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miércoles, 2 de agosto de 2017

Un Estudio de Gálatas (pdf)

El caso en contra de combinar la Ley y la Gracia


Haga clic sobre la imagen para descargar el estudio


Las iglesias en Galacia estaban formadas en parte por judíos convertidos y en parte por gentiles convertidos, como era generalmente el caso. Pablo afirma su carácter apostólico y las doctrinas que él enseña, para confirmar a las iglesias de Galacia en la fe de Cristo, especialmente con respecto al importante punto de la justificación solo por fe. Aunque el tema es esencialmente el mismo que el discutido en la epístola a los Romanos —esto es, la justificación por fe únicamente— en esta epístola, sin embargo, la atención está particularmente dirigida al punto de que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley de Moisés.

Gálatas no fue escrita como un ensayo de historia contemporánea. Era una protesta contra la corrupción del evangelio de Cristo. La verdad esencial de la justificación por fe en vez de por las obras de la ley, había sido oscurecida por la insistencia de los judaizantes de que los creyentes en Cristo debían guardar la ley si esperaban ser perfectos delante de Dios. Cuando Pablo supo que esta enseñanza había comenzado a penetrar en las iglesias gálatas y que los había alejado de su herencia de libertad, escribió la apasionada protesta contenida en esta epístola.

domingo, 16 de julio de 2017

El Misterio de Pablo

Un estudio bíblico por Jack Kelley



Sin duda se han enterado del plan de la gracia de Dios que él me encomendó para ustedes, es decir, el misterio que me dio a conocer por revelación, como ya les escribí brevemente. Al leer esto, podrán darse cuenta de que comprendo el misterio de Cristo. Ese misterio, que en otras generaciones no se les dio a conocer a los seres humanos, ahora se les ha revelado por el Espíritu a los santos apóstoles y profetas de Dios; es decir, que los gentiles son, junto con Israel, beneficiarios de la misma herencia, miembros de un mismo cuerpo y participantes igualmente de la promesa en Cristo Jesús mediante el evangelio. (Efesios 3:2-6).

¿Qué fue lo que Pablo quiso decir cuando expresó que ese misterio en otras generaciones no se les dio a conocer a los seres humanos? Pues bien, el misterio no era sobre si el Señor les extendería la mano a los gentiles, puesto que Isaías había dejado muy claro que el Mesías traería Su salvación a todas las naciones (Isaías 49:5-6). El misterio era en la forma cómo Él lo haría. De Hechos 15:13-18 vemos que Jacobo fue el primero en decir que Israel estaba siendo puesto a un lado por un tiempo hasta que el Señor tomara un pueblo para Su nombre de entre los gentiles, pero que después de eso Él se volvería de nuevo a Israel. (En realidad, el Señor había insinuado esto en Mateo 21:43 cuando Él les dijo a los líderes judíos que el Reino les sería quitado y entregado a un pueblo que produciría sus frutos. Jacobo solamente estaba aclarando Su afirmación).

Con una visión retrospectiva de 20/20, podemos ver un número de vacíos en la profecía del Antiguo Testamento en los cuales el Señor había insertado la Iglesia. Pero esa es la clase de cosas que uno puede ver mirando en retrospectiva desde nuestra perspectiva. Es como un camino que está escondido en un sendero y que uno solamente puede verlo después que lo ha pasado, y luego solamente mirando hacia atrás en la dirección por la que uno viene.

Como dije, encontramos estos vacíos en la profecía del Antiguo Testamento, y uno de los más claros lo vemos en Isaías 9:6-7 en donde el Señor hizo que Isaías dijera:

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre.

El ángel Gabriel le dijo a María que su hijo cumpliría esta profecía (Lucas 1:33), pero mirando hacia atrás vemos que solamente fue parcialmente cumplida durante la vida del Señor a la tierra. Un niño nació, y un hijo fue dado, pero eso fue todo. El resto espera la Segunda Venida, y en el centro se encuentra la Iglesia.

