jueves, 9 de noviembre de 2017

Un Breve Examen de Algunos de los Problemas de la Teología Reformada

Por George Zeller 



Como creyentes comprados con la sangre de Cristo podemos dar gracias a Dios por la Reforma y por las grandes verdades que fueron recuperadas por los Reformadores: la suficiencia de la Escrituras, la justificación por fe y el sacerdocio universal de cada creyente, por nombrar sólo unas pocas. En muchos sentidos, la Reforma fue un movimiento de regreso a la Biblia. Hoy día nuestra meta también debería ser siempre regresar a la Biblia, no un regreso a la Reforma. Siempre es mejor volver a las fuentes prístinas de las Escrituras (Salmo 12:6) en vez de volver a las corrientes contaminadas río abajo. El propósito de este breve artículo es destacar ciertos problemas de la Teología Reformada que tienen importantes implicaciones prácticas para la vida y el ministerio del creyente.

¿Tenemos Realmente un Evangelio Para Todos los Hombres?

Pablo enseñó que las buenas nuevas del evangelio incluyen el hecho de que “Cristo murió por nuestros pecados” (1 Corintios 15:1-4). ¿Podemos honestamente compartir estas buenas nuevas con todos los hombres en todas partes? La mayoría de los hombres reformados creen que Cristo murió como Sustituto y pagó el castigo por el pecado solamente por los elegidos, es decir, solamente por los que finalmente serán salvos. La Biblia usa toda clase de términos universales para dejar en claro que el Salvador murió por los pecados de toda la raza de Adán (Isaías 53:6; Juan 3:16; 6:51; 1 Timoteo 2:6; Hebreos 2:9; 1 Juan 2:2; 2 Pedro 2:1; etc.). 

El Dr. Jay Adams explica que él no tiene un evangelio para todos los hombres: “Como cristiano reformado, el escritor cree que los consejeros no deben decir a un consultante inconverso que Cristo murió por él, porque no puede decir eso. Nadie sabe, excepto Cristo, mismo quiénes son sus elegidos por quienes Él murió” (Capacitado para Orientar, énfasis mío). En agudo contraste con el limitado mensaje de Adams está lo siguiente, de alguien que conoció el corazón desbordante de Roberto Moffat: “Uno de los misioneros más grandes de los tiempos modernos (Sr. Moffat), uno de los más dotados, uno de los más devotos, uno de los más honrados y exitosos, cuando le pregunté por allá por el año 1841, qué evangelio predicaba a sus pobres africanos, contestó que era una máxima para él y sus compañeros decir a todos por igual que Cristo murió por ellos” (James Morison, The Extent of the Atonement, p.112).

¿Cómo podemos ofrecer con sinceridad a los hombres lo que no ha sido provisto para ellos? ¿Cómo podemos ofrecerles un don gratuito si el don no ha sido adquirido para ellos? ¿Cómo podemos apremiarles a beber de la fuente de vida si no hay una provisión de agua para ellos? ¿Cómo podemos decirles que sean salvos si Cristo no proveyó para su salvación? ¿Cómo podemos decirle a una persona, “Toma este remedio y serás sano” si no hay medicina para tomar y no se ha provisto curación?

Los hombres reformados, si son honestos, tienen un evangelio muy incierto: “Quizás Cristo murió por ti”. “Tal vez Dios te amó tanto”. “Quién sabe si Cristo derramó Su sangre por ti”. “Salvación ha sido provista para ti, puede ser”. “Posiblemente Dios muestra Su amor para contigo”. “Esperamos que Él sea la propiciación por tus pecados”. “Es posible que Cristo muriera como tu Sustituto”. “Puede ser que te traiga buenas nuevas”. Esto sería como decir, “Sé que tienes un problema, pero no estoy seguro si hay un remedio para tu problema. Sé que tienes una terrible enfermedad, pero no estoy seguro que haya un remedio para ti. Puede ser que tu caso no tenga esperanza. Sencillamente no sabemos si hay un Salvador para ti”. Cuán agradecidos debemos estar de que realmente hay un “Salvador para todos los hombres” (1 Timoteo 4:10).

