tanto rápida, comparativamente hablando.

Pero el fracaso de la Iglesia en compartir el Evangelio con los judíos ha conducido a cuatro grandes problemas: la Iglesia ha perdido su balance, la Iglesia ha perdido sus bendiciones de parte de Dios, la Iglesia ha perdido su unidad doctrinal y la Iglesia ha perdido su pureza doctrinal.

A. La Iglesia ha perdido su balance

Efesios 2:11-16 no sólo enseña que la Iglesia ha recibido bendiciones espirituales de los judíos, pero también aborda el concepto de un nuevo hombre, la Iglesia. Pablo señala que este un nuevo hombre está compuesto por creyentes judíos y creyentes gentiles en el verso 15. Para que la Iglesia mantuviera su balance, necesitaba creyentes judíos y creyentes gentiles unidos en un solo cuerpo.

Sin embargo, debido al fracaso en proclamar el Evangelio a los judíos, la Iglesia ha perdido su balance; muchas de nuestras divisiones de iglesias y problemas doctrinales han surgido debido a que no había creyentes judíos en la Iglesia que proporcionaran una medida correctiva.

B. La Iglesia ha perdido sus bendiciones de parte de Dios

1. El Principio del Pacto: Génesis 12:3

Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré.

Una de las formas en que uno puede maldecir a los judíos es ocultándoles el Evangelio. Aquellos que toman una postura en contra del evangelismo judío, y aun peor, aquellos que fallan en practicarlo, automáticamente se están privando a sí mismos y a la Iglesia de las bendiciones de Dios.

2. El resultado del Pacto

Retener el Evangelio de los judíos es una forma de jactarse contra los judíos, las ramas desgajadas. Esto es algo contra lo que Pablo advirtió en Romanos 11:13-29, cuando le advirtió al mundo gentil, las ramas del olivo silvestre, acerca de no jactarse contra las ramas judías naturales, que fueron desgajadas. Pero cuando los creyentes judíos tomaron una actitud altanera, diciendo, “Los judíos están fuera del alcance de la salvación”, en esencia, empezaron a jactarse de las ramas judías.

Esta jactancia toma varias formas. Una de las formas más importantes es en la teología sistemática conocida como “Teología del Pacto”. Existen tres líneas principales de la Teología del Pacto: Pacto Postmilenial, Pacto Amilenial y Pacto Premilenial. Todas estas líneas identifican a la Iglesia como el “Nuevo Israel” en un menor o mayor grado. Todas ellas afirman que algunas de las promesas que Dios hizo a Israel nunca serán cumplidas a un Israel étnico y literal, sino que sólo serán cumplidas a la Iglesia. La Teología del Pacto, la cual ha apropiado para sí las bendiciones judías mientras les deja a los judíos las maldiciones, es culpable de jactarse de las ramas judías, y eso es exactamente contra lo que todo el Libro de Romanos discute.

El Libro de Romanos, la primera teología sistemática, contiene los temas de la fe bíblica en la doctrina y en la práctica. En los primeros ocho capítulos, Pablo enseña acerca de la teología de la justicia de Dios. Él señala que la justicia de Dios ha sido revelada contra toda la injusticia de los hombres y que todos los hombres, judíos y gentiles por igual, han fallado en alcanzar la justicia de Dios. Debido a que el hombre, por su cuenta, no puede alcanzar la justicia de Dios, Dios tomó el paso de proporcionar la justicia para el hombre por medio de Su Hijo.

Existen tres aspectos de la justicia de Dios en la obra de salvación. El aspecto pasado es la justificación; una vez que la persona se ha convertido en un creyente en el Mesianismo (Messiahship) de Yeshúa, él es justificado de una vez por todas del pecado. El aspecto presente de la salvación es la santificación; el Espíritu Santo ahora mora dentro de nosotros, conformándonos lentamente más y más a la imagen del Hijo de Dios. El aspecto futuro de la salvación de Dios es la glorificación; algún día seremos glorificados, y seremos como Él. Ésta es la teología de la justicia de Dios.

A la luz de la teología de la justicia de Dios en los capítulos 1-8, Pablo trata luego con la práctica de la justicia de Dios en los capítulos 12-16. La pregunta es, “De acuerdo, ¿qué diferencia hace esto?” Él muestra cómo uno debería ejercitar la justicia de Dios en una experiencia de día a día. Ésa es la razón por la que el Libro de Romanos es el gran libro de la doctrina y la práctica de la justicia de Dios.