Los discípulos tropezaron en otra cuando el Señor dijo que el Templo pronto sería destruido en Mateo 24:2. Ellos sabían que 69 semanas (483 años) de la profecía de las Setenta Semanas (490 años) de Daniel ya habían sido, y que Herodes había pasado los 40 años previos construyendo el Templo. Y ahora Jesús les dice que el mismo iba a ser completamente destruido justo siete años antes del tiempo en que Daniel había dicho que se terminaría la transgresión, se pondría fin al pecado, y se expiaría la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos (el lugar) (Daniel 9:24). Sin un Templo esta meta no podía cumplirse. Su asombro sobre la profecía del Señor fue la que produjo el Discurso del Monte de los Olivos y el descubrimiento de lo que ahora nos damos cuenta que es un vacío entre los primeros 483 años y los últimos siete. Una vez más, ese vacío ha sido llenado por la Iglesia.

Pero aun eso no reveló el misterio. No, el secreto que hizo reventar a todo el mundo fue que los gentiles estuvieran siendo herederos del Reino junto con Israel, y que Dios en realidad estaba creando una raza humana enteramente nueva, una raza espiritual compuesta de judíos y gentiles, pero con un destino separado uno del otro. Pablo describió esto en Efesios 2:14-16:

Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

Ya la humanidad no consistiría más en judíos y gentiles ante los ojos de Dios. De ahora en adelante incluye a un tercer tipo de humanos, la Iglesia (1 Corintios 10:32). Y de la misma manera como Dios llamó a los judíos de entre los gentiles, ahora Él está llamando a la Iglesia de entre los judíos y los gentiles. Fue por medio de la Iglesia que los judíos y los gentiles se unirán para compartir por igual la herencia de Dios.

Los Gentiles en el Antiguo Pacto

Desde nuestro lado de las profecías, podemos ver que esta era la intención de Dios todo el tiempo. Pero para tener el sentido de cómo esto pudo haber impresionado a los apóstoles judíos, veamos la manera cómo a los convertidos gentiles al judaísmo les había ido bajo el Pacto Antiguo. Desde los primeros tiempos que los gentiles se sometieron a la Ley, compartieron tanto sus privilegios como sus responsabilidades.

Y el extranjero que sigue al SEÑOR no hable diciendo: Me apartará totalmente el SEÑOR de su pueblo… Y a los hijos de los extranjeros que sigan al SEÑOR para servirle, y que amen el nombre del SEÑOR para ser sus siervos; a todos los que guarden el día de reposo para no profanarlo, y abracen mi pacto, yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos (Isaías 56:3, 6-7).

Pero especialmente durante el período del Segundo Templo, existía una distinción definitiva de clases. El mismo Templo era un buen ejemplo de ello. Estaba rodeado de una serie de patios para los adoradores, cada uno separado de los otros por medio de paredes o portones. Inmediatamente fuera del edificio en donde estaba localizado el altar del sacrificio, se encontraba el patio de los sacerdotes. Justo más allá de este estaba el patio de los varones, y rodeando a este estaba el patio de las mujeres. Todos juntos formaban el patio de los israelitas.

Separado del patio de los israelitas por otra pared con portones vigilados se encontraba el patio exterior, el patio de los gentiles. En cada portón de esta pared de separación se encontraba un rótulo que les advertía a los gentiles de no ingresar más allá so pena de muerte. Y lo peor es que estaba por lo menos a 30 metros del altar, y algunas veces a una mayor distancia en la mayoría de los lugares, y detrás de una pared. Mientras que algunos gentiles podían escuchar lo que sucedía dentro, nadie podía mirar el interior. Además de eso, algunas personas creen que a los cambistas y a los que vendían animales se les permitía montar sus tiendas en este patio durante las festividades santas para así restringir aún más la oportunidad de que los gentiles pudieran adorar al Señor. Jesús citó el anterior pasaje de Isaías al condenar a los judíos por hacer eso.

