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martes, 20 de octubre de 2026

Libro: El Mesías en los Salmos – Capítulo 7

Salmos 2: Nuestro Rey que Regresa

La Segunda Venida del Mesías


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Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes… Los hombres quedarán sin aliento por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra, porque las potencias de los cielos serán conmovidas. — Lucas 21:25-26

Vivimos en un mundo dominado por el miedo. Entre todos los segmentos de la sociedad y todas las naciones del mundo, existe un inquietante presentimiento de que estamos avanzando hacia una consumación catastrófica de la historia.

Las noticias están llenas de informes sobre el aumento de la violencia: asaltos, secuestros, abuso infantil, terrorismo, guerras y rumores de guerras. Pareciera que estamos bombardeados por un flujo interminable de calamidades naturales como terremotos, hambrunas, huracanes, inundaciones e incendios. Y la creciente inmoralidad sigue dando lugar a nuevas enfermedades que amenazan la propia existencia del hombre.

Mientras tanto, las naciones del mundo continúan con su frenesí de gasto, acumulando deuda sobre deuda, preparando el camino para un colapso económico mundial colosal.

Mientras tanto, las naciones del mundo continúan con su frenesí de gasto, acumulando deuda sobre deuda, preparando el camino para un colapso económico mundial colosal.

La Realidad del Miedo

En medio de la Gran Depresión, el presidente Franklin Roosevelt trató de animar a una nación desanimada al declarar: “Lo único que debemos temer es al propio temor”. Esas palabras suenan huecas hoy en día mientras enfrentamos una multiplicidad de miedos muy reales y sin precedentes.

No es de extrañar que la gente esté asustada. Temen perder sus empleos, sus hogares y sus ahorros. Tienen miedo por su bienestar personal, la seguridad de sus hijos y la protección de su nación. Les atemoriza la perspectiva de plagas amenazantes y la posibilidad de un devastador desorden civil. Y, acechando en segundo plano, siempre está la posibilidad de un holocausto nuclear.

Las personas buscan desesperadamente seguridad. Están comprando armas y asegurando sus casas con dispositivos electrónicos. Están modificando su estilo de vida para protegerse contra la violencia de los ladrones y enfermedades como el SIDA. Están recurriendo a religiones orientales y a la psicología popular para encontrar consuelo para sus almas.

Preguntas Crecientes

Mientras el mundo se desintegra ante nuestros ojos, incluso los cristianos comienzan a cuestionar las tendencias. Cada vez más, los cristianos preguntan: “¿Está Dios en control? ¿Triunfará el mal? ¿Realmente hay esperanza?”.

La buena noticia es que Dios, en Su gracia y misericordia, dio las respuestas a estas preguntas hace casi tres mil años cuando habló al corazón de un niño pastor llamado David ben Isaí. Le dio al niño un poema que era corto, dulce, poderoso y lleno de esperanza. Contiene un mensaje que un mundo temeroso necesita desesperadamente escuchar hoy.

El poema se encuentra en la Biblia hebrea. Se llama Salmos 2. Vamos a echarle un vistazo.

LOS GOBERNANTES SE BURLAN

A diferencia de la mayoría de los salmos, el Salmo 2 no tiene una inscripción que identifique a su autor. Pero sabemos que fue escrito por David, hijo de Isaí, porque Lucas, por inspiración del Espíritu Santo, identificó a David como el autor en Hechos 4:25.

El salmo comienza con el autor lamentando la condición del mundo:

1) ¿Por qué se amotinan las gentes
y los pueblos piensan cosas vanas?
 
2)  Se levantarán los reyes de la tierra,
y príncipes conspirarán
contra Jehová y contra su ungido, diciendo:
 
3) “Rompamos sus ligaduras
y echemos de nosotros sus cuerdas”.

El lenguaje de estos versículos es bastante artificioso en la traducción al español, así que permítanme tratar de traducir las palabas al español moderno para ustedes. 

El salmista está preguntando: “Señor, ¿por qué es que en todas partes del mundo que miro, las naciones están en conflicto? ¿Por qué siempre están tramando algo vano para la gloria del hombre—cosas como la torre de Babel, el Imperio Romano, la Liga de las Naciones y las Naciones Unidas? ¿Por qué, Señor, los presidentes, primeros ministros y reyes de la tierra siempre conspiran contra Ti y Tu Ungido, Jesús? ¿Por qué es que los líderes políticos del mundo siempre dicen: “¡Dejemos de lado las limitaciones de la Palabra de Dios, abandonemos Sus leyes y hagamos lo que queramos!”.