Entre la teología de la justicia de Dios en los capítulos 1-8 y la práctica de la justicia de Dios en los capítulos 12-16, Pablo trata con el tema de Israel y cómo la justicia de Dios se abre camino en Sus tratos con Israel, pasado, presente y futuro en los capítulos 9-11. Con relación al pasado, el rechazo de Israel al Mesianismo de Jesús no tomó a Dios por sorpresa en el capítulo 9; era parte del plan divino. En relación con el presente, Dios no está tratando con los judíos nacionalmente, sino con judíos individuales para que cualquiera, judío o gentil, que invoque el nombre del Señor sea salvo en el capítulo 10. En el presente, aun hoy, hay un Remanente entre los judíos según la elección de la gracia. Hay personas judías que individualmente están viniendo a la fe salvadora y éstas se convierten en el Remanente de Israel, el verdadero Israel de Dios. En relación con el futuro, se acerca el día que, cuando la plenitud de los gentiles haya entrado, todo Israel será salvo. Así pues, Pablo aborda el tema de la teología de Israel o la Israelología entre su discusión de la teología de la justicia de Dios y la práctica de la justicia de Dios.

3. El Centro de la Teología de Uno

El punto es claro: el judío debe ser el centro de la teología de uno. Ésta es el área exacta donde la Teología del Pacto ha fracasado. El Dispensacionalismo cumple esta exigencia bíblica. La Teología del Pacto fracasa en cumplir esta exigencia debido a su consistente confusión entre Israel y la Iglesia.

Debido al papel de Israel en la Teología Dispensacional, existe un gran sentido de urgencia en el plano del evangelismo judío. Ése es el porqué, aun hoy, que la mayoría de misiones judías en este país están siendo apoyadas por iglesias dispensacionales, en lugar de iglesias de la Teología del Pacto.

Su actitud hacia el evangelismo judío se convierte en el estándar de juicio para su teología: por sus frutos los conoceréis. La Teología del Pacto fracasa en tomar a Israel en consideración debido a su confusión entre Israel y la Iglesia; para ellos, la Iglesia es el “paquete” completo del programa de Dios.

Una teología de cualquier clase que conduzca al fracaso en proclamar el Evangelio al pueblo judío los muestra culpables de jactarse contra las ramas desgajadas. Aquellos que se jactan contra las ramas desgajadas están fracasando en recibir ciertas bendiciones de parte de Dios.

C. La Iglesia ha perdido su Unidad Doctrinal

La tercera cosa que la Iglesia ha perdido es su unidad doctrinal. Muchas iglesias se han dividido por asuntos que pudieron haber sido aliviados simplemente teniendo la perspectiva judía.

1. El Tema del Bautismo

Por ejemplo, la Iglesia se ha dividido por el tema del bautismo en dos formas. Una forma es el modo de bautizar: ¿Es el bautismo por inmersión o pringando o derramando agua? La respuesta es: Sólo por inmersión. Debe tenerse en cuenta que el bautismo era una práctica judía mucho antes que fuera una práctica de la Iglesia. Si hubiera creyentes judíos en la congregación a los cuales les pudieran preguntar, “¿Cómo practicaban los judíos el bautismo?”, ellos podrían responder, “Siempre lo practicamos por medio de la inmersión”. Además, ¿qué acerca del bautismo de infantes? Los judíos no sumergen a los infantes. La inmersión es para aquellos que tienen la edad suficiente para tomar una decisión.

El bautismo es un área importante en la que la Iglesia se ha dividido y perdido su unidad doctrinal, un tema que hubiera podido resolverse si los creyentes judíos no hubieran desaparecido de la Iglesia.

2. El Tema de la Comunión

Un segundo ejemplo es el tema de la Comunión o la Cena del Señor. Las iglesias se han dividido por el asunto de la transubstanciación o consubstanciación. Pero le pudieron haber preguntado al creyente judío, “¿Cuál es el significado de la Comunión?” Él podría señalar que esto sencillamente era parte de la Pascua, y que Yeshúa tomó los dos elementos principales de la Pascua, el pan y la copa e identificó esos dos elementos con Su cuerpo y Su sangre.

La palabra clave en la Pascua es “recordatorio”. Eso es lo que Jesús enfatizó: hace esto en memoria de Él. Éste es el significado de la Cena del Señor; no existe tal cosa como el pan o el vino cambiando en el cuerpo o la sangre del Mesías.