Ahora Pablo estaba diciendo que los gentiles serían elevados a un nivel de igualdad junto con los judíos, “Pero ahora en Cristo Jesús, ustedes que en otro tiempo estaban lejos, han sido hechos cercanos por la sangre de Cristo” (Efesios 2:13).

Los Gentiles Reciben el Espíritu Santo

En el Libro de los Hechos encontramos dos ocasiones en las cuales los nuevos creyentes hablaron en lenguas. En ambos casos había gentiles en presencia de judíos. En Hechos 10 vemos que fueron los invitados en casa de Cornelio, y en Hechos 19:6, fue un grupo de personas procedentes de Éfeso, parte de la moderna Turquía. Hechos 10:45-46, nos dice, “Y los fieles de la circuncisión (judíos) que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios”.

Hechos 19 es similar. Yo creo que estas dos experiencias fueron anotadas para el propósito expreso de mostrarles a los judíos de que los gentiles podían recibir el Espíritu Santo como ellos lo habían recibido así como lo explica Hechos 10:45. Dios estaba asegurándose de que en la Iglesia ambos eran iguales. Estos son los únicos dos lugares mencionados en el Libro de Hechos en donde el hablar en lenguas va acompañado de la salvación. (Es interesante que uno de estos casos sucedió antes de que los creyentes fueran bautizados y el otro después).

Por medio de la Iglesia, judíos y gentiles serán uno solo en Cristo (Gálatas 3:28). Servirán como los mejores ejemplos y los más grandes de las riquezas incomparables de la gracia de Dios. Su obra de arte, Su obra maestra (Efesios 2:6-10). Todas sus imperfecciones serán eliminadas y finalmente serán lo que Dios quiso que fueran, tan perfectos como Él es, inmortales e incorruptibles (1 Corintios 15:53). Y no era que los gentiles serían parte de Israel, o, que la Iglesia reemplazaría a Israel, sino que todas las personas que acepten a Jesús como su Señor se convertirán en parte de la Iglesia, ya sean judíos o gentiles, y tendrán un destino diferente aparte de los dos.

Su hogar eterno también será una obra de arte, hecho del oro y las piedras preciosas más finas, construyéndose durante 2000 años. Nada impuro jamás entrará allí, como tampoco allí habrá más muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor (Apocalipsis 21). Todos serán coherederos con Cristo (Gálatas 4:4-7) y corregentes con Él (Apocalipsis 5:10), morando en Su presencia para siempre en un estado perpetuo de bendición. Ni aun durante lo más grandioso de la gloria que tuvo Salomón, jamás el mundo ha conocido lo que el Señor tiene planeado para la Iglesia. Y está disponible para judíos y gentiles por igual.

Así que el misterio de Pablo no solamente era que el Señor les extendiera la mano a los gentiles, sino que Él además lo haría de manera suntuosa. Esto es lo que Pablo escribió:

“Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu” (1 Corintios 2:9-10).

Era obvio para todas aquellas personas que leen la Biblia que Dios incluiría a todas las naciones en Su plan de salvación. Pero no fue sino hasta que Dios se lo reveló a Sus santos apóstoles y profetas, que ninguna persona en la tierra jamás se imaginó lo que eso significaría para nosotros. Ese era el misterio de Pablo.


domingo, 19 de febrero de 2012

La diferencia entre doctrinas y doctrina

1 Timoteo 1:3-11



En la primera carta a Timoteo, el apóstol Pablo muestra “cómo debe comportarse uno en la Casa de Dios, que es la congregación del Dios viviente, la columna y el fundamento de la verdad”. Lea usted aquí la Parte 2.