Como puedes ver, nada ha cambiado en tres mil años. Al igual que en la época de David, las naciones del mundo hoy todavía están en plena rebelión contra el Señor. Por eso, el Salmo 2 es tan relevante como si hubiera sido escrito ayer.

Preguntas Incisivas

Algo que debes entender sobre el Salmo 2 es que las preguntas que David plantea al principio no fueron hechas con el propósito de obtener respuestas de Dios. David ya conocía las respuestas.

Éstas son preguntas retóricas, formuladas con el propósito de provocar reflexión. Están diseñadas para motivar al lector a pensar sobre la naturaleza del mundo en el que vive y hacerlo en respuesta a lo que la Palabra de Dios revela acerca de ese mundo.

Digo que David conocía las respuestas a las preguntas porque las respuestas se encuentran en el libro de Génesis, y David debe haber estado familiarizado con ese libro, así como con toda la Torá — los primeros cinco libros de las Escrituras hebreas —al menos por tradición oral.

Un Regalo Fenomenal

Si recordamos por un momento las primeras páginas del Génesis, recordaremos que Dios presentó un regalo increíble a Adán y Eva poco después de su creación.

Dios les dio en bandeja de plata algo que Hitler codiciaba. Les dio algo con lo que soñaba Stalin, que los romanos anhelaban y que Alejandro Magno casi logró. Dios les dio dominio sobre toda la tierra (Gn. 1:27-28).

Pero, casi tan pronto como a Adán y Eva recibieron este regalo, lo perdieron. Cuando se rebelaron contra Dios, Satanás dio un paso adelante y les robó el dominio que estaba destinado para el hombre.

Satanás se convirtió en el príncipe de esta tierra. Ésa es la razón por la que Jesús se refirió a él como “el príncipe de este mundo” (Jn. 12:31). Ésa es la razón por la cual Satanás pudo tentar a Jesús ofreciéndole “todos los reinos del mundo” si Jesús tan sólo lo adoraba (Mt. 4:8-10). Ésa no habría sido una tentación legítima si los reinos no le pertenecieran a Satanás.

Incluso después de la Cruz, el apóstol Juan afirmó que “el mundo entero está bajo el poder del maligno” (1 Jn. 5:19). La Cruz selló el destino final de Satanás, pero ese destino no se experimentará hasta que Jesús regrese y Satanás sea aplastado bajo los pies del pueblo del Señor (Romanos 16:20).

Satanás continúa hasta el día de hoy sirviendo como el príncipe de este mundo, ejerciendo el dominio que Dios le destinó al hombre.

La Soberanía de Dios

El hecho de que Satanás gobierne como el príncipe de esta tierra no significa que Dios haya perdido el control. Satanás no es omnipotente. Siempre ha actuado dentro de los límites establecidos por Dios. 

El libro más antiguo de la Biblia, el libro de Job, comienza mostrando a Satanás ante el trono de Dios pidiendo permiso para afligir a Job (Job 1:6-11). Dios le da permiso para tocar todo lo que posee Job, pero le niega el permiso para quitarle la vida (Job 1:12).

Satanás fue limitado aún más por la Cruz, porque desde ese momento los creyentes han sido habitados por el Espíritu Santo, y “mayor es Aquel que está en ustedes que el que está en el mundo” (1 Jn. 4:4).

El libro de Daniel deja claro que Dios es quien levanta naciones y derriba naciones. Como dijo Daniel, “Él [Dios] quita reyes y pone reyes” (Dn. 2:21). Pablo lo afirma en el Nuevo Testamento cuando habla de “autoridades gobernantes” y declara que “no hay autoridad sino de parte de Dios” (Ro. 13:1).

Pero el otro lado de la moneda es el hecho de que, en el momento en que Dios pone a alguien en una posición de autoridad gobernante, Satanás se enfrenta a esa persona e intenta de todas las maneras posibles corromperla y comprometerla para que termine sirviendo a los propósitos de Satanás.

No importa si la persona es miembro de la junta escolar, gobernador de una provincia o presidente de una nación, Satanás intenta controlar a todas las autoridades gobernantes. Por eso se nos insta con tanto énfasis a orar “por los reyes y por todos los que están en autoridad” (1 Tim. 2:1).


NOTA: Éste es un fragmento del capítulo 7. El capítulo completo está disponible para nuestros »»colaboradores, quienes lo recibirán a través del correo electrónico. 


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