¿Tenemos que ser Salvos Antes de Poder Creer?

Todos reconocemos que la salvación es una obra sobrenatural de Dios, y que nadie puede ser salvo sin la iluminación divina (Mateo 16:17; Hechos 16:14), y sin la convicción interior del Espíritu (Juan 16:7-11). Dios, el Espíritu Santo persuade y convence al mundo del pecado de incredulidad (Juan 16:9). A los que están en tinieblas se les ordena y son responsables de recibir al Señor Jesucristo, la Luz del mundo. En el momento de la regeneración un hijo de ira llega a ser un hijo de Dios y posee la vida misma y la luz de Dios. En el instante mismo en que cree en el Señor Jesucristo, él es regenerado y salvado eternamente (Juan 1:12; Gálatas 3:26; Hechos 16:30-31). Los hombres reformados dicen que la regeneración precede a la fe. La Biblia enseña que un hombre tiene que creer para vivir (Juan 20:31; Juan 6:47); ellos enseñan que un hombre tiene que vivir para creer.

Charles Spurgeon se dio cuenta de la tontería de decir que un pecador tiene que ser regenerado antes de que pueda creer: “Si he de predicar fe en Cristo a un hombre regenerado, entonces el hombre, siendo regenerado, ya es salvo y es una cosa ridícula e innecesaria que yo le predique a Cristo y le inste a creer para ser salvo, si él ya es salvo, puesto que ha sido regenerado. ¿Tengo que predicarles la fe solamente a los que ya la tienen? Eso es realmente absurdo. ¿No es esto como esperar que el hombre sea sano para luego traerle la medicina? Esto es predicar a Cristo a los justos y no a los pecadores” (Spurgeon, sermón titulado “Garantía de la Fe”).

Algunos hombres reformados llevan aun más lejos esta enseñanza aberrante. Ellos dicen que un bebé puede ser regenerado a una temprana edad, aunque no llegue a tener fe en Cristo hasta años más tarde. Pregunté a R.C. Sproul acerca de esta enseñanza y su asistente, V.A. Voorhis contestó en su lugar: “La regeneración siempre precede a la fe…el infante puede llegar a tener fe muchos años después que Dios ha obrado por medio de Su Santo Espíritu en él para regenerarlo” (De una carta de V.A. Voorhis con fecha 1/6/2000). Esta extraña enseñanza, que no es bíblica, sugiere que un infante puede haber nacido de nuevo y, sin embargo, no llegar a ser un creyente hasta después de varios años.

Nuestro Entendimiento de la Soberanía de Dios, ¿es un Obstáculo o un Aliciente para el Evangelismo Personal?

La Escrituras enseñan la doctrina de la elección (Efesios 1:4; 2 Tesalonicenses 2:13), aunque buenos hombres de Dios tienen una variedad de ideas sobre de sus particularidades. George Whitefield y John Wesley tenían diferentes puntos de vista en cuanto a la elección, sin embargo, se estimaban mutuamente y ambos hombres sabían emplearse y ser empleados en la salvación de los perdidos. La visión que uno tenga de la soberanía de Dios es muy defectuosa si desanima o apaga el celo evangelístico. Para ilustrar la presunción y el feo exclusivismo de algunos calvinistas extremos, considera el siguiente verso de un antiguo himno particular bautista: “Nosotros somos los pocos elegidos de Dios, dejen que los demás se condenen; hay suficiente lugar en el infierno para ustedes, no queremos un cielo atestado”. Obviamente, éste es un ejemplo extremo, pero cualquier intento de usar la doctrina de la elección como excusa para ser negligente en alcanzar a los hombres perdidos es aborrecible para Dios, quien quiere que “todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