Llama la atención que cada vez que la primera carta a Timoteo trata de doctrinas falsas (doctrina de demonios, doctrinas falsas, doctrinas no sanas, extrañas y diferentes), doctrinas que no concuerdan con la Biblia, la palabra “doctrina” se encuentra en plural = “doctrinas”. Por el contrario, si se trata de la doctrina de las Sagradas Escrituras, la palabra “doctrina” siempre se encuentra en singular y, además, con la clara exhortación a “no enseñar algo diferente”. “Doctrinas extrañas” versus “doctrina sana” (1 Ti. 1:3,10; cp. 1 Ti. 4:1,6; 1 Ti. 6:3); este principio está contenido también en las demás cartas del Nuevo Testamento (por ej.: Hebreos 13:9). Es decir: la Biblia solamente conoce una doctrina. Eso debería llevarnos a tener un santo respeto por la Palabra de Dios. ¡Qué importante es que en nuestra interpretación encontremos esta doctrina, la representemos y no enseñemos nada diferente!

Conocemos diferentes interpretaciones, diversos comentarios, pero en verdad existe solamente una única doctrina verdadera sobre cada área de la vida y de la congregación, sobre la historia de la salvación, sobre Israel, sobre el pecado y la justificación, sobre la vida eterna, sobre la predestinación, sobre la ley y la gracia, sobre el Espíritu Santo, sobre la escatología (el arrebatamiento, el milenio, la esposa), etc.

Primera Timoteo 1:7 nos presenta esta conexión en forma de exhortación, diciendo que se puede representar cosas como seguras sin haberlas comprendido realmente. “Queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman”. De modo que con toda convicción uno puede estar pasando de largo de la verdad. Uno cree estar haciendo lo correcto, y aun así uno se encuentra errado.

La mejor manera de encontrar la verdadera doctrina es a través de un serio estudio de la Biblia y de la mano del Hilo Conductor Rojo que atraviesa la Biblia, de modo que la doctrina, al final, quede clara y sin contradicción. Eso, en verdad, necesita mucha oración, un estudio cuidadoso, respeto, y un mantenerse lo más cercano posible a la Biblia y a su contexto.

Un ejemplo al respecto lo encontramos en Hechos de los Apóstoles 18:24-28: “Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios. Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo”.

Apolos era un hombre elocuente y poderoso en las Escrituras del Antiguo Testamento. Era instruido y fogoso en el espíritu. Además, enseñaba con exactitud todo con respecto al Señor, pero le faltaba la enseñanza y la orientación neotestamentaria. Aquila y Priscila se hicieron cargo de él y le interpretaron la Palabra de Dios con mayor exactitud. Después de eso, él pudo predicar la Palabra del Señor mucho más intensamente. El trabajo de Aquila y Priscila fue el trabajo de un buen comentario del Nuevo Testamento. Algunos contemporáneos piensan que ellos no necesitan comentarios, pero este ejemplo nos muestra lo contrario.

El ejemplo mencionado, nos quiere mostrar lo importante que es para el Espíritu Santo el que sigamos siendo instruidos cada vez con mayor profundidad. Para un hijo de Dios nunca existe un “suficiente”, nunca una etapa final de aprendizaje. Debemos leer y estudiar sin cesar la Biblia, para poder comprender las conexiones de la salvación y así poder trasmitirlas. Parte de eso es, también, leer comentarios, aprobar cursos bíblicos, o ir a una escuela bíblica. Solamente podemos trasmitir aquello que nosotros mismos hemos aprendido.

En Apolos, el Señor nos muestra un hombre que se dejaba corregir y enseñar, un ejemplo para nosotros. Al mismo tiempo, vemos en él a una persona que, más adelante, se sujetó estrictamente a la guía de la Palabra de Dios y no fue más allá de lo que las Escrituras enseñan con claridad. “Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros” (1 Co. 4:6).

Si existen doctrinas extrañas, según 1 Ti. 1:3-11, entonces obligadamente también debe haber una doctrina conocida y reconocida. Existe una sola doctrina divina, y distintas doctrinas humanas. Si existe una doctrina sana, entonces también existen doctrinas no-sanas, es decir que “hacen enfermar”. La doctrina sana fortalece, las doctrinas no-sanas debilitan. Las doctrinas falsas confunden, la doctrina verdadera da seguridad.