3. La Enseñanza del Amilenialismo

Un tercer ejemplo de cómo la Iglesia ha perdido su unidad doctrinal es la enseñanza del Amilenialismo que afirma que si bien el Mesías regresará algún día, Él no viene a establecer un reino literal de ninguna clase en esta tierra. Un creyente judío podría decir, “Usted no puede decir eso sin poner en peligro Sus credenciales Mesiánicas”. Por ejemplo, si Yeshúa no hubiera nacido de una virgen, Él no es el Mesías, porque esto es parte de Sus credenciales Mesiánicas. O, si Jesús no hubiera nacido en Belén, Él no es el Mesías, porque esto es parte de Sus credenciales Mesiánicas. O, si Yeshúa no hubiera muerto en la forma que está descrita en Salmo 22 e Isaías 53, entonces Él no es el Mesías, porque eso es parte de Sus credenciales Mesiánicas. Por la misma razón, si Jesús no viene con el propósito de establecer un reino literal sobre esta tierra, entonces, de nuevo, Él no es el Mesías, puro y simple, porque eso, también, es parte de Sus credenciales Mesiánicas.

4. Los Temas del Legalismo

Un cuarto ejemplo de cómo la Iglesia ha perdido su unidad doctrinal es los asuntos del legalismo. Las iglesias se han dividido por asuntos tales como qué parte de la Ley guardar o no guardar, qué es lo que constituye el Shabat, así como el beber vino y bailar. De nuevo, nadie le preguntó a un creyente judío, “¿Qué significan estas cosas en el marco de referencia judío en el que la Biblia fue escrito?”

D. La Iglesia ha perdido su Pureza Doctrinal

La cuarta cosa que la Iglesia ha perdido debido a que retuvo el Evangelio de los judíos es su pureza doctrinal.

1. Por las Falsas Doctrinas

Una forma en la que la Iglesia ha perdido su pureza doctrinal es por las falsas doctrinas como el Catolicismo, que introdujo el tema de las imágenes y que comenzó la práctica de arrodillarse y “persignarse” ante las estatuas de Yeshúa, de María, de José y de los santos. Debido a que habían retenido el Evangelio el tiempo suficiente para que los judíos desaparecieran de la Iglesia, los gentiles no vieron ningún problema en introducir estas imágenes y arrodillarse ante ellas. Ningún creyente judío hubiera nunca permitido esa clase de envilecimiento de la verdad de Dios. El problema del Catolicismo y de todas las falsas enseñanzas que vinieron con él, hubieran sido evitadas si hubiera habido creyentes judíos en la Iglesia.

2. Por medio del Liberalismo

Otra forma en la que la Iglesia ha perdido su pureza doctrinal es por medio del liberalismo. El liberalismo se empezó a extender en las iglesias a inicios del Siglo XX, a medida que los ministros comenzaron a negar doctrinas fundamentales como el Nacimiento Virginal, la inspiración de la Escritura y la Resurrección literal de Jesús. Pero una vez más, esto fue debido a que ya no había judíos en la Iglesia que pusieran un límite a esta clase de falsas enseñanzas. Si un ministro se hubiera puesto en un púlpito y hubiera dicho que Yeshúa no nació de una virgen, un creyente judío no lo aceptaría, debido a que esto es parte de Sus credenciales Mesiánicas. Si él hubiera negado que Jesús se levantó de los muertos, ningún creyente judío podría aceptarlo debido a que eso, también, es parte de Sus credenciales Mesiánicas. Además, si él hubiera comenzado a negar la inspiración de las Escrituras, un creyente judío que tiene en gran estima a las Escrituras y que sabe cuánta sangre judía fue derramada por la preservación de las Escrituras, sencillamente no podría apoyar eso. Y así la Iglesia ha perdido también su pureza doctrinal al negar el Evangelio al pueblo judío.

III. La Responsabilidad de la Iglesia hacia los judíos

Hay al menos tres aspectos de la responsabilidad de la Iglesia hacia los judíos: evangelizar al pueblo judío, compartir cosas materiales y orar por el pueblo judío.

A. Evangelizar al Pueblo Judío

El primer aspecto de la responsabilidad de la Iglesia está en el campo del evangelismo: la Iglesia es responsable de proclamar el Evangelio al judío primeramente.

1. El Principio del Evangelismo – Romanos 1:16

Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.