Un sano entendimiento de la soberanía de Dios sólo puede animar a un fiel ganador de almas. Entiende que es solamente Dios Quien salva, de modo que tiene que depender totalmente de Él. Sus propios argumentos intelectuales o sus ingeniosos métodos nunca llevarán a un hombre a la fe en Cristo. Sólo Dios puede abrir los ojos de los ciegos. Sólo Dios puede hacer la obra de convicción que convencerá a hombres perdidos de su desesperada necesidad del Salvador. Esto debería dar como resultado un evangelismo que está bañado en oración, en total dependencia del Señor de la mies.

¿La Clave Para la Vida Cristiana se Encuentra en el Monte Sinaí o en el Monte Calvario?

Los hombres reformados ponen a los creyentes bajo la ley, no para la justificación, sino para la santificación. Ellos enseñan que el creyente está bajo la ley como regla de vida. En contraste con la teología reformada, el dispensacionalismo nos enseña que para encontrar la regla de vida para el creyente no hay que ir al monte Sinaí, sino al Monte Calvario. El Monte Sinaí es incapaz de justificar a una persona y el Monte Sinaí también es incapaz de santificar a una persona. La regla de vida para un creyente no es la ley. Jesucristo lo es: “Para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21). ¿Cómo vivía Pablo? ¿Cuál era su regla de vida? ¿Vivía por las obras de la ley? ¿Encontró su regla de vida en el Monte Sinaí? Nótese lo que dice un gran apóstol, “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Pablo vivía por la regla de la “nueva criatura” que fluye del Monte Calvario (Gálatas 6:14-16).

Al gloriarnos en la cruz, nos damos cuenta de nuestra maravillosa identificación con Cristo en Su muerte y resurrección y afirmamos estos hechos por fe (Romanos 6; Colosenses 3:1-4; Gálatas 2:20). El Monte Sinaí nunca ha producido una nueva criatura, un nuevo hombre. Sólo puede condenar al viejo hombre. La clave para vivir la vida cristiana se encuentra en el Monte Calvario y se basa en la perfecta obra realizada por nuestro Salvador.

¿Es la Rendición al Señorío de Cristo un Requisito para la Salvación?

Muchos en el campo reformado se adhieren a lo que ha sido llamado “Salvación por Señorío”. El Dr. Renald Showers ha ayudado a clarificar esto: “Por una parte hay una “creencia fácil” que sostiene que un mero asentimiento mental a ciertas verdades salva a una persona. Por otra parte, para corregir este error, algunos han agregado cosas al evangelio y a los requisitos bíblicos para la salvación (salvación por Señorío)… Hay una clara distinción entre un requisito para la salvación y el resultado de la salvación. Estas dos cosas no deben ser confundidas. La disposición y el deseo de que Cristo gobierne la vida de uno, son impulsados por la nueva vida espiritual impartida por el Espíritu Santo cuando Él regenera al creyente en la salvación. El inconverso no puede ni quiere someterse al gobierno divino (Romanos 8:7). Tal como el árbol no puede dar manzanas a menos que tenga la naturaleza de un manzano, así una persona no puede tener la voluntad y el deseo de someterse al gobierno de Cristo a menos que posea la nueva naturaleza que se recibe por la regeneración en la salvación (2 Pedro 1:3-4). De modo que incluso la voluntad y el deseo de someterse al gobierno de Cristo es el resultado y no un requisito para la salvación” (“The Trouble with Lordship Salvation” –El Problema de la Salvación por Señorío—publicado en Word of Life 1990 Annual, pps.18-19).