¿Qué es lo que caracteriza a las doctrinas extrañas, no-bíblicas? Las doctrinas extrañas se ocupan principalmente de cosas secundarias. Quieren atar a la gente a personas u organizaciones. “Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hch. 20:30). Ése es el origen de toda secta y de toda agrupación con características sectarias. Se ocupan de leyendas, mitos, fábulas, y fantasías. Los contenidos, a menudo, también son esotéricos o filosóficos. Son agregados extra-bíblicos, es decir humanos, a la Palabra de Dios.

Timoteo debía cuidar de que no se propagaran doctrinas extrañas (vs. 3-4): “Como te rogué que te quedases en Éfeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora” (cp. Tito 1:14).

En el caso de las genealogías, probablemente se trataba de que los judíos, a toda costa, querían ver de cuál patriarca provenían. Pero eso no juega ningún rol en el Nuevo Testamento. “Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho” (Tito 3:9). Las genealogías actualmente, a veces, también juegan un rol importante en algunas sectas, como por ejemplo en los mormones y supuestos movimientos mesiánicos. Pero, el Nuevo Testamento ya no trata de descendencia, sino de llamado, fe y conversión.

Las doctrinas extrañas mayormente son agresivas, causan disensiones y cuestionamientos, y no sirven para la edificación divina. A menudo tergiversan ciertos puntos importantes, que son convertidos en lo principal. Es muy difícil dialogar con los representantes de tales doctrinas.

Los falsos maestros siempre quieren tener la razón y son altaneros, son desdeñosos y arrogantes, no se dejan corregir, e ignoran todo argumento bíblico contrario a lo que ellos dicen. No se pueden mantener diálogos edificantes con ellos; generalmente todo queda en charlatanería infructuosa o, incluso, termina en discusión (1 Ti. 1:6). Una cosa típica de los falsos maestros, es que ellos convierten la ley en lo principal, sin tener en cuenta que la misma ya fue cumplida (cp. Gá. 1:6-10; 3:1-5). En esto, llama la atención que ellos se presentan con mucha seguridad en sí mismos y que presentan su doctrina como algo irrefutable, siendo que, en realidad, ni siquiera han comprendido, todavía, la doctrina bíblica de la justificación. Porque a una persona justificada a través del evangelio de Jesucristo, ya no le es impuesta ninguna ley. Las instrucciones del Nuevo Testamento lo cumplen todo, y la obediencia a esas instrucciones es una señal de justicia. En la primera carta a Timoteo, por ejemplo, existen más de 20 ordenanzas personales.

La ley es buena (cp. Ro. 7:12), “si uno la usa legítimamente” (1 Ti. 1:8). Esto significa: Cuando la vemos y usamos para lo que fue dada. La ley no justifica a nadie. La ley trae maldición. La ley hace ver el pecado. La ley pone barreras protectoras. La ley no es por la fe. Pero, la ley lleva a la fe en Jesucristo. La ley es un maestro que nos lleva a Cristo. La ley no fue dada como medio de salvación, pero lleva a la salvación (Gá. 1:16,21; 3:10-13,23-25; Ro. 3:20). Alguien dijo, correctamente: “La ley nos enseña tres lecciones: Debemos. No tenemos. No podemos”.

En esas cosas la ley es buena. Quien la usa de esa manera y, a través de ella, se aferra a la gracia en Jesucristo, es justificado. Y porque ha sido justificado, la ley ha perdido su validez para él, ha dejado de servirle. Porque la ley fue dada – así lo dicen claramente las Escrituras – para convencer a los transgresores: “Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina” (1 Ti. 1:8-10).

Los “transgresores” son las personas no salvas que no viven según la ley. El Anticristo venidero es denominado “el inicuo” (2 Ts. 2:8). Los insumisos son aquellos que abiertamente se rebelan contra la voluntad de Dios. Las palabras “impíos y pecadores, irreverentes y profanos”, describen todo lo que corresponde a una vida sin Dios. Los “parricidas y matricidas” (los que maltratan a su padre y madre) infringen contra el quinto mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre”. Aquellos que “matan seres humanos” infringen contra el sexto mandamiento: “No matarás”.