Este verso nos da el principio del evangelismo: cada vez que el Evangelio se predica, en cualquier medio que lo haga, deberá ir al judío primeramente. Hay sólo un verbo que controla las últimas dos cláusulas, el verbo es. Está en el tiempo presente en el griego, lo que enfatiza acción continua. Esto significa que el Evangelio es continuamente el poder de Dios para salvar, y de esta forma es continuamente al judío primeramente. Si alguien intentara reinterpretar este verso, como muchos han hecho, para que sencillamente signifique que “el Evangelio era al judío primeramente, pero ya no lo es más”, entonces el verso tendría que significar que “el Evangelio solía ser el poder de Dios para salvar, pero ya no lo es más”. Si el Evangelio es siempre el poder de Dios para salvar, entonces siempre es al judío primeramente, y también al griego.

2. El Principio aplica a todos

Este principio aplica sin importar el método de evangelismo, ya sea persona a persona, de puerta en puerta, radio, televisión, evangelismo masivo, cualquiera que sea. Este principio aplica sin importar el llamado específico individual. Aplica al evangelismo activo, cuando uno está haciendo la obra de evangelista, y al evangelismo pasivo, cuando uno está apoyando a aquellos que están haciendo la labor de evangelismo. De cualquier forma, el Evangelio es al judío primeramente.

Algunos han dicho, “Una cosa es para los misioneros de Ariel Ministries seguir este principio, debido a que están haciendo la labor de evangelismo judío a tiempo completo, pero aplica realmente este principio a alguien que fue llamado a ir a otra parte; tales como China, Japón, a los Indios Americanos, Taiwán, África, Australia, Nueva Zelanda? ¿Realmente aplica en estos casos?”

Pablo responde a este mismo asunto en Romanos 11:13-14: Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio, por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos.

Aquí, Pablo se señala a sí mismo como alguien que no fue llamado a ir a los judíos. Su llamado fue a ser el apóstol a los gentiles, mientras que Pedro fue el apóstol a los judíos. Y sin embargo, mientras que el llamado de Pablo iba a ser a los gentiles, él nunca olvidó el principio de Romanos 1:16. A todos los lugares que él fue, fue al judío primeramente.

3. El Principio Obrando

Las acciones de Pablo en el Libro de Hechos muestran este principio mismo obrando, comenzando en Hechos 13:2-3: Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.

Fue en Hechos 9 que Pablo recibió su comisión para ser el apóstol a los gentiles, pero es sólo en el capítulo 13 que él es enviado por la Iglesia de Antioquía para hacer justamente eso. Ahora el apóstol a los gentiles sale a los gentiles, pero su procedimiento es siempre al judío primeramente.

Hechos 13:5 declara: Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos.

El verso 14 declara: Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y entraron en la sinagoga un día de reposo y se sentaron.

Hechos 14:1: Aconteció en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos.

Hechos 16:12-13a: y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la provincia de Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días. Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración.

Debido a que ésta era una reunión de oración en el Shabat, significa que fue una reunión de oración judía. Pablo llegó a Filipos, pero la comunidad judía en Filipos era muy pequeña como para tener una sinagoga y él no pudo ir inmediatamente a la sinagoga a proclamar el Evangelio. Cuando no había suficientes judíos en una comunidad para financiar una sinagoga, la norma judía era que tenían que tener su reunión de oración el día del Shabat cerca de un cuerpo de agua. Pablo esperó hasta el día del Shabat, fue a un lugar donde sabía que los judíos se reunirían y cumplió la comisión de proclamar el Evangelio al judío primeramente.

Otro ejemplo que muestra el principio de Romanos 1:16 obrando se encuentra en Hechos 17:1-2: Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras

De nuevo en Hechos 17:10: Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos.

Y en Hechos 17:16-17a: Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría. Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían.

Cuando Pablo llegó a Atenas y vio la ciudad entregada a la idolatría, su espíritu fue provocado a predicarles a aquellos que adoraban a los ídolos. Sin embargo, no eran los judíos los que adoraban estos ídolos, debido a que para entonces, la idolatría había dejado de ser un problema judío. Eran los gentiles de Atenas los que adoraban estos ídolos, y él fue provocado a predicarles a estos gentiles. Pero el principio de Romanos 1:16 tenía que prevalecer, así que primero fue a la sinagoga en el verso 17 y luego fue a los gentiles griegos en el verso 18.