El sencillo mandamiento que Dios ha dado a los inconversos es “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hechos 16:31). La salvación no se basa en las realizaciones del hombre o en los compromisos del hombre; se basa solamente en la perfecta obra acabada de Cristo. La fe es descansar sobre lo que Cristo ya ha realizado. Redefinir la fe salvadora agregando otros requisitos es pervertir el evangelio. Rendirse al Señorío de Cristo…Estar dispuesto a obedecer al Señor en todo…Amar a Cristo por sobre todo…Cumplir las demandas del discipulado…éstos no son requisitos para la salvación. La salvación es por la gracia de Dios basada sobre la Persona y la obra de Cristo. Significa confiar en Él y solamente en Él. No se basa en los frágiles compromisos del pecador. Si así fuera, ninguno de nosotros podría calificar para el cielo. De modo que rechazamos la Salvación por Señorío, pero de todo corazón abrazamos la Santificación por Señorío. Una vez que somos salvos, la sumisión al Señorío de Cristo y la obediencia a todos Sus mandamientos es esencial, por cuanto el Señor es el que produce en nosotros el querer como el hacer, por su buena voluntad (Filipenses 2:12-13). 

¿Podemos Realmente Entender Literalmente las Profecías de Dios?

Cuando se trata de las claras declaraciones proféticas de Dios, los hombres reformados han abandonado el sentido llano y normal del texto bíblico. Ellos niegan que el Mesías establecerá Su glorioso reino en esta tierra, negando así cientos de pasajes que se encuentran en los escritos de los profetas (tales como Isaías 2:1-5; 11:1-12; Jeremías 23:5-8; etc.). Muchos niegan que Israel tenga algún futuro en el programa de Dios (a pesar de Jeremías 31:35-37). Creen, en cambio, que la Iglesia ha reemplazado a Israel, robándole así sus bendiciones. En la mayoría de los círculos reformados, la palabra “rapto” es ridiculizada y menospreciada, despojando así a los creyentes de la bienaventurada esperanza de la inminente venida de nuestro Señor por los Suyos. Muchos hombres reformados han adoptado el preterismo, un sistema de interpretación que dice que todas o casi todas las profecías ya se han cumplido en el pasado. Ellos enseñan que la gran tribulación y la venida del Señor ya sucedieron en o alrededor del año 70 d.C. En vista de estas cosas, los hombres reformados están transmitiendo este mensaje: “No hay rapto; no hay segunda venida; no hay un reino; y no hay futuro para Israel. Y cuando Dios dice algo sobre el futuro, no tomen Sus palabras en serio. Él no quiere realmente decir lo que dice”.


Fuente: Middle Town Bible Church

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Un Fracaso de la Reforma – Parte 5

Interpretación Escritural




Las Razones de la Inconsistencia de los Reformadores

Con estos vestigios católicos restantes antes mencionados, podríamos preguntarnos, ¿por qué los reformadores protestantes no reformaron también a la iglesia en estas otras áreas?

Se pueden dar varias posibilidades. Quizás estaban cansados. Ya se habían sacrificado mucho y, en algunos casos, en definitiva, con el fin de lograr lo que hicieron. Pedirles que asumieran más allá de sus logros monumentales hubiera sido poco realista, por decir lo menos.

También, estas otras áreas doctrinales que involucran cosas tales como la profecía bíblica no fueron su objetivo. Su batalla principal con la jerarquía católica romana fue sobre el tema de la salvación. Cualquier otro tema teológico estaba sencillamente fuera de su estrecho ámbito.

Interpretación Literal Consistente

A los dispensacionalistas se les debería dar el crédito por completar la revolución interpretativa iniciada por los reformadores protestantes. Los reformadores merecen el crédito a través del empleo de la metodología correcta, una interpretación literal, para una parte de la Biblia. Sin embargo, como se ha demostrado, la Teología Reformada continuó permitiendo mucha alegorización de la Escritura, especialmente con lo relacionado a la Eclesiología y la Escatología.

El Dispensacionalismo, por el contrario, ya que llegó a destacarse aproximadamente dos siglos después de la Reforma, tomó el método de interpretación de la Reforma y aplicó este mismo método a la totalidad de la Escritura.