Los “fornicarios” y “sodomitas” son mencionados separadamente. Eso significa que se trata de dos cosas diferentes. Fornicación es toda relación sexual antes y fuera del matrimonio. La Biblia habla claramente en cuanto al pacto del matrimonio, eso Jesús lo deja claro cuando habla con la samaritana en el Pozo de Jacob. “Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad” (Jn. 4:17-18). La mujer vivía con un hombre sin haberse casado, lo que Jesucristo no reconoció como matrimonio. La palabra “sodomitas”, por el contrario, se deriva de una palabra griega, y se refiere a un hombre que fornica con otros hombres y con niños varones (1 Co. 6:9). El término “secuestradores”, se refiere al comercio de esclavos y a los secuestros, y seguramente también puede aplicarse a las sectas. Los “mentirosos” y “perjuros” son aquellos que no dicen la verdad, que resisten a la verdad o la quebrantan.

Todo lo que “se oponga a la sana doctrina” debilita el cuerpo de Cristo y lo enferma. Por un lado, no se puede enseñar ningún tipo de impiedad y, por otro lado, no se le puede quitar importancia al pecado. Pablo advierte tanto del legalismo como también de la impiedad.

¿Qué es lo que caracteriza la sana doctrina? Primera Timoteo 1:5 dice: “Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida”. Esto también se podría leer: “El propósito de la instrucción”, ya que la ley a la que se refiere Pablo acá es “instrucción”, “directiva”, “doctrina” o “mensaje”. De modo que esta exigencia quiere determinar en qué se diferencia la doctrina pura, buena y sana, de las “doctrinas extrañas”.Son cuatro las características:

1. Amor puro. No se obra para provecho propio, sino con la meta de edificar al otro.

2. Un corazón puro. No se tienen motivos impuros.

3. Una conciencia limpia. La palabra conciencia es mencionada tres veces en primera Timoteo (1:5,19; 4:2). El capítulo 1, versículos 5-6, dice: Quien se aparta de la doctrina pura, se ha apartado de una conciencia limpia. Según el versículo 19, una buena conciencia da testimonio de que uno se encuentra bien ubicado en la doctrina, y no ha tomado una dirección equivocada. Y según el capítulo 4, versículo 2, los falsos maestros están marcados con fuego en su conciencia, aun cuando ellos declaran su doctrina como segura. Personalmente, no creo, por ejemplo, que uno pueda negar la deidad de Jesucristo con una conciencia limpia.

4. Fe pura. La sana doctrina, nuevamente se distingue en que corresponde al evangelio apostólico: “…según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado” (v. 11). Al apóstol de los gentiles le fue encomendado un evangelio especial, el cual, incluso, él lo llama repetidas veces “mi evangelio” (Ro. 2:16; 16:25). ¿En qué consiste su evangelio? No debemos reducir la palabra “evangelio” a un mensaje puramente evangelístico. El evangelio recibido por Pablo es la totalidad de la doctrina que él trasmite en sus cartas. La profunda carta a los romanos, por ejemplo, él la llama “evangelio”: “Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos” (Ro. 16:25; cp. Gá. 1:8-9).

Es el evangelio del “Dios glorioso” que le fue encomendado a Pablo. ¿Qué significa “Dios glorioso”? Dios es totalmente glorioso en sí mismo. Él, en realidad, no necesita a nadie, Él posee todo perfectamente en sí mismo. La palabra significa: “poseer total satisfacción”, “total independencia”. De modo que Él no nos necesita. Y aun así Él nos ama, y nos quiere ganar para sí a través del evangelio. Dios no se vuelve más glorioso con nosotros, ¡pero nosotros somos recibidos en Su gloria! Todo aquél que cree en Él, es recibido en la paz divina, y es feliz.
Tomado de la edición de junio del 2011 de la revista Llamada de Medianoche


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