Hechos 18:1 declara: Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto.

El verso 4 declara: Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos.

El verso 19 declara: Y llegó a Éfeso, y los dejó allí; y entrando en la sinagoga, discutía con los judíos.

Hechos 19:1 declara: Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso.

El verso 8 declara: Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios.

Finalmente, en Hechos 28:17: Aconteció que tres días después, Pablo convocó a los principales de los judíos.

Debido a que Pablo era un prisionero cuando llegó a Roma, no pudo ir a la sinagoga. Así que para cumplir Romanos 1:16, llamó al pueblo judío hacia sí mismo con el fin de proclamar el Evangelio al judío primeramente.

Romanos 1:16 es el principio; Romanos 11:13-14 enseña que el principio aplica a todos; y el Libro de Hechos muestra el principio y la acción obrando. El Evangelio deberá ir siempre al judío primeramente, en el evangelismo activo, cuando uno está haciendo la labor de evangelista como muestran estos pasajes de Hechos, pero también en el evangelismo pasivo, cuando uno está apoyando a aquellos que están haciendo la labor de evangelismo.

B. Compartiendo Cosas Materiales

El segundo aspecto de la responsabilidad que la Iglesia tiene hacia el judío es compartir cosas materiales con los judíos, especialmente con los creyentes judíos.

Romanos 15:25-27 declara: Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos. Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén. Pues les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles de los materiales.

Este pasaje enseña que, debido a que los gentiles se han convertido en partícipes de las bendiciones espirituales judías, un punto que fue hecho antes, los gentiles han llegado a estar en deuda con los judíos. La forma en la que los creyentes gentiles cumplen o pagan su deuda es supliendo para las necesidades físicas de los creyentes judíos. Esto también incluye apoyar financieramente a las misiones judías. Éste es un buen ejemplo del evangelismo pasivo al judío primeramente. Los creyentes gentiles tienen la obligación de compartir con los creyentes y misiones judíos en alguna forma material.

C. Orando por el Pueblo Judío

El tercer aspecto de la responsabilidad de la Iglesia hacia el pueblo judío es orar por ellos.

Salmo 122:6 declara: Pedid por la paz de Jerusalén; Sean prosperados los que te aman.

Este verso comienza con un imperativo, una orden: Pedid por la paz de Jerusalén. A aquellos que oran por la paz de Jerusalén se les promete bendiciones no disponibles por otros medios. Aquellos que oran serán bendecidos por Dios de acuerdo con el principio del Pacto Abrahámico: Bendeciré a los que te bendigan. Según la profecía bíblica, la paz de Jerusalén está ligada a la Segunda Venida.

El prerrequisito para la Segunda Venida es la salvación nacional de Israel. La forma de orar por la paz de Jerusalén es orar por la salvación del pueblo judío: Isaías 62:1-2 declara: Por amor de Sion no callaré, y por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación se encienda como una antorcha. Entonces verán las gentes tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará.

En el contexto general que precedía a este pasaje, a Isaías el Profeta le habían sido dadas revelaciones de la gloria futura de Jerusalén como una ciudad salva y la capital de una nación salva. Por causa de esa profecía, Isaías ahora declara que orará, y seguirá haciéndolo, hasta que esto ocurra.

Luego, en los versos 6-7, añade: Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás. Los que os acordáis de Jehová, no reposéis, ni le deis tregua, hasta que restablezca a Jerusalén, y la ponga por alabanza en la tierra.

El punto de estos dos versos es que Dios ha designado ángeles sobre los muros de Jerusalén. Su único ministerio es mantenerse recordándole a Dios Su promesa de hacer a Jerusalén el centro de la tierra y una ciudad salva. No sólo Isaías está orando, sino que los ángeles también están orando por la salvación de Israel.

Otro ejemplo más en este orden está en Romanos 10:1: Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.

Pablo es un ejemplo de un santo del Nuevo Testamento; su vida de oración consistía de, entre muchas cosas, peticiones por la salvación del pueblo judío. Ésta es la tercera responsabilidad de la Iglesia hacia los judíos: orar por la salvación del pueblo judío.

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Traducido por Donald Dolmus
En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

Original article:
The Church and the Jews (in PDF format)

Ariel Ministries (ariel.org)

1 comentario:

Marcos Andrés Nehoda dijo...

¡Excelente escrito! Proporcionaré el link para que lo lean mis contactos en mi cuenta de Facebook.

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