Cuando se sigue una aplicación del literalismo tan consistente (teniendo en cuenta las figuras del lenguaje cuando son textualmente conspicuas), lo que rápidamente resurge es el Premilenialismo o el Quiliasmo mismo inicialmente propugnado por la escuela de interpretación de Antioquía, que dominó la vida de la iglesia durante sus primeros dos siglos.

Las 95 Tesis de Martín Lutero

Así como los reformadores demostraron que el literalismo era el requisito esencial necesario para restauras las cinco “solas” a la cristiandad, los dispensacionalistas demostraron que el literalismo era también un requisito necesario para restaurar a la cristiandad tanto el Premilenialismo como el Pre-Tribulacionismo (la creencia de que el rapto ocurrirá antes de la futura Tribulación).

Lo que hace que el Dispensacionalismo sea único como sistema teológico no es simplemente su énfasis en un método literal, gramatical, e histórico de interpretación. Muchos sistemas teológicos, como la Teología Reformada, incorporan selectivamente este método. Más bien, el Dispensacionalismo sigue siendo único en su insistencia en aplicar consistentemente el método de interpretación literal a la totalidad de la revelación bíblica. Este enfoque hace que el intérprete reconozca que Israel y la Iglesia son diferentes.

La Restauración del Literalismo de Doctrinas Importantes

Cuando se entiende que Dios tiene programas separados para Israel y la Iglesia, tal teología actúa como un disuasivo natural para que la Iglesia no reclame las promesas terrenales de Israel a través del método de interpretación alegórico. Tal creencia impide que la Iglesia se vea a sí misma como el reinante Nuevo Israel. Y evita que la Iglesia aplique mal la Ley de Moisés a sí misma, como se hizo en la Ginebra de Calvino.

La distinción Israel–Iglesia también le ayuda a la Iglesia a ver que Dios no ha terminado con Israel, sino que tiene un plan especial para el tiempo del fin para él, que se desarrollará a nivel nacional. Comprender este futuro para Israel actúa como una restricción necesaria para frenar los impulsos antisemitas entre la Iglesia dominada por los gentiles en el presente. La distinción Israel–Iglesia proporciona la base adecuada para abrazar un rapto Pre-Tribulación. 

Aunque ninguno de estos conceptos fue recuperado por los reformadores protestantes, y aunque ninguno se encuentra en la Teología Reformada de hoy, aún les debemos a los reformadores una deuda de gratitud, ya que introdujeron la metodología interpretativa literal correcta. 

Dando Gracias

Mientras celebramos el quinientos aniversario de Martín Lutero clavando las noventa y cinco tesis a la puerta de la catedral en Wittenberg, Alemania, regocijémonos en el hecho de que este evento fue usado por Dios para desencadenar lo que ahora se conoce como la Reforma Protestante. Sin embargo, al mismo tiempo, no idolatremos a los reformadores basados en la suposición errónea de que la Reforma curó instantáneamente todos los males eclesiásticos introducidos por el método de interpretación alegórico alejandrino, agustiniano del siglo IV.

La Reforma introdujo progreso doctrinal. Pero, quizás más importante, también proporcionó la semilla de la interpretación literal, que sería usada por las generaciones posteriores para restaurar la integridad y salud doctrinal a la Iglesia de Cristo. 

Lea también:

El Dr. Andy Woods es oriundo de California, donde asistió a la universidad y obtuvo una licenciatura en derecho. En 1998, cambió de rumbo y comenzó a hacer la transición del derecho a la teología, cuando decidió ingresar al seminario.

Finalmente obtuvo un doctorado en exposición bíblica del Seminario Teológico de Dallas. Actualmente se desempeña como pastor en la Iglesia Bíblica de Sugar Land, en el área de Houston, mientras se desempeña como Presidente del Seminario Teológico Chafer, en Albuquerque, Nuevo México. Es un escritor prolífico y un conferenciante muy solicitado.

