miércoles, 27 de marzo de 2024

Observaciones del Editor: La Primacía de la Profecía

Editor Ejecutivo
Director y Evangelista Sénior 
Ministerio Cordero y León

¿Cuándo aprendió por primera vez acerca de la Palabra profética de Dios?

Para mí fue en 1993. Tenía casi 27 años. Había estado en la iglesia toda mi vida y no podía recordar ningún sermón o lección basada en la profecía bíblica. Claro, las profecías relacionadas con la Primera Venida de Cristo se mencionaban en Navidad, pero, en 26 años, nunca me animaron a apreciar el significado de las profecías que saturan la Palabra de Dios.

Cuando me enteré por primera vez de que Dios ha revelado tantas cosas que han sucedido— y otras que aún esperan cumplirse — me sentí como los discípulos en el camino a Emaús. A medida que las Escrituras se me abrieron de nuevo, mi corazón comenzó a arder dentro de mí (Lucas 24:32).

Eso despertó un ferviente deseo de estudiar toda la Palabra de Dios. Puso en contexto historias que se me habían presentado como meras anécdotas históricas o cuentos morales, y afirmó que Dios sigue obrando en el mundo de hoy. La profecía me dio un tremendo aprecio por el alcance y la amplitud de Su plan para la humanidad — y la seguridad de que Él cumplirá cada promesa.

Irónicamente, en retrospectiva, estaba agradecido de que no se me hubiera entregado un marco de interpretación forzado por parte de alguna tradición humana. Cuando empecé a estudiar la profecía bíblica por mí mismo, pude leerla al pie de la letra. Descubrí que no necesitaba un título avanzado en hermenéutica para que el sentido llano tuviera sentido.

La profecía bíblica también me hizo darme cuenta de que, además de todas las promesas que Dios me ha hecho como seguidor de Cristo, también ha hecho promesas al pueblo judío, a la creación, a Satanás y especialmente a Jesucristo. Así como puedo confiar en que Sus promesas para mí están garantizadas, puedo estar seguro de que Él cumplirá cada promesa en la plenitud del tiempo.

Antes de profundizar en esta edición del Farolero, tómese un momento para considerar todas las promesas de Dios que puede contar de memoria.

Agradézcale que Él es el mismo ayer, hoy y mañana. Y alábele, porque, en Cristo, todas Sus promesas son Sí y Amén (2 Corintios 1:20).

Tim Moore

Traducido por Donald Dolmus
Ministerio En Defensa de la Fe (endefensadelafe.org)

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