Traducido por Donald Dolmus
En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

Original article

martes, 7 de noviembre de 2017

JESÚS: El Cordero y el León (pdf)


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Un Fracaso de la Reforma – Parte 4

Interpretación Escritural

Por Dr. Andy Woods



La Literalidad Selectiva de los Reformadores

Aunque los reformadores fueron literales en su enfoque a la Protología (la doctrina de los Principios), la Cristología (la doctrina de Cristo), la Soteriología (la doctrina de la Salvación), y la Bibliología (la doctrina de la Escritura), otras doctrinas, como la Eclesiología (la doctrina de la Iglesia) y la Escatología (la doctrina del Fin), fueron tratadas de una forma completamente diferente. A pesar de su énfasis en la interpretación literal de algunos aspectos de la Escritura, Lutero y Calvino no llegaron lo suficientemente lejos al aplicar una interpretación literal a todas las áreas de la verdad divina. 

De hecho, Calvino parece haber ignorado gran parte de la Palabra profética de Dios. A pesar de haber escrito comentarios sobre casi todos los libros del Nuevo Testamento, Calvino no escribió un comentario sobre el Libro de Apocalipsis. Cuando Calvino prestó atención a los textos proféticos, pareció estar preocupado por emplear el método de interpretación alejandrino y agustiniano, y despreciaba a aquellos que rechazaban su enfoque alegórico. 

La retención de los reformadores del método de interpretación alegórico en el área de la Escatología bíblica también es evidente en la forma en que tomaron las profecías dirigidas a una futura Babilonia y al Anticristo, y las redirigieron para hacer parecer que estas profecías estaban hablando, en cambio, de la iglesia católica romana. Tal interpretación fue avanzada a expensas del sentido literal de estos pasajes.

Debido a que los reformadores espiritualizaron la profecía, rechazaron el Premilenialismo como “opiniones judías”. Mantuvieron el punto de vista Amilenial, que la iglesia católica romana había adoptado de Agustín.

Las Reformas Selectivas de los Reformadores

A pesar del progreso doctrinal de los Reformadores en áreas selectas, es simplemente una cuestión de ingenuidad histórica asumir que hicieron una ruptura clara con el catolicismo romano en el siglo XVI. Por el contrario, como católico romanos que habían intentado inicialmente permanecer dentro de la iglesia católica, arrastraron muchos vestigios del catolicismo romano con ellos hacia su recién nacida Teología Reformada.

Además de la retención del Amilenialismo agustiniano, también había otros vestigios católicos romanos. Uno era la práctica del bautismo de infantes. Lutero consideraba el bautismo de infantes un sacramento y, por lo tanto, un medio de gracia. También, otro vestigio estaba relacionado con la doctrina de la Consubstanciación, que parece ser sólo una ligera modificación de la doctrina de la Transubstanciación.

Aún otro remanente estaba relacionado con la idea de la iglesia católica romana de que ella era el único representante del reino de Dios sobre la tierra. Este fracaso romanista en distinguir entre la Iglesia y el programa del reino terrenal de Dios para Israel se trasladó a la Ginebra de Calvino. Ahí, Calvino intentó reconstruir una sociedad por medio de la imposición de Ley mosaica. Este experimento social dio lugar a funestas consecuencias sociales.

Lutero en el Castillo Wartburg, traduciendo la Biblia al alemán, por Paul Thumann (1834-1908)

Finalmente, debe señalarse que parte del antisemitismo vitriólico de la Edad Media también encontró su camino en el movimiento de la Reforma. Después de todo, fue el respetado y reverenciado reformador de la iglesia, Martín Lutero, quien, al final de su vida y frustrado por la falta de voluntad de los judíos en recibir a Cristo en base a la fe sola, escribió un tratado feroz contra el pueblo judío, titulado, Sobre los Judíos y sus Mentiras. Este tratado contiene numerosas diatribas antisemitas.

Aunque algunos afirman que el nivel de veneno antisemita de Lutero no se encuentra en la obra de Juan Calvino, tal afirmación carece de fundamento. Por ejemplo, observe cómo la corrección de Calvino del distinguido erudito judío, el rabino Barbinel, en el comentario de Calvino sobre Daniel 2:44, dejó al descubierto las verdaderas intenciones del corazón de los reformadores hacia el pueblo judío: “Pero aquí él [el rabino] no sólo traiciona a su ignorancia, sino a su estupidez absoluta, ya que Dios cegó a todo el pueblo que era como perros inquietos…Nunca he encontrado común en algún judío”.

En el quinto y último segmento de nuestra serie, veremos las razones de la inconsistencia de los reformadores, así como la restauración de importantes doctrinas que el literalismo produjo.


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El Dr. Andy Woods es oriundo de California, donde asistió a la universidad y obtuvo una licenciatura en derecho. En 1998, cambió de rumbo y comenzó a hacer la transición del derecho a la teología, cuando decidió ingresar al seminario.

Finalmente obtuvo un doctorado en exposición bíblica del Seminario Teológico de Dallas. Actualmente se desempeña como pastor en la Iglesia Bíblica de Sugar Land, en el área de Houston, mientras se desempeña como Presidente del Seminario Teológico Chafer, en Albuquerque, Nuevo México. Es un escritor prolífico y un conferenciante muy solicitado.

Traducido por Donald Dolmus
En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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lunes, 6 de noviembre de 2017

Un Fracaso de la Reforma – Parte 3

Interpretación Escritural

Por Dr. Andy Woods



La Edad Oscura

La ascendencia de la escuela alejandrina lanzó a la Iglesia a una época a menudo conocida como la Edad Media o incluso “La Edad Oscura”. Durante esta era, el estudio de la profecía del tiempo del fin se volvió casi obsoleto. Esta era dominó la historia de la iglesia durante más de un milenio. Duró desde el siglo IV hasta el siglo XVI.

Durante esta era, sólo una iglesia existía dentro de la cristiandad, la iglesia católica romana. Debido al predominio del método de interpretación alegórico, sólo el clero era considerado calificado para leer e interpretar alegóricamente la Escritura. Una distinción tan aguda entre el clero y los laicos tuvo el efecto neto de eliminar la Biblia para el hombre común.

Este problema se agravó aún más por el analfabetismo generalizado entre la población, que hizo que la Biblia fuera más inaccesible para las masas. Para empeorar las cosas, incluso hasta la época de Lutero, la misa católica romana continuaba siendo leída y conducida en latín, aunque el latín era un lenguaje desconocido para la mayoría de las personas en la época de Lutero. Así pues, aunque muchos iban regularmente a misa, no podían entender lo que estaba siendo comunicado.

Tal analfabetismo bíblico hizo a la gente vulnerable al engaño y la manipulación espiritual. La venta de indulgencias era común a lo largo de la era. La gente no tenía acceso a la Escritura para determinar si el Purgatorio era siquiera un concepto bíblico. Por lo tanto, las autoridades de la iglesia les decían rutinariamente que podían sacar a familiares difuntos del Purgatorio, al pagar la suma monetaria correcta a la iglesia. De hecho, Juan Tetzel, un fraile durante la época de Martín Lutero, bromeó infamemente: “Cuando suena la moneda en el cofre, el alma del Purgatorio surge”.

Estatua de Martín Lutero

La práctica de la venta de indulgencias era tolerada tanto por la iglesia como por las autoridades políticas existentes, dado que servían como una conveniente fuente de recaudación de fondos, necesaria para subsidiar los diversos proyectos de construcción de la iglesia, como la restauración de la Basílica de San Pedro en Roma. 

Además, debido a la inaccesibilidad a la Escritura, las futuras promesas de Dios al pueblo judío no estaban disponibles para servir como una defensa natural o un baluarte contra el antisemitismo del momento. Por lo tanto, el odio desenfrenado contra los judíos continuó sin disminuir y sin oposición. Debido a estas lamentables condiciones, la iglesia tenía una extrema necesidad de un rescate teológico.

El Regreso a la Interpretación Literal

La Reforma Protestante se convirtió en la herramienta que Dios usó para redirigir a la iglesia de regreso al fundamento sólido de Su Palabra eterna. Los reformadores protestantes rescataron a la iglesia del método de interpretación alegórico alejandrino por medio de una aplicación de un método de interpretación literal a áreas selectivas de la Escritura.

Por ejemplo, William Tyndale (1494-1536 d.C.), afirmó: “La Escritura tiene un solo sentido, el cual es el sentido literal”. Lutero también escribió que las Escrituras “son para ser retenidas en su significado más simple posible, y debe entenderse en su sentido gramatical y literal a menos que el contexto lo prohíba claramente”. Calvino escribió en el prefacio de su comentario sobre Romanos: “Es la primera tarea de un intérprete dejar que el autor diga lo que dice, en lugar de atribuirle lo que creemos que debería decir”.

Debido a su adhesión a la interpretación literal, tanto Calvino como Lutero condenaron el método de interpretación alegórico. Lutero denunció el enfoque alegórico de la Escritura con palabras fuertes. Él dijo: “Las alegorías son especulaciones vacías y, por así decirlo, la escoria de la Sagrada Escritura”. “Las alegorías de Orígenes no valen tanto como la suciedad”. “Alegorizar es hacer malabares con la Escritura”. “Alegorizar puede degenerar en un simple juego de monos”. “Las alegorías son embarazosas, absurdas, inventivas, obsoletas y trapos sueltos”.

De manera similar, Calvino rechazó las interpretaciones alegóricas. Él las llamó “juegos frívolos”, y acusó a Orígenes y otros alegoristas de “torturar a la Escritura, en todos los sentidos posibles, del verdadero sentido”.

Los reformadores tampoco quisieron ver la ignorancia bíblica del hombre común explotado con fines financieros, como había sido el caso con la venta de indulgencias. En consecuencia, los reformadores hicieron hincapié en la idea de que la gente ya no tenía que recurrir a un intermediario, como un sacerdote, para recibir y entender la Palabra de Dios. No necesitaban hacerlo porque ya eran sacerdotes (Apocalipsis 1:6).

Esta noción, a menudo llamada “el sacerdocio de todos los creyentes”, también significaba que la Escritura tenía que ser tanto accesible como comprensible para el clero y los laicos por igual. Este nuevo énfasis teológico explica por qué muchos prominentes reformadores, como Tyndale y Lutero, se dispusieron a traducir las Escrituras a lenguajes más allá del latín (como lo había logrado Jerónimo en el siglo IV con su Vulgata Latina), y a los idiomas del hombre común de su propio día. 

El privilegio inherente en la construcción teológica “del sacerdocio de todos los creyentes, también significó que la alfabetización era necesaria para que el hombre común leyera y entendiera la Biblia, así pues, la Reforma introdujo grandes avances en la educación pública, con el propósito de eliminar el analfabetismo. 

En el cuarto segmento de esta serie, veremos la literalidad y las reformas selectivas de los reformadores.


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El Dr. Andy Woods es oriundo de California, donde asistió a la universidad y obtuvo una licenciatura en derecho. En 1998, cambió de rumbo y comenzó a hacer la transición del derecho a la teología, cuando decidió ingresar al seminario.

Finalmente obtuvo un doctorado en exposición bíblica del Seminario Teológico de Dallas. Actualmente se desempeña como pastor en la Iglesia Bíblica de Sugar Land, en el área de Houston, mientras se desempeña como Presidente del Seminario Teológico Chafer, en Albuquerque, Nuevo México. Es un escritor prolífico y un conferenciante muy solicitado.


Traducido por Donald Dolmus